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17.2.16

¿Contra quién dices que protestas?

Como defensor de la libre expresión, como crítico de la religión, como ateo militante y como hombre de izquierda, siento que resulta razonable que haga una toma de posición ante el juicio que comienza ahora contra Rita Maestre.


Boceto rápido de retrato: Maestre, 26 años, ha sido militante de grupos de los creadores y jefes de Podemos, en particular de Contrapoder, organización creada por Pablo Iglesias y con la que controlan desde hace años la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense, y de "Juventud sin futuro", uno de los colectivos organizadores del 15M. Maestre ha tenido una carrera curiosamente fulgurante en poco tiempo: de la capilla a trabajar en el Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (Celag), consultoría política asesora del gobierno venezolano, entre otros, cuyo director es muy apreciado por el presidente de ese país y en el que han tenido actividad las cabezas visibles de Podemos. De allí, saltó a puestos de decisión en Podemos y, finalmente, a la lista electoral de "Ahora Madrid", hasta convertirse en concejala y portavoz del ayuntamiento presidido por Manuela Carmena.

Los hechos, hasta donde se conocen: el 10 de marzo de 2011, un grupo de militantes de Contrapoder recorrieron el camino entre su facultad y la Psicología, pasando el Instituto Complutense de Estudios Internacionales (ICEI) y la biblioteca de económicas, hasta llegar a la capilla católica que está en el bajo de un edificio de psicología al otro extremo del campus. Su objetivo era exigir que se cerrara la capilla, entendiendo que no tiene nada qué hacer en una universidad pagada con dinero público.


La reconstrucción de los hechos es difícil, sobre todo porque el tema fue profusamente cubierto por la prensa de derechas y religiosa, con la saña que le es característica, mientras que la prensa afín a la izquierda arcaica se dedicó más a defender a los manifestantes que considera "de los suyos" y sus acciones que a informar de qué había ocurrido realmente, así que todo testimonio y relato resulta sospechoso y escaso de hechos. Trato de separar hechos de valoraciones y reportes interesados: entre 50 y 70 personas de Contrapoder, encabezadas por unas 20 mujeres con pañuelos morados (era todavía sólo el color de la lucha feminista, Podemos no existía ni se había apropiado de él) entraron en la capilla de Psicología, interrumpieron una oración, algunas de ellas se desnudaron total o parcialmente de cintura para arriba y corearon consignas como "Vamos a quemar la Conferencia Episcopal", "Me cago en Dios, me río de la virginidad de la Vírgen María", "Menos rosarios y más bolas chinas" o "Contra el Vaticano, poder clitoriano" (son en las que coinciden varias fuentes, aunque alguna atribuye a Maestre la amenaza "Arderéis como en el 36").


Las activistas publicaron fotografías de su acción en sitios como "Fotogracción" y después exigieron que fueran borradas sin dar explicaciones. Unos días después, algunos participantes y organizadores eran detenidos por una denuncia del pseudosindicato de ultraderecha "Manos limpias" que se apoyaba en los artículos del Código Penal que tipifican delitos tan extravagantes como la "profanación" y la "ofensa de los sentimientos religiosos". 13 días después, el diario Público (que patrocina el programa "La tuerka" del grupo de Somosaguas) organizaba un chat para que se defendiera Rita Maestre, cuya carrera política se catapultó a partir de esta acción. En él dijo que se trató de una "performance; en todo caso, una acción simbólica y pacífica de protesta", se apresuró a decir que ella, en lo personal, "no participó" en la protesta y, de hecho, que la Asociación Universitaria Contrapoder en la que militaba también se deslindaba. En resumen, unas chicas que no tienen nada que ver con ningún grupo político pasaron por allí y decidieron protestar porque no tenían nada mejor qué hacer. Poco plausible, y menos al ver las fotos de unas 50 personas saliendo de la FCPS y caminando a la capilla. El juicio finalmente comienza ahora, 5 años después.

Finalmente, hace unos días, la joven política pidió una entrevista privada con el arzobispo de Madrid, Carlos Osoro, a quien le presentó disculpas por su acción de hace cinco años. Astuto, el arzobispo decidió mostrarse misericordioso y perdonarla, aunque uno sospeche que su actitud es tan profundamente insincera como la de Maestre, de pronto más interesada en proteger su carrera que en promover el laicismo.

