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29.1.14

El anonimato en Internet

Me preguntan sobre el anonimato en Internet y por qué en ocasiones critico o bloqueo a algunos interlocutores por acogerse a dicho anonimato en las redes sociales.
En mi opinión, el anonimato en Internet tiene un valor para la libre expresión de las ideas y el libre intercambio de la información en los espacios donde priman la represión, la censura y el pensamiento único impuesto por la vía de la fuerza, y dar la cara es peligroso.

Si eres joven y vives en países como los de Europa Occidental, los Estados Unidos, Japón o los de la Mancomunidad Británica, entre otros, lo más probable es que no hayas sabido nunca lo que es vivir con el miedo constante a un sistema dictatorial donde decir ciertas cosas puede traer graves consecuencias: pérdida del empleo, daños a la familia, golpizas, campañas de desprestigio e, incluso, la muerte. Revelar que eres gay, o que no eres virgen, o que eres ateo, denunciar las atrocidades del régimen, exigir libertad, derechos o democracia, puede destruir tu vida, o acabar con ella. Las historias de la represión contra disidentes por hablar en las redes sociales o en blogs son desgraciadamente corrientes.

En esos sistemas se usan medios anónimos para difundir datos e ideas. Antes eran folletos, volantes, panfletos, libros, canciones, pinturas... Este anonimato es válido también para eludir a enemigos poderosos. El grupo "Anonymous", del tablero de imágenes 4chan, adquirió su imagen pública al enfrentarse a la iglesia de la cienciología convocando a una serie de manifestaciones el 10 de febrero de 2008, en las que muchos llevaron máscaras del terrorista católico Guy Fawkes, reconvertido en personaje de cómic. (Cierto activismo le ha representado a Time Warner una fortuna en venta de máscaras desde entonces.) El anonimato era para evitar represalias de la cienciología, conocida por despiadada.

Superbarrio, activista de la Asamblea de Barrios de
la Ciudad de México. (Foto GFDL de Bernardo
Bolaños vía Wikimedia Commons)
Hay otras formas de anonimato que podemos considerar responsables y hasta justicieras, que pueden ser incluso armas de propaganda de luchas populares legítimas como la máscara que llevó durante años Superbarrio, portavoz de la lucha del Movimiento Urbano Popular de México (y del que yo soy biógrafo por azares del destino) o los pasamontañas de los zapatistas, al menos en sus primeros tiempos.

El problema es que el anonimato tiene aspectos que no son tan respetables, tan responsables o tan simpáticos, y por ello la defensa a rajatabla de "el anonimato" sin matices es un simplismo que no me parece aceptable y no lo puedo compartir.

De una parte, no es infrecuente que las tiranías lo usen como arma contra la oposición, o que lo usen los fascistas, los defensores de la violencia, los dictadores y sus valedores.

El Móndrigo, intento de desprestigio de un
movimiento que puso en cuestión
al gobierno mexicano en 1968.
Recuerdo, como panfleto denigratorio en México, ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga, supuesto diario de un "líder" que contaba "verdades atroces" sobre el movimiento estudiantil-popular de 1968. Fue elaborado por la Dirección Federal de Seguridad y distribuido en 1969 para desprestigiar al movimiento y a sus líderes diciendo que todo había sido resultado de un complot comunista con financiamiento soviético y cubano para derrocar al gobierno mexicano. Al paso de los años y al desclasificarse documentos de inteligencia de los EE.UU. se ha revelado que incluso los muy paranoicos analistas estadounidenses no encontraron evidencia alguna de injerencia extranjera en el movimiento ni en el CNDH.

Igualmente lo es la promoción que hacen los sistemas autoritarios políticos y religiosos de la denuncia anónima donde el acusador no tiene que enfrentar al desprotegido acusado para sustentar sus afirmaciones. Fue el sistema usado por la Inquisición para llenar sus mazmorras, y fue –y es– práctica alentada por las dictaduras también en la forma del infiltrado, el informante y el traidor, el rencoroso, el adalid del odio y el cobarde.

En muchos casos, el anonimato funciona como desinhibidor, como la máscara que permite en carnaval que la gente realice actos que no se atrevería a hacer su portador a cara descubierta. O funciona como la capucha del verdugo y la careta del delincuente que no quiere ser reconocido.

Los miembros del Ku Klux Klan ocultaban sus rostros
para poder perseguir, aterrorizar y linchar impunemente
a la población negra del sur de EE.UU.
Los trolls anónimos, los acosadores políticos o sexuales, los distribuidores de spam, los terroristas religiosos o políticos, incluso los que practican el phishing, también se benefician del anonimato, obviamente para fines menos respetables que quienes protegen su intimidad o su supervivencia. El anonimato cobarde tiene como ejemplo ya no la máscara de Batman o el pasamontañas zapatista, sino la capucha del KKK.

