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17.2.16

¿Contra quién dices que protestas?

Como defensor de la libre expresión, como crítico de la religión, como ateo militante y como hombre de izquierda, siento que resulta razonable que haga una toma de posición ante el juicio que comienza ahora contra Rita Maestre.


Boceto rápido de retrato: Maestre, 26 años, ha sido militante de grupos de los creadores y jefes de Podemos, en particular de Contrapoder, organización creada por Pablo Iglesias y con la que controlan desde hace años la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, y de "Juventud sin futuro", uno de los colectivos organizadores del 15M. Maestre ha tenido una carrera curiosamente fulgurante en poco tiempo: de la capilla a trabajar en el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), consultoría política asesora del gobierno venezolano, entre otros, cuyo director es muy apreciado por el presidente de ese país y en el que han tenido actividad las cabezas visibles de Podemos. De allí, saltó a puestos de decisión en Podemos y, finalmente, a la lista electoral de "Ahora Madrid", hasta convertirse en concejala y portavoz del ayuntamiento presidido por Manuela Carmena.

Los hechos, hasta donde se conocen: el 10 de marzo de 2011, un grupo de militantes de Contrapoder recorrieron el camino entre su facultad y la Psicología, pasando el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y la biblioteca de económicas, hasta llegar a la capilla católica que está en el bajo de un edificio de psicología al otro extremo del campus. Su objetivo era exigir que se cerrara la capilla, entendiendo que no tiene nada qué hacer en una universidad pagada con dinero público.


La reconstrucción de los hechos es difícil, sobre todo porque el tema fue profusamente cubierto por la prensa de derechas y religiosa, con la saña que le es característica, mientras que la prensa afín a la izquierda arcaica se dedicó más a defender a los manifestantes que considera "de los suyos" y sus acciones que a informar de qué había ocurrido realmente, así que todo testimonio y relato resulta sospechoso y escaso de hechos. Trato de separar hechos de valoraciones y reportes interesados: entre 50 y 70 personas de Contrapoder, encabezadas por unas 20 mujeres con pañuelos morados (era todavía sólo el color de la lucha feminista, Podemos no existía ni se había apropiado de él) entraron en la capilla de Psicología, interrumpieron una oración, algunas de ellas se desnudaron total o parcialmente de cintura para arriba y corearon consignas como "Vamos a quemar la Conferencia Episcopal", "Me cago en Dios, me río de la virginidad de la Vírgen María", "Menos rosarios y más bolas chinas" o "Contra el Vaticano, poder clitoriano" (son en las que coinciden varias fuentes, aunque alguna atribuye a Maestre la amenaza "Arderéis como en el 36").


Las activistas publicaron fotografías de su acción en sitios como "Fotogracción" y después exigieron que fueran borradas sin dar explicaciones. Unos días después, algunos participantes y organizadores eran detenidos por una denuncia del pseudosindicato de ultraderecha "Manos limpias" que se apoyaba en los artículos del Código Penal que tipifican delitos tan extravagantes como la "profanación" y la "ofensa de los sentimientos religiosos". 13 días después, el diario Público (que patrocina el programa "La tuerka" del grupo de Somosaguas) organizaba un chat para que se defendiera Rita Maestre, cuya carrera política se catapultó a partir de esta acción. En él dijo que se trató de una "performance; en todo caso, una acción simbólica y pacífica de protesta", se apresuró a decir que ella, en lo personal, "no participó" en la protesta y, de hecho, que la Asociación Universitaria Contrapoder en la que militaba también se deslindaba. En resumen, unas chicas que no tienen nada que ver con ningún grupo político pasaron por allí y decidieron protestar porque no tenían nada mejor qué hacer. Poco plausible, y menos al ver las fotos de unas 50 personas saliendo de la FCPS y caminando a la capilla. El juicio finalmente comienza ahora, 5 años después.

Finalmente, hace unos días, la joven política pidió una entrevista privada con el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, a quien le presentó disculpas por su acción de hace cinco años. Astuto, el arzobispo decidió mostrarse misericordioso y perdonarla, aunque uno sospeche que su actitud es tan profundamente insincera como la de Maestre, de pronto más interesada en proteger su carrera que en promover el laicismo.

Es fácil ver que en el asunto se mezclan muchos elementos y para poderlo analizar hay que deslindar y categorizar cada uno.

Primero que nada: una capilla no tiene nada qué hacer en una universidad pública, por supuesto. Sería razonable y deseable que se emprendieran las acciones necesarias para presionar a la rectoría de la Universidad Complutense de modo que cancele las concesiones correspondientes a las capillas aún existentes. Cierto que hay alumnos católicos, pero también los habrá de otras confesiones religiosas que no tienen templos propios en la universidad. Las escuelas, y en particular las universidades, son los espacios de todo lo contrario a la religión: del pensamiento, de la crítica, del cuestionamiento libre, de la exploración del universo y del conocimiento antes que de las creencias (omito por el momento el debate de que en algunas disciplinas sociales que se estudian en las universidades esto es sólo un objetivo lejano y en modo alguno una realidad, por desgracia). No es defensible, ni siquiera históricamente, la existencia de estos espacios. Cómo conseguir que se eliminen ya es otro tema y pasa por lugares muy lejanos a la pequeña capilla.


Segundo: la libre expresión de la que hablábamos en la anterior entrada de este blog es una libertad clave en este panorama, es decir, no se debe penalizar a nadie por expresar opiniones, por ofensivas que puedan ser consideradas por otra persona. La persecución judicial -orquestada además por un grupo de la ultraderecha española- parece excesiva, absurda, revanchista y echa mano de otros de los artículos más lamentables del Código Penal, el 524 y 525 que tipifican el delito de opinión, uno de los más repugnantes para una sociedad ilustrada. Tales artículos deberían pasar a ser parte del pasado, mientras más pronto mejor, en busca de una sociedad donde la libertad de hablar sea más importante que el hecho de que alguien pueda sentirse ofendido por lo dicho. Pero derogar esos artículos es otro tema y pasa por lugares muy alejados de la pequeña capilla

Tercero: la acción de las militantes de Contrapoder es una estupidez sin sentido, una búsqueda de notoriedad para su proyecto político que no hace nada por la promoción de un estado laico y menos aún por la libre expresión. Por no decir que en lugar de ayudar a la lucha contra las creencias y la iglesia, lo que consigue es precisamente lo contrario, como se vio en el cierre de filas del catolicismo madrileño a resultas del presunto "performance" que se apresuraron en llamar "profanación" apoyados en las leyes vigentes, aunque repugnantes.

Me explico: la crítica a las iglesias, a la religión organizada y a sus efectos perniciosos, no es útil cuando se hace en un lugar donde no están ni los jerarcas religiosos ni los políticos que pueden tomar decisiones. Lo que había en esa capilla universitaria era un grupo pequeño de creyentes que se ven de pronto avasallados, invadidos, culpabilizados y humillados. Conociendo el tipo de activismo de la izquierda arcaica (de cerca, que uno nunca fue de la élite académica ni política) y viendo las fotos, no es creíble la performance pacífica, y sí es más probable la descarga de adrenalina contra una institución despreciable, la expresión de furia aunque no haya amenaza física. ¿Tiene sentido esa expresión ante un grupo de creyentes que son, lo he dicho y lo repito víctimas desde su niñez precisamente de esa religión y de las prácticas reprobables que la caracterizan? ¿Qué responsabilidad o capacidad de decisión tiene el puñado de personas que fueron público involuntario de la acción política de Contrapoder? No las tienen, por supuesto, fueron elegidas para ser la escenografía de un espectáculo público de promoción política, y poco más. Peones improvisados de una estrategia hegemónica bien diseñada por los líderes de Contrapoder, los "Cinco de Somosaguas" y su entorno.

