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13.12.14

Mi perro y la teología

Sé que mi perro no es una persona, y nuestra relación se levanta sobre esa base. Pero eso no resuelve todas las cuestiones que sugiere.

Mi perro es un tipo de costumbres, como todos los perros. Su horario de comidas, sus rutinas, sus salidas, sus bocadillos, todo le gusta estructurado. Si la rutina se cumple, parece tranquilo. Si la rutina se altera, parece inquieto. Uno intenta, por tanto, que la rutina se siga en lo posible.

¿Sabe mi perro que lo quiero? No lo sé. De hecho no hay modo de saberlo. Si se acerca a mí para que le dé comida, agua o caricias, ¿se entera de que lo hago por cariño o me ve nebulosamente como una máquina dispensadora de necesidades? ¿Percibe que la caricia es una expresión emocional o sólo se centra en sus propias emociones o disfrute?

Si eso no se puede saber, menos aún se puede saber si mi perro "me quiere"... si algún perro "quiere" a la gente que le rodea y satisface algunas de sus necesidades, o todas. Incluso el indigente que le da de comer a sus perros prioritariamente y él sólo come si sobra, no tiene modo de saber si sus perros se dan cuenta de lo que pasa y si le tienen cariño.

Nos gusta interpretar algunas acciones de nuestras mascotas en términos humanos, lo que los etólogos llaman "antropomorfizar". Nos reflejamos en ellos, los vemos como seres iguales que se alegran y entristecen, que temen, que sueñan, que tienen rencores y planes, que son coquetos o tímidos, que sienten al menos de manera equiparable a la de nosotros. Pero nuestra visión es imprecisa, sesgada, especula sobre una subjetividad que nos es desconocida. Las "motivaciones internas" de nuestras mascotas que usamos para explicar sus acciones son caprichosas, basta pensarlo apenas un poco para darnos cuenta de que hay muchísimas otras posibles explicaciones igualmente plausibles. Aunque ciertamente menos agradables a nuestra propia subjetividad.

Pero, en realidad, no importa. Sí, me gustaría que mi perro me tuviera "cariño" como yo siento que le tengo a él, pero ¿qué importa si no me lo tiene? Lo importante para mí, cuando satisfago alguna de sus necesidades, es que sea feliz él. Si lo acaricio y se queda en el sitio, y además protesta si paro, no es del todo descabellado concluir que lo que hago le satisface, un conductista cuadrado diría que la caricia es reforzadora, así sea sólo de la poca conducta que representa permanecer sentado junto a mi silla. Darle esa satisfacción es agradable.

Sería absurdo que mi satisfacción se derivara de lo que sienta mi perro hacia mí, lo único razonable es que se derive de lo que mi perro sienta gracias mí. Si lo acaricio "porque lo quiero" y eso lo hace feliz, debería bastarme sin esperar que "me quiera", por mucho que me guste suponerlo.

Es curioso pensar que esa posición moral, bastante elemental, por cierto, está tan por encima de la de los dioses que ha inventado la humanidad, y cuya benevolencia y satisfacción no proceden de la felicidad de sus criaturas, con las que deberían tener una vinculación mucho más estrecha que nosotros con nuestros perros, si nos imaginamos que fueron los amorosos creadores de ellas. Pero cuando estudiamos a los dioses, vemos que su mezquina felicidad, su satisfacción, proceden de la adoración de sus criaturas, de su amor, así sea forzado, de su temor, de su reverencia, de sus oraciones, de sus sacrificios, de lo que le dan las criaturas.

No creo que nadie dejara de querer a su perro o de satisfacer sus necesidades en lo posible o de acariciarlo si descubriera que "realmente" su perro no le quiere como espera, que acaso la visión y emociones del animal respecto de esa persona sean muy nebulosas e imprecisas. No creo que el dueño de un perro lo matara, lo condenara al infierno, lo torturara o le causara incluso incomodidades notables si no "lo quiere".

Es inquietante pensar que los dioses que hemos creado son menos morales que cualquier persona media no especialmente virtuosa que le tenga cariño a su perro.