Envalentonados por el anonimato, muchos lo utilizan simplemente para comportarse como imbéciles arrogantes, como lo recoge un reciente estudio. Pero no se trata únicamente de quienes se refugian en él para decir tonterías, difundir falsedades y sentirse poderosos, sino de sitios Web, movimientos sociales enteros, que en sus apartados de "Quiénes somos" no dicen quiénes son sino que se refugian en vaguedades demagógicas: "Somos un grupo de ciudadanos como tú que nos hemos hartado de cómo se hacen las cosas", "Somos un equipo profesional de una pseudoterapia", "Somos una red ciudadana que permite instaurar una verdadera democracia", "Somos hombres y mujeres preocupados por el avance de nuestra sociedad" y así...

Y así tenemos la casi increíble contradicción de grupos supuestamente "activistas" (palabra devaluada, malversada y humillada) que le exigen "transparencia" a políticos, empresas y personas individuales mientras ellos permanecen opacos tras sus caretas. Los conflictos morales y políticos que plantea esto son relevantes. Si uno afirma tener derecho al anonimato, a ejercer la opacidad y actuar y hablar sin ser personalmente responsable de ello... ¿qué objeción moral le pone a que otras personas, empresas, grupos, partidos, asociaciones, policías, kukluxklanes, bandas o gobiernos hagan exactamente lo mismo? ¿No es más sano para una sociedad y un estado de derecho que todos se vean obligados a respetar la legislacion y el anonimato sea una excepción y no una norma consagrada por el "y tú mas"?

No está delimitado en qué casos el anonimato es aceptable y en qué otros no, y quién y cómo debería desvelar la identidad de quien delinque en la red. Mientras no se resuelve la contradicción, el riesgo es que el enmascarado se convierta en un grupo de poder ilegítimo e incontrolable contra ciudadanos que no pueden defenderse ante él... lo que se llama, de nuevo, dictadura.

Jaron Lanier que, además de pionero de la realidad virtual y escritor, es músico y compositor.
(Foto CC de Allan J. Cronyn, vía Wikimedia Commons)
Comparto en lo esencial la preocupación del pionero de la realidad virtual Jaron Lanier sobre el riesgo de las turbamultas linchadoras en la red. Al menos en algunos casos ya hemos visto cómo el entusiasmo de la gente por proclamas, afirmaciones y llamamientos a la acción hechos por personajes anónimos ha derivado en ataques contra ciertas personas, especialmente personalidades públicas, sin que se cotejara la verdad. O acusaciones anónimas que se han vuelto virales y han resultado ser falsas, pero que sobreviven y resurgen de cuándo en cuándo sin que nadie se haga responsable de sus peores efectos, dejando a las víctimas en la indefensión.

Es la propaganda más basta, multiplicada exponencialmente por la red y proveniente de una autoridad a la que nadie ha elegido, que a nadie rinde cuentas, que no tiene ni asume responsabilidades ni obligaciones y que por tanto puede descarrilar fácilmente, pero que tiene por otro lado una inexplicable credibilidad en ciertos sectores, principalmente de jóvenes. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, y eso a estas alturas no debería ser ninguna novedad. Cito a Lanier: "¿Cómo puedes saber cuándo eres el desamparado y cuándo eres el poderoso? Cuando te equivocas en esa percepción, te puedes comportar bastante mal con mucha facilidad".

No conozco la solución. Creo que el anonimato es un valor en ciertos casos, pero también que no debe ser cobertura de la malevolencia, la delincuencia, la brutalidad, el bullying, el acoso y el daño caprichoso a otros individuos u organizaciones sustituyendo al sistema jurídico.

Personalmente opino que todos debemos ser transparentes en nuestro accionar público, y al mismo tiempo tenemos derecho a la privacidad en nuestro ámbito íntimo. Pero, de nuevo en palabras de Lanier: "No publiques anónimamente a menos que realmente puedas estar en peligro".

No tengo problema con quien opta por ser anónimo en Internet siempre y cuando no use su anonimato como patente de corso para la impunidad cobarde, ni para actuar como un imbécil, ni para caer en contradicciones que representan un conflicto moral. Cuando alguien usa así el anonimato, yo dejo de dialogar, dejo de escuchar, bloqueo y omito. Su derecho a hablar en público no es mi obligación de escucharlos, ni el derecho a meterse a gritar y amenazar a otros en los espacios personales de Internet, y por ello no puede esperar sino ser echado de allí.