Activista de Femen Ucrania frente a la oficina del presidente Yanukovich, protestando contra la docilidad de éste ante Rusia, 2010. (Imagen CC de Femen, via Wikimedia Commons)
Encuentro mucho más válido, valiente y valioso el activismo, mucho más brusco aún, de Femen, aunque en ocasiones me parezca muy mejorable y no lo suscriba del todo, convencido de que es sólo una forma de lucha, pero nada más, porque al menos ellas van a enfrentarse a quienes tienen responsabilidad de que las cosas sean como son: a obispos, arzobispos, al papa, a legisladores y políticos como Merkel o Putin. Pero Femen, además, no es parte de otra estrategia política superestructural de la que sea una ficha a jugarse, su objetivo es única y exclusivamente el activismo por los derechos e igualdad de la mujer, no son un grupo que vaya cambiando de causa conforme lo vaya pidiendo el vaivén cotidiano del interés público según el encabezado del día. Y además, las activistas de Femen asumen lo que hacen en lugar de excusarse con "yo sólo estaba mirando". Las grabaciones demuestran que Rita Maestre hacía algo más que mirar, participó en consignas y quitándose la camiseta, cosa que por supuesto no es ni debe ser delito, lo desagradable es la mentira por miedo a enfrentar responsabilidades personales, y en un político mucho más. Y ninguna se ha pasado aún a la política profesional.

Otro detalle, acaso un poco menos relevante: la acción se realizó en un espacio que la universidad ha concedido a la Conferencia Episcopal y que, por tanto, no puede considerarse un espacio público, y donde los responsables pueden establecer reglas que limiten la libertad de expresión. Esto lo admitimos en muchas ocasiones: hay reglas de conducta que se asumen colectivamente para mantener la lubricación social aunque impliquen moderar nuestro lenguaje o actitud. No significan renunciar a la libre expresión (porque entonces serían despreciables), sino establecer reglas comunes de acuerdo temporal en espacios bien acotados. Todo mundo tiene derecho a tocar un balón de fútbol con las manos, sería absurda una ley que encarcelara a quien lo hiciera... pero para jugar al fútbol uno tiene que aceptar las reglas que dicen que, mientras el balón esté en juego, sólo el portero lo puede tocar con las manos, los demás que lo hagan sufrirán una penalización.


Si Podemos o Contrapoder tienen un despacho, sede, edificio u oficina, sería considerado ilegítimo, incluso delictivo o al menos bastante poco elegante, que se presentaran 70 personas y entraran a una reunión de pocos integrantes del partido, ninguno dirigente, a gritarles algunos insultos poco creativos y lanzar consignas contra un liderazgo ausente por estar en total desacuerdo con la formación política y sus posicionamientos. Y más si, como en este caso, alguien se pone en la puerta para impedir que entren los manifestantes y lo aparten de un empellón (que ya no es libre expresión) como asegura el capellán que hizo con él la propia política Maestre. En ese caso, Podemos hablaría de allanamiento y de violencia contra uno de los suyos, apartado a empujones, además de una espectacular falta de respeto a las reglas del juego democrático. Los activistas de Contrapoder -no tiene sentido negar que lo son- tienen suerte de que el arzobispado, con su tradicional sed de venganza, no se decantara por esta visión para perseguirlos por faltas ya no de opinión, sino de delitos que están mucho más objetivamente tipificados.

Una y otra vez he insistido en que el ateísmo militante, la lucha por el laicismo y la crítica de la religión no se hacen, o no se deben hacer, por disfrutar la satisfacción que puede darnos sentirnos moralmente superiores, más inteligentes, más guapos, más agudos, más cultos o mejores personas que quienes rezan fervorosamente de hinojos en el banco de una iglesia. Eso no es sino mezquindad y autocomplacencia. Y es también olvidar que cualquiera de los ateos y laicistas de hoy, nosotros, a poco que nuestra historia personal fuera ligeramente distinta, podría estar allí, de rodillas, entregado, creyendo honradamente que está en manos de un poder superior, sea Jehová, Xenu o la Pacha Mama.

La militancia contra creencias y religiones se hace, sobre todo, por los creyentes, por su libertad, por su derecho a decidir, por su integridad y dignidad.



Y es allí donde, en ejercicio de su libre expresión (más o menos) y con una reivindicación más que legítima (pero que sólo asumieron un día cuando el problema es cotidiano y grave), la política profesional Rita Maestre y su grupo activista han actuado de modo moralmente cuestionable al ir al eslabón más débil de la cadena, a las víctimas, a los que ponen el dinero, la fe, la confianza, la oración y la defensa de quienes abusan de ellos. Es como ir a un orfanato a gritarle a los niños que estamos en contra del abandono infantil.

Puede ser legal, pero es profundamente imbécil, arrogante e insensible.

1.11.15

Puto Día de Todos los Santos

(Imagen Copyleft vía Wikimedia Commons)
Ayer, que era Halloween (forma escocesa de abreviar Allhallow-even es decir, la noche de todos los santos - even de evening, noche; hallow del antiguo inglés halga, santo, y all que significa todos), escribí una juguetona y provocadora publicación en mi muro de Facebook:
Usas Facebook y Twitter, Internet y todo lo haces desde tu ordenador/computadora. 
Llevas pantalones vaqueros, escuchas rock y blues, y ves cine y series de televisión procedentes del extranjero. 
Bebes Coca-Cola, te gustan los Cheetos y te consideras un gourmet de las hamburguesas. Te enorgullecen tus Ray Ban y tu cámara Nikon, quieres una Harley Davidson y compras tus muebles en Ikea. 
Estás en contra de Halloween porque es extranjero y contrario a tus raíces y tu identidad. 
Eres imbécil.
No pasaba de un chiste más ante el tsunami de puritanos culturales que, al menos en España y América Latina (y no menos en Francia, según me entero), consideran que son los árbitros de los sincretismos culturales y se consideran facultados, de modo casi preternatural, para juzgar qué elementos de otros pueblos, de otras geografías, de otras etnias o de gente que osa nacer bajo otra bandera deben ser aceptados e incorporados al acervo colectivo y cuáles son despreciables, repugnantes, colonizadores, promotores del consumismo (el demonio medieval versión anticapi), destructores de la sagrada identidad nacional (suenan himnos, se agitan antorchas, se llora una lágrima por la vaterland y la genuinidad nuestra, nuestrísima) y en resumen objeto de una puta monserga anual que es más aburrida que mascar un chicle de tres días.

Pero algunos, entre ellos gente a la que, aclaro, quiero y respeto tanto en México y en España, aunque tenga con ellos diferencias abismales (la declaración no es ociosa en este contexto, implica precisamente ese elemento de tolerancia a lo diferente que subyace al rollo), encontraron objeciones a mi broma. Resumo:
  1. No son iguales los rituales (que suelen congregar) que los patrones de consumo (que suelen disgregar).
  2.  Los rituales tienen una significación identitaria que nos define mucho más que la que deriva de los segundos.
  3. El rechazo a Halloween es protesta ante la desacralización de los días de muertos ante un festejo adoptado que no tiene sistema de símbolos reconocible y comprensible para la mayoría, de espacios de afectividad definidos y de sentido de trascendencia.
Respondí a vuelapluma (vuelatecla, pues) pero me quedé con el tema y amplío y abundo.

