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14.8.17

Fernando Gamboa y las naturalezas muertas

Fernando Gamboa
Sería a principios de 1987 cuando, viviendo en la ciudad de Querétaro y trabajando para la Secretaría de Cultura de ese estado mexicano de igual nombre (regenteaba una librería, hacía radio y era corrector en la editorial estatal), me encargaron hacer de anfitrión a un caballero imponente que frisaba los 80 años, bonachón y agradable. Tenía pocos datos sobre él: era un muy importante museógrafo, estaba encargado de diseñar la Galería Libertad que sería uno de los más importantes centros de artes plásticas en la ciudad y lo estábamos homenajeando mientras tanto dándole su nombre a una pequeña galería aledaña a la librería que yo llevaba.

Me tocaba, si mal no recuerdo, recibirlo y darle hospitalidad y conversación durante un par de horas. Me simpatizó de inmediato (supongo que le simpatizaba a todo mundo) y conversamos un poco sobre arte, ya que era su especialidad. La exposición con la que ese día o al siguiente se inauguraría la pequeña "Galería Fernando Gamboa" era de naturalezas muertas de distintas épocas y creadores. Ya un poco en confianza, le dije a don Fernando que las naturalezas muertas no me gustaban y me parecían uno de los géneros pictóricos más aburridos del mundo.

El museógrafo me miró con genuino horror, dijo que no era posible y me hizo entrar a la galería para empezar a explicarme, hágame usted el favor, las naturalezas muertas.

Lo que yo no sabía

Quizás porque una parte tan grande de México, y otro tanto de la cultura, de la pintura, de la literatura, del arte y la ciencia en ese país está tan teñido del exilio de la Guerra Civil Española desde 1939, resulta casi inevitable que Fernando Gamboa también hubiera jugado un papel en esa historia.

Gamboa había nacido en 1909 y había estudiado pintura y arquitectura en la más prestigiosa academia de arte de México, la de San Carlos, y su compromiso social lo llevó a los proyectos de apoyo a los maestros rurales de los primeros años del gobierno de la revolución mexicana. Colaboró en algunos murales como pintor y se interesó en la museografía. Para 1937 estaba en el Congreso de Escritores Antifascistas de Valencia, como "corresponsal viajero" de El Nacional (periódico oficial del gobierno mexicano, que fue el primero en el que publiqué como periodista, por cierto, en 1976), apoyando a la República Española contra el golpe de estado militar.

En 1938, el gobierno de Azaña le pone al frente del Servicio de Propaganda de la República Española en América Latina y empieza a colaborar con el embajador mexicano en Francia, Narciso Bassols. En 1939, con apenas 30 años, se le encarga ejecutar la política mexicana de asilo a los republicanos decidida por el presidente Lázaro Cárdenas. Visita los campos de concentración franceses y gestiona la salida de los refugiados, fletando los barcos Sinaia, Mexique, Ipanema y Degrasse, a los que seguirían muchos otros. Esos barcos donde llegarían a México tantos de mis profesores, los padres de mis amigos y, también, algunos participantes en los atentados contra Trotsky... y los adversarios de éstos, que hicieron de México la continuación de su campo de batalla ideológico. También se encargaría de llevar desde Nueva York a otros exiliados de relevancia como José Bergamín, Joaquín Xirau, Pedro Garfias, Pedro Carrasco Garrorena, Antonio Sacristán, Enrique Díez-Canedo, Rodolfo Halffter, Rosa Ballester, Paulino Massip, Ignacio Bolívar, Eugenio Imaz o Josep Carner.

Luego, claro, en otros años y por otros medios, seguirían llegando igual los Taibo que el Coronel Tagüeña y su familia e, incluso, en su momento, Víctor Manuel y Ana Belén o el último exiliado, Joan Manuel Serrat.

Fernando Gamboa y su hermana Susana a bordo del Sinaia en 1939.
Fondo de la Promotora Cultural Fernando Gamboa
Después de terminada esta misión, Gamboa sería un continuo promotor del arte mexicano, organizador de exposiciones a nivel internacional y uno de los fundadores del Instituto Nacional de Bellas Artes. Fue amigo de todos los pintores mexicanos, particularmente de Diego Rivera. Hizo la primera exposición de Picasso en México. Rescató una gran cantidad de pinturas coloniales llevadas ilegalmente a Estados Unidos. Llevó a Colombia una exposición cuyas obras tuvo que salvar entre los disparos del "bogotazo" de abril de 1948. Fue director del Museo de Arte Moderno que en mi adolescencia fue uno de mis refugios, donde conocí la pintura de Remedios Varo, de Juan O'Gorman, María Izquierdo o Luis Nishizawa. Era todo un personaje mucho más allá de lo que aparentaba.