Y no forzosamente con buenos modos.

1.1.14

Orcas vejadas

Hola Mauricio ¿que opinión te merecen los boicots a los centros acuáticos para defender a las orcas de las vejaciones que ahí sufren? ¿Debe prevalecer la economía y la diversión que estos centros generan sobre el sufrimiento de estas especies?
Siete años (en que se supone que "no sufrió")
y 20 millones de dólares se dedicaron a que la
orca Keiko fuera "liberada" y muriera joven para
satisfacer la tendencia a la antropomorfización
de ciertos grupos.
(Foto DP Departamento de Defensa de los EE.UU.
vía Wikimedia Commons)
Los estudiosos del comportamiento animal, los etólogos, nos advierten una y otra vez sobre los peligros de la antropomorfización, compleja palabra que significa "darle forma humana" a algo, en este caso a los animales. Es el complejo Walt Disney: "mi canario está triste", "a mi burro le divierten las mariposas", "mi gato está ofendido". Son interpretaciones que hacemos con las que le damos sentido a nuestra relación con los animales fingiendo que son como humanos (antropomorfos), pero siempre debemos tener claro que se trata de una ficción nuestra.

Así como hablamos de que no podemos estar seguros de que nuestra experiencia subjetiva individual sea igual a la de otros humanos, mucho menos podemos estarlo cuando tratamos con otros seres vivos, y atribuirles nuestra subjetividad puede ser un error costoso.

Por ejemplo, mirar fijamente a un chimpancé puede disparar en él reacciones agresivas, porque para muchísimos animales, incluidos nuestros cercanos parientes, la mirada fija es un desafío. Y más de un inocente ha extendido una mano hacia un chimpancé que parecía feliz ya que "me estaba sonriendo" cuando en realidad la "sonrisa" de los miembros de esta especie es una advertencia de agresión que antecede inmediatamente al mordisco. O tratan de aliviar el "dolor de parto" de las vacas, que no muestran ningún signo de dolor porque en la evolución sus cuerpos no se han visto modificados como el del ser humano, cuyo canal de parto se ha convertido en un espacio desafiante y difícil que provoca dolor y todavía mata a 590.000 mujeres al año. Para la vaca o en general cualquier mamífero placentario, por no decir los marsupiales, el parto es un asunto sencillo y limpio.

Pero los militantes siempre usan la metáfora humana, la antropomorfización: "Si a ti te encerraran en una piscina sin poder recorrer los mares, ¿qué sentirías?" La respuesta razonable es "Frío y ganas de salirme, no de recorrer los mares. Soy un puto mamífero terrestre, un hominino, no un cetáceo, idiota". O "¿Qué sentirías si te hicieran correr con un tipo encima de ti dándote con una fusta?" ¿Pues sentiría que me caigo, lógicamente, y que el tipo se va a comer la fusta porque es muy imbécil si no se da cuenta de la diferencia de espesor e inervación que hay entre la piel de mis nalgas y la de la grupa de un puto caballo, y del peso que ambos podemos llevar a cuestas".

Entonces siempre tenemos el problema de que quien dice "las orcas sufren una vejación" está actuando como telépata transespecífico, o como un antropomorfizador ignorante. Tenemos que creerle que las orcas tienen el concepto de vejación, y que además interpretan su situación como una vejación y han conseguido comunicárselo al animalista en cuestión. Todo demasiado dudoso.

Lo mismo pasa al hablar del "sufrimiento" de estas especies. Aceptando para el diálogo, pero sin conceder, que puedan sufrir, ¿su sufrimiento es como el nuestro? No lo sabemos. En algunas especies podemos interpretar (a veces erróneamente, pero en general no parece del todo absurdo) que sufren porque realizan comportamientos similares a los nuestros cuando sufrimos, por ejemplo lamentos o intento de apartarse del estímulo aversivo, conductas que llamamos de "evitación" porque se alejan físicamente de algo. No parece tonto decir "a mi perro no le gusta tal alimento" si no lo come o lo aparta en su plato, o decir "al león de duele la pata" porque cojea y se la lame. No sabemos si sufren igual que nosotros (porque nuestro sufrimiento es consciente, tiene una percepción del yo que no sabemos si tienen otros animales), pero una idea nos damos cuando hay dolor o aversión.

Así, por ejemplo, gran parte de los lineamientos éticos que se han desarrollado para la investigación en animales (y que no siguen, qué curioso, los pseudoecologistas como Séralini) se han desarrollado para disminuir al máximo lo que nosotros percibimos como sufrimiento porque a nosotros nos parece correcto hacerlo así debido a nuestra visión moral, no porque sepamos que los animales sufren como nosotros ni porque tengan derechos concretos.