5.2.14

PETA, grupo de odio

En varias ocasiones me han preguntado por PETA (People for the Ethical Treatment of Animals o Personas por el Tratamiento Ético de los Animales), sus dirigentes, la crueldad animal e incluso el cariño que le podemos tener a las mascotas. Reúno varias respuestas.
Ingrid Newkirk, fundadora y presidenta vitalicia
de PETA. Aunque ha declarado que desea que
las mascotas se dejen de criar hasta que especies
como gatos y perros desaparezcan, lo oculta cuando
un periodista que la va a promover, en este caso David
Shankbone, lleva a su perrito a la entrevista.
(Foto GFDL de David Shankbone, vía Wikimedia
Commons)
Creo que PETA y su inspirador, el filósofo Peter Singer, son fanáticos irracionales, y muchos de ellos crueles, misantrópicos, terriblemente incoherentes y peligrosos. Su odio al ser humano parece mucho mayor que su amor a los animales. Es una organización a cuyas tácticas, dirigentes y portavoces se oponen incluso muchas organizaciones verdaderamente humanitarias y de defensa de los animales. Ha sido identificado por agencias de seguridad de EE.UU. como amenaza terrorista y su posición ante grupos claramente terroristas como el Animal Liberation Front es de "lamentar, pero no condenar" sus actos de violencia.

De hecho, el incendiario Rodney Coronado de ALF, que en 1995 confesó haber incendiado un laboratorio de la Universidad Estatal de Michigan y pasó casi 5 años en una cárcel federal de los EE.UU. por sus delitos, recibió un "donativo" ese mismo año de más de 70.000 dólares, 45.200 de ellos entregados al Comité de Apoyo a Rodney Coronado.

Hay una dosis enorme de hipocresía en sus acciones y sus posiciones son inflexibles, sin ningún matiz, sin recurso a la razón o la ciencia y sin considerar el contexto ni ningún problema de ninguna índole fuera de su vocación. Su única visión para cambiar las cosas es la policiaca: prohibir, reprimir, impedir, satanizar, destruir y violar. Y como la conclusión la tienen antes que la investigación, en más de 30 años de existencia nunca han admitido haber encontrado ni un solo laboratorio, granja, criadero o establecimiento de mantenimiento de animales que acepten que cumple los requisitos legales... aunque la mayoría lo hacen.

Como Greenpeace, PETA toma una causa con la que casi cualquiera estaría de acuerdo (luchar contra la crueldad contra otros seres vivos), y la retuerce hasta convertirla en otra cosa totalmente distinta, violentando el significado del lenguaje para hacer acusaciones brutales (usando sin medida palabras cargadas como "crueldad", "esclavitud", "holocausto", "asesinato", "brutalidad", etc.), exagerando temas pequeños para convertirlos en publicidad y proclamándose únicos legítimos representantes de esas causas, exigiendo, pese a ser minoría, que toda la sociedad se someta a las soluciones prohibicionistas que plantean sin diálogo ni posibilidad de moderación de sus posiciones.

El exceso propagandístico y retórico acaba trivializando los verdaderos delitos, la verdadera crueldad, la genuina psicopatía (que, en todo caso, yo encontraría antes en muchos profesionales de PETA que en Nelson Mandela comiéndose un filete).

Investigación animal

Por supuesto, es deseable y moralmente bueno disminuir el sufrimiento de los animales que los seres humanos utilizamos para diversos fines, e incluso el de los que aniquilamos porque son plagas o ponen en riesgo vidas humanas, pero eso no parece que se pueda conseguir con las tácticas de PETA, especialmente cuando buscan prohibir toda la investigación en animales, satanizando a quienes la realizan y condenando al sufrimiento a quienes se benefician de esa investigación (salvo que sean dirigentes de PETA).