Naturalezas muertas

Quizá si hubiera sabido quién era el que me guiaba al interior de "su" galería, me habría quedado mudo y jamás habría dicho nada de naturalezas muertas. Gamboa empezó a señalarme cuadros y a explicarme. No recuerdo --sería una hazaña-- sus palabras exactas, pero sí lo que me quedó como enseñanza que me ha acompañado por los museos que he podido visitar, por los libros de arte con los que suplo a aquellos museos donde aún no he estado.

La naturaleza muerta es un retrato de una sociedad.

Al verla, si uno es cuidadoso, sabe, primero que nada, si representa a un sector pobre o acomodado de esa sociedad. Si la mesa es de panes y patatas resulta muy distinta a si es de perdices y frutas exóticas. Si es escasa y triste o si es agobiantemente abundante. Si es un puñado de girasoles de suerte variopinta (como los del jarrón que Van Gogh pintó siete veces) resulta muy diferente a un arreglo exquisito con rozagantes flores costosas y elegantes.

¿Y la vajilla? ¿La jarra de agua? ¿El plato? ¿Son de fina porcelana o de peltre humilde, de barro o de cristal, artesanales o ya industrializados? ¿A qué estilo y a qué época pertenecen? Porque las modas de cacharros (y hasta la de las hortalizas, como la zanahoria anaranjada producto del siglo XVII) especifican también de cuándo se cuenta la historia, además de a quién.

La naturaleza muerta también nos dice de dónde es la gente que no se ve en el cuadro. Las especies de animales, verduras, frutas, los platos ya preparados o los simples ingredientes nos pueden decir si ese cuadro es del sur de Francia o de Brasil.

Y nos cuenta mucho del artista, sobre la forma en que arregla cuidadosamente y para su propia satisfacción cada elemento de su modelo, la luz, las texturas, la forma en que se relacionarán y dialogarán con su estilo personal, con el trazo grueso impresionista o el delicado detalle del maestro flamenco. Las naturalezas muertas nos pueden decir cómo va a retratar el pintor a un modelo, a un campesino o una mujer acaudalada, cómo los va a iluminar y cómo los va a tratar, si con condescendencia, con cariño o con visión inquisitiva.

Naturaleza muerta con vajilla de plata y una langosta (1641). Retrato de la opulenta clase
media holandesa beneficiaria de la Compañía de las Indias Occidentales, comida elegante,
arte y buena vajilla. Pieter Claesz 1597-1660
Cuando terminamos, era claro que nunca iba a volver a ver una naturaleza muerta con el cinismo que hasta ese día había exhibido en mi feliz ignorancia.

Nunca volví a ver a Fernando Gamboa. Murió tres años más tarde en la Ciudad de México. Pero no puedo entrar a un museo o galería sin recordarlo y agradecerle la súbita lección de arte... y el que salvara a tantos cuya suerte podría haber sido la más negra una vez que Francia se rindió a los nazis.

24.6.16

No puedo votar de otra forma


(Esta entrada resume y enlaza mucho de lo que ha sido este blog, cuyos meandros aún no consigo desentrañar, pero que ha llegado hasta aquí, y luego seguirá hacia no sé dónde...)
Estoy habituado a las descalificaciones ideológicas, como cualquiera que haya opinado abiertamente de política toda su vida. Me han tocado de la derecha y de la izquierda.

Obviamente es difícil para quien piensa distinto imaginar que mi posición política no es el punto donde "renuncio" al pensamiento llevado por lo visceral, sino que es el punto al que me ha llevado la observación crítica de las sociedades tanto históricamente como personalmente en los ya no pocos años que me ha tocado vivir.

Soy socialdemócrata porque la socialdemocracia ha demostrado ser la ideología más eficaz que tenemos para transformar las sociedades de modo permanente y hacer más feliz a la gente, permitiéndoles vivir más plenamente, más tranquilamente, con mayores oportunidades de desarrollarse. Obteniendo resultados claramente más deseables que los obtenidos en sociedades organizadas sobre otras ideas. A las pruebas me remito.

Mi opción se debe a la constatación de que la socialdemocracia puede equilibrar derechos, libertades, justicia, igualdad de oportunidades, atención a los más débiles o desposeídos por medio de la solidaridad, el reparto equitativo de las cargas sociales y el diseño de una sociedad de bienestar donde la prioridad sea erradicar la pobreza y la desesperación.

