29.1.14

El anonimato en Internet

Me preguntan sobre el anonimato en Internet y por qué en ocasiones critico o bloqueo a algunos interlocutores por acogerse a dicho anonimato en las redes sociales.
En mi opinión, el anonimato en Internet tiene un valor para la libre expresión de las ideas y el libre intercambio de la información en los espacios donde priman la represión, la censura y el pensamiento único impuesto por la vía de la fuerza, y dar la cara es peligroso.

Si eres joven y vives en países como los de Europa Occidental, los Estados Unidos, Japón o los de la Mancomunidad Británica, entre otros, lo más probable es que no hayas sabido nunca lo que es vivir con el miedo constante a un sistema dictatorial donde decir ciertas cosas puede traer graves consecuencias: pérdida del empleo, daños a la familia, golpizas, campañas de desprestigio e, incluso, la muerte. Revelar que eres gay, o que no eres virgen, o que eres ateo, denunciar las atrocidades del régimen, exigir libertad, derechos o democracia, puede destruir tu vida, o acabar con ella. Las historias de la represión contra disidentes por hablar en las redes sociales o en blogs son desgraciadamente corrientes.

En esos sistemas se usan medios anónimos para difundir datos e ideas. Antes eran folletos, volantes, panfletos, libros, canciones, pinturas... Este anonimato es válido también para eludir a enemigos poderosos. El grupo "Anonymous", del tablero de imágenes 4chan, adquirió su imagen pública al enfrentarse a la iglesia de la cienciología convocando a una serie de manifestaciones el 10 de febrero de 2008, en las que muchos llevaron máscaras del terrorista católico Guy Fawkes, reconvertido en personaje de cómic. (Cierto activismo le ha representado a Time Warner una fortuna en venta de máscaras desde entonces.) El anonimato era para evitar represalias de la cienciología, conocida por despiadada.

Superbarrio, activista de la Asamblea de Barrios de
la Ciudad de México. (Foto GFDL de Bernardo
Bolaños vía Wikimedia Commons)
Hay otras formas de anonimato que podemos considerar responsables y hasta justicieras, que pueden ser incluso armas de propaganda de luchas populares legítimas como la máscara que llevó durante años Superbarrio, portavoz de la lucha del Movimiento Urbano Popular de México (y del que yo soy biógrafo por azares del destino) o los pasamontañas de los zapatistas, al menos en sus primeros tiempos.

El problema es que el anonimato tiene aspectos que no son tan respetables, tan responsables o tan simpáticos, y por ello la defensa a rajatabla de "el anonimato" sin matices es un simplismo que no me parece aceptable y no lo puedo compartir.

De una parte, no es infrecuente que las tiranías lo usen como arma contra la oposición, o que lo usen los fascistas, los defensores de la violencia, los dictadores y sus valedores.

El Móndrigo, intento de desprestigio de un
movimiento que puso en cuestión
al gobierno mexicano en 1968.
Recuerdo, como panfleto denigratorio en México, ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga, supuesto diario de un "líder" que contaba "verdades atroces" sobre el movimiento estudiantil-popular de 1968. Fue elaborado por la Dirección Federal de Seguridad y distribuido en 1969 para desprestigiar al movimiento y a sus líderes diciendo que todo había sido resultado de un complot comunista para derrocar al gobierno mexicano. Al paso de los años y al desclasificarse documentos de inteligencia de los EE.UU. se ha revelado que incluso los muy paranoicos analistas estadounidenses no encontraron evidencia alguna de injerencia extranjera en el movimiento ni en el CNDH.

Igualmente lo es la promoción que hacen los sistemas autoritarios políticos y religiosos de la denuncia anónima donde el acusador no tiene que enfrentar al desprotegido acusado para sustentar sus afirmaciones. Fue el sistema usado por la Inquisición para llenar sus mazmorras, y fue –y es– práctica alentada por las dictaduras también en la forma del infiltrado, el informante y el traidor, el rencoroso, el adalid del odio y el cobarde.

En muchos casos, el anonimato funciona como desinhibidor, como la máscara que permite en carnaval que la gente realice actos que no se atrevería a hacer su portador a cara descubierta. O funciona como la capucha del verdugo y la careta del delincuente que no quiere ser reconocido.

Los miembros del Ku Klux Klan ocultaban sus rostros
para poder perseguir, aterrorizar y linchar impunemente
a la población negra del sur de EE.UU.
Los trolls anónimos, los acosadores políticos o sexuales, los distribuidores de spam, los terroristas religiosos o políticos, incluso los que practican el phishing, también se benefician del anonimato, obviamente para fines menos respetables que quienes protegen su intimidad o su supervivencia. El anonimato cobarde tiene como ejemplo ya no la máscara de Batman o el pasamontañas zapatista, sino la capucha del KKK.

Envalentonados por el anonimato, muchos lo utilizan simplemente para comportarse como imbéciles arrogantes, como lo recoge un reciente estudio. Pero no se trata únicamente de quienes se refugian en él para decir tonterías, difundir falsedades y sentirse poderosos, sino de sitios Web, movimientos sociales enteros, que en sus apartados de "Quiénes somos" no dicen quiénes son sino que se refugian en vaguedades demagógicas: "Somos un grupo de ciudadanos como tú que nos hemos hartado de cómo se hacen las cosas", "Somos un equipo profesional de una pseudoterapia", "Somos una red ciudadana que permite instaurar una verdadera democracia", "Somos hombres y mujeres preocupados por el avance de nuestra sociedad" y así...

Y así tenemos la casi increíble contradicción de grupos supuestamente "activistas" (palabra devaluada, malversada y humillada) que le exigen "transparencia" a políticos, empresas y personas individuales mientras ellos permanecen opacos tras sus caretas. Los conflictos morales y políticos que plantea esto son relevantes. Si uno afirma tener derecho al anonimato, a ejercer la opacidad y actuar y hablar sin ser personalmente responsable de ello... ¿qué objeción moral le pone a que otras personas, empresas, grupos, partidos, asociaciones, policías, kukluxklanes, bandas o gobiernos hagan exactamente lo mismo? ¿No es más sano para una sociedad y un estado de derecho que todos se vean obligados a respetar la legislacion y el anonimato sea una excepción y no una norma consagrada por el "y tú mas"?

No está delimitado en qué casos el anonimato es aceptable y en qué otros no, y quién y cómo debería desvelar la identidad de quien delinque en la red. Mientras no se resuelve la contradicción, el riesgo es que el enmascarado se convierta en un grupo de poder ilegítimo e incontrolable contra ciudadanos que no pueden defenderse ante él... lo que se llama, de nuevo, dictadura.

Jaron Lanier que, además de pionero de la realidad virtual
y escritor, es músico y compositor.
(Foto CC de Allan J. Cronyn, vía Wikimedia Commons)
Comparto en lo esencial la preocupación del pionero de la realidad virtual Jaron Lanier sobre el riesgo de las turbamultas linchadoras en la red. Al menos en algunos casos ya hemos visto cómo el entusiasmo de la gente por proclamas, afirmaciones y llamamientos a la acción hechos por personajes anónimos ha derivado en ataques contra ciertas personas, especialmente personalidades públicas, sin que se cotejara la verdad. O acusaciones anónimas que se han vuelto virales y han resultado ser falsas, pero que sobreviven y resurgen de cuándo en cuándo sin que nadie se haga responsable de sus peores efectos, dejando a las víctimas en la indefensión.