PETA ha llegado a decir que la investigación en animales no produce resultados científicos válidos (en pocas palabras: que se hace para satisfacer los instintos de crueldad y muerte de los científicos psicópatas, no para obtener conocimientos). Pero la que fuera vicepresidenta ejecutiva de PETA, Mary Beth Sweetland, que se opone radicalmente y sin excepciones a la investigación animal, es diabética y diariamente utiliza insulina, que fue precisamente el resultado válido de investigación en perros. Su respuesta cuando se le confrontó con este hecho me parece un monumento a la hipocresía y muy representativa de las contradicciones de PETA: "Necesito mi vida para luchar por los derechos de los animales".

Vamos, que si usted es diabético y no lucha por los derechos de los animales, debería morirse.

Otro caso emblemático es el de la falsificación de los experimentos de Silver Springs, cuando de modo increíblemente malicioso se intentó destruir la carrera y la vida de un neurocientífico que ha ayudado a miles de pacientes.

Foto CC de Alex Pacheco, vía
Wikimedia Commons.
Esta fotografía fue escenificada en 1980 por Alex Pacheco, cofundador de PETA, con objeto de desprestigiar al Dr. Edward Taub y a la investigación que realizaba buscando enseñar a personas paralizadas a utilizar miembros que no tienen sensibilidad (es decir, que tienen neuronas motoras funcionales pero no percepción de tacto, temperatura o propiocepción) aprovechando la plasticidad neuronal.

Pacheco se hizo pasar por voluntario en el laboratorio de Silver Springs y, en una ausencia de Taub, colocó del modo más incómodo e incorrecto a los monos en las sillas que se usaban para los estudios (torturándolos de hecho él, Pacheco) a fin de provocar gestos de angustia y hacerles fotos. Esto quedó demostrado en dos juicios y cinco investigaciones independientes sobre las prácticas del laboratorio de Taub que, de demostró, no se parecían en nada a esta barbaridad escenificada.

Las acusaciones falsas de Pacheco se tradujeron en 119 causas contra el Dr. Taub por crueldad animal y no darle a sus animales un tratamiento veterinario adecuado. 113 de ellas fueron desechadas porque el veterinario del Departamento de Agricultura que hacía visitas sorpresa al laboratorio testificó que nunca vio las inhumanas condiciones de crueldad que presentaba Pacheco. Cinco cargos se desecharon en un segundo juicio y el último lo desestimó un tribunal de apelaciones. El Dr. Taub fue absolutamente exonerado de la trampa que le había montado la organización.

Las investigaciones continuadas por Taub luego de derrotar a PETA se tradujeron en la "terapia de movimiento inducida por restricción" (CIMT) que ha ayudado a muchas víctimas de accidentes cerebrovasculares y otros pacientes a recuperar el movimiento de miembros paralizados. Demostró en el proceso la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del encéfalo de regenerar neuronas y crear nuevas conexiones, toda una revolución en las neurociencias. Por ello, Taub recibió en 1997 el premio de Académico Distinguido de Irlanda de la UAB y el Premio William James de la Sociedad de Psicología Estadounidense, en 1998 el Premio como Científico Distinguido de la Asociación De Psicofisiología y Biorretroalimentación aplicadas y, en 2004, el Premio de Aportación Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Estadounidense.

Increíblemente, más de 3 décadas después la foto sigue haciendo la ronda como si fuera una representación real de una situación de investigación, y gente que debería ser más rigurosa y tener una actitud más cuestionadora sigue sin enterarse de la verdad porque es más complicada que una impactante foto propagandística sin escrúpulos.

Si PETA o cualquier otro grupo radical "animalista" realmente quiere reducir la investigación en animales, sería lógico que ayudara decididamente a desarrollar una alternativa que nos pueda permitir llegar a los mismos resultados de investigación sin necesidad de recurrir a animales de laboratorio. Esto sería un gran trabajo científico en áreas como clonación y cultivo de tejidos, simulaciones computarizadas, uso de conocimientos genéticos y otros métodos que eventualmente podrían sustituir los estudios en animales... cuando las investigaciones son para beneficio humano. Habría que ver cómo se resuelve el problema de la investigación veterinaria en perros, gatos y otros animales domésticos que tiene por objeto beneficiar precisamente a otros perros y gatos. También deben hallarse mejores formas de reducir el sufrimiento del animal de laboratorio del que no se puede prescindir de momento (sedantes, mejores condiciones de vida en los bioterios, etc.), pero PETA ha dado para investigación, en los 34 largos años de su historia, sólo un millón de dólares. 1/30 de lo que fue sólo su presupuesto de 2012 que alcanzó la friolera de más de 30 millones de dólares. Por las manos de PETA han pasado cientos de millones de dólares que no han ido a investigar para eliminar el uso de animales, sólo para hacer publicidad prohibicionista... y financiar terroristas.