La socialdemocracia es la izquierda eficaz, la que ha servido a más personas para vivir mejor, siendo menos emocionante que la épica de un discurso de cinco horas, un pelotón de fusilamiento o un himno cantado por el coro del Ejército Rojo. La socialdemocracia ha conseguido normalizar logros sociales que en sus orígenes eran rechazados por los poderosos. La educación de los hijos de los trabajadores, la sanidad pública y universal, las pensiones... todos fueron motivo de escándalo para las buenas conciencias del poder. Pero convertidos en derechos en un esquema socialista posibilista y progresivo, se volvieron la norma. Por eso la derecha cavernaria y la izquierda del espejismo los reclaman como propios, les rinden hipócrita homenaje verbal, los añaden a sus programas y se ven obligados a respetarlos más de lo que desearían.

No creo en fuerzas mágicas, ni en la de la historia ni en la del mercado porque nunca han demostrado su eficacia. No creo que desmontar al estado sea solución alguna, como no lo es convertir al estado en el poder único de una sociedad. No creo en los odios genéricos sino en la crítica puntual. No creo en la división binaria de la sociedad que vende el fascismo (de derechas o de izquierdas) sino en una diversidad desafiante. No creo en el simplismo, sino en la complejidad social y humana.

Cuando el socialismo democrático ha gobernado España, los beneficios obtenidos por la sociedad han sido muy superiores a las dificultades provocadas por sus errores. Todas las libertades, las leyes sociales, los derechos, han sido creados, defendidos y legislados por los socialistas, salvo cuando han sido bloqueados por la derecha cerril (de las más retrógradas de Europa) o por la izquierda regresiva (que oscila entre el amor a la violencia y las ínfulas de una grandiosidad imaginaria).

Los errores se estudian para superarlos, para aprender de ellos, para cambiar. Es inútil convertirlos en letanías sin contenido o en acusaciones vanas. Los socialistas han reconocido errores y han luchado por superarlos, aprender y cambiar, con resultados alentadores. No han alcanzado la perfección moral, pero ni la reclaman para sí ni admiten que otros se la adjudiquen. Quien se atribuye la perfección moral, miente, sea cura o profesor, mesías místico o laico. Y estoy harto de que tantos se la atribuyan a sí mismos o a sus líderes-fetiche.

Sé que no hay soluciones a todos los problemas, que gobernar es elegir, tomar decisiones. Me gustaría que las hubiera, pero la realidad opina distinto. Es más, sé que las soluciones son complejas, insuficientes, siempre, criticables por supuesto (desde la mala fe es posible argumentar contra cualquier acción, cualquiera) y muchas veces sólo valorables en perspectiva histórica. Y que no hay soluciones fáciles, porque la sociedad es un ente complejo cuyo avance no se decreta mediante bando solemne la soleada mañana en que el líder conquista el poder. Nunca ha ocurrido.

Adicionalmente soy antinacionalista y entiendo que el nacionalismo es ineludiblemente de derechas. Soy principista, porque sé que los partidos son herramientas, no fines. Creo en la militancia limpia y no en las militancias de la venganza, y prefiero los líderes electos libremente antes que los señalados a dedo o en listas tramposas. Todo ello me aleja igual de la derecha cerril que de la izquierda regresiva.

Votar al PSOE no significa que crea que el cambio se vaya a operar de modo milagroso, que todos vayamos a quedar satisfechos, que se instaure el paraíso en la tierra o que los problemas se disipen prodigiosamente al influjo de una investidura. Ni siquiera creo que todos los electos se ajustan a los más elevados estándares de comportamiento, algún pillo habrá, no hay familia sin él, pero espero con confianza que todo culpable sea echado, desconocido y acusado por su propio partido... porque ya ha ocurrido en el PSOE y no en otros partidos, sencillamente.

Votar al PSOE significa votar por lo que es posible. No por la grisura de quien ve en la ruina de media España la esperanza para la otra mitad (donde coinciden la izquierda regresiva y la derecha cerril, aunque defiendan mitades distintas). No por las promesas delirantes y las emociones desbordadas que nublan el razonamiento, no por el rencor acumulado, no por la revancha, no por la mentira, no por el engaño, no por el camorrismo y la altanería, no por la bajeza y la delincuencia (grande o pequeña) encubierta por la desvergüenza, no por el iluminadismo ni por el inmovilismo.

Y las agresiones, las descalificaciones, el pandillerismo, los insultos, la opacidad, el trolleo anónimo, la demagogia, la mentira como estrategia, la incondicionalidad del mal periodismo y el odio reconcomiado de quienes se presentan como opciones no hacen sino consolidar lo que es resultado de una reflexión profunda, votar al PSOE es votar a favor de lo mejor a lo que podemos aspirar y contra lo peor de quienes quieren instrumentalizar a toda una nación para servir a su ideología o a sus intereses antes que a su gente.

En conciencia, no puedo votar de otra forma.