Es la propaganda más basta, multiplicada exponencialmente por la red y proveniente de una autoridad a la que nadie ha elegido, que a nadie rinde cuentas, que no tiene ni asume responsabilidades ni obligaciones y que por tanto puede descarrilar fácilmente, pero que tiene por otro lado una inexplicable credibilidad en ciertos sectores, principalmente de jóvenes. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, y eso a estas alturas no debería ser ninguna novedad. Cito a Lanier: "¿Cómo puedes saber cuándo eres el desamparado y cuándo eres el poderoso? Cuando te equivocas en esa percepción, te puedes comportar bastante mal con mucha facilidad".

No conozco la solución. Creo que el anonimato es un valor en ciertos casos, pero también que no debe ser cobertura de la malevolencia, la delincuencia, la brutalidad, el bullying, el acoso y el daño caprichoso a otros individuos u organizaciones sustituyendo al sistema jurídico.

Personalmente opino que todos debemos ser transparentes en nuestro accionar público, y al mismo tiempo tenemos derecho a la privacidad en nuestro ámbito íntimo. Pero, de nuevo en palabras de Lanier: "No publiques anónimamente a menos que realmente puedas estar en peligro".

No tengo problema con quien opta por ser anónimo en Internet siempre y cuando no use su anonimato como patente de corso para la impunidad cobarde, ni para actuar como un imbécil, ni para caer en contradicciones que representan un conflicto moral. Cuando alguien usa así el anonimato, yo dejo de dialogar, dejo de escuchar, bloqueo y omito. Su derecho a hablar en público no es mi obligación de escucharlos, ni el derecho a meterse a gritar y amenazar a otros en los espacios personales de Internet, y por ello no puede esperar sino ser echado de allí.

Y no forzosamente con buenos modos.

22.1.14

Transhumanismo y conciencia

Mauricio, viendo tu último post (en Los expedientes occam), ¿crees que algún dia se "clonará" la conciencia o el cerebro humano y podremos substituir partes del cerebro dañadas o directamente hacer cópias de uno mismo (Kurzweil)?
Ray Kurzweil, ¿vivir para siempre?
(Foto CC de Roland Dobbins vía
Wikimedia Commons)
Por supuesto que algún día se clonará el cerebro. De la conciencia lo tengo menos claro porque no sabemos cómo se produce. Apenas sabemos algo: la memoria y la evolución del cerebro se expresan en el número y tipos de nuevas conexiones neuronales. Así que no es lo mismo clonar neuronas y células gliales en estructuras tales que formen un cerebro humano que clonar la "conciencia".

Este conocimiento también representa un problema para "sustituir partes del cerebro dañadas". Se pueden sustituir las neuronas, pero es difícil pensar, al menos ahora, cómo reproducir las conexiones que daban su calidad individual a esas partes dañadas. Si se sustituyen estructuras como, digamos, la amígdala, ¿siguen siendo "tuyas" las sensaciones de miedo que experimentas? Bueno, probablemente sí. ¿Si se sustituye la corteza visual sigues siendo tú quien ve? Supongamos que sí, también. Pero, ¿si se sustituyen las neuronas corticales que se pierden en el progreso de la enfermedad de Alzheimer, sigues siendo "tú"? ¿Cuál es el límite en cuanto a número de neuronas, número de conexiones, calidad de las conexiones, ubicación en distintas estructuras, que forma eso que llamamos "mi conciencia de mí mismo" y a partir del cual ya eres otra persona?

Mientras no sepamos eso, por supuesto, todo es especulación.

Ahora, hacer copias de uno mismo (viejo sueño de la ciencia ficción) presenta exactamente los mismos problemas. Te pongo un caso tajante que es la teleportación tipo Star Trek. Tus moléculas se disgregan, se envían de cierto modo a otro lugar en el espacio y se recomponen con absoluta precisión por algún procedimiento asombrosamente avanzado... ¿sigues siendo tú? Es verdad que son las mismas moléculas, pero han dejado de ser tú y tú has empezado a existir de esa forma en el momento en que Scotty termina el proceso de "beam me up" o "down"? La especulación no es nueva.

Pero entonces, si consiguieras hacer una copia de ti mismo que ya no genética, sino a nivel molecular, ¿ambos son tú? Es plausible pensar que la copia siente que es tú, pero ¿tú te enteras de que te has copiado?, ¿tu conciencia individual se ha extendido hasta hacerte dos o simplemente tienes un gemelo idéntico que desde ese instante tiene una personalidad propia y una epigenética y exposición a sustancias químicas y gérmenes patógenos y estímulos medioambientales ligeramente distinta a la tuya? ¿Si te matan a ti sientes que no has muerto porque habría una conexión místicoesotérica con la copia de ti mismo? Suena poco plausible. Y, ¿durante cuánto tiempo es razonable llamar a esa copia "otro tú" y en qué momento es un individuo independiente?

Piensa que viendo los dos el mismo objeto desde dos puntos de vista, dos ángulos ligeramente distintos (aún puestos de pie uno junto al otro), sus ojos y aparato visual están registrando estímulos distintos en cuanto a forma, luminosidad, profundidad, etc., de modo que desde el primer instante se van diferenciando.

Lo mismo ocurre cuando se "carga la conciencia en un ordenador/computadora", como dice con toda frescura Kurzweil (hablar es gratis, y los especuladores futuristas siempre hablan demasiado, ya que ni siquiera tienen la obligación de hacerlo artísticamente como los escritores de ciencia ficción), ¿el cerebro de la "conciencia original" percibe lo que está viviendo la conciencia copiada, clonada, reconstruida, impresa con una impresora tridimensional subatómica de precisión infinita? A menos que se postulen fuerzas ajenas a las que conocemos en el universo (las "energías" de las varias pseudociancias) capaces de la transmisión de cantidades tremendas de información instantáneamente, la respuesta es "claro que no".

Kurzweil, que por otra parte es un gran inventor en terrenos como el reconocimiento de caracteres, el reconocimiento de voz y los instrumentos electrónicos, todo lo cual nada tiene que ver con el tema del futurismo y la sigularidad, ha hecho un esfuerzo enorme por sumarse a las filas de los profetas fallidos (no todos místicos, recuerdo cuando Alvin Toffler ocupaba su lugar como gurú adivinatorio no sobrenatural, y mucho antes de él a Malthus, claro). Predicen ciertas cosas especulando sobre el desarrollo continuado lineal de ciertas tendencias y prevén ciertas maravillas que al paso de los años se parecen más y más a la casa de los Supersónicos o los Jetsons, un futuro anticuado e inocente.