Ah, y para financiar a un engañoso Physicians Committee for Responsible Medicine, formado principalmente por personas que no son médicos pese a su nombre (Comité de médicos en favor de una medicina responsable) que se dedica a promover el vegetarianismo y el veganismo, y a difundir información cuando menos dudosa sobre los peligros que tiene el consumo de cualquier producto animal.

PETA mata

PETA puede gastarse, y lo ha hecho, miles de dólares para protestar por la crueldad de ciertos experimentos con gatos de la Universidad de Wisconsin, advirtiendo que un gato podría morir en los experimentos y llamando "torturador" al investigador, sin hacer caso a las distintas agencias gubernamentales y comités éticos de la universidad que precisamente existen para garantizar que la investigación se haga con el máximo respeto a los animales (mucho se ha avanzado desde el siglo XIX) y que aseguran que no hay tal crueldad ni ninguna acción reprobable o, menos, ilegal.

Matar un gato parece terrible a ojos de PETA, pero no lo es matar, digamos, a  1.045 gatos. Y 602 perros. Y a otros 28 animales de compañía diversos, todos liquidados con inyecciones de pentobarbital sódico.

Ésas fueron las cifras de los animales domésticos puestos bajo la "protección" de PETA sólo en 2012 y sólo en el estado de Virginia. Sólo fueron adoptados o rescatados por sus propietarios 15 perros, 9 gatos y 4 animales de otras especies. Y, desde 1998, la suma total de mascotas a las que PETA ha dado muerte es de 29.398. Su publicidad pretende que todos estos animales estaban gravemente maltratados, pero cualquier protectora de animales sabe que esas cifras no son representativas. En el pasado, gente de PETA ha sido de hecho condenada por el delito de tirar cadáveres de esos animales y acusados de crueldad animal después de matar a decenas de animales e intentar deshacerse subrepticiamente de sus cuerpos. Por el contrario, en lugares como Asturias, con pocos recursos y activistas dedicados, se ha conseguido implantar un cuidado de protectoras sin sacrificios, consiguiendo hogares para la mayoría de los animales abandonados.

No creo que se resuelva el tema de los animales arruinándole con pintura roja a una ancianita el visón que su fallecido marido le regaló hace 50 años y gritándole que es una hija de puta. No creo que se resuelva ningún problema robándose los pollos de un granjero que de eso vive legalmente y fingiendo "liberarlos" para que se los coman los depredadores locales. No se resuelve nada saboteando la investigación científica que beneficia a los humanos y a otros animales. Y ciertamente no se resuelve nada haciendo de lado los conocimientos científicos para actuar como inquisidores enloquecidos que se creen inspirados por dios.

El odio de Yourofsky

Yo quiero mucho a mi perro. Y a los perros que he tenido antes. Son mis amigos, parte de mi familia, motivo de mi preocupación por su bienestar. Me parece lo normal. La mayoría de la gente le tiene cariño a sus mascotas y no los ve, que diría Ingrid Newkirk, ama de PETA, como "prisioneros" o "esclavos".

Gary Yourfsky escenificando cómo entraría armado en un matadero de cerdos, luego de
señalar que "la violencia tiene su lugar" y que si alguien sale herido "es su culpa" por
agredir a a los animales en una entrevista para Veggie Channel.

Otra cosa es que a nivel genérico y ya no individual, alguien reaccione más airadamente ante el maltrato a un animal que ante el maltrato a un ser humano. Evidentemente quien ve a un cerdo y a un niño recibir un golpe y se indigna "igual" por ambos tiene un problema serio y probablemente es un misántropo.