21.2.16

La fácil oposición

Actualización el 22 de febrero: Casualmente alguien citó algún estudio de uno de los teóricos de Podemos, Íñigo Errejón, que me pareció interesante. Conseguí el PDF de "Estados en transición: nuevas correlaciones de fuerzas y la construcción de irreversibilidad", ponencia que presentó en un seminario en Ecuador hace un par de años y que precisamente va en contra de lo que aquí planteo. Como allá dijo lo que nunca diría en España y en público, y como tiene que ver con esta entrada y con los desmanes de su gente en la tarea de gobierno, copio: "... la construcción de un pueblo requiere siempre la construcción de un “afuera”, de algo que no es el pueblo, de un “anti-pueblo”. Y en la gestión del anti-pueblo, uno tiene que tender a reconciliar al conjunto de la comunidad política pero a la vez un gobierno popular no puede disolver el antagonismo, no puede “gobernar para todos”. Es más, no puede dar siquiera la imagen de que gobierna para todos porque eso sería tanto como disolver la identidad popular que lo ha hecho mayoritario."
Gráfico de Gapminder mostrando la expectativa de vida comparada con los ingresos por persona. Este sitio y su creador, Hans Rosling, utilizan datos para darnos una visión más fiable de la realidad social, económica y de salud del mundo, información útil para cambiarlo.
No estoy de acuerdo con que haya gente sin hogar. No estoy de acuerdo con que haya niños sin una alimentación adecuada. No estoy de acuerdo en que haya gente en el paro. No estoy de acuerdo en que algunas personas pierdan su vivienda por impago de alquiler o de hipoteca. No estoy de acuerdo con que baje la calidad del sistema sanitario. No estoy de acuerdo con la guerra. No estoy de acuerdo con que los trabajadores no reciban salarios suficientes, ni que carezcan de un ambiente de trabajo seguro, sano, cuidado y respetuoso. No estoy de acuerdo con... bueno, es la idea.

¿Usted sí?

Quiero pensar que quien esté de acuerdo con que ocurra todo esto es una minoría, incluso en la derecha (al menos la que no depende de su más obsecuente visceralidad).

Oponerse a lo malo es fácil. Es más, es sencillísimo. No requiere demasiado esfuerzo intelectual ni hacerse cuestionamientos morales demasiado complejos. Es directo, en blanco y negro y lo deja a uno sintiéndose como un campeón de la justicia social.

Esta oposición obvia sin embargo dos asuntos fundamentales que deben venir después de la lamentación sobre el estado de las cosas: entender las causas de estos hechos perjudiciales y encontrar formas de resolverlos, de eliminarlos de nuestra sociedad. Y allí es donde solemos tropezar con la enormidad, la verdadera enormidad de algunos problemas, causalidades múltiples, responsabilidades compartidas, a veces errores de diseño en el sistema, a veces mala fe a carretadas, a veces el maldito azar y siempre, siempre, la imposibilidad de generalizar. No es igual, pongamos por ejemplo, quien no puede alimentar a sus hijos porque tiene un salario infame a manos de un empleador voraz que aprovecha que el empleo que ofrece es la última esperanza de un trabajador en una sociedad con un asfixiante 25% de desempleo, y quien no los alimenta porque aunque obtiene enormes ganancias de la venta de drogas, se las gasta en drogas para sí mismo, en timbas de póker y en borracheras. Ya sé que es un extremo, pero entre ambos extremos hay una gama enorme de matices, aplicables a todos los problemas, como los enumerados al principio de esta nota.

Uno, que ha vivido en la oposición, sabe que su posición es, en una u otra medida, extrema. Yo, pongo un ejemplo, deseo que las religiones organizadas desaparezcan, que el estado no financie a las iglesias y sus fiestas, que los medios de comunicación no emitan saraos religiosos y que la separación iglesia-estado no sea una meta, sino sólo el punto de partida del combate final de la razón contra la superstición. Al final, desearía que la religión fuera una memoria de la infancia intelectual de la humanidad y que las iglesias se convirtieran en museos y en bibliotecas.

Iglesia dominica de Maastricht convertida en librería. (Imagen CC de Bert Kaufmann, via Wikimedia Commons)
Sin embargo, si yo llegara a ejercer algún poder político (esperemos que nunca ocurra tal desgracia), y lo obtuviera por la vía democrática, claro, tendría que moderar mis posiciones personales con la responsabilidad de gobernar para todos, incluidos los que están en desacuerdo conmigo y con mis sólidas y bien fundamentadas ideas. Incluso si mi programa de gobierno incluyera esa separación iglesia-estado tajante y decisiva, e incluso si obtuviera la mayoría absoluta, un 65% del voto, estaría obligado a entender que ese 65% de los votantes puede no estar totalmente de acuerdo con todo mi programa, sino que me han votado por el conjunto de propuestas y compromisos que asumo. Es decir, que aún en esas condiciones no estaría yo legitimado para ser el líder de la dictadura de las mayorías y cerrar iglesias para convertirlas en bibliotecas con un sonoro encadenamiento de dictados de un "¡Exprópiese!" evocador de Hugo Chávez en sus peores momentos.