Es fácil ver que en el asunto se mezclan muchos elementos y para poderlo analizar hay que deslindar y categorizar cada uno.

Primero que nada: una capilla no tiene nada qué hacer en una universidad pública, por supuesto. Sería razonable y deseable que se emprendieran las acciones necesarias para presionar a la rectoría de la Universidad Complutense de modo que cancele las concesiones correspondientes a las capillas aún existentes. Cierto que hay alumnos católicos, pero también los habrá de otras confesiones religiosas que no tienen templos propios en la universidad. Las escuelas, y en particular las universidades, son los espacios de todo lo contrario a la religión: del pensamiento, de la crítica, del cuestionamiento libre, de la exploración del universo y del conocimiento antes que de las creencias (omito por el momento el debate de que en algunas disciplinas sociales que se estudian en las universidades esto es sólo un objetivo lejano y en modo alguno una realidad, por desgracia). No es defensible, ni siquiera históricamente, la existencia de estos espacios. Cómo conseguir que se eliminen ya es otro tema y pasa por lugares muy lejanos a la pequeña capilla.


Segundo: la libre expresión de la que hablábamos en la anterior entrada de este blog es una libertad clave en este panorama, es decir, no se debe penalizar a nadie por expresar opiniones, por ofensivas que puedan ser consideradas por otra persona. La persecución judicial -orquestada además por un grupo de la ultraderecha española- parece excesiva, absurda, revanchista y echa mano de otros de los artículos más lamentables del Código Penal, el 524 y 525 que tipifican el delito de opinión, uno de los más repugnantes para una sociedad ilustrada. Tales artículos deberían pasar a ser parte del pasado, mientras más pronto mejor, en busca de una sociedad donde la libertad de hablar sea más importante que el hecho de que alguien pueda sentirse ofendido por lo dicho. Pero derogar esos artículos es otro tema y pasa por lugares muy alejados de la pequeña capilla

Tercero: la acción de las militantes de Contrapoder es una estupidez sin sentido, una búsqueda de notoriedad para su proyecto político que no hace nada por la promoción de un estado laico y menos aún por la libre expresión. Por no decir que en lugar de ayudar a la lucha contra las creencias y la iglesia, lo que consigue es precisamente lo contrario, como se vio en el cierre de filas del catolicismo madrileño a resultas del presunto "performance" que se apresuraron en llamar "profanación" apoyados en las leyes vigentes, aunque repugnantes.

Me explico: la crítica a las iglesias, a la religión organizada y a sus efectos perniciosos, no es útil cuando se hace en un lugar donde no están ni los jerarcas religiosos ni los políticos que pueden tomar decisiones. Lo que había en esa capilla universitaria era un grupo pequeño de creyentes que se ven de pronto avasallados, invadidos, culpabilizados y humillados. Conociendo el tipo de activismo de la izquierda arcaica (de cerca, que uno nunca fue de la élite académica ni política) y viendo las fotos, no es creíble la performance pacífica, y sí es más probable la descarga de adrenalina contra una institución despreciable, la expresión de furia aunque no haya amenaza física. ¿Tiene sentido esa expresión ante un grupo de creyentes que son, lo he dicho y lo repito víctimas desde su niñez precisamente de esa religión y de las prácticas reprobables que la caracterizan? ¿Qué responsabilidad o capacidad de decisión tiene el puñado de personas que fueron público involuntario de la acción política de Contrapoder? No las tienen, por supuesto, fueron elegidas para ser la escenografía de un espectáculo público de promoción política, y poco más. Peones improvisados de una estrategia hegemónica bien diseñada por los líderes de Contrapoder, los "Cinco de Somosaguas" y su entorno.