De hecho hay animalistas que al tiempo que dicen rechazar la violencia contra los animales, disfrutan, celebran y promueven la violencia, el dolor y la muerte de otros seres humanos. Al respecto es relevante el discurso de Gary Yourofsky, que fuera el niño bonito de PETA y portavoz entre 2002 y 2005, condenado por terrorismo y al que se le prohíbe entrar en varios países, un sujeto cruel, obsesionado sexualmente y siniestramente malvado. Cito las palabras que dijo orgullosamente en 2005 en una entrevista con Claudette Vaughan para la revista The Abolitionist:
¡En el fondo, espero de verdad que la opresión, la tortura y el asesinato vuelvan multiplicados por diez a cada ser humano insensible! Espero que los padres disparen accidentalmente a sus hijos en excursiones de caza, mientras que los carnívoros sufren ataques al corazón que los maten lentamente. Todas las mujeres envueltas en pieles deberían sufrir una violación tan brutal que les dejara cicatrices para siempre. Mientras que todos los hombres envueltos en piel deberían sufrir una violación anal tan horrible que les arranque las entrañas. Cada vaquero de rodeo y torero deben ser corneados a muerte, mientras que los abusadores de los circos deberían ser pisoteados por elefantes y despedazados por tigres. Y, por último, deseo que la ironía lance la luz de su cabeza esotérica en la forma de investigadores de animales que contraigan enfermedades debilitantes y que se marchiten dolorosamente porque el dinero para investigación que podría haberse utilizado para su tratamiento se hubiera desperdiciado en la práctica bárbara y anticientífica de la vivisección.
Si ésos son los héroes y portavoces del movimiento de los derechos animales, algo anda muy mal allí adentro. Nunca he conocido un cazador, un torero, una persona del circo, a nadie que use pieles o tenga animales de corral a los cuales sacrifica para comer que tenga un odio contra los animales tan aterrador como el que expresa este miserable contra otros seres humanos.

No es alguien que pueda predicarle moral a otros.

1.1.14

Orcas vejadas

Hola Mauricio ¿que opinión te merecen los boicots a los centros acuáticos para defender a las orcas de las vejaciones que ahí sufren? ¿Debe prevalecer la economía y la diversión que estos centros generan sobre el sufrimiento de estas especies?
Siete años (en que se supone que "no sufrió")
y 20 millones de dólares se dedicaron a que la
orca Keiko fuera "liberada" y muriera joven para
satisfacer la tendencia a la antropomorfización
de ciertos grupos.
(Foto DP Departamento de Defensa de los EE.UU.
vía Wikimedia Commons)
Los estudiosos del comportamiento animal, los etólogos, nos advierten una y otra vez sobre los peligros de la antropomorfización, compleja palabra que significa "darle forma humana" a algo, en este caso a los animales. Es el complejo Walt Disney: "mi canario está triste", "a mi burro le divierten las mariposas", "mi gato está ofendido". Son interpretaciones que hacemos con las que le damos sentido a nuestra relación con los animales fingiendo que son como humanos (antropomorfos), pero siempre debemos tener claro que se trata de una ficción nuestra.

Así como hablamos de que no podemos estar seguros de que nuestra experiencia subjetiva individual sea igual a la de otros humanos, mucho menos podemos estarlo cuando tratamos con otros seres vivos, y atribuirles nuestra subjetividad puede ser un error costoso.

Por ejemplo, mirar fijamente a un chimpancé puede disparar en él reacciones agresivas, porque para muchísimos animales, incluidos nuestros cercanos parientes, la mirada fija es un desafío. Y más de un inocente ha extendido una mano hacia un chimpancé que parecía feliz ya que "me estaba sonriendo" cuando en realidad la "sonrisa" de los miembros de esta especie es una advertencia de agresión que antecede inmediatamente al mordisco. O tratan de aliviar el "dolor de parto" de las vacas, que no muestran ningún signo de dolor porque en la evolución sus cuerpos no se han visto modificados como el del ser humano, cuyo canal de parto se ha convertido en un espacio desafiante y difícil que provoca dolor y todavía mata a 590.000 mujeres al año. Para la vaca o en general cualquier mamífero placentario, por no decir los marsupiales, el parto es un asunto sencillo y limpio.