¿Por qué? Porque sería mi obligación tener en cuenta a los creyentes, a quienes usan esas iglesias, a quienes apoyan su existencia por más que me moleste, a quienes están en desacuerdo conmigo y tienen, qué cosas, derechos y libertades que debo respetar.

Puedo, sí, por poner otro ejemplo y si consigo el presupuesto necesario, incrementar la educación sobre religión a fin de conseguir que el número de creyentes descienda o que los propios creyentes acepten que es mejor usar las iglesias como bibliotecas y circunscribir los actos de culto al espacio privado en el que más cómodos están.

Yo administrando la política de relación con las religiones y las iglesias en un gobierno democrático, por supuesto, sería un desastre. Enfrentaría al episcopado y su poder, facilitando que me echaran encima a sus huestes de incondicionales como Hazteoir lo hizo con Rodríguez Zapatero; denunciaría a los islamistas radicales, me negaría a que el Papa pusiera un pie en España, cancelaría los conciertos educativos con la iglesia, impondría no sólo el IBI, sino impuestos especiales a las fabulosas riquezas que la iglesia tiene dentro de sus inmuebles... haría muchas cosas que provocarían muchos problemas y resolverían pocos, aún si me circunscribiera al marco legal. También dentro de ese marco legal haría lo posible por que los curas pederastas respondieran ante la ley, impidiendo que los ocultaran sus compañeros de profesión, y aplicaría igualmente la ley con quien cometiera violencia de género, sin importarme para ello que tanto el agresor como la agredida fueran musulmanes y estuvieran de acuerdo en que el Profeta dijo que él le podía zumbar a ella. Pero todo ello, claro, lo tendría que hacer con arreglo a las leyes vigentes y, en todo caso, luchar por cambiar las leyes cuando son repugnantes, a fin de tener un marco legal más avanzado.

Mientras, provocaría un lío de proporciones.

Esto es enormemente aburrido. Es lento. Es tortuoso. Implica negociar con fuerzas diversas... implica tener en consideración a quien yo estoy seguro de que se equivoca, hombre ya. ¡Qué distinto es del sueño de tomar el cielo por asalto y decretar la felicidad de las masas agradecidas, de acabar con el mal, de cambiarlo todo, de gobernar por edicto, de prohibir y disponer como Iván el Terrible! Además de que esa revolución absoluta sin duda lograría que nos erigieran algunas estatuas que nos dejarán muy orondos por esa extraña idea humana de que el mejor homenaje a nuestros ciudadanos distinguidos es convertirlos en cagaderos de palomas.

Eso es lo que están descubriendo los profesionales de la oposición sin neuronas que han llegado a disfrutar algún poder en algunos ayuntamientos españoles por obra y gracia de la demagogia. El baño de realidad que se están dando es espectacular y lo resienten los asaltantes del cielo pero más lo resienten quienes les votaron porque sinceramente creyeron que los iluminados iban a arreglarlo todo con la varita mágica. Porque los problemas, según ellos, no eran complejos ni multifactoriales... eran todos asunto de voluntad política, la culpa era sencilla de atribuir: son ellos... los quitas a ellos, me pones a mí, y te mandaré un cheque de mil euros a tu casa todos los meses porque eres guapo. Y los pusieron al frente de las instituciones y ahora resulta que siempre no, que esperen, que esto no era tan simple como parecía...
Nota de El Mundo, 20 de febrero de 2016
Los trabajadores quieren demasiado, descubre Ada Colau, que además de repente entiende lo que nunca entendió cuando dirigía a las masas enfervorecidas hacia la tierra prometida del colauismo: que hay "limitaciones presupuestales". ¡Qué sorpresa! ¡No existen vastas cavernas llenas de oro que los malditos de la casta guardaban para sí, despilfarrándolo en odaliscas y mancebos y vino denominación de origen mientras el pueblo clamaba por pan a sus puertas! ¡No hay la discrecionalidad que se exigía que ejercieran los odiados de la casta para resolver los problemas prohibiendo acá y ordenando allá! El espacio de maniobra del poder político está acotadísimo por leyes y reglamentos y protocolos y exigencias insalvables en el ejercicio fiscal, en el cobro de impuestos y en su aplicación y casi todo el dinero que entra ya tiene destino, con él se pagan servicios, bienes, trabajadores, todo el aparato de administración.