Pero esto no pasa con las orcas. No tenemos comportamientos compartidos que podamos interpretar, es todo telepatía. Cuando la "bondad" humana ha logrado hacer realidad la bonita fantasía de Liberen a Willy (como lo hicieron precisamente con Keiko, la orca que interpretó a Willy en la película y que estaba en el parque de diversiones de Reino Aventura en México) el resultado ha sido atroz. Keiko no se alejaba de las personas, es decir, hallaba aversivo ese mundo natural idealizado por la Save Willy Foundation que finalmente abandonó a la orca a su suerte, mientras que las demás orcas mostraban conducta de evitación hacia Keiko. La orca parecía buscar la cercanía de los malvados seres humanos en la bahía de Noruega donde finalmente murió de neumonía a una edad relativamente joven para una orca. (Pero los que vivieron de "liberar a Keiko" siguen pidiendo donativos y viviendo de eso, lo cual me parece repugnante.)

En tu pregunta sólo falta decir que la gente va a los parques acuáticos a disfrutar malévola y sádicamente del sufrimiento de los animales (argumento por lo demás frecuente, también en los circos, carreras de caballos, etc.), cosa que claramente es falsa.

Así que cambiaría yo la pregunta por "¿Debe prevalecer el disfrute de muchos seres humanos al poder acercarse a una serie de especies que no vería nunca en la naturaleza, el conocimiento que se obtiene sobre el comportamiento y adaptabilidad de estas especies estudiadas en cautiverio,  el empleo de muchos seres humanos que se dedican a cuidar y mantener esos animales para que los vean y admiren y estudien otros sobre las creencias de unas personas que no saben biología y no saben etología pero están íntimamente convencidos de que tienen una misión de salvar al resto del mundo del horrible ser humano?"

Yo creo que sí, merece prevalecer si los animales son debidamente cuidados y sin antropomorfizar. Las presas, finalmente, están privilegiadamente libres de los depredadores, y los depredadores están alimentados sin tener que hacer los ejercicios de jugar con leones marinos vivos de las orcas y que si antropomorfizamos son terriblemente crueles.

Finalmente, siempre me parece muy curioso que se defienda a ciertos animales en función de su "factor auh", es decir, los que te hacen decir "auh, qué chulo". Se defiende poco a los cerdos aunque son de los seres más inteligentes, lo mismo se puede decir de los pulpos. Tienen mucho menos puntuación en la escala auh que un panda o un panda rojo o un delfín que parece que esta sonriéndote (al menos una especie, sin pensar para nada en el terrible espectáculo que es un delfín violando a un delfín bebé).

Ya eso de entrada me parece que revela una profunda ignorancia o una delirante hipocresía. O se lucha por tener un mundo donde se ayude a mantener la dinámica de los ecosistemas (no que se les inmortalice en bronce, todo ecosistema es dinámico y cambiante, siempre variará, siempre desaparecerán especies) y se encuentren puntos de equilibrio entre las necesidades humanas y las de su entorno o actúa uno como talabosques irracional y cazador de bisontes en ferrocarril, a lo idiota. Pero la idea de "voy a defender a este animalito bonito porque auh pero no a aquél otro feo porque agh" pues no me parece una base sólida sobre la cual construir una política de manejo de los recursos del planeta.

Y en estos casos siempre hay que recordar que el único animal que se da cuenta del daño que puede hacerle a su entorno y el único animal que está haciendo algo por minimizarlo y cambiar las cosas y reducir lo que le parece sufrimiento y comportarse como debe es el ser humano, debido a que tiene algo que lo diferencia radicalmente de los demás animales, su moral.

Eso debe darnos algunos puntos, ¿no?

27.12.13

Los Unitarios Universalistas

Me preguntan sobre los Unitarios Universalistas "que se definen a sí mismos como 'una religión liberal sin credo, caracterizada por la búsqueda libre y responsable de la verdad y el significado'".
Me parecen muy peculiares porque pretenden fingir que las religiones no tienen nada de malo, sólo están ligeramente equivocadas respecto de ciertos puntos pero se puede limpiar eso y tener religiones bonitas, risueñas y con fresco aroma a pino.

Me recuerdan a los humanistas suecos y holandeses, que se dedican a inventarse rituales de paso para adornar el ateísmo con celebraciones estrictamente reguladas de nacimiento, pubertad, matrimonio y muerte... y que se horrorizaron cuando en 1992 en Amsterdam les hablé de los crímenes del catolicismo en América Latina y África. Por lo visto creían que el problema mundial estaba resuelto porque en Holanda y Suecia no lo tenían.