Activista de Femen Ucrania frente a la oficina del presidente Yanukovich, protestando contra la docilidad de éste ante Rusia, 2010. (Imagen CC de Femen, via Wikimedia Commons)
Encuentro mucho más válido, valiente y valioso el activismo, mucho más brusco aún, de Femen, aunque en ocasiones me parezca muy mejorable y no lo suscriba del todo, convencido de que es sólo una forma de lucha, pero nada más, porque al menos ellas van a enfrentarse a quienes tienen responsabilidad de que las cosas sean como son: a obispos, arzobispos, al papa, a legisladores y políticos como Merkel o Putin. Pero Femen, además, no es parte de otra estrategia política superestructural de la que sea una ficha a jugarse, su objetivo es única y exclusivamente el activismo por los derechos e igualdad de la mujer, no son un grupo que vaya cambiando de causa conforme lo vaya pidiendo el vaivén cotidiano del interés público según el encabezado del día. Y además, las activistas de Femen asumen lo que hacen en lugar de excusarse con "yo sólo estaba mirando". Las grabaciones demuestran que Rita Maestre hacía algo más que mirar, participó en consignas y quitándose la camiseta, cosa que por supuesto no es ni debe ser delito, lo desagradable es la mentira por miedo a enfrentar responsabilidades personales, y en un político mucho más. Y ninguna se ha pasado aún a la política profesional.

Otro detalle, acaso un poco menos relevante: la acción se realizó en un espacio que la universidad ha concedido a la Conferencia Episcopal y que, por tanto, no puede considerarse un espacio público, y donde los responsables pueden establecer reglas que limiten la libertad de expresión. Esto lo admitimos en muchas ocasiones: hay reglas de conducta que se asumen colectivamente para mantener la lubricación social aunque impliquen moderar nuestro lenguaje o actitud. No significan renunciar a la libre expresión (porque entonces serían despreciables), sino establecer reglas comunes de acuerdo temporal en espacios bien acotados. Todo mundo tiene derecho a tocar un balón de fútbol con las manos, sería absurda una ley que encarcelara a quien lo hiciera... pero para jugar al fútbol uno tiene que aceptar las reglas que dicen que, mientras el balón esté en juego, sólo el portero lo puede tocar con las manos, los demás que lo hagan sufrirán una penalización.


Si Podemos o Contrapoder tienen un despacho, sede, edificio u oficina, sería considerado ilegítimo, incluso delictivo o al menos bastante poco elegante, que se presentaran 70 personas y entraran a una reunión de pocos integrantes del partido, ninguno dirigente, a gritarles algunos insultos poco creativos y lanzar consignas contra un liderazgo ausente por estar en total desacuerdo con la formación política y sus posicionamientos. Y más si, como en este caso, alguien se pone en la puerta para impedir que entren los manifestantes y lo aparten de un empellón (que ya no es libre expresión) como asegura el capellán que hizo con él la propia política Maestre. En ese caso, Podemos hablaría de allanamiento y de violencia contra uno de los suyos, apartado a empujones, además de una espectacular falta de respeto a las reglas del juego democrático. Los activistas de Contrapoder -no tiene sentido negar que lo son- tienen suerte de que el arzobispado, con su tradicional sed de venganza, no se decantara por esta visión para perseguirlos por faltas ya no de opinión, sino de delitos que están mucho más objetivamente tipificados.

Una y otra vez he insistido en que el ateísmo militante, la lucha por el laicismo y la crítica de la religión no se hacen, o no se deben hacer, por disfrutar la satisfacción que puede darnos sentirnos moralmente superiores, más inteligentes, más guapos, más agudos, más cultos o mejores personas que quienes rezan fervorosamente de hinojos en el banco de una iglesia. Eso no es sino mezquindad y autocomplacencia. Y es también olvidar que cualquiera de los ateos y laicistas de hoy, nosotros, a poco que nuestra historia personal fuera ligeramente distinta, podría estar allí, de rodillas, entregado, creyendo honradamente que está en manos de un poder superior, sea Jehová, Xenu o la Pacha Mama.

La militancia contra creencias y religiones se hace, sobre todo, por los creyentes, por su libertad, por su derecho a decidir, por su integridad y dignidad.



Y es allí donde, en ejercicio de su libre expresión (más o menos) y con una reivindicación más que legítima (pero que sólo asumieron un día cuando el problema es cotidiano y grave), la política profesional Rita Maestre y su grupo activista han actuado de modo moralmente cuestionable al ir al eslabón más débil de la cadena, a las víctimas, a los que ponen el dinero, la fe, la confianza, la oración y la defensa de quienes abusan de ellos. Es como ir a un orfanato a gritarle a los niños que estamos en contra del abandono infantil.