Y aún cuando detienes el gasto superfluo y las irregularidades que cometían los que estaban antes, lo que sobra no es precisamente cantidad suficiente para resolver los problemas de una enorme ciudad. 2 millones de euros será -es- una fortuna para un ciudadano de a pie (reconvertido en pillo en Audi merced a su deshonestidad) pero cuando tu presupuesto ya comprometido es de 2.550.600.000€ (sí, más de dos mil quinientos millones de euros, que es el presupuesto de Barcelona para 2015), dos millones no te dan ni para limpiarte los mocos... menos aún para darle a todos los trabajadores de la ciudad, o del propio ayuntamiento, una remuneración de dos salarios mínimos al mes.
Nota de Europa Press del 18 de febrero de 2016.
El entorno de Manuela Carmena (víctima si las hay) descubre también que no es igual tomar una capilla o mearse a media calle descojonada de la risa como performance que imponerle las mismas historias a toda una ciudad que, cierto, quiere cambios, pero no forzosamente todos los cambios con los que sueñan los alrededores de la alcaldesa, que finalmente sólo conocen la realidad a través del lente teórico de cinco autores apreciadísimos en la facu y que si los lees y repites, sacas notable. Que los títeres y el madrenuestra y los coños por las paredes que son tan rechupiguay como suma contestataria en espacios minoritarios no eran exactamente lo que "la gente" quería. Quizá descubran que para que la gente aprenda a tolerarlo deberá pasar por un proceso de educación que no se les había ocurrido... ¿por qué si ellos eran la solución, la única y sencillísima solución a todo, al aspecto económico, sobre todo, pero también a las taras conservadoras de una sociedad que aún no se sacude el franquismo ni al episcopado ni la idea de que todos los rojos son como los rojos de caricatura del ABC (cosa que algunos rojos insisten en confirmar), y que si asumen la aburrida administración cotidiana de los problemas, necesidades y ocurrencias de cada uno de los 3.141.991 habitantes de Madrid a los que tiene que atender el Ayuntamiento, no tienen puta idea de qué va la cosa.

Y entonces es el momento de los "usted disculpe" y de los "lo hice sin pensar" y los "era una broma" y los "era joven y necesitaba el dinero" y los "pues presentamos una querella contra esos guarretes" y todo eso que deberían haber sabido que vendría porque el mundo, este mundo, su gente, esta gente, sus problemas, sus soluciones y su enorme complejidad no tienen nada que ver con las fantasías en las que viven en la academia endogámica, en las élites perfumadas, en quien nunca respiró nada más peligroso que el polvo de tiza.
Nota de larepublica.es del 5 de febrero de 2016.
Y así se está dando de narices con la realidad el alcalde de Cádiz, al que la ciudad y sus problemas se le han convertido en un acertijo matemático de altísimo nivel que pretende resolver callando a los concejales opositores y advirtiendo que él tiene una carrera... con esa arrogancia que, ingenuos, pensamos que era privativa de una derecha caciquil, autocomplaciente y arrogante.

Claro que hay que pedir que las iglesias se conviertan en bibliotecas y ser, como la vieja revista mexicana El hijo del ahuizote, "de oposición feroz e intransigente con todo lo malo". Con todo. Pero para hacer efectivos los ideales hay que conocer las limitaciones de la realidad, el enorme trecho que media entre estar en desacuerdo con las atrocidades que me rodean y resolverlas. Entre querer y poder. Uno puede querer volar con la capa ideal de Supermán, pero cuando decide tirarse de un séptimo piso munido solamente con dicho trapo, sus posibilidades de éxito son, por decirlo amablemente, escasísimas.


Cuando crees que puedes pasar del espacio de la denuncia y la justa indignación al espacio de las soluciones sin realmente haber entendido el problema... eres parte del problema. La realidad te impartirá un curso acelerado, sin duda, pero quien lo pagará no serás tú, sino la gente a la que le contaste tu cuento. Y que es finalmente a la que lanzas del séptimo piso con tu capa mágica.

27.1.16

Quiero ver sus caras en la charla...

Hace unos días, unos alumnos del campus de Gipuzkoa de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) me escribieron comentando que en lugar de una clase de Pensamiento y Lenguaje en la facultad de psicología, su profesora había programado para este jueves 28 de enero una presentación del dirigente de Podemos y actual diputado Rafael Mayoral con el tema de la llamada "Ley 25" que este partido ha presentado ante el Congreso. Entre las cosas que inquietaban a los alumnos estaba la extraña exigencia de la profesora diciendo "quiero ver sus caras en la charla", que incluso alguno interpretó como una velada amenaza.