Su desgracia suele ser múltiple. Comento algunos puntos:

a) Muchas tendencias no son lineales, geométricas o logarítmicas, no son continuas... hay saltos cualitativos que "cambian la jugada" del todo, por ejemplo, la revolución verde de Borlaug, el teléfono móvil o la fibra de carbono, que dan al traste con las previsiones de continuación de las tendencias; ya he comentado que si la madera se hubiera seguido consumiendo de acuerdo con las tendencias del siglo XVII y los inicios de la revolución industrial, habríamos quemado hasta el último árbol del planeta hace mucho, pero esto no ocurrió porque la transición hacia los combustibles fósiles cambió la jugada, de hecho los bosques que se usaban para hacer carbón pasaron a ser campos agrícolas que ayudaron a alimentar a poblaciones de tamaños que el malthusianismo consideraba inviables.

b) Las maravillas que sueñan son implausibles y muchas veces se enuncian sólo para conseguir la atención del público o por una creencia íntima irracional (parece ser el caso de Kurzweil, que come vitaminas y se inyecta múltiples sustancias para "vivir para siempre", como si hubiera datos (que no los hay) de que sea posible que un ser humano viva para siempre riéndose de los factores que provocan el envejecimiento, tanto los que conocemos (como los telómeros) como los muchos que sabemos que aún nos faltan en la ecuación.

c) Muchos aspectos del avance científico en el que se basan los futuristas resultan inviables, inaplicables o, con enorme frecuencia, muchísimo más complicados de lo que parecía en un principio. Dicho de otro modo, no toda ciencia pura se convierte en ciencia aplicada. La clonación es un buen ejemplo. Dolly fue la gran sorpresa (a mí me tocó dar la noticia en la radio mexicana, en un programa de divulgación que teníamos) y muchos escribieron largos artículos sobre cómo la clonación iba a resolverlo todo, desde el hambre en el mundo hasta el lujo de abrigos de visón para todos. Luego resultó que el asunto era más complejo, algunos animales no han podido ser clonados, las técnicas tienen que refinarse mucho más y quizás no vale la pena hacerlo industrialmente. La revolución de la clonación tal como se anunció en 1996 sigue sin ocurrir, pero nos permitió desarrollar otras técnicas de laboratorio que han sido útiles en otras áreas de la investigación.

d) Las predicciones obvias que sí tienen desarrollos continuados y en las que aciertan (y ocasionalmente alguna poco plausible en la que también aciertan) se utilizan como base para su prestigio social y mediático. En eso sí son iguales a cualquier Nostradamus de la televisión nocturna que hace una pila de predicciones (lo que se llama apuntarle a todo el monte con la escopeta grande) y luego se anuncia como un genio o un gran profeta empleando las tres en las que acertó. Para acertar esa cantidad de veces no es necesario ser un genio ni mucho menos, claro. Pero el público en general y los medios no lo tienen claro y exaltan a cualquiera que haya predicho algo acertadamente, así fuera de una obviedad apabullante. En el caso de Kurzweil, creo que hasta hoy no ha acertado ni una, pero podría equivocarme.

21.1.14

¿Futuro económico?

Hola, leyendo algunas respuestas tuyas me interesa tu opinión sobre el futuro económico en el que nos vemos sometidos a seguir y a la sociedad en estas transiciones que ''evolutivamente'' fundamentan razones de cambios ?
Oslo, capital de Noruega, uno de los países más felices del mundo, con un sistema socialista de protección social, capitalismo regulado, propiedad estatal de recursos como el petróleo y una democracia transparente y funcional. Un pretexto para la reflexión si uno cree que el objetivo de la política es la felicidad de la sociedad y no conceptos más abstractos y fácilmente desfigurados por las proclividades ideológicas sin bases. (Foto DP vía Wikimedia Commons)
Desde el principio no creo que estemos "sometidos a seguir" un futuro o un camino económico. Es decir, la idea de que hay "alguien" por allá que malévolamente ha diseñado un sistema que se nos impone manipulándonos y controlando nuestras mentes es muy seductora y novelesca, pero tiene el problema de que no está sustentada en evidencias. El sistema económico actual ha evolucionado desde el feudalismo de una manera bastante normal, es decir, no hay evidencias de que una fuerza suprema y todopoderosa haya puesto unas vías y nos haya subido a un ferrocarril para ir a fuerza a donde "ellos" quieren, sino que esto ha crecido y se ha desarrollado a trompicones y con virtudes y defectos.

Que los poderosos quieren mantener el status quo y ser más poderosos no es nada asombroso ni es admisible que alguien venga a estas alturas a presentarlo como el gran descubrimiento de la sociología hipster. Pasa con todos los poderosos en todos los sistemas económicos. En todos. Pero también está el hecho de que ha habido una evolución social que no se habría dado si no se la hubiéramos arrancado los de abajo a los de arriba. Sindicatos, horarios, salarios, derechos sociales, políticos y económicos, rechazo al sexismo, al racismo, a la homofobia, a otros tipos de discriminación, escuela pública, sanidad, avances hacia la igualdad ante la ley... todo eso no ocurrió porque el mecanismo perfecto que se imaginan muchos tuvo una pequeña avería. Ocurrió porque hay personas que sabe que la gente puede influir en la evolución de las cosas... y no sólo rompiéndolas. Y esa gente se decidió a cambiar las cosas: los organizadores sindicales, las organizaciones campesinas, los partidos, los profesores y médicos con conciencia crítica, los activistas de distintas causas e intereses, en fin.

Decía yo el otro día en una entrevista que "todo cambio debe venir desde abajo", y no porque crea en los planteamientos anarquistas sino porque para arriba el cambio siempre es amenazante, puede romper la inercia del poder económico, político y religioso y obligar a los de arriba a bajar y además tolerar ver a los de abajo subir. Y al hablar de "arriba", de los que tienen poder, debe quedar claro que obviamente estoy generalizando, y que sé que hay muchos que están en el poder y que también son agentes del cambio, desde Negroponte hasta Gates, desde Mandela (que era de la familia real Thembu gracias a lo cual pudo estudiar en universidades occidentales) hasta un químico como Robert Boyle. Vamos, que la lucha entre los intereses colectivos de las clases no me da para hacer la guerra contra los individuos pertenecientes a otras clases.

Me niego a aceptar los enemigos fáciles, el "ellos" al que acude el demagogo para conseguir seguidores incondicionales y aplausos baratos. Creo que el futuro se construye siendo enemigos de instituciones y costumbres, pero no de personas satanizadas y deshumanizadas a las que se sacrifica en el altar del bien común. No creo que la caricatura del comunista avieso y malévolo que odia la libertad represente realmente a la mayoría de los luchadores de izquierda que he conocido en persona, desde el más humilde organizador popular de Asamblea de Barrios hasta a Fidel Castro (que al menos algún día fue honesto y no había perdido todos los tornillos para creerse un mesías), por supuesto, pero tampoco creo que la caricatura del empresario psicopático, genocida, deshonesto y cruel se adapte a la realidad de la mayoría de los empresarios que he conocido en mi vida, desde la modesta chica que tiene una tienda de abalorios en Gijón hasta el dueño de Cementos Mexicanos. Me queda claro que ambos pretenden ganar dinero y vivir con ciertas comodidades, como me queda claro que la posibilidad de explotación del segundo es mucho mayor que la de la primera, pero no necesito pintarlo como guardia de campo de concentración para luchar porque sus trabajadores tengan mejores salarios y prestaciones, derechos y participación en los beneficios de la empresa.

Y, sobre todo, le tengo muchísimo miedo a los que detectan bien los problemas, los diagnostican interesadamente y luego nos ofrecen soluciones simples y sin dolor. La economía es un mecanismo altamente complejo e interdependiente, nos guste o no, y cuando la solución simplona que nos ofrecen es "desregular por completo las labores de la empresa privada y entregarles todo el patrimonio de los estados para que ellos administren a la perfección la sanidad, la educación, el agua y la justicia" no necesito demasiados cursos de economía para saber que me están tratando de vender, para la carrera de mañana, un caballo muerto. Por desgracia, lo mismo tengo que decir de quienes dicen que todo se resuelve derogando por la fuerza el sistema actual e implantando el sovietismo recalentado con más sal y entonces todo funcionará mágicamente bien, las mercancías se producirán y distribuirán maravillosamente, nadie obtendrá "demasiadas" ganancias y lloverán hamburguesas veganas todos los días de dos a tres.