Así como no hace mucho hablaba de la imbecilidad del falso indigenismo y el presentismo más cretino el puto 12 de octubre, que padezco como nieto de españoles y mexicanos (ni sumo a los abuelos polacos y rusos, que el lío se vuelve monumental), no me incomoda menos el embate de los puristas contra Halloween... aclarando que a mí me da igual la fiestecita, que cuando mucho me divierte algún disfraz y que lo único que realmente me entusiasma son los maratones de películas de terror... ninguna de las cuales, para remate, es mexicana, española, boliviana, argentina, chilena, venezolana, cubana o francesa, simplemente por cuestiones históricas y sin que implique ninguna condena ni celebración de la sumisión al imperio de nuestro tiempo, ni la aceptación ciega de los actos del dicho imperio ni todo eso con lo que se arma la hoja de cargos contra quien no asume el pack completo de cierta ideología por otro lado bastante escasa de ideas, en los márgenes de la política y la sociedad. Y qué triste que haya que hacer estas aclaraciones preventivas, vacunas contra el prejuicio fácil y el pensamiento -es un decir- de la manada.

El problema que veo no es la pérdida de identidad, el consumismo, la sumisión a los designios del imperio (celta, en este caso, creo) sino el facilismo tribal, que a modo de explicación o justificación elude con gran elegancia la inversión en neurotransmisores. Vamos, que al bailar con el grupo se ahorra uno pensar.

Los rituales son identitarios, pero sólo después de que se implantan desde el poder hasta que se asumen acríticamente como si fueran propios. No "surgen del pueblo en asamblea" ni mucho menos, son elementos reciclados una y otra vez para obtener ciertos efectos, no siempre con suerte. El "día de muertos", por ejemplo no es ninguna celebración "nuestra" en contraposición con la de "ellos" porque ni somos indígenas ni elegimos libremente el sincretismo que se produjo cuando cambiaron los amos en los distintos territorios. Los sacerdotes (digamos en el México antiguo, del que tengo más datos) te imponían rituales como los sacrificios humanos al por mayor, la automortificación con espinas de maguey o aguijones de raya (el pez) en la lengua y el prepucio, los ayunos y vigilia, untamientos de chile en mucosas y ojos... vamos, una barbarie brutal. Llegaron luego los otros sacerdotes que te cambiaron eso por otros rituales que incluían quemar herejes (nunca indios, por cierto), marcas a hierro, esclavitud, abusos sexuales y un régimen de pobreza y trabajo del que se beneficiaban... pues ellos mismos... vamos, una barbarie brutal.

Lo siento, ¿cuál es mío? Ninguno. ¿Mi identidad? Ni la del azteca ni la del conquistador, ambos brutos, ambos producto de su tiempo y su contexto, no de los míos. No me sentiría a gusto en los alrededores de ninguno de sus soldados.

Todo, absolutamente todo lo que tenemos a modo de bagaje cultural es importado (y por tanto adoptado, traído, desvirtuado, enriquecido o como se quiera ver) mediante un incesante proceso de mestizajes culturales, por corrientes migratorias de personas, ideas y bienes.

Hasta, dicen ahora algunos estudios, los etíopes actuales, que viven donde apareció la especie humana, son inmigrantes... descendientes de otros que se fueron y volvieron miles y miles de años después. Los únicos que tuvieron sus raíces geográficas originarias fueron los primeros humanos de Olduvai. De entonces acá, todos somos inmigrantes e inmigrados. Y mestizos.

Fuente de la China Poblana en Puebla, México.
(Imagen C.C. de Russ Bowling via Wikimedia Commons)
Europa no era un fuerte estanco, de hecho, el encuentro con América se produce precisamente porque no lo era y demandaba los productos y haceres de lugares lejanos. Sedas y pimientas y clavo y canela. Y se profundizan las corrientes de mestizaje no sólo a través del comercio (tan odiado por quienes pueden consumir, curiosamente, clases medias opulentas con necesidades de culpas judeocristianas) sino de las ideas y la gente. Y México se inventa como heroína a "La china poblana" que es el símbolo de la mujer mexicana en el imaginario de los 40 y 50 recuperado hoy por cierta izquierda que no encuentra asidero. Una supuesta princesa indostana (o de por ahí, pero la llamaron "china" como todos los que creen que Asia es China y África es un país) llevada a México por la Nao de Filipinas y vendida como esclava con el nombre de Catarina de San Juan, cuyo reclamo de mexicanidad fue haberse cosido ropa similar a la de su origen cultural de Oriente, negarse a consumar su matrimonio con un esclavo chino (Domingo Suárez) y hacerse monja al ser manumitida. Esclava, costurera, virgen y devota católica.

¿Por qué es summum de lo mexicano esta mujer, más leyenda que historia? Por lo mismo por lo que Halloween se vuelve ritual propio: porque sí. Porque tocó ciertos botones y convino a ciertos intereses. Porque evocó emociones e identidades independientemente de su origen. Las racionalizaciones vienen después. (Y ya me pondría yo a racionalizar el odio a Malinche, esa defensora de su pueblo contra el imperio, pero que se puso del lado de los que no sabía que tampoco eran trigo limpio, pero otro día.)

Hoy, en el siglo XXI, esas corrientes de mestizaje (algunos le llaman globalización como si hubieran descubierto el agua tibia) son tan amplias que se empieza a conformar una cultura global enormemente interesante pero que se da de frente con los defensores del tribalismo. Los sospechosos habituales, que diría el capitán Renault en Casablanca: indigenistas pavimentados, neoprimitivistas con coche, puristas que se sienten más dignos si escriben desde un café de París, cantantes de protesta bien alimentados con guitarra eléctrica colgada del pescuezo y personajes similares.

¿El año nuevo chino es una celebración válida? Los puristas parecen decir que sólo lo es si puedes demostrar que tu ADN (eso se llama racismo, cuando menos) contiene alguna cantidad aceptable (ya la cuantificarán) de material proveniente de China, aunque tu familia esté en México desde 1870, cuando tu tatarabuelo chino emigrado de Guandong a Estados Unidos acabó de hacer el ferrocarril transcontinental de Iowa a San Francisco y se pasó a Sinaloa huyendo del racismo yanqui. Si yo, sin demostrar mis credenciales étnico-raciales, celebro el año nuevo chino, soy despreciable porque asumo una significación identitaria (qué sociológico suena) que no me corresponde según una definición por lo demás imprecisa estipulada por personas que no tienen ningún derecho a definir mi identidad.

Hanami o festival de "mirar las flores" en Japón. (Imagen DP vía Wikimedia Commons)
Los rituales, como el de muertos, congregan, quizá, pero espuriamente y alrededor de la necesidad o conveniencia de otros, de las iglesias, de los sacerdotes, de los que mandaron, mandan y quieren seguir mandando no porque los elijamos o nos seduzcan con sus productos y servicios (cosa que no siempre es anatema), sino porque dicen que hablan con la deidad y ésta les responde. Ningún ritual, absolutamente ninguno, tiene ningún valor por sí mismo. Como un grafismo cualquiera no es una letra salvo que haya acuerdo en un alfabeto y su significado, el símbolo es un recipiente vacío que acepta cualquier contenido. Así se interpretan y reinterpretan las religiones para atender a la conveniencia o deseos de poder de los dirigentes en cada momento. Con la misma Biblia se hace la Inquisición y se proclama la tolerancia. Con el mismo Corán se habla de la religión de la paz o se proclama el califato. 