Los alumnos me comentaban que la profesora que ha organizado esta presentación, Patricia Insúa, es una orgullosa militante de Podemos Euskadi y activa promotora de su partido, e incluso me enviaron fotos de ella (exhibidas públicamente en su perfil de Facebook, como se ve en la imagen) en un Fiat 600 propagandista del partido y con el Secretario de Podemos Aragón, Pablo Echenique-Robba.

Todas las fotos han sido compartidas de modo "Público" en Facebook
como lo testimonia el icono del mapamundi junto a la fecha de publicación.
Por supuesto, esto no está a discusión, la profesora Insúa tiene todo el derecho del mundo a militar en Podemos, como lo tendría de militar en el PNV, el PP, Ciudadanos, PSOE, IU, PCPE o cualquier otra organización política. Lo que sí ponían en cuestión los alumnos era la legalidad (en los términos de los estatutos de la UPV/EHU) de una actividad claramente política y partidista, que al parecer no estaría contrapesada por las de otros partidos, la mayoría de los cuales, a fecha de hoy han presentado más iniciativas que el suyo: 3 iniciativas de Podemos, 7 de Ciudadanos, 5 del PP, 10 del Grupo Mixto y 48 del PSOE. Si se trata de enseñarle a los alumnos algo sobre Pensamiento y Lenguaje referido a la política, esa pluralidad sería de esperarse. Y tener alguna relación con la representatividad de cada uno de los partidos.

La inquietud de los alumnos, pues, era que su profesora los pudiera estar convirtiendo en objeto de un acto de proselitismo en favor de su partido político. Una de las muchas pequeñas (y no tan pequeñas) infracciones de Podemos y su entorno a la normativa vigente, en esa apuesta del "todo vale por el poder" que permea todos sus actos.

¿Es legítimo un acto eminentemente político y eminentemente partidista en una universidad, organizado por una docente de modo unilateral y, al parecer, sin la autorización de su propio decanato? Preguntamos a algunas personas cercanas al sector jurídico de la UPV/EHU y la respuesta fue que no, no es legítimo y, de hecho, según la apreciación de un catedrático "hay materia para un expediente académico".

¿Por qué se hace esto entonces? Uno sólo puede especular: la idea de que a Podemos corresponde una inmunidad e impunidad por encima de toda regla, norma, ley, constitución o contrato social, o la convicción de que nadie se enterará y se pueden rascar votos entre los alumnos, o la idea de que ser docente universitario es sólo un trampolín para hacer política estudiantil (lo que, en última instancia, resume la carrera de Iglesias, Monedero, Errejón, Bescansa, Alegre y su entorno secundario).

Evidentemente, es mejor saber que especular, así que le envíe un correo a la persona más adecuada para aclararlo: la propia Patricia Insúa. El mensaje se envió a las 15:09 del martes 26, con copia a su Decana:
Ante todo, un cordial saludo, 
Soy Mauricio-José Schwarz, periodista y escritor, y me permito distraerle de sus ocupaciones para solicitarle de la manera más atenta que me responda de manera breve algunas preguntas cuya respuesta ayudará a que no difunda yo una información imprecisa a través de los medios a mi alcance. 
1. Se me ha informado de que usted imparte la asignatura de Pensamiento y Lenguaje en la carrera de Psicología en la EHU campus Gipúzkoa. ¿Es esto correcto? 
2. Se me ha informado igualmente que usted ha dicho a sus alumnos que dedicará su clase del próximo jueves, a las 11 de la mañana en el aula 1.8 a presentar las iniciativas legislativas del Partido Podemos, llamadas "Ley 25", a cargo del Sr. Rafael Mayoral, abogado y político profesional actualmente diputado por ese partido. ¿Es esto correcto? 
3. En caso de ser correcto lo anterior: ¿cuál es el objetivo académico de la visita del señor Mayoral sustituyendo una clase de su asignatura? Mi entendimiento es que la “ley 25” consta de 4 propuestas hipotecarias, de servicios públicos y de copago sanitario que no parecen tener relación con la asignatura de acuerdo con el programa oficial de la misma contenido en este documento: http://www.ehu.eus/documents/1358119/1579239/Programa_psicologia_pensamiento_lenguaje.pdf. 
4. Si la actividad es académica, mi pregunta sería cuáles son los criterios para elegir a ese partido en concreto, de entre todo el abanico partidista español, y este tema en concreto. 
5. Si la actividad no es académica sino simplemente política, ¿tiene previsto invitar a dirigentes de otros partidos para que presenten sus propias iniciativas? Pondría por ejemplo al PSOE y las 32 proposiciones de ley que ha registrado y que en gran medida coinciden con lo que propone el Partido Podemos, o las de alguna otra agrupación. Si lo tiene previsto, ¿cuándo ocurrirá esto y con qué dirigente? Si no lo tiene previsto, ¿puede comentar brevemente por qué? 
6. Ignoro si un profesor de la EHU puede llevar a cabo actividades políticas en su horario lectivo bajo el paraguas de la libertad de cátedra. Según veo, en el Artículo 6, párrafo 3 de los estatutos de la UPV-EHU, “3. La UPV/EHU se inspira en el espíritu crítico de la ciencia y en el respeto al pluralismo ideológico”. ¿Es compatible la idea del pluralismo ideológico con la invitación a un solo partido a presentar sus actividades y propaganda? En este sentido, también, me permito remitir copia de este correo a la Decana de la Facultad, Doña Ana Vergara, para que haga, si lo desea, los comentarios que considere oportunos. 
Atentamente,
Mauricio-José Schwarz
 