El cambio depende de las preguntas que los de abajo le hagamos a los que se ponen arriba y nos ofrecen en venta su solución. Igual que se le pregunta a Aguirre "¿por qué si la empresa privada es tan buena administradora se fue a la mierda Lehman Brothers y si los grandes empresarios españoles son tan honestos por qué tenemos que pagar el juicio de Díaz Ferrán, ese Atila de todas las empresas que cayeron en sus pezuñas?", se le tiene que preguntar al de la arenga antisistema: "¿cuál es el mecanismo de distribución y compensatorio que pretendes instaurar para que los productos lleguen a quienes lo necesitan? Y, si abolimos el dinero, ¿cómo propones que se maneje y valore el trabajo y la riqueza producida?" Las respuestas, y sobre todo los titubeos a la hora de responder, son los que nos pueden decir qué tan viable es cada camino que nos ofrecen.

Yo, entretanto, sigo creyendo que la organización de base, lo que hoy se llama el "empoderamiento" de los de abajo, del trabajador, del ama de casa, del desempleado, por medio de acciones concretas destinadas a arrancarle reivindicaciones concretas al poder existente sigue siendo el mejor camino para obtener resultados a corto y largo plazo (aunque sea para grupos pequeños y no represente la toma del cielo por asalto) y para que todos aprendamos a usar el poder que sí tenemos, lo que además vacuna contra los mesías, que siempre son una plaga pero que en tiempos de crisis se multiplican como los hongos después de la lluvia, pues todos florecen siempre en el entorno de la desesperación, la demagogia y el simplismo.

(Esto se escribió mucho antes de que apareciera el partidúsculo o lo que sea que se llama Yes we can Podemos. Pero si alguien quiere aplicarlo, puede.)

17.1.14

La dulce seducción del verticalismo

Cuántos mártires hay hoy, es alucinante... cuántos están dispuestos a sacrificarse porque se sienten llamados como "referentes" por esa sociedad hambrienta de líderes de gran calado, esa sociedad huérfana... porque ellos no querían, que están a lo suyo en el taller y en el campo y en la oficina chacachaca trabajando sus ocho horas a salario de hambre, pero bueno, es que el clamor en las calles es tan estruendoso, su nombre se repite tanto en las tertulias de café y en los análisis políticos, les llegan tantas cartas, les escriben tantos poemas, les hacen tantos retratos al óleo con el pie sobre un cañón... que sienten la pesada responsabilidad sobre sus hombros, oiga...

Y nada de organizaciones políticas de base que determinen a sus líderes y a sus candidatos, nada de transversalidades peligrosas, cuando ya tenemos a Rosa, Julio, Juantxo, Pablo... La democracia dirigida y digerida del "yo soy la respuesta" en lugar del "vamos juntos a ver qué respuestas armamos y nombramos a uno que nos represente". No, mira, yo te represento y aquí están las ideas que vas a tener, que yo y los cuatro que armamos este teatro sabemos que son las que debes tener, porque somos tan demócratas que nos causa vértigo a nosotros mismos. La democracia participativa es que tú participes en mi grupo, ¿no?

Ay, la democraciarealya que se parece tanto a la democracianorealhuy pero eso sí, con ropa distinta y un peinado que nadaquever con el de ellos, no vaya usted a confundirnos que nosotros no somos políticos, no, aunque hagamos política. ¿Cómo que políticos son los que hacen política? ¿Usted es tonto o qué? Políticos son los que hacen política cuando son ellos, que cuando soy yo, o mejor, Yo, ya no soy político, soy el pueblo, soy gente llana y común que hace política pues así, en plan martirologio. Los malos son "ellos", los políticos que nos han hundido... Repita conmigo: mi líder no es político, él entra en la política por mí, por mi culpa se sacrifica y está dispuesto a salvarnos, buenapersona que es.

Y esto no es análisis ni es nada, son sólo frases al aire después de ver cómo está dispuesto a morir por nosotros tanto Cristo de yosoylaverdadylavida y encima hay tantas manos ansiosas de aplaudirlos y tan poca vocación crítica entre quienes deberían preguntarse al menos: ¿esto no es un poco extraño, visto lo visto y dicho lo dicho?

Qué sé yo.

16.1.14

Negar las atrocidades nazis

Me han preguntado en varias ocasiones sobre el movimiento neonazi de negación del holocausto y sobre algunos mitos como la famosa lámpara de piel humana o el jabón con grasa humana.
El holocausto es el asesinato sistemático de entre 11 y 17 millones de personas: (judíos, gitanos, prisioneros de guerra, homosexuales, discapacitados, civiles de países ocupados, testigos de Jehová y disidentes políticos) no beligerantes perpetrado por los nazis con la intención específica de exterminarlos.

Algunos acusados en el juicio de Nüremberg. De izq. a der., 1ª fila: Hermann Göring, Rudolf Hesse, Joachim von Ribbentrop  y Wilhelm Keitel. 2ª fila Karl Dönitz, Erich Raeder, Baldur von Schirach, Fritz Sauckel. (Foto DP vía Wikimedia Commons)
Hay muchísimas evidencias que llenan libros enteros, pero la que a mí me parece absolutamente contundente es que los criminales nazis no negaron los crímenes. Ni los grandes  jerarcas que se estaban jugando la vida en los juicios de Nüremberg, y en más de 20 juicios más antes y después de Nüremberg, ni los testigos, ni los participantes en este genocidio sistemático, ni sus defensores, se atrevieron a afirmar que el crimen fuera inexistente o siquiera exagerado, ya no digamos que intentaran probar tal extremo.

En resumen: los que cometieron el holocausto lo admitieron.

Aceptaron que el programa de exterminio había ocurrido porque allí estaban las pruebas, incontrovertibles, contundentes, frescas, de modo que su tibia defensa fue que "no se habían enterado de lo que estaba pasando" (palabras de Albert Speer, Alfred Rosemberg usó la misma defensa), o que no era su responsabilidad (Hans Frank dijo que todo el exterminio en los campos bajo su responsabilidad en Polonia estaba a cargo de Himmler), o que trataron de evitarlo proponiendo medidas "humanitarias" como la esterilización masiva (Wilhelm Stuckart), o bien que no se enteraron sino hasta el discurso de Posen de Himmler en 1943 (August Frank, administrador económico del Reich hasta 1943), o que eran impotentes ante la situación pese a ser poderosísimos (Hermann Goering), e incluso que "cualquier código personal de ética debe rendirse al carácter total de la guerra" (Karl Brandt)... y hubo gente como Irma Grese que después de reconocer su papel en la selección de presos para las cámaras de gas, trasladó la responsabilidad a Himmler.

Rudolph Höss en el juicio donde admitió todo lo que
los neonazis pretenden negar.
(Foto D.P. vía Wikimedia Commons)
Son notables los testimonios de quienes estuvieron a cargo de los campos, como Rudolph Höss, comandante de Auschwitz de 1940 a 1943. En su declaración, detalló cómo experimentó con distintos venenos para hacer más eficiente la matanza hasta poder matar a 2.000 personas por hora (lo que era problema era quemarlos, declaró).

En su autobiografía relata que, cuando en el verano de 1941 Hitler le dio la orden de "preparar las instalaciones en Auschwitz donde tendrían lugar las exterminaciones masivas, y que personalmente llevara a cabo las exterminaciones, no tenía la más ligera idea de su escala o de las consecuencias. Ciertamente era una orden extraordinaria y monstruosa. Sin embargo, los motivos detrás del programa de exterminación me parecían correctos".