Todo lo que dicen estos curiosos personajes me parece bien, salvo que se organicen como una religión y quieran ser amiguitos y coleguitas de las otras religiontes porque, como cantaba "Up with people", todos son iguales a los ojos de dios, oh yeah.

Pero todo eso no necesita una estructura religiosa. Y de hecho tenerla lo devalúa. Parece que quieren ser el todoenuno del buenrollismo posthippie estadounidense, negando el conflicto que imponen las creencias y confundiendo con religión lo que es por un lado política (el anhelo de democracia, paz, libertad y justicia) y por otro lado es ética (todo lo demás). Me suena mucho a vamos a respetarnos todos y para eso no vamos a atacar las causas de las diferencias sino vamos a fingir que no las tenemos.

Me imagino una escena de "Ah, ¿crees en tal religión pero quieres jugar con nosotros? Qué bien. Te respetaremos mucho, no impugnaremos los aspectos crueles e idiotas, ignorantes y malévolos de tus creencias religiosas pero cantaremos Kumbaya el domingo después de una barbacoa con menús especiales para vegetarianos, ovolactovegetarianos, veganos, crudiveganos, halal, kosher y ratas asadas si eres mujer malaya de Orang Asli que no pueden comer animales grandes porque creen que quedan estériles".

Lo siento, pero no. La religión es precisamente lo contrario a la libertad. Es el gran enemigo de la libertad. En todas sus formas, porque implica reglas idiotas, irracionales e impuestas. Sea el día del Cáliz o Chalica, que parece bastante esperpéntico hasta las ideas francamente impugnables como su veganismo (perdón "alimentación ética") su "espiritualidad orientada a la Tierra", que francamente suena como Evo Morales y la Pacha Mama muy gordos y vestidos de camiseta mal planchada, shorts y zapatos deportivos (el traje típico de la cultura estadounidense).

En resumen y desde mi muy criticable punto de vista, es una patochada que quiere quedar bien con todos haciendo a un lado los problemas reales para una visión un tanto nublada por demasiada marihuana y demasiados años yendo al Burning Man como si fuera la culminación de la experiencia humana. Y demasiadas noches de campamento cantando Aquarius.

11.12.13

Ciencia y conciencia

(Publicado el 21 de marzo de 2011)

Hay algo levemente patético en algunos de los más nobles sueños de ciertos sectores cuyas buenas intenciones son tan enormes como su desapego de la realidad, los hechos y el conocimiento. Como llenar las ciudades de ciclopistas donde un pequeño puñado de ciudadanos se sientan bien un rato aunque basta pensar un poco para darnos cuenta de que la bella y buena bicicleta no puede realmente hacer nada por resolver los problemas del transporte masivo de personas, ya no digamos el transporte de bienes cuyo coste incide fuertemente en el precio final de los mismos.

Lo mismo siento cuando un grupo de buenas personas, nobles y de las que se preocupan por los derechos humanos y la justicia social salen en los informativos porque han puesto un cafecito mono con el mobiliario reciclado: tres neumáticos por acá, latas de aluminio compactadas por allá, seis docenas de botellas de PET en la barra y cosas así. Son de lo más lindo, pero la realidad es que aún si decoráramos así todos los cafés del mundo (con la consecuente aburrición), no consumiríamos ni una minúscula fracción de los desechos que estamos generando. Y generando continuamente.

Lo que a mí me gustaría, soñar es gratis, es ver a esas buenas, nobles, solidarias y concientizadas personas trabajando por desarrollar tecnologías de reciclaje eficiente y de baja huella ambiental, realizando esfuerzos para hacer viable (y de licencia Creative Commons, no de patente como están dejando que sea) la energía de hidrógeno y la fusión nuclear, y mejores y menos contaminantes plantas solares. Verlos estudiando y trabajando para conseguir métodos de producción que gasten menos energía, que sean más eficientes, que consigan que haya productos más ecológicos y baratos para inundar el mundo, y el Tercer Mundo sobre todo, con productos cojonudos para el consumidor, que mejoren la calidad de vida de todos, desde champús hasta ordenadores (además de lo básico, se entiende). Que tengamos conocimientos libres para disfrutar la vida y que ese Tercer Mundo deje de ser el lugar donde el cooperante va con su iPhone y su netbook a poner una bomba de agua y se detiene allí satisfecho para volver al mundo opulento sin pensar que los de la bomba de agua también tienen derecho a iPhones, netbooks, tiempo libre, cine y ropa guapa.