Puede ser legal, pero es profundamente imbécil, arrogante e insensible.

8.3.14

Sofía Trejo Pineda, mujer trabajadora

Sofía Trejo Pineda hacia 1960.
Mi abuela no era feminista. Creo que nunca escuchó la palabra "feminismo" y no la hubiera entendido mucho (aunque los hippies le caían bien en los 70) o habría pensado que era cosa de otra realidad y otro mundo. Tampoco conoció Internet y, por supuesto, su nombre sólo aparece en la red porque alguno de mis primos lo anotó en un sitio de genealogía, pero sin más datos que su nombre y su pesada maternidad de 12 hijos de los que, como se decía en esos tiempos de incertidumbre médica, "le vivieron" 11.

La primera vez que tuve una responsabilidad de trabajo fue a los 7 u 8 años, en la sedería "La Princesa", situada en el centro mismo de la Ciudad de México, en Bolívar casi esquina con Mesones, entre el olor de las máscaras de cartón y fuerte pegamento que representaban al diablo, a Cantinflas o al Pato Donald. Ahí despachaba metros de listón, botones, canicas para los niños y otras curiosidades de la panoplia abigarrada que ocupaba el pequeño mostrador de vidrio y madera pintada de verde, la estantería de la izquierda (vista desde nuestro parapeto tras el mostrador, pequeñísimos comerciantes), el teléfono público de monedas de veinte centavos de cobre y las dos vitrinas del mismo color verde pistache apagado que colgaba en la puerta todas las mañanas mi tío Miguel para aumentar el reclamo de colores y brillos hacia el oscuro interior del diminuto establecimiento. Comíamos de la fiambrera que se llevaba para mi abuela, mi tío y el nieto o los nietos que tuviéramos la divertida suerte de estar allí ese día. Muchos pasamos por allí. Somos muchos, más de 30, los nietos de la dueña de la sedería, que nació Sofía Trejo Pineda, después fue Sofía Trejo de Huerta y, desde la muerte de mi abuelo el 6 de enero de 1930, Sofía Trejo viuda de Huerta.

En alguno de estos locales (probablemente el que tiene enfrente un letrero azul  o uno de los dos
siguientes, de muro amarillo) de la calle de Bolívar, a tres calles de la cantina "El Gallo de Oro",
estuvo la sedería "La Princesa" de Sofía Trejo viuda de Huerta, mujer trabajadora. (Google Earth)
Mi abuelo había llegado a México como tantos asturianos echados de su tierra porque no cabían todos. Cualquier tierra que poseyera la familia era para el primogénito y, a los demás, llegado el momento, se les daba un traje, un poco de dinero y un pasaje en un vapor a Cuba, Venezuela, Argentina o México. Así, Fernando Huerta Turanzas bajó de las montañas donde se encuentra Palacio de Ardisana, en Llanes, Asturias, para embarcarse hacia Veracruz, a saber en qué puerto. Me gusta creer que se embarcó en Gijón porque es la ciudad en la que vivo hace 15 años. Documentos hay pocos de aquel entonces, 1890, poco más o menos, sobre todo porque entre entonces y hoy hubo una terrible guerra civil. La partida de nacimiento de mi abuelo, sin embargo, sí que sobrevivió en la parroquia de su pueblo.

Fernando Huerta Turanzas
Fernando trabajó como trabajan los inmigrantes en todo el mundo: muy duro, mucho, muchas horas de muchos días a la semana. Logró convertirse en Don Fernando y reunir una pequeña fortuna, y decidió entonces casarse con la joven hija de sus vecinos, Sofía Trejo Pineda, de 15 años de edad que, se cuenta, cuando se enteró de que la iban a casar con el bigotudo español de 40 años de edad se puso a llorar y, para que se calmara, le sacaron una silla al corredor del patio y le dieron a leer unos cuentos de Calleja que disfrutaba mucho.

Vivieron bien, se cuenta. Don Fernando había sido tesorero fundador del Centro Asturiano de México (que ahí sigue) y hay fotos de las hijas mayores de la pareja disfrutando la fiesta de la virgen de Covadonga en los terrenos del centro. Tenía una cantina de postín en el centro de la ciudad, "El Gallo de Oro", y un negocio de importaciones de productos españoles.