Para más precisión, el 5 de abril de 1946 declaró "Comandé Auschwitz hasta el 1º de diciembre de 1943, y calculo que al menos 2.500.000 víctimas fueron ejecutadas y exterminadas allí con gases y quemadas, y al menos otro medio millón sucumbió al hambre y las enfermedades, haciendo un total de unos 3.000.000 de muertos". Curiosamente, las cifras de Höss hoy se consideran exageradas, probablemente estaba tan orgulloso de su trabajo que las infló para hacer brillar su imagen como exterminador ante la historia.

Orgulloso estaba también Fritz Klein, médico de Bergen-Belsen, que dijo "Mi juramento hipocrático me dice que extirpe el apéndice gangrenoso del cuerpo humano. Los judíos son el apéndice gangrenoso de la humanidad. Por eso los extirpé". Y está la declaración de Alfred Trzebinski, supervisor de crueles experimentos médicos, de que los niños a los que ejecutó eran "sólo judíos", como si eso hiciera menor la atrocidad.

Adolf Eichmann en su juicio, antes de ser
sentenciado a la horca.
En 1961, cuando el encargado de las deportaciones de judíos, Adolf Eichmann, fue apresado en Argentina y llevado a juicio, declaró explícitamente que no negaba los hechos del holocausto, sino que simplemente había actuado "siguiendo órdenes".

Admitió también, después de intentar negarlo, que en 1945 dijo: "Saltaré a mi tumba riéndome porque la sensación de que tengo cinco millones de seres humanos en mi consciencia es para mí una fuente de extraordinaria satisfacción".

Más adelante, ya condenado, en correspondencia privada lamentó que no hubieran cumplido la misión de matar a 10,3 millones de judíos, el número total que había en la Europa ocupada.

Lo mismo pasó en otros juicios puntuales como el de 1996 de Erich Priebke, quien aceptó sus crímenes como capitán de las SS en Roma, pero rehuyó la responsabilidad diciendo también que "seguía órdenes", y apenas en 2012 con el nazi húngaro Laszlo Csatary ocurrió lo mismo su defensa no fue "eso no pasó", sino "yo seguía órdenes".

Tenemos el testimonio de los victimarios, el testimonio de las víctimas (los sobrevivientes, algunos destacados como Primo Levi o Elie Wiesel, pero sobre todo de miles más), el testimonio de los soldados que liberaron los campos, las cámaras de gases, las facturas de Bayer por el gas Zyklon B, las facturas y diseños de los hornos crematorios industriales de Topf e Hijos para quemar miles de cuerpos al día, la desaparición de millones de judíos y gitanos de Europa, la actitud declarada del nazismo hacia quienes consideraban "inferiores"... datos para aburrir. Datos contundentes. De hecho, el genocidio nazi es uno de los crímenes mejor documentados de la historia, en parte por la minuciosidad burocrática de los nazis, que registraron en documentos cuidadosamente quién entró a los campos, quién fue destinado a morir como trabajador esclavo y quién era exterminado de inmediato, sus pertenencias, etc.

Crematorio II de Auschwitz, diseñado, como los de Gusen, Buchenwald, Belzec, Dachau y
Mauthausen por la empresa Topf e Hijos. El diseñador de los hornos, Kurt Prüfer reconoció
saber desde 1943 que en estos hornos se quemaban cuerpos de inocentes liquidados
en las cámaras de gas adjuntas. El dueño de la empresa, Ludwig Topf, se suicidó en 1945.
Junto a esa multitud de datos, fotos, relatos, confesiones, documentos, etc., está un grupo marginal de neonazis que desde la década de 1960 dicen "eso no ocurrió". Es tan descabellado como decir que no ocurrió la conquista de las Galias por parte de César (de hecho, probablemente hay más pruebas del holocausto que de la conquista de las Galias tal como la contó César). Desde entonces se aprovechan de la ignorancia que mucha gente tiene respecto de la historia, de la distancia en el tiempo que erosiona el recuerdo y hace más increíbles las monstruosas atrocidades cometidas, de la sobresimplificación de los hechos y del victimismo, más una buena dosis de conspiranoia. Un buen ejemplo de negacionista es Ernst Zundel, abiertamente nazi, que también difundió la idea de que los ovnis vienen del centro de la tierra, porque nuestro planeta es hueco y a él huyeron los nazis con sus ovnis. El nivel de credibilidad es el mismo.

Los mitos convenientes

Sobre lo contado respecto del holocausto... el problema es que la realidad (ya de por sí atroz) ha sido mitificada por medios sensacionalistas, pero eso no significa que la historia, como disciplina, consigne esos mitos. Dos ejemplos: las lámparas de piel humana y el jabón hecho con grasa humana.

¿Hubo lámparas con piel humana? No hay pruebas de ello así que no se puede afirmar. Ningún historiador lo afirma, sólo aparece en el imaginario popular y en el periodismo malo.

La historia de las lámparas se contó alrededor de la brutal Ilse Koch, esposa de Karl-Otto Koch, comandante del campo de Buchenwald hasta 1943, de la que se decía que gustaba de guardar "recuerdos humanos", especialmente trozos de piel humana con tatuajes y hubo una leyenda de que con tales pieles se hizo la pantalla de una lámpara.

Existen en el National Museum of Health and Medicine (NMHM) y los National Archives (NA), órganos humanos preservados y 6 trozos de piel humana curtida con tatuajes que se encontraron en Buchenwald. Se tienen testimonios de que el propio Karl-Otto Koch ordenó a los guardias del campo que suspendieran su práctica de regalarse "souvenirs" humanos, como serían trozos de piel y cabezas reducidas.

Pero nunca se ha encontrado una pantalla de lámpara hecha de piel humana y no hubo pruebas de que en poder de Ilse Koch (detenida cuando ya no era oficial a cargo del campo) hubiera ni lámparas ni piel ni recuerdos humanos. Pero esa acusación no formó parte de los cargos contra Ilse Koch, a quien se acusó primero de participar en un plan criminal para realizar los asesinatos de Buchenwald. La lámpara vendría a ser un mito sobre las bases reales de souvenirs siniestros entre los guardias del campo.

Otro mito es el jabón con grasa humana. Hay datos de que, bajo las órdenes de Rudolph Spanner en Danzig, en los últimos meses de la guerra se experimentó con grasa humana de las preparaciones anatómicas para hacer jabón con el cual limpiar algunas cosas en el instituto anatómico, y hay testimonios prestados ante el Tribunal de Nüremberg por el ayudante Zygmunt Mazur, que entregó su "receta", y por prisioneros de guerra británicos. Pero los cuerpos para esos experimentos pudieron provenir no de campos de exterminio, sino de hospitales y otras fuentes, y jamás se hizo a escala industrial, como así lo han documentado incluso sobrevivientes del holocausto. De hecho buena parte del mito de que los alemanes hacían jabón con sus víctimas fue un arma de propaganda francesa lanzada ya en la Primera Guerra Mundial. Nadie fue nunca acusado de hacer jabón con grasa humana.

O sea, en cuanto a pruebas: lámparas no, conservación de piel tatuada y otros fragmentos humanos como "recuerdo" sí; jabón sí, pero no a nivel industrial, sólo en experimentos al final de la guerra.

Los negacionistas del holocausto mencionan que estas historias son mentira, ocultando que no fueron parte de las acusaciones en Nüremberg ni son sostenidas por historiadores legítimos, sólo en la prensa sensacionalista. Suponen que, al rebatir lo que dice la prensa sensacionalista, están probando que los nazis eran buenos muchachos. Y fingiendo que el exterminio en campos fue la única barbaridad de la guerra de agresión nazi de 1939-1945.