Pero hay un problema adicional, y es el de la vida civil en contraposición con la religiosa.

Al imbuir la cultura civil, laica y universal no sólo de rituales civiles (que ya son repugnantes porque suelen exaltar el nacionalismo) sino de rituales religiosos, excluyentes y celebratorios de la diferencia, ¿congregas? Lo dudo mucho. A menos que consigas desposeer a esos rituales de su carga de servicio a un grupo dominante, disgregas o dominas. Y eso se demuestra en el "ellos" y "nosotros" que se genera buscando la misma racionalidad que en un clásico de fútbol: "Halloween contra Día de Todos los Santos, haga sus apuestas por Internet, ahora más fácil que nunca..."

A mí, como laico, no sólo me da igual que se desacralice el día de muertos entre otras muchas celebraciones, en especial las otras tres celebraciones solares (solsticios y equinoccios, donde caen las principales festividades de todas las culturas, sorpresa), es que me parece urgente que se desacralice y se vuelva pachanga y celebración civil jubilosa sin carga sobrenatural.

Mi cultura no es la católica por más que haya nacido en el horror fanático mexicano, ni porque haya sido educado en ella, del mismo modo en que "mi cultura" no es la homofobia en la que me criaron con igual pasión y con las mismas bases religiosas, ni lo es la humillación de la mujer y la exaltación de su sumisión, también sólidos valores cristianos y que también fueron parte relevante de mi educación, por no señalar la idea de que los pobres lo son porque quieren o que protestar por la injusticia es meterse gratuitamente en líos cuando hay que pasar de largo.

Rechazar esos elementos "identitarios" de una cultura en la que nací y viví la mayor parte de mi vida parece bueno y adecuado, moral y razonable... no hay motivo para asumirlos sólo porque se han declarado "míos" por el accidente geográfico y temporal de mi nacimiento. ¿Es más horrible y despreciable que rechace el día de muertos o Día de Todos los Santos, que es la afirmación de los dogmas principales de vida eterna de la Iglesia Católica? ¿A santo de qué o por qué? Ni creo en los santos, todos o en grupos o de uno en uno, ni creo en la vida posterior a la muerte ni creo en los demás dogmas de su religión... ¿y debo hacer el día de muertos porque es "mío"? Tampoco creo en los espíritus del Samhain celta que da origen a la escenografía de Halloween (como se repite también en una justificación innecesaria): a las calabazas iluminadas y los disfraces y tal... que el protestantismo adoptó como propios donde pudo y la iglesia católica persiguió donde pudo también, como en España.

¿Debo aceptar o rechazar esos elementos según me lo diga el editorialista de turno? No lo creo

¿Mi identidad? Mi identidad la construyo yo y en todo caso la gente que tengo cerca. Para todos incluye el blues y a Bach, a Leonardo y los viajes espaciales, el año nuevo laico y mis jeans, a los que no sé si llamar rituales o patrones de consumo. Incluye el gusto por la fiesta de las farolas chinas pero sin sus elementos religiosos, el folk celta, a Queen y a Los Beatles, los viajes espaciales y los descubrimientos de la ciencia, casi ninguno procedente de "mis" países que me exigen nacionalismo y xenofobia cuidadosamente dirigida... Soy, somos, aquí y ahora, producto de una diversidad asombrosa y enriquecedora, somos inexplicables sin esa diversidad.

Pero cuidado (añado después de unas horas y al calor de que el debate siguió): la identidad personal se integra inevitablemente, es cierto, en "identidades colectivas" pero éstas no deben depender de simbolismos impuestos, de trasfondos religiosos, de tribalismos gratuitos y de obligaciones de origen etnolingüístico, que impliquen que "mi cultura" que tiene que ser la mía porque me lo dicen, de una especie de fatalidad social ineludible.

Ése es precisamente el problema de las políticas de "identidad" (y este debate se enmarca en ellas): convierten en central lo que se es, lo que siente, lo que se percibe, no lo que se hace, lo que se piensa, lo que se proyecta. Las "identidades colectivas" basadas en lo que uno es (o se supone que se es: mexicano, gordito, descendiente de indígenas, moreno, católico, homosexual) son agotadoras y profundamente (profundísimamente) imbéciles.

Las identidades colectivas deseables, productivas, que logran objetivos y realmente construyen futuro son las que se fincan en proyectos sociales y humanos que precisamente ignoren "lo que se es" negándole su capacidad de ser el punto definitorio de cualquier individuo. ¿No es más sólida una identidad construida con base en la lucha por la justicia social o la emancipación de las mujeres o la educación para todos o los derechos laborales que la que se basa en la nacionalidad, el género, el aspecto, el color de la piel, las preferencias sexuales, las creencias preternaturales, la estatura, la discapacidad o el compartir un área geográfica como lugar de nacimiento?

El postureo de las identidades, en el que florecen los extremismos nacionalreligiosos es el enemigo, no el aliado. Los proyectos conjuntos son otra cosa. Y la cultura es un proyecto humano completo. ¿Cómo decir que la Toccata y Fuga en Re menor o las Variaciones Goldberg son sólo para alemanes o sólo para luteranos, o sólo para hombres, o sólo para heterosexuales, cómo quitársela al mundo, cómo empobrecerse tanto sin echar a llorar si no se necesita demasiada teoría para saber que son de todos?

Bach en 1746, ¿sólo para alemanes? (Retrato de Elias Gottlob Haussmann,
imagen DP vía Wikimedia Commons) 


Los símbolos, decíamos, no tienen más valor que el que yo les atribuyo, pero si reconocemos eso, entonces es inaceptable la idea de que cierto tribalismo deba forzar el reconocimiento y significado de ciertos símbolos y el rechazo de otros (en vez de, no sé, el rechazo de miserias morales, injusticias, violencias, nos despeñamos en el símbolo... no dibujarás el escudo nacional o serás delincuente, porque un trapo vale más que un niño muerto, y ese discurso me lo sé desde las ceremonias de la bandera en la primaria, todos los lunes de exaltación patriotera en México, algo que de niño me inquietaba y de adulto me llena de náuseas; a las banderas les atribuyo, como símbolos, valor limitado y ciertamente desprovisto de xenofobia y desprecio al dolor humano). ¿Esa imposición simbólica tribal es social, humana y racionalmente defensible? Es de dudarse.