Menos de una hora después, la decana Vergara me respondía con un atento mensaje explicando que ella no tenía ninguna información sobre la actividad hasta el día anterior por la tarde, cuando recibió una queja de un alumno o alumna. Me indicó que, en consecuencia: "la Dirección del Departamento responsable de la docencia de la asignatura aludida, ha sido informado esta mañana y está realizando las gestiones oportunas que, si lo desea, cuando me sean comunicadas puedo trasladarle". Incluso me ofreció su teléfono en la universidad para cualquier consulta adicional que yo tuviera. Era alarmante, sí, la idea de que este acto político partidista se hubiera organizado sin que lo supieran ni la Decana ni la Dirección del Departamento.

Una hora más tarde, la decana me volvió a escribir para señalar que la charla del diputado era parte de "una de las prácticas de la asignatura en las que se aborda el análisis crítico del discurso". El único problema de esto es que el "análisis crítico del discurso" no aparece en el ya citado programa oficial de la asignatura, pero es posible que sea parte no mencionada de algún apartado. A continuación, me informa: "la dirección del departamento y la profesora a la que usted ha aludido, han acordado suspender la charla".

Le escribí de vuelta preguntando el motivo por el cual se había tomado esta decisión.

En todo este proceso, quien no respondió a las preguntas fue precisamente la persona más indicada para hacerlo: la profesora y militante, la responsable de la organización del acto, la que advirtió a los sorprendidos alumnos "quiero ver sus caras en la charla".

El último correo de la decana, tan amable como los otros dos, es un ejercicio dedicado a eludir explicar qué pasó. Si todo era correcto, ¿por qué no siguió adelante la charla de mañana? Si había algo incorrecto, ¿qué era y qué tan grave como para que se cancelara una charla con menos de dos días de antelación? Si sólo un alumno se quejó, ¿por qué se le dio entidad a la queja? Y si influyó (lo dudo) mi amable intervención, ¿es malo decirlo?

Y ¿por qué la profesora no ha tomado la palabra, quedando así sin respuesta las 6 preguntas que le envié?

A ver si usted, que lee pacientemente esto, me explica los motivos por los que se canceló el acto político del diputado Mayoral:
Las modificaciones de actividades suelen producirse cuando detectamos que alguna actividad puede ser modificada por otra más acorde con las competencias que debe adquirir el alumnado, con la disponibilidad de recursos, e incluso con las preferencias del alumnado, siempre y cuando el objetivo formativo no se vea afectado. 
Nuestro Centro pretende gestionar con el objetivo de la mejora continua y para ello tenemos siempre muy en cuenta las opiniones de todos los colectivos implicados, profesorado, personal de administración y servicios, alumnado, centros colaboradores en las prácticas externas, etc. Así se ha realizado en este caso, en el que se ha recibido en nuestro procedimiento de sugerencias, quejas y reclamaciones, la propuesta de un/a alumno/a (de los aproximadamente 250 que cursan esta asignatura), la cual ha sido valorada por los responsables de la docencia de esa asignatura, optando por no llevar a cabo una actividad que no estaba inicialmente programada en la misma, y continuar con la programación inicialmente establecida. Según nuestro sistema de garantía de calidad de la titulación, los cambios en las actividades programadas en las asignaturas, en el horario de clases o en el calendario de examenes, cuando no provienen del equipo decanal por causas sobrevenidas, deben contar con el acuerdo de todas las personas implicadas, es decir, profesorado y alumnado.
Algo, pues, no estaría tan bien en todo el asunto. Pero no nos lo van a decir. Cosa que es frecuente, de modo alarmante, cuando el asunto es el partido de Pablo Iglesias, que no consigue hacer nada con transparencia, claridad y apertura. Ni siquiera promover las proposiciones de ley de sus diputados.