Pero los militantes siempre usan la metáfora humana, la antropomorfización: "Si a ti te encerraran en una piscina sin poder recorrer los mares, ¿qué sentirías?" La respuesta razonable es "Frío y ganas de salirme, no de recorrer los mares. Soy un puto mamífero terrestre, un hominino, no un cetáceo, idiota". O "¿Qué sentirías si te hicieran correr con un tipo encima de ti dándote con una fusta?" ¿Pues sentiría que me caigo, lógicamente, y que el tipo se va a comer la fusta porque es muy imbécil si no se da cuenta de la diferencia de espesor e inervación que hay entre la piel de mis nalgas y la de la grupa de un puto caballo, y del peso que ambos podemos llevar a cuestas".

Entonces siempre tenemos el problema de que quien dice "las orcas sufren una vejación" está actuando como telépata transespecífico, o como un antropomorfizador ignorante. Tenemos que creerle que las orcas tienen el concepto de vejación, y que además interpretan su situación como una vejación y han conseguido comunicárselo al animalista en cuestión. Todo demasiado dudoso.

Lo mismo pasa al hablar del "sufrimiento" de estas especies. Aceptando para el diálogo, pero sin conceder, que puedan sufrir, ¿su sufrimiento es como el nuestro? No lo sabemos. En algunas especies podemos interpretar (a veces erróneamente, pero en general no parece del todo absurdo) que sufren porque realizan comportamientos similares a los nuestros cuando sufrimos, por ejemplo lamentos o intento de apartarse del estímulo aversivo, conductas que llamamos de "evitación" porque se alejan físicamente de algo. No parece tonto decir "a mi perro no le gusta tal alimento" si no lo come o lo aparta en su plato, o decir "al león de duele la pata" porque cojea y se la lame. No sabemos si sufren igual que nosotros (porque nuestro sufrimiento es consciente, tiene una percepción del yo que no sabemos si tienen otros animales), pero una idea nos damos cuando hay dolor o aversión.

Así, por ejemplo, gran parte de los lineamientos éticos que se han desarrollado para la investigación en animales (y que no siguen, qué curioso, los pseudoecologistas como Séralini) se han desarrollado para disminuir al máximo lo que nosotros percibimos como sufrimiento porque a nosotros nos parece correcto hacerlo así debido a nuestra visión moral, no porque sepamos que los animales sufren como nosotros ni porque tengan derechos concretos.

Pero esto no pasa con las orcas. No tenemos comportamientos compartidos que podamos interpretar, es todo telepatía. Cuando la "bondad" humana ha logrado hacer realidad la bonita fantasía de Liberen a Willy (como lo hicieron precisamente con Keiko, la orca que interpretó a Willy en la película y que estaba en el parque de diversiones de Reino Aventura en México) el resultado ha sido atroz. Keiko no se alejaba de las personas, es decir, hallaba aversivo ese mundo natural idealizado por la Save Willy Foundation que finalmente abandonó a la orca a su suerte, mientras que las demás orcas mostraban conducta de evitación hacia Keiko. La orca parecía buscar la cercanía de los malvados seres humanos en la bahía de Noruega donde finalmente murió de neumonía a una edad relativamente joven para una orca. (Pero los que vivieron de "liberar a Keiko" siguen pidiendo donativos y viviendo de eso, lo cual me parece repugnante.)

En tu pregunta sólo falta decir que la gente va a los parques acuáticos a disfrutar malévola y sádicamente del sufrimiento de los animales (argumento por lo demás frecuente, también en los circos, carreras de caballos, etc.), cosa que claramente es falsa.