Finalmente, los espacios de afectividad no son creados por lo episódico y lo escenográfico, son individuales, humanos y personales. Como el sentido de la trascendencia. Por lo mismo, cualquier fenómeno cultural del mundo y de la historia (consumible o no, ésa es una distracción falaz) es potencialmente propiedad de cada uno de nosotros, a capricho y gusto... es tan legítimo tocar el koto en Cangas del Narcea como que un japonés toque el concierto para violín de Beethoven en Yokohama... tuyos son el bajo eléctrico, la gaita y el tlalpanhuéhuetl, vaya... tuyos son el contenido del Louvre y las piedras de Angkor Wat... tuyos son Tiziano y Cartier-Bresson... tuyo es (si quieres, vaya) el reggaetón y Guillaume de Machaut... Todo producto cultural y emocional humano te puede conmover o divertir o interesar, y puedes asumir cualquiera como parte de tu experiencia sin sentir que traicionas otra parte de tu humanidad por tus preferencias. Y sin moralistas de ocasión que pretenden imponer qué parte de esa experiencia cultural universal es malévola y qué no lo es, cuál debes aceptar y cuál rechazar a su conveniencia, y que tienen el descaro de exigirle el obligado cumplimiento de sus dictados a otros. Esos moralistas y su actitud son indudablemente imbéciles incluso en el sentido más preciso del vocablo, es decir, no sólo de "tonto en grado de comendador", sino de "escaso de razón".

Y un ejemplo adicional resalta esa imbecilidad: cuando en algún lugar del "extranjero", ese sitio mítico del que siempre queremos volver cuando estamos y al que queremos ir cuando no, se adopta alguna característica de "nuestra" cultura (sea lo que sea "nuestro" en este caso, vale la subjetividad), somos geniales, logramos que "aprecien nuestros valores, nuestro arte, nuestras tradiciones, nuestro folklore y eso". Fabada en Nueva York, fiesta generalizada, somos importantes, compango en la Gran Manzana. Hot dogs en Málaga no... no, espera, colonialismo, rechazo a nuestra identidad, ¿quién te crees?, boicot y editoriales memos en los diarios. Tribalismo y un ellos contra nosotros fácil y pequeñísimo.

El tribalismo, fenómeno que engloba, entre otros horrores, el nacionalismo y las religiones, nos pone muy lejos de una identidad universal absolutamente deseable y de una cultura humana que nos permita la apropiación general del arte, la ciencia y los modos de pasar el rato, que también son valiosos... no la identidad accidental del barrio, el pueblo, la región, la provincia, el país, el idioma, el continente... nos encierra en el fuerte de nuestras limitaciones. ¿Es sensato eso? Parece al menos relevante dudarlo.

Lo extranjero como fuente de todo mal, lo "no mío" como causa de rechazo, pertenecen a lo peor de nuestra historia. No es tarea noble reiterar y fortalecer esa xenofobia fácil, ese nacionalismo cultural, y sí lo es combatirlos.

Y todo este discurso, que de alguna manera está resumido en mi pequeño chiste sería innecesario si nos diéramos cuenta, primero, que estamos ante otro fenómeno de incoherencia y postureo de urbanitas arrogantes que sueñan con imponerle a los demás pautas de conducta pertenecientes más a su imaginario estático y pastoril que a una realidad dinámica, más a un pasado inexistente que a un futuro indispensable.

12.10.15

Puto 12 de octubre

Un año después: He subido una segunda parte o complemento o seguimiento de esta entrada en el canal de YouTube "El rey va desnudo": 
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Usted no se lo imagina, pero esto de tener nacionalidad mexicana y española, con abuelos por igual celtas que zapotecas, alcanza su punto más fastidioso el 12 de octubre.

En este día, aniversario de aquél en el que ocurrió un acontecimiento histórico bastante reseñable (la expedición de Cristóbal Colón llegó a unas tierras desconocidas para Europa y puso en contacto a dos continentes que ignoraban todo el uno del otro), grandes grupos de personas sufren la peligrosa alucinación de que estamos en 1492 y los últimos quinientos veintitantos años no han ocurrido.

Por ejemplo, el excelentísimo señor don JM_Kichi, alcalde de Cádiz por carambola, nos regala la siguiente profunda reflexión:


Y uno se siente tentado a preguntar: ¿Por qué hiciste eso, Kichitín, Kichillo? ¿Cómo es que masacraste y sometiste a un continente? Eso no se hace, chaval, que vamos, que hace quinientos años cuando no había ni derechos humanos ni Ilustración ni democracia ni nada de eso, pues era lo común, pero joder, que tú vengas con tus amigotes en pleno siglo XXI a masacrar y someter en nombre de "Dios" como que aparte de poco decoroso es muy fuera de época. Por más que seas cofrade y te guste inclinarte ante señores con vestido.

Kichi malo... masacra y somete, y además el muy burro no descubre nada...

Pero no, espera... ¿el Kichi y los 46 y medio millones de españoles que pululan hoy, 2015, siglo XXI, por el mundo fueron los que masacraron y sometieron? Pues igual no. Igual el uso de la primera persona del plural es una tontería de doble cañón y calibre 12, propia de un activista que no ha estudiado historia ni siquiera para disimular...

Me imagino al Kichi, tan católico él, llegando al aeropuerto de Fiumicino en Roma, dirigirse al primer italiano que viera, con su chapita y su sonrisa, indicándole al turistaje dónde se toman los autobuses y soltarle un mamporro al grito de: "¡Ustedes mataron cristianos en el Coliseo, hijos de..!" (que, por cierto, como me explicó mi compadre Paolo Cingolani en Roma, a los cristianos los masacraban en otro lado, pero no precisamente en el Coliseo, mitos hollywoodenses que la izquierda reaccionaria asume como verdades, ay).

O bien el Kichi podría desembarcar un día del ferry Santander-Southampton, encararse con el primer súbdito de Isabel II que se le ponga a tiro y patearle una espinilla explicando: "Toma, por hacernos la putada en Trafalgar".

Por supuesto, el peninsular de la primera escena y el insular de la segunda se quedarían azorados e, independientemente de que le sacaran a pasear alguna muela al señor alcalde, quizá se darían tiempo para explicar que ellos ni habían nacido en tiempos del imperio romano o del almirante Nelson y le recomendarían a Su Señoría que fuera de regreso a la escuela a estudiar historia.

España, la España de hoy, no conquistó América. Ni para orgullo de una derechona impresentable ni para vergüenza de una izquierda que tanto monta.

Peor aún, los españoles de hoy, en su vasta mayoría, no descienden de los españoles que conquistaron América. Los descendientes de los bárbaros enlatados que masacraron a las culturas indígenas (por el oro, por cierto, Kichi, no por Dios ni boberías semejantes, que la religión es un arma, no un fin, cosa que sabrías si dejaras que los hechos y datos contaminaran tu prístina simpleza) venimos siendo nosotros... los que nacimos en México, en Guatemala, en Chile, en Uruguay... condimentados con generosas migraciones italianas, alemanas, británicas, francesas, chinas, japonesas y un largo etcétera.

Somos los descendientes de los indígenas que, en un neolítico bárbaro, cometían sacrificios humanos horribles y de los españoles que, en un renacimiento que se saltaron por si quemaba, cometían los horrores de la Inquisición. Afortunadamente, y crean lo que crean los kichis en su desorientación, eso no se hereda, no está en los genes. No nos hace a nosotros ni conquistadores ibéricos ni conquistados americanos... ¡menos va a convertir al Kichi en Diego de Ordaz con gafas!

Los españoles de hoy, incluido nuestro heroico edil carnavalero, descienden mayormente de los que se quedaron en España y tienen tanto que ver con el asunto de la conquista y posterior explotación de América como un criador de palomas de Brighton con la expedición de Shackleton.