Las otras muchísimas atrocidades genocidas (no olvidemos los experimentos delirantes de gente como Mengele, Rascher, Eppinger y muchos otros), la deportación y exterminio intencional e industrializado de millones de personas con una red ferroviaria gigantesca diseñada específicamente para llevarlas a su aniquilación, más el trabajo esclavo hasta la muerte, las ejecuciones masivas fuera de los campos contra poblaciones y grupos humanos cometidas por los escuadrones de la muerte llamados Einsatzgruppen (que en una sola masacre de dos días ejecutaron a tiros a más de 33 mil personas en Kiev en 1941)... todo lo que se conoce como "holocausto", pues, no está en duda.

Salvo para el tipo de personas dispuestas a creer que la tierra está hueca, que Hitler sobrevive en su interior con sus altos mandos y nos visita con sus ovnis saliendo por un agujero en el polo sur.

12.1.14

La doctrina del shock

¿Qué opinas de este artículo? ¿está en lo cierto o no? Tiene que ver con el libro La doctrina del shock. 
Naomi Klein en 2007.
(Foto GFDL de Ministry of Truth,
vía Wikimedia Commons
No, no creo que esté en lo cierto, como no lo está ninguna otra teoría de la conspiración. Y, como todas las teorías de la conspiración, favorece una explicación simplista sobre una compleja para una serie de fenómenos diversos y a su vez complicados.

No es sorprendente porque Naomi Klein es desde hace años la gran negociante del antinegocio, la capitalista del anticapitalismo (ay, qué Stalin suena eso), la intelectual exquisita que ha acumulado millones de dólares con sus libros y conferencias sobre lo malo que es vender cosas y así. Me parece claro que tiene una serie de ideas firmes que no desafía en sus libros y que no somete a la prueba de los datos, y tiene un público fiel que sólo le seguirá pagando y la seguirá endiosando si sustenta ciertas convicciones que comparte dicho público y no les propone una visión crítica, cuestionadora o basada en datos que pudieran no endulzarle la oreja a los militantes del New Age. Es el estatus social de Klein que ya criticaban Heath y Potter en Rebelarse vende y que es como vender camisetas del Che, botas Doc Martens o máscaras de Guy Fawkes (copyright de la Warner) y decir que así se está haciendo la revolución.

Sólo como pinceladas para ejemplificar las sobresimplificaciones de Klein y de cómo parece que está jugando a reescribir la historia aprovechando que las atroces dictaduras en el Cono Sur ocurrieron hace mucho tiempo y ya nadie se acuerda de ellas (sobre todo entre su público, formado por gente muy joven, sobre todo europeos y estadounidenses y que desprecian mucho la historia, sobre todo cuando no les da la razón, como es el caso de ella, que tenía 3 años cuando los golpes de estado de Chile y Uruguay, y 6 años cuando el golpe militar en Argentina, 12 años cuando terminó la dictadura en Argentina y 15 cuando terminó la de Uruguay) y de que tuvieron características y orígenes no muy similares.

Cierto que los militares de la zona dieron golpes de estado y se apoyaron en Estados Unidos. Pero los soldadotes latinoamericanos siempre han hecho eso. Lo hacían antes de la guerra fría (pienso en el apoyo de la embajada de EE.UU. al golpe de estado de Victoriano Huerta en México en 1913). Ya lo hacían en el siglo XIX.

En el caso de las dictaduras de los 60-70, los golpistas sabían que los EE.UU. iban a apoyar y además tenían algunas claras coincidencias con los responsables de la política exterior en EE.UU. (en aquellos años la política exterior de Estados Unidos tampoco era un dechado de complejidad, se definía con una sola palabra: anticomunismo, en un espacio mental tan estrecho que "comunistas" venían siendo hasta los demócratas pacifistas liberales capitalistas que en Estados Unidos habrían ganado una elección por el Partido Demócrata, los escritores, los estudiantes, cualquiera que se preguntara cosas o quisiera libertades o estado de derecho... además, claro, de los comunistas que sí pretendían instaurar el comunismo en los países latinoamericanos, y que también existían).

Así que para "luchar contra el comunismo" Estados Unidos montó un sistema de apoyo a todo el que se llamara "anticomunista", fuera un periodista de cuarta categoría en México o un empresario medio subnormal en Bolivia, un político paranoico brasileño o un militarote chileno. No negaremos que la URSS por su parte montó un sistema de apoyo a todos los que se proclamaran luchadores por el comunismo, desde el financiamiento de armas hasta el turismo político a Cuba y los países de la zona de influencia soviética.

En Chile, el golpe de estado de 1973 fue apoyado por Estados Unidos: un régimen democráticamente electo estaba nacionalizando la economía y estableciendo un modo de producción comunista por decreto. Y peor, estaba por convocar un referéndum que podía ganar. Las relaciones entre Pinochet y algunas empresas estadounidenses, así como con la CIA y el Departamento de Estado, en el proceso de preparación y ejecución del golpe no son noticia, sin embargo. Ya estaban documentadas en libros para 1974, un año después del golpe, cosa que recordamos los que lo vivimos. Pero Klein aprovecha que su público carece de datos al respecto para reinventarles la historia en términos que los emocionen. En Chile no había una guerrilla comunista, pues, sino un gobierno comunista, pero democráticamente electo. La guerrilla se lanza 10 años después del golpe, tan débil que nunca representó un enemigo real. La dictadura hizo una masacre de inocentes sin más.

En Argentina por entonces y desde los 60, había al menos tres movimientos guerrilleros bien organizados desde tiempo atrás, Montoneros, ERP y FAP, pero nunca estuvieron ni cerca de llegar al poder. Gobernaba Isabel Perón, viuda del inexplicable Juan Domingo Perón manipulada por asesores delirantes como López Rega. Su gobierno ya había iniciado la guerra sucia contra la guerrilla de izquierda (es decir, la exterminación sin ajustarse al estado de derecho) un año antes del golpe. Lo que hacen los militares al frente del golpe es intensificar esa guerra sucia presuntamente anticomunista con el principal argumento de combatir el "terrorismo marxista" o algo así de duro, pero masacrando demócratas, libertarios, socialistas, liberales sociales, garantistas, constitucionalistas y, sí, a quienes estaban levantados en armas tratando de instaurar un régimen socialista en Argentina.

En Uruguay todo esto ocurrió antes (no después del golpe de Chile como alucina el artículo). La guerra sucia había comenzado en 1971 contra los Tupamaros (uno de cuyos combatientes hoy es presidente de Uruguay, por cierto). El gobierno electo de Bordaberry en 1972 se dio un autogolpe de estado en junio de 1973 y siguió su lucha anticomunista con el apoyo de Estados Unidos.

Así que la presencia de una guerrilla de izquierda es fundamental y no parece ser considerada como un factor por Klein, quien olvida un hecho tan colosal y determinante como la guerra fría, y el hecho de que la URSS, generalmente vía Cuba, apoyaba, financiaba y entrenaba a esos grupos guerrilleros en toda América Latina (la excepción, Cuba nunca financió guerrilleros en México, dicen los historiadores, por motivos no muy claros).

Lo que quizás un latinoamericano veía como una simple lucha contra las históricas injusticias cometidas contra los más pobres de su tierra por parte de los dueños del poder económico y político era, en Washington y Moscú, no más que parte del ajedrez de la guerra fría, del enfrentamiento entre dos imperios geoeconómicos que se disfrazaba de lucha entre "comunismo asesino y democracia libertaria" según los estadounidenses o de "comunismo justiciero e imperialismo asesino" según la URSS.