Así que cambiaría yo la pregunta por "¿Debe prevalecer el disfrute de muchos seres humanos al poder acercarse a una serie de especies que no vería nunca en la naturaleza, el conocimiento que se obtiene sobre el comportamiento y adaptabilidad de estas especies estudiadas en cautiverio,  el empleo de muchos seres humanos que se dedican a cuidar y mantener esos animales para que los vean y admiren y estudien otros sobre las creencias de unas personas que no saben biología y no saben etología pero están íntimamente convencidos de que tienen una misión de salvar al resto del mundo del horrible ser humano?"

Yo creo que sí, merece prevalecer si los animales son debidamente cuidados y sin antropomorfizar. Las presas, finalmente, están privilegiadamente libres de los depredadores, y los depredadores están alimentados sin tener que hacer los ejercicios de jugar con leones marinos vivos de las orcas y que si antropomorfizamos son terriblemente crueles.

Finalmente, siempre me parece muy curioso que se defienda a ciertos animales en función de su "factor auh", es decir, los que te hacen decir "auh, qué chulo". Se defiende poco a los cerdos aunque son de los seres más inteligentes, lo mismo se puede decir de los pulpos. Tienen mucho menos puntuación en la escala auh que un panda o un panda rojo o un delfín que parece que esta sonriéndote (al menos una especie, sin pensar para nada en el terrible espectáculo que es un delfín violando a un delfín bebé).

Ya eso de entrada me parece que revela una profunda ignorancia o una delirante hipocresía. O se lucha por tener un mundo donde se ayude a mantener la dinámica de los ecosistemas (no que se les inmortalice en bronce, todo ecosistema es dinámico y cambiante, siempre variará, siempre desaparecerán especies) y se encuentren puntos de equilibrio entre las necesidades humanas y las de su entorno o actúa uno como talabosques irracional y cazador de bisontes en ferrocarril, a lo idiota. Pero la idea de "voy a defender a este animalito bonito porque auh pero no a aquél otro feo porque agh" pues no me parece una base sólida sobre la cual construir una política de manejo de los recursos del planeta.

Y en estos casos siempre hay que recordar que el único animal que se da cuenta del daño que puede hacerle a su entorno y el único animal que está haciendo algo por minimizarlo y cambiar las cosas y reducir lo que le parece sufrimiento y comportarse como debe es el ser humano, debido a que tiene algo que lo diferencia radicalmente de los demás animales, su moral.

Eso debe darnos algunos puntos, ¿no?

12.12.13

Mi perro no es una persona

Mi perro Teko Jones, especialista en medicina homeopática
según certificado emitido por Boiron USA.

No necesito pensar que mi perro es persona para quererlo. Es un perro, actúa como perro, ve el mundo como perro. Puedo entender algunas cosas de su visión como para establecer comunicación, hacer que tenga conductas deseables y enseñarle cómo evocar en mí conductas deseables. Pero es un perro. Todos queremos distinto a distintas personas: una pareja, un primo, un padre, un amigo, alguien que nos atrae físicamente... no tratamos de igualarlos a todos, sino que los queremos de modo distinto.

Mi perro es mi amigo, es mi compañero, cuida a Marta, pide cariño... no tengo derecho a pedirle que sea más que un perro ni a hacer numeritos de dama entrada en años con carencias emocionales y disfrazarlo de Marlene Dietrich o de Marlon Brando. Sólo puedo esperar a que sea un buen perro. Un buen tipo, un personaje entrañable, un miembro de mi familia... pero un perro.

Antropomorfizar a nuestros animales es triste. Primero porque les dice que si no cumplen nuestra irracional expectativa de ser humanos, no los vamos a querer. Segundo, le quitamos valor a lo que son como animales, perros, gatos, caballos, conejillos de indias, y les decimos que así, simplemente, no tienen derecho a esperar cariño. Caricaturiza al animal y caricaturiza a los demás seres humanos que nos rodean. Y de paso muestra la limitada riqueza de nuestras emociones.

No los queremos menos por no ser humanos. Los queremos distinto. Y así se ha forjado una complicidad de miles de años. No interfieran con su curso normal.