Los indígenas que hoy son víctimas del racismo institucionalizado de la derecha latinoamericana que los desprecia y del racismo paternalista de la izquierda reaccionaria latinoamericana que los quiere salvar para que sean indios para siempre, sueño de buenos urbanitas arrogantes, no son víctimas de los españoles de hoy, ni de los de hace medio milenio, sino de los latinoamericanos de hoy. Y por supuesto no son "indígenas" de pureza alguna, su definición es vaga, más referida a lenguas y costumbres, la vasta mayoría de quienes viven en culturas herederas de las indígenas en América Latina son mestizos. Entre el 91 y el 95% de los mexicanos, por ejemplo, somos mestizos. Como lo son el 100% de los españoles, ya que empezaron antes, que lo diga mi abuelo Fernando, a ser destino de griegos, árabes, romanos, cartagineses y en general todo dios.

Don Kichi pone una foto de una presunta indígena, una mujer mbiyá de la cultura guaraní, mestiza de la región fronteriza de Argentina y Paraguay, porque "le suena a india" y eso le basta. Se ve pobre y es morena, ¿no? (Por cierto, Kichi, al menos dale crédito a Marco Vernaschi, fotógrafo argentino autor de ésa y otras muchas cojonudas fotos de su altamente mestiza Argentina, como lo revela su propio apellido, que una persona perspicaz vería que es italiano.)

Don Kichi se equivoca. Si quiere indignarse por la tragedia de los indígenas americanos hoy (los que viven en culturas herederas de las indígenas, tengan o no ojos azules o tez clara), que luche para que tengan escuelas, electricidad, ordenadores, agua corriente, agua de riego, semilla mejorada, industrias, bicicletas, libros, atención médica, reproductores mp3, lavadoras de ropa (y ropa qué lavar en ellas) y mejores casas... aunque sea menos guay que rasgarse la camisa (porque siempre tiene otra en el armario, muchos indígenas no) por lo que pasó hace quinientos veintitantos años con otras personas en otras circunstancias y que ni siquiera sirve de lección cuando la ignorancia se viste de salvamundos. Y menos si lo que se le ocurre es defender la presunta "resistencia indígena" (generalmente orquestada por cretinos de ciudad que quieren folklore a costa de mantener a los indígenas para siempre en el siglo XVI, por cierto).

¿Me entiende usted lo jodido que es esto de ser mexicano y español el puto 12 de octubre?

Felicidades a todos, que aunque les joda, somos producto de los acontecimientos históricos que nos precedieron, agradables o desagradables.

A ver si alguno nos viene a visitar en el siglo XXI.

13.12.14

Mi perro y la teología

Sé que mi perro no es una persona, y nuestra relación se levanta sobre esa base. Pero eso no resuelve todas las cuestiones que sugiere.

Mi perro es un tipo de costumbres, como todos los perros. Su horario de comidas, sus rutinas, sus salidas, sus bocadillos, todo le gusta estructurado. Si la rutina se cumple, parece tranquilo. Si la rutina se altera, parece inquieto. Uno intenta, por tanto, que la rutina se siga en lo posible.

¿Sabe mi perro que lo quiero? No lo sé. De hecho no hay modo de saberlo. Si se acerca a mí para que le dé comida, agua o caricias, ¿se entera de que lo hago por cariño o me ve nebulosamente como una máquina dispensadora de necesidades? ¿Percibe que la caricia es una expresión emocional o sólo se centra en sus propias emociones o disfrute?

Si eso no se puede saber, menos aún se puede saber si mi perro "me quiere"... si algún perro "quiere" a la gente que le rodea y satisface algunas de sus necesidades, o todas. Incluso el indigente que le da de comer a sus perros prioritariamente y él sólo come si sobra, no tiene modo de saber si sus perros se dan cuenta de lo que pasa y si le tienen cariño.

Nos gusta interpretar algunas acciones de nuestras mascotas en términos humanos, lo que los etólogos llaman "antropomorfizar". Nos reflejamos en ellos, los vemos como seres iguales que se alegran y entristecen, que temen, que sueñan, que tienen rencores y planes, que son coquetos o tímidos, que sienten al menos de manera equiparable a la de nosotros. Pero nuestra visión es imprecisa, sesgada, especula sobre una subjetividad que nos es desconocida. Las "motivaciones internas" de nuestras mascotas que usamos para explicar sus acciones son caprichosas, basta pensarlo apenas un poco para darnos cuenta de que hay muchísimas otras posibles explicaciones igualmente plausibles. Aunque ciertamente menos agradables a nuestra propia subjetividad.

Pero, en realidad, no importa. Sí, me gustaría que mi perro me tuviera "cariño" como yo siento que le tengo a él, pero ¿qué importa si no me lo tiene? Lo importante para mí, cuando satisfago alguna de sus necesidades, es que sea feliz él. Si lo acaricio y se queda en el sitio, y además protesta si paro, no es del todo descabellado concluir que lo que hago le satisface, un conductista cuadrado diría que la caricia es reforzadora, así sea sólo de la poca conducta que representa permanecer sentado junto a mi silla. Darle esa satisfacción es agradable.

Sería absurdo que mi satisfacción se derivara de lo que sienta mi perro hacia mí, lo único razonable es que se derive de lo que mi perro sienta gracias mí. Si lo acaricio "porque lo quiero" y eso lo hace feliz, debería bastarme sin esperar que "me quiera", por mucho que me guste suponerlo.

Es curioso pensar que esa posición moral, bastante elemental, por cierto, está tan por encima de la de los dioses que ha inventado la humanidad, y cuya benevolencia y satisfacción no proceden de la felicidad de sus criaturas, con las que deberían tener una vinculación mucho más estrecha que nosotros con nuestros perros, si nos imaginamos que fueron los amorosos creadores de ellas. Pero cuando estudiamos a los dioses, vemos que su mezquina felicidad, su satisfacción, proceden de la adoración de sus criaturas, de su amor, así sea forzado, de su temor, de su reverencia, de sus oraciones, de sus sacrificios, de lo que le dan las criaturas.

No creo que nadie dejara de querer a su perro o de satisfacer sus necesidades en lo posible o de acariciarlo si descubriera que "realmente" su perro no le quiere como espera, que acaso la visión y emociones del animal respecto de esa persona sean muy nebulosas e imprecisas. No creo que el dueño de un perro lo matara, lo condenara al infierno, lo torturara o le causara incluso incomodidades notables si no "lo quiere".

Es inquietante pensar que los dioses que hemos creado son menos morales que cualquier persona media no especialmente virtuosa que le tenga cariño a su perro.

27.12.13

Cantinflas y Chespirito

Me he posicionado como antifan, entre otras personas, de Cantinflas (Mario Moreno) y de Chespirito (Roberto Gómez Bolaños). Me preguntan con cierta frecuencia por qué. Resumo las respuestas que he dado al paso del tiempo.
Me parecen social, moral y políticamente repugnantes tanto como personas como en sus creaciones y personajes.

Mario Moreno defendió en todas sus películas que la única rebeldía adecuada para el pobre era asumir los valores de sus opresores, de los que se burlaban de él, haciéndose respetable en su religión, su dinero y su sistema político. Su humor me parece bastante básico: más allá del enredo de palabras que repitió cansinamente durante 44 años, no tiene ninguna aportación adicional digna de mencionarse, en todas sus películas era el mismo personaje haciendo lo mismo y pasando por procesos similares para llegar a finales idénticos, acudiendo a la sensiblería más elemental sin ninguna profundidad, ninguna tridimensionalidad y ningún contexto. El patrioterismo aneuronal no se cansó de compararlo con Chaplin o con Groucho Marx, pero nunca dio razones para tales excesos, y ciertamente no parecen existir. Pero hay pocas cosas más políticamente incorrectas que meterse con Cantinflas, claro.