Y había muchos otros factores en juego en esa época. Al militarote latinoamericano no lo inventaron los Estados Unidos, hay un fenómeno histórico no despreciable detrás, relacionado con los esquemas de gobierno teocrático indígenas sumados a los esquemas monárquicos y de explotación de la conquista y la colonia que se convirtieron en el enfrentamiento liberal-conservador en la América independiente con distintas expresiones en distintos países durante todo el siglo XIX. No es lo mismo México que Colombia en los años 70, entre otras cosas porque la guerrilla mexicana rural siempre fue indígena y popular, sin apoyo de Cuba, y en México no se producía coca.

Toda esta complejidad se le va a Naomi Klein, que finalmente tiene que demostrar que lo que ella cree es lo correcto: todo mal viene del capitalismo, y todo bien parece venir de denunciarlo en un bestseller que le meta algunos millones de asquerosos dólares en la cuenta bancaria.

Reagan y Thatcher, aliados firmes.
(Foto DP, vía Wikimedia Commons)
Un último punto que en varias críticas me ha llamado la atención de cómo se reinventa la historia esta señora: según su teoría, Margaret Thatcher creó el conflicto de las Malvinas/Falklands para aplastar a los sindicatos y promover su agenda ultraneoliberal. No seré yo quien defienda a Thatcher, pero esto simplemente no es verdad. Y ciertamente la primera ministra no necesitaba un conflicto bicicletero al otro lado del mundo para hacer lo que hizo contra los trabajadores ingleses.

Basta atenerse a la cronología que Naomi Klein ignora o estira y comprime como un chicle: la guerra de las Malvinas es en 1982, la gran huelga minera que consolida el poder de Thatcher e implanta el neoliberalismo cavernario ocurre en 1984-1985, y los motines del impuesto por existir (poll tax) son en 1989 y de hecho la acaban llevando a renunciar. Pero en 1982 no pasaba nada de eso.

Fue Leopoldo Fortunato Galtieri, el dictador militar argentino, quien fue creando la tensión para impulsar el sentimiento patriótico argentino y buscar en él un punto de apoyo para mantenerse en el poder pese al desastre económico que vivía la dictadura militar. Todas las acciones que llevaron a la guerra fueron emprendidas por el gobierno argentino, hasta llegar a la ocupación militar de las islas el 2 de abril de 1982. La apuesta clara de Galtieri es que GB no se atreverá a responder y que Thatcher tiene otros problemas como un desempleo de 3 millones y la reorganización de todo su gobierno. La movilización británica, además, fue mínima y suficiente, porque Galtieri envió a los combatientes argentinos a las Malvinas/Falklands sin equipamiento ni ropa ni elementos de supervivencia; directamente al matadero, pues. Los soldados británicos que llegaron a las islas el 21 de mayo (así de poco preparada estaba Gran Bretaña para una chifladura como la de Galtieri) rescataron del congelamiento a más soldados argentinos que los 649 que murieron (muchos congelados). Peor aún, Galtieri contaba con que Estados Unidos, valedor de la dictadura, apoyara a Argentina con base en la doctrina Monroe que rechaza la intervención de otros países en asuntos del continente americano. Pero se llevó el chasco de que Reagan apoyó logísticamente y con inteligencia la respuesta militar británica. Pocos aliados ha habido tan cercanos como Reagan y Thatcher, que compartían un proyecto neoliberal extremo, una visión conservadora y brutal, y la decisión de acabar con la Unión Soviética a como diera lugar.

Todo esto no sólo era claro para quienes vivimos el desarrollo de los hechos siguiendo las noticias día a día, sino que históricamente está más que documentado. Como suele hacer la contracultura y el New Age, la enorme, casi exquisita complejidad de los acontecimientos de 40 años se reduce a una "doctrina" que se aplicó perfectamente (como todas las conspiraciones, sin error alguno) a partir de un manual de los años 50.

Conspiranoia la de Naomi Klein con algunas más pretensiones que la de Icke y Alex Jones, pero no esencialmente distinta. La realidad siempre es más compleja.

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Añadido a los pocos minutos: 
Sólo por dejar constancia, durante un par de años, junto con un grupo de compañeros periodistas y escritores brillantes como Mario Méndez Acosta, Carlos Laguna y otros, me vi implicado en dar una serie de conferencias promovidas por el ISSSTE por todo México todos los sábados. Volábamos el sábado en la mañana, dábamos la conferencia y regresábamos el domingo a casa. 
En una ocasión quizá en 1984-85, me tocó viajar con el poeta guatemalteco Otto-Raúl González a Chetumal, estado Quintana Roo, a dar la conferencia de rigor y por la noche salimos a tomar algo. En un momento dado, Otto tuvo un pequeño altercado con un joven rubio, alto y con corte de pelo militar, con el añadido de que Otto no sabía inglés, así que intervine para calmar los ánimos al tiempo que llegaba para lo mismo un tipo rubio, alto y con corte de pelo militar pero con bastantes más años, que resultó el superior del joven, ambos del ejército británico. Otto se encontró con otro amigo y el superior me invitó a sentarme con su grupo de subordinados, de un regimiento de paracaidistas. Resultó que pertenecían a las fuerzas destacadas en Belice para proteger al pequeño país recién independizado de GB (en 1981) de los intentos guatemaltecos por anexárselo. Al parecer Belice era aburridísimo y los soldados británicos preferían viajar unas decenas de kilómetros para divertirse en Chetumal, que tampoco era como un paraíso de la vida nocturna. 
El caso es que, conversando, el capitán (creo) de los británicos me relató sus anécdotas de la guerra de las Malvinas/Falklands, como parte de la fuerza invasora británica, al frente de un batallón de paracaidistas. El tipo era duro, obviamente, y por lo mismo me impresionó que se conmoviera al contar cómo, al llegar a las islas en paracaídas, se vieron movidos más a salvar que a disparar a los chicos argentinos (muchos de ellos conscriptos, es decir, haciendo el servicio militar, no soldados profesionales como los británicos) medio helados, hambrientos y sedientos, y llevarlos a los buques hospital que tenían estacionados al norte. Le había impactado la asimetría y decía que era casi un abuso combatir contra ellos en esas circunstancias. Comparaba el equipamiento profesional del ejército británico, explicándome su ropa térmica, sus comunicaciones, su apoyo logístico, con las condiciones lamentables en las que Galtieri había mandado a su ejército a un lugar tan frío e inhóspito. No conozco mejor testimonio del absurdo inmenso que fue esa guerra de 10 semanas, y de cómo los militares argentinos sacrificaban gente inocente, incluso a sus propias fuerzas, con menos compasión de la que podían sentir quienes eran sus oponentes en un conflicto armado.

1.1.14

Orcas vejadas

Hola Mauricio ¿que opinión te merecen los boicots a los centros acuáticos para defender a las orcas de las vejaciones que ahí sufren? ¿Debe prevalecer la economía y la diversión que estos centros generan sobre el sufrimiento de estas especies?
Siete años (en que se supone que "no sufrió")
y 20 millones de dólares se dedicaron a que la
orca Keiko fuera "liberada" y muriera joven para
satisfacer la tendencia a la antropomorfización
de ciertos grupos.
(Foto DP Departamento de Defensa de los EE.UU.
vía Wikimedia Commons)
Los estudiosos del comportamiento animal, los etólogos, nos advierten una y otra vez sobre los peligros de la antropomorfización, compleja palabra que significa "darle forma humana" a algo, en este caso a los animales. Es el complejo Walt Disney: "mi canario está triste", "a mi burro le divierten las mariposas", "mi gato está ofendido". Son interpretaciones que hacemos con las que le damos sentido a nuestra relación con los animales fingiendo que son como humanos (antropomorfos), pero siempre debemos tener claro que se trata de una ficción nuestra.