"El Gallo de Oro", la cantina regenteada por Fernando Huerta Turanzas en Bolívar y Venustiano Carranza, Ciudad de México, en la actualidad. (Google Earth)
Pero al morir súbitamente a los 60 años Don Fernando, los socios, amigos y demás personajes a su alrededor se ocuparon de llevarse hasta la pelusa de las alfombras. Con entre 35 y 40 años, Sofía Trejo, la sorprendida viuda, se encontró con que por no tener no tenía ni en qué caerse muerta y por tener tenía 11 bocas que alimentar, que con su 50% de genética asturiana básicamente eran de buen y mucho comer. No tenía tampoco idea alguna de los negocios de Don Fernando, ni cuánto tenía ni dónde, ni si había cuentas bancarias, guardaditos de monedas de oro, empresas, establecimientos, inversiones en México o en Estados Unidos o cualquier otra cosa que pudiera haber tenido... lo cual facilitó que a la familia la desplumaran con asombrosa eficacia.

Las niñas que estudiaban para "señoras de" en alguna escuela de monjas fueron rápidamente trasladadas a academias donde aprendieron mecanografía, taquigrafía y habilidades similares para los trabajos que antes de la Segunda Guerra Mundial eran los únicos a los que podía aspirar la mayoría de las mujeres. Los cuatro hijos varones se pusieron a trabajar, también. Pero no alcanzaba. Varias eran demasiado pequeñas para trabajar y los tiempos no eran del todo buenos.

Doña Sofía, de luto permanente hasta casi el último día de su vida, se arremangó la blusa y se puso a trabajar. ¿Qué sabía hacer? Tener hijos y atender visitantes. ¿Cuánto sabía de negocios y de la vida real fuera de la confortable casa de su bien situado señor? Nada. Aprendería.

Recuerdo una película de 8mm tomada por mi padre, y la recuerdo vivamente y sorprendido porque es de unas vacaciones en Acapulco cuando yo tendría 3 años y mi abuela nos había acompañado. En la filmación casera aparece con un vestido blanco de grandes flores rojas. La única vez que no la vi de luto, de negro con, cuando mucho, alguna blusa blanca.

Doña Sofía se puso a trabajar. ¿En qué? Los datos son confusos, pero para cuando yo atendía a los clientes de la sedería, llevaba más de 30 años trabajando duro. Tenía los sesentaytantos que se tenían en la década de 1960, es decir, una edad de achaques, cabello blanco, problemas de articulaciones, digestión complicada... nada que ver con sexagenarios como Bruce Springsteen o Mick Jagger o Jane Seymour o casi cualquiera de 60 que usted conozca hoy y que tenga la triple bendición de la medicina moderna, una nutrición más razonable y el rock como motor para seguir navegando.

Doña Sofía no tenía nada de eso. Pero era fuerte. No se le había ocurrido buscarse otro bigotón que se ocupara de su vasta prole porque al final le había gustado el primer bigotón pese a las condiciones de su enlace (comunes en la primera década del siglo XX), ni pensó en entregar a los niños a la caridad pública o monjil, ni plantarse en la calle con cara compungida estirando la mano para depender de la caridad de los peatones. Había que sacar adelante una familia, pues se saca adelante, sin derrumbarse en angustias existenciales propias de filósofo bien alimentado.

Sofía Trejo y los 11 hijos a los que sacó adelante.
Sofía, mi abuela, la sacó adelante. Mucho le habría beneficiado contar con el apoyo de otras muchas mujeres como las que hoy celebran el Día Internacional de la Mujer, saber que estaba poniendo el ejemplo de lo que luego se iba a llamar feminismo, contar con algún sustento ideológico para las noches en que el trabajo terminaba con dolor de pies y un largo camino a casa, pensar que años después habría tenido los derechos que su tiempo y circunstancia le negaron, y de entre los cuales pudo rescatar apenas algunos, ninguno sin pagar el precio.