Su caricatura del "peladito" como una especie de imbécil con labia siempre me pareció una ofensa a partes iguales al indígena y al pobre. Como actor me parece menos versátil que Charlton Heston y su capacidad histriónica y de originalidad cómica era nula. Además de eso, siempre fue un aliado del poder y de la iglesia, y utilizó su influencia para promover la sumisión del pobre y los valores más patéticamente clasemedieros del peor cine mexicano. En lo personal, su visión cristiana de la solidaridad como caridad siempre me pareció ofensiva, mientras que su adscripción a la secta "gnosis" del ínclito demente Samael Aun Weor es la cereza de un pastel que me parece en su totalidad vomitivo.

Me molesta especialmente que se le considere un representante de los mexicanos porque evidentemente no representa absolutamente a nadie que yo haya conocido en la ciudad o en el campo. Siempre sentiré al México que yo conozco más representado --pese a las limitaciones de ese cine en esos años 1940-60-- por Fernando Soler, Joaquín Pardavé o Tin Tán.

En el caso de Cherpirito, su humor (además de repetitivo e infantiloide) se basa en la crueldad hacia el diferente. Un señor con sobrepeso es "el Señor Barriga" y no hay nada más jocoso que golpear a un gordo, ¿no? así nos regaló años de chistes humillantes sobre el vientre del personaje y un golpe en cada capítulo... una genialidad que en su fantasía dejaba atrás a los Monty Python, vamos. Otro personaje de su elenco tiene una estatura por encima de la normal, por tanto es "el Profesor Jirafales" y otro tanto de chistes humillantes sobre su estatura, con joyas de la creación comédica como llamarle "Maestro Longaniza" (¡y cobraba por eso!) Una mujer es anciana, y nada más original, inesperado y brillante que llamarla "vieja bruja" y usar su edad como motivo de burla incesante (un cartero mayor de edad sufre el mismo destino en las garras de Roberto Gómez Bolaños), y con esas bastedades de comedia dudosísima, el tipo creía que Gila era un tarado.

Un señor más  es delgado y no tiene dinero... pues a burlarnos de su delgadez y de su pobreza, qué carambas, that's comedy, man, y no Tin Tán o Joaquín Pardavé.

El propio "Chavo del Ocho" es un niño que se la pasa en un barril y siempre tiene hambre. Y esto a "Chespirito" le parece absolutamente hilarante... ¿acaso hay algo más humorístico, jocoso y digno de burla que un niño con hambre? Pues a ojos del millonario guionista y actor no...  Y más si además se le convierte en un niño sin dignidad, capaz de hacer lo que sea, de cualquier humillación, sólo por comer, eso, cree Roberto Gómez, es para revolcarse por el suelo entre carcajadas... Vamos, que Chespirito en el Cuerno de África se lo pasaría de lo más divertido...

Pero... pues que se rían Roberto Gómez Bolaños y su abuela, a mí no me hace gracia ni como individuo ni como padre. Es basto, lamentable, perpetuador de una visión iturbidista y de los Caballeros de Colón, fascista y autoritario, una visión de la comedia y la diversión pacata, miserable y estrecha, el chiste bobo adornado de arrogancia, clasismo y superficialidad, falto de ideas y agresivo con la persona. Es a la comedia lo que la Tigresa de Oriente es a la música, pues.

Si a eso le añades las campañas de Chespirito en favor de Fox y Calderón y su lucha contra el derecho de las mujeres a decidir sobre su aborto, pues muy simpático no me resulta, no. Y que ese esperpento (un poco menos El Chapulín Colorado, aunque con sus "running gags" o chistes repetitivos o frases machaconas, cada episodio era 40% igual a todos los demás, lo cual olía a "ya no se me ocurre nada" o "miren cómo les veo la cara de pendejos") se erija como "icono cultural" mexicano junto con Cantinflas me parece lamentable. No somos como nos pintan ni Chespirito, ni Cantinflas ni ese otro chiste malo que fue Octavio Paz.

Por suerte.

Los Unitarios Universalistas

Me preguntan sobre los Unitarios Universalistas "que se definen a sí mismos como 'una religión liberal sin credo, caracterizada por la búsqueda libre y responsable de la verdad y el significado'".
Me parecen muy peculiares porque pretenden fingir que las religiones no tienen nada de malo, sólo están ligeramente equivocadas respecto de ciertos puntos pero se puede limpiar eso y tener religiones bonitas, risueñas y con fresco aroma a pino.

Me recuerdan a los humanistas suecos y holandeses, que se dedican a inventarse rituales de paso para adornar el ateísmo con celebraciones estrictamente reguladas de nacimiento, pubertad, matrimonio y muerte... y que se horrorizaron cuando en 1992 en Amsterdam les hablé de los crímenes del catolicismo en América Latina y África. Por lo visto creían que el problema mundial estaba resuelto porque en Holanda y Suecia no lo tenían.

Todo lo que dicen estos curiosos personajes me parece bien, salvo que se organicen como una religión y quieran ser amiguitos y coleguitas de las otras religiontes porque, como cantaba "Up with people", todos son iguales a los ojos de dios, oh yeah.

Pero todo eso no necesita una estructura religiosa. Y de hecho tenerla lo devalúa. Parece que quieren ser el todoenuno del buenrollismo posthippie estadounidense, negando el conflicto que imponen las creencias y confundiendo con religión lo que es por un lado política (el anhelo de democracia, paz, libertad y justicia) y por otro lado es ética (todo lo demás). Me suena mucho a vamos a respetarnos todos y para eso no vamos a atacar las causas de las diferencias sino vamos a fingir que no las tenemos.

Me imagino una escena de "Ah, ¿crees en tal religión pero quieres jugar con nosotros? Qué bien. Te respetaremos mucho, no impugnaremos los aspectos crueles e idiotas, ignorantes y malévolos de tus creencias religiosas pero cantaremos Kumbaya el domingo después de una barbacoa con menús especiales para vegetarianos, ovolactovegetarianos, veganos, crudiveganos, halal, kosher y ratas asadas si eres mujer malaya de Orang Asli que no pueden comer animales grandes porque creen que quedan estériles".

Lo siento, pero no. La religión es precisamente lo contrario a la libertad. Es el gran enemigo de la libertad. En todas sus formas, porque implica reglas idiotas, irracionales e impuestas. Sea el día del Cáliz o Chalica, que parece bastante esperpéntico hasta las ideas francamente impugnables como su veganismo (perdón "alimentación ética") su "espiritualidad orientada a la Tierra", que francamente suena como Evo Morales y la Pacha Mama muy gordos y vestidos de camiseta mal planchada, shorts y zapatos deportivos (el traje típico de la cultura estadounidense).

En resumen y desde mi muy criticable punto de vista, es una patochada que quiere quedar bien con todos haciendo a un lado los problemas reales para una visión un tanto nublada por demasiada marihuana y demasiados años yendo al Burning Man como si fuera la culminación de la experiencia humana. Y demasiadas noches de campamento cantando Aquarius.

Sobre el significado de la vida

Me preguntan sobre la existencia en sí. "Un por qué o un para qué. Nacemos, crecemos, nos reproducimos y morimos. ¿Algo más? (En tu opinión) Y no, no estoy pensando en una idea sobrenatural o similares."
A ver.