Así como hablamos de que no podemos estar seguros de que nuestra experiencia subjetiva individual sea igual a la de otros humanos, mucho menos podemos estarlo cuando tratamos con otros seres vivos, y atribuirles nuestra subjetividad puede ser un error costoso.

Por ejemplo, mirar fijamente a un chimpancé puede disparar en él reacciones agresivas, porque para muchísimos animales, incluidos nuestros cercanos parientes, la mirada fija es un desafío. Y más de un inocente ha extendido una mano hacia un chimpancé que parecía feliz ya que "me estaba sonriendo" cuando en realidad la "sonrisa" de los miembros de esta especie es una advertencia de agresión que antecede inmediatamente al mordisco. O tratan de aliviar el "dolor de parto" de las vacas, que no muestran ningún signo de dolor porque en la evolución sus cuerpos no se han visto modificados como el del ser humano, cuyo canal de parto se ha convertido en un espacio desafiante y difícil que provoca dolor y todavía mata a 590.000 mujeres al año. Para la vaca o en general cualquier mamífero placentario, por no decir los marsupiales, el parto es un asunto sencillo y limpio.

Pero los militantes siempre usan la metáfora humana, la antropomorfización: "Si a ti te encerraran en una piscina sin poder recorrer los mares, ¿qué sentirías?" La respuesta razonable es "Frío y ganas de salirme, no de recorrer los mares. Soy un puto mamífero terrestre, un hominino, no un cetáceo, idiota". O "¿Qué sentirías si te hicieran correr con un tipo encima de ti dándote con una fusta?" ¿Pues sentiría que me caigo, lógicamente, y que el tipo se va a comer la fusta porque es muy imbécil si no se da cuenta de la diferencia de espesor e inervación que hay entre la piel de mis nalgas y la de la grupa de un puto caballo, y del peso que ambos podemos llevar a cuestas".

Entonces siempre tenemos el problema de que quien dice "las orcas sufren una vejación" está actuando como telépata transespecífico, o como un antropomorfizador ignorante. Tenemos que creerle que las orcas tienen el concepto de vejación, y que además interpretan su situación como una vejación y han conseguido comunicárselo al animalista en cuestión. Todo demasiado dudoso.

Lo mismo pasa al hablar del "sufrimiento" de estas especies. Aceptando para el diálogo, pero sin conceder, que puedan sufrir, ¿su sufrimiento es como el nuestro? No lo sabemos. En algunas especies podemos interpretar (a veces erróneamente, pero en general no parece del todo absurdo) que sufren porque realizan comportamientos similares a los nuestros cuando sufrimos, por ejemplo lamentos o intento de apartarse del estímulo aversivo, conductas que llamamos de "evitación" porque se alejan físicamente de algo. No parece tonto decir "a mi perro no le gusta tal alimento" si no lo come o lo aparta en su plato, o decir "al león de duele la pata" porque cojea y se la lame. No sabemos si sufren igual que nosotros (porque nuestro sufrimiento es consciente, tiene una percepción del yo que no sabemos si tienen otros animales), pero una idea nos damos cuando hay dolor o aversión.

Así, por ejemplo, gran parte de los lineamientos éticos que se han desarrollado para la investigación en animales (y que no siguen, qué curioso, los pseudoecologistas como Séralini) se han desarrollado para disminuir al máximo lo que nosotros percibimos como sufrimiento porque a nosotros nos parece correcto hacerlo así debido a nuestra visión moral, no porque sepamos que los animales sufren como nosotros ni porque tengan derechos concretos.

Pero esto no pasa con las orcas. No tenemos comportamientos compartidos que podamos interpretar, es todo telepatía. Cuando la "bondad" humana ha logrado hacer realidad la bonita fantasía de Liberen a Willy (como lo hicieron precisamente con Keiko, la orca que interpretó a Willy en la película y que estaba en el parque de diversiones de Reino Aventura en México) el resultado ha sido atroz. Keiko no se alejaba de las personas, es decir, hallaba aversivo ese mundo natural idealizado por la Save Willy Foundation que finalmente abandonó a la orca a su suerte, mientras que las demás orcas mostraban conducta de evitación hacia Keiko. La orca parecía buscar la cercanía de los malvados seres humanos en la bahía de Noruega donde finalmente murió de neumonía a una edad relativamente joven para una orca. (Pero los que vivieron de "liberar a Keiko" siguen pidiendo donativos y viviendo de eso, lo cual me parece repugnante.)

En tu pregunta sólo falta decir que la gente va a los parques acuáticos a disfrutar malévola y sádicamente del sufrimiento de los animales (argumento por lo demás frecuente, también en los circos, carreras de caballos, etc.), cosa que claramente es falsa.

Así que cambiaría yo la pregunta por "¿Debe prevalecer el disfrute de muchos seres humanos al poder acercarse a una serie de especies que no vería nunca en la naturaleza, el conocimiento que se obtiene sobre el comportamiento y adaptabilidad de estas especies estudiadas en cautiverio,  el empleo de muchos seres humanos que se dedican a cuidar y mantener esos animales para que los vean y admiren y estudien otros sobre las creencias de unas personas que no saben biología y no saben etología pero están íntimamente convencidos de que tienen una misión de salvar al resto del mundo del horrible ser humano?"

Yo creo que sí, merece prevalecer si los animales son debidamente cuidados y sin antropomorfizar. Las presas, finalmente, están privilegiadamente libres de los depredadores, y los depredadores están alimentados sin tener que hacer los ejercicios de jugar con leones marinos vivos de las orcas y que si antropomorfizamos son terriblemente crueles.

Finalmente, siempre me parece muy curioso que se defienda a ciertos animales en función de su "factor auh", es decir, los que te hacen decir "auh, qué chulo". Se defiende poco a los cerdos aunque son de los seres más inteligentes, lo mismo se puede decir de los pulpos. Tienen mucho menos puntuación en la escala auh que un panda o un panda rojo o un delfín que parece que esta sonriéndote (al menos una especie, sin pensar para nada en el terrible espectáculo que es un delfín violando a un delfín bebé).

Ya eso de entrada me parece que revela una profunda ignorancia o una delirante hipocresía. O se lucha por tener un mundo donde se ayude a mantener la dinámica de los ecosistemas (no que se les inmortalice en bronce, todo ecosistema es dinámico y cambiante, siempre variará, siempre desaparecerán especies) y se encuentren puntos de equilibrio entre las necesidades humanas y las de su entorno o actúa uno como talabosques irracional y cazador de bisontes en ferrocarril, a lo idiota. Pero la idea de "voy a defender a este animalito bonito porque auh pero no a aquél otro feo porque agh" pues no me parece una base sólida sobre la cual construir una política de manejo de los recursos del planeta.

Y en estos casos siempre hay que recordar que el único animal que se da cuenta del daño que puede hacerle a su entorno y el único animal que está haciendo algo por minimizarlo y cambiar las cosas y reducir lo que le parece sufrimiento y comportarse como debe es el ser humano, debido a que tiene algo que lo diferencia radicalmente de los demás animales, su moral.

Eso debe darnos algunos puntos, ¿no?