El día que llegamos a la Luna (sí, todos), varios nietos estábamos en casa de mi abuela. Nos atraía poderosamente, le sobraba cariño, fuerza, comprensión, historias, sonrisas. Tendría más de 70 años. No sé cuántos éramos, pero algunos, ya adolescentes, estábamos sentados en el suelo, en unos cojines de terciopelo brocado rojos de un lado y verdes del otro en los que, cuando niños, habíamos escuchado los cuentos que nos contaba. Mientras esperábamos a que en la borrosa imagen en blanco y negro se viera a Neil Armstrong salir y bajar a la Luna, mi abuela nos contaba desde su silla cuando muy niña, muy niña, vio llegar los primeros automóviles a la Ciudad de México, el miedo que le daban a la gente con sus ruidos, su velocidad y sus humos. Y ahora estaba viendo al hombre llegar a la Luna. Le divertía y le satisfacía.


Doña Sofía era medio de izquierda sin saberlo. Medio rebelde sin haberlo podido expresar en voz alta. Apoyaba todo lo que sonaba a mejoría respecto de lo que había vivido. Y un día a los ochenta y tantos, después de comer, subió a su habitación para dormir una siesta y ya luego ver alguna telenovela, el noticiero, cenar, recibir del trabajo a la hija que vivía con ella (casi todas sus hijas, claro, trabajaron siempre y duro, unas más pobres que otras, pero todas ajustadas al ejemplo de Sofía, arremangándose porque si hay que remar no se piensa en remar, sino que se rema). La siesta se prolongó hasta siempre. Murió en su sueño. Y al menos ésa es una muerte justa y noble para alguien así.

Mi abuela es cada día más sabia. Recuerdo con frecuencia las cosas que decía, los consejos, la visión de una mujer ignorante, bastante zarandeada por la vida, pero que de todo había creado una sabiduría que sobrevive en sus nietos y sus bisnietos.

Doña Sofía no tenía más día para celebrarse que su cumpleaños. Por eso hoy quiero dedicarle este 8 de marzo. Mujer trabajadora madre de mujeres trabajadoras, con nietas trabajadoras y bisnietas trabajadoras que quizá algo aprendieron de lo que ella dejó.

12.12.13

Antes que te vayas, Benedicto

Mi despedida a Benedicto XVI al anunciarse su jubilación. Publicado el 12 de febrero de 2013. Las peticiones se trasladan mutatis mutandi al Papa Paco.
Benedicto, ya que te vas, y te quedan unos días para hacer maletas (no vas muy lejos), hay un par de pendientes a los que quizás les podrías prestar tu atención, si no es mucha molestia.

Ya sabes que San Pablo/Saulo de Tarso odiaba a las mujeres y como que organizó toda la iglesia contra ellas y acusándolas de todo y cosas que hacen suponer que tenía ciertos problemas. Pero eso es el pasado, pelillos a la mar. Hoy, en febrero de 2013, sería un detalle de caballero que le devolvieras su dignidad a las mujeres, aceptando que ni son inferiores, ni llevan al pecado, ni son las culpables de la expulsión del Edén ni tienen la obligación de parir incesantemente hijos pues pueden disfrutar otras satisfacciones.

Puestos en esa tesitura, de un plumazo puedes devolverle también su dignidad a los homosexuales y otros miembros de la comunidad LGBT. Basta que digas "son diferentes, pero no hacen nada malo", y les vas a ahorrar muchos ratos corriendo frente a bandas de ratas neonazis que dicen inspirarse en el Vaticano. ¿Cómo ves?

Y decir que en realidad ni a ti ni a dios les importa un pito si se casan o no, mientras se quieran y se respeten. Suena supercristiano y se supone que tú eres el supercristiano aquí, ¿no?

Si sigo pidiendo, dirás que parece que tengo boquita de fraile, pero son las influencias del Opus Dei en el que milité de modo breve pero intenso. Así que pediría también que te pases por Campo DiFiore, que está a unas 15 calles de donde vives tú y seguro te llevan en la vitrina ésa con ruedas que usas. Allí, te acercas a la estatua de Giordano Bruno y le pides disculpas por quemarlo en la hoguera. La oportunidad sería maravillosa también para pedir perdón, en voz alta, que se oiga, a los varios miles de personas que la Inquisición quemó, desolló, ahorcó, torturó y de otras formas les arrancó su dignidad.