Nacemos. Para ello, primero, tuvo que existir el universo, y las estrellas en las que se forjaron los elementos que nos componen (los elementos con número atómico por encima del hierro se hicieron en explosiones de supernovas, que es un principio potente). Luego un planeta con las condiciones adecuadas para que apareciera la vida. Luego miles de millones de años de evolución hasta que apareció la cultura como nueva forma de supervivencia, y algunas especies que tuvieron cultura antes de que apareciera la nuestra, que al cabo de unos cientos de miles de años nos engendró a nosotros.

De momento, no me parece poco.

Crecemos. Nos desarrollamos física y mentalmente expresando parte de nuestra herencia genética. Aprendemos a no meter la pata demasiado y no matarnos. Nos relacionamos con otras personas, nos quieren y queremos. Padres, parientes, amigos, cuidadores. Nos hacen daño, aprendemos a sobrevivirlo. Y en el proceso adquirimos parte de la cultura que nuestra especie ha acumulado. Aprendemos a entender parte del universo, descubrimos nuestros gustos estéticos (música, poesía, pintura, escultura, fotogafía, cine, teatro, narrativa).

Sigue sin parecer poco.

Nos reproducimos. El mayor placer que estamos diseñados para experimentar al servicio de la continuidad de la especie (y una cultura que nos permite disfrutarlo sin reproducirnos, que no está mal). Experimentamos el enorme júbilo y responsabilidad de ser padres, de guiar a otro ser humano para seguir el camino.

No es poco, tampoco.

Morimos... A ver, espera un poco porque entremedio te faltó parte de la historia. Nacemos, crecemos, nos reproducimos, gozamos, amamos, nos aman, reímos, lloramos, luchamos, ganamos, perdemos, soñamos, aprendemos, descubrimos, construimos, hacemos, pensamos, sentimos, comemos, jugamos, cantamos, nos lesionamos, nos enfermamos, seguimos aprendiendo, disfrutamos, nos sorprendemos, nos asombramos, nos solidarizamos, empatizamos, hacemos otras muchas cosas y luego morimos, en general con menos dolor y sufrimiento que nuestros ancestros.

No me hace falta nada más. No creo que sea necesario un para qué fuera del sentido que nosotros le damos. Para nacer, crecer, reproducirnos, gozar, amar, ser amados, reir, etc.

La pregunta "¿por qué?" es una trampa boba porque presupone que existe un por qué, que hay una causa profunda y volitiva de nuestra existencia. Antes de responder a "¿por qué?" habría que demostrar que existe tal por qué, que hay una causa profunda. La pregunta es una simple antropomorfización, la idea de que el universo es como nosotros y tiene deseos, voluntad, proyectos y demás. No hay evidencias de ello.

Es una de las preguntas que las religiones y los místicos dicen que ellos sí pueden responder y la ciencia no. Aunque la trampa es que la pregunta no tiene sentido... y las respuestas son inventadas, como las frases de Jodorowsky, vaya.

14.12.13

Una niña en Notre Dame

(Visitando París, un día de noviembre.)

Paseo por la girola de Notre Dame. Es domingo y misa de 12:00. En una de las capillas, frente a algún muerto añejo o un santo descascarado por el tiempo, en una silla junto a sus padres, una niña rubia, de 7 u 8 años, reza fervorosamente, las manos unidas, los ojos cerrados, buscando conectar con una fuerza sobrenatural.

Pienso que a alguno le parecerá enternecedor que una niña pequeña exhiba tanta dedicación religiosa. A mí me parece estremecedor. Tanta dulzura invertida en una mentira cruel, contada minuciosamente por su entorno, sus padres... Tanta libertad cortada sin florecer, tanta luz ensombrecida en una niña sin culpa de que quienes a su alrededor crean que nació sucia de un pecado horrible, un pecado original que la vuelve culpable por haber nacido.

Yo creo en su libertad. Y no puedo cree en su culpabilidad. Creo en su luz, no en las tinieblas del miedo destilado de supersticiones inútiles.

La niña le confía sus deseos a un dios que nadie ha visto. Yo me limito a desear que no se le cuenten mentiras sangrientas a los niños y que ya no caigan de rodillas ante las tinieblas.

No es mucho pedir.

12.12.13

Antes que te vayas, Benedicto

Mi despedida a Benedicto XVI al anunciarse su jubilación. Publicado el 12 de febrero de 2013. Las peticiones se trasladan mutatis mutandi al Papa Paco.
Benedicto, ya que te vas, y te quedan unos días para hacer maletas (no vas muy lejos), hay un par de pendientes a los que quizás les podrías prestar tu atención, si no es mucha molestia.

Ya sabes que San Pablo/Saulo de Tarso odiaba a las mujeres y como que organizó toda la iglesia contra ellas y acusándolas de todo y cosas que hacen suponer que tenía ciertos problemas. Pero eso es el pasado, pelillos a la mar. Hoy, en febrero de 2013, sería un detalle de caballero que le devolvieras su dignidad a las mujeres, aceptando que ni son inferiores, ni llevan al pecado, ni son las culpables de la expulsión del Edén ni tienen la obligación de parir incesantemente hijos pues pueden disfrutar otras satisfacciones.

Puestos en esa tesitura, de un plumazo puedes devolverle también su dignidad a los homosexuales y otros miembros de la comunidad LGBT. Basta que digas "son diferentes, pero no hacen nada malo", y les vas a ahorrar muchos ratos corriendo frente a bandas de ratas neonazis que dicen inspirarse en el Vaticano. ¿Cómo ves?

Y decir que en realidad ni a ti ni a dios les importa un pito si se casan o no, mientras se quieran y se respeten. Suena supercristiano y se supone que tú eres el supercristiano aquí, ¿no?

Si sigo pidiendo, dirás que parece que tengo boquita de fraile, pero son las influencias del Opus Dei en el que milité de modo breve pero intenso. Así que pediría también que te pases por Campo DiFiore, que está a unas 15 calles de donde vives tú y seguro te llevan en la vitrina ésa con ruedas que usas. Allí, te acercas a la estatua de Giordano Bruno y le pides disculpas por quemarlo en la hoguera. La oportunidad sería maravillosa también para pedir perdón, en voz alta, que se oiga, a los varios miles de personas que la Inquisición quemó, desolló, ahorcó, torturó y de otras formas les arrancó su dignidad.

Por pedir, pues una cosilla más, pequeñita, para los pequeñitos, y para los que hoy siendo mayores sufrieron de pequeñitos, ¿qué te parece pedir perdón a todos los niños violados, aterrorizados, depredados y deshumanizados por la bestialidad de tu ejército de célibes que no lo son tanto? Perdón y un juicio justo a los monstruos que les arrancaron la niñez, ¿no sería un regalo agradable para recordarte con cierto cariño o respeto?

Y si vas a descargar tu conciencia, podrías hacer miles de cosas más que se me ocurren, pero te las voy a dejar en dos sentidas peticiones: que denuncies al mundo los crímenes de desprecio a la humanidad de Teresa de Calcuta y que confieses pública y humildemente, que dios no habla contigo y que vas tan a ciegas como todos los demás que quieren encontrar inspiración en fantasías diversas.

O quizá eso último ya es pedirte mucho. Me conformo con los puntos previos.

Buena jubilación, que no te faltará nada, estoy seguro.

M.