Por pedir, pues una cosilla más, pequeñita, para los pequeñitos, y para los que hoy siendo mayores sufrieron de pequeñitos, ¿qué te parece pedir perdón a todos los niños violados, aterrorizados, depredados y deshumanizados por la bestialidad de tu ejército de célibes que no lo son tanto? Perdón y un juicio justo a los monstruos que les arrancaron la niñez, ¿no sería un regalo agradable para recordarte con cierto cariño o respeto?

Y si vas a descargar tu conciencia, podrías hacer miles de cosas más que se me ocurren, pero te las voy a dejar en dos sentidas peticiones: que denuncies al mundo los crímenes de desprecio a la humanidad de Teresa de Calcuta y que confieses pública y humildemente, que dios no habla contigo y que vas tan a ciegas como todos los demás que quieren encontrar inspiración en fantasías diversas.

O quizá eso último ya es pedirte mucho. Me conformo con los puntos previos.

Buena jubilación, que no te faltará nada, estoy seguro.

M.

La malversación de la arroba

Preguntan qué opino sobre la práctica alternativista pachulí de usar "x" o "@" como sustitutos de las vocales que pueden denotar un género gramatical, por ejemplo, "alumnxs" o "alumn@s" que se pronunciarían "alumnos y alumnas" o "mesxs" y "mes@s" que, por supuesto, serían "mesas y mesos", esto con objeto de promover la equidad de género.
Que es una enorme estupidez que confunde lo superficial con lo profundo y para remate exhibe un desconocimiento total del idioma.

Empiezo por el final: el género gramatical no tiene nada que ver con el sexo ni con los cromosomas X e Y. Yo soy una persona y sería de una estupidez sublime que exigiera que me llamaran "persono" para denotar que soy hombre porque "persona" es epiceno. Como "pantera". No existen las panteras y los panteros. Ni las jirafas y los jirafos. "Compañeros", "alumnos", "políticos", "niños" y "gilipollas" no denotan sólo a los del sexo masculino, sino que denotan a todos y buscarle otra interpretación es perder el tiempo.

El lenguaje es producto de las relaciones sociales. Lo que busca un movimiento como el de la igualdad o equidad de género es un cambio en las relaciones sociales que impida las desigualdades patentes, como la culpabilización de la mujer cuando es víctima de ataques sexuales o el hecho de que en algunos lugares todavía una mujer cobre menos por el mismo trabajo de los hombres, o que las mujeres tengan menos oportunidades escolares que los hombres, o que se espere de ellas que sean máquinas reproductoras y poco más, etc.

Cambiando el lenguaje con presiones policiacas tan del gusto del alternativismo pocoseso no se cambian las relaciones sociales. Pero si primero cambian las relaciones sociales, si se opera una alteración eficaz en lo político, lo económico y lo social por medio de un activismo inteligente y serio, el lenguaje probablemente cambiará como consecuencia de ello. Hoy en cada vez más lugares, por ejemplo, "maricón" es rechazado como insulto o como denigración, y es precisamente donde los homosexuales han avanzado en el reconocimiento de su igualdad de género.

Y otra cosa: en este mundo de computadoras/ordenadores, lo único que hace el rejuego de la x y la arroba es joderle la vida a los ciegos que dependen de programas lectores de texto, que no saben leer "compañerxs" ni "compañer@s". El uso de la "e" no tiene este problema, pero ello no lo hace menos tonto. Acabas teniendo _tres_ géneros gramaticales más falsos que un billete de tres euros. Los abogados, las abogadas y les abogades (que, por cierto, en asturiano es el femenino: "les botelles" significa "las botellas")... y luego otro cocohueco pedirá "lis abogadis" para los más pequeñitos.

Realmente la idea que me deja a mí es que hay mucho pequeñoburgués inquieto con demasiado tiempo libre, demasiado cabreo mal dirigido y demasiada poca información, y que se va a lo episódico porque lo complejo de los problemas reales desborda sus limitadas visiones de brocha gorda. Y el problema de la igualdad de géneros y del trato entre géneros de modo que se consiga finalmente una situación equilibrada, justa, suave, sencilla y no represiva, sin excesos de ningún lado es MUY complejo. Mucho.

11.12.13

Contra el aborto

¿Quieres acabar con el aborto? Reparte anticonceptivos, educa sexualmente, celebra la libertad sexual de la mujer.

Ah, que tampoco...