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26.5.20

Negar las atrocidades nazis

Me han preguntado en varias ocasiones sobre el movimiento neonazi de negación del holocausto y sobre algunos mitos como la famosa lámpara de piel humana o el jabón con grasa humana.
Esta entrada se publicó originalmente el 16 de enero de 2014, y toca ahora, 2020, republicarla con una actualización con algunos datos más que demuestran que los verdugos y criminales nazis, los que personalmente asesinaron o mandaron asesinar a millones de personas, nunca negaron los hechos. Añado, entonces, las declaraciones que en su defensa dio la bestia Franz Strangl, responsable de casi 900.000 muertes o la de Reinhold Hanning. Seguiré sumando testimonios de los propios asesinos rechazando las afirmaciones de los neonazis y su negacionismo. 
El holocausto es el asesinato sistemático de entre 11 y 17 millones de personas: (judíos, gitanos, prisioneros de guerra, homosexuales, discapacitados, civiles de países ocupados, testigos de Jehová y disidentes políticos) no beligerantes perpetrado por los nazis con la intención específica de exterminarlos.

Algunos acusados en el juicio de Nüremberg.
De izq. a der., 1ª fila: Hermann Göring, Rudolf Hesse, Joachim
von Ribbentrop y Wilhelm Keitel. 2ª fila Karl Dönitz,
Erich Raeder, Baldur von Schirach y Fritz Sauckel.
Hay muchísimas evidencias que llenan libros enteros, pero la que a mí me parece absolutamente contundente es que los criminales nazis no negaron los crímenes. Ni los grandes  jerarcas que se estaban jugando la vida en los juicios de Nüremberg, y en más de 20 juicios más antes y después de Nüremberg, ni los testigos, ni los participantes en este genocidio sistemático, ni sus defensores, se atrevieron a afirmar que el crimen fuera inexistente o siquiera exagerado, ya no digamos que intentaran probar tal extremo.

En resumen: los que cometieron el holocausto lo admitieron.

Repito:


LOS QUE COMETIERON EL HOLOCAUSTO
LO ADMITIERON


NINGUNO DE ELLOS

SUGIRIÓ SIQUIERA QUE LOS
DELITOS NO HUBIERAN OCURRIDO

Aceptaron que el programa de exterminio había ocurrido estando frente a las pruebas, incontrovertibles, contundentes, frescas, de modo que su tibia defensa fue que "no se habían enterado de lo que estaba pasando" (palabras de Albert Speer, arquitecto de Hitler; Alfred Rosemberg, ministro de los territorios ocupados usó la misma defensa), o que no era su responsabilidad (Hans Frank, gobernador de la Polonia ocupada, encargado de la segregación y esclavización de los judíos polacos, dijo que todo el exterminio en los campos bajo su responsabilidad en Polonia estaba a cargo de Himmler), o que trataron de evitarlo proponiendo medidas "humanitarias" como la esterilización masiva (Wilhelm Stuckart, participante en la Conferencia Wannsee sobre la "solución final de la cuestión judía"), o bien que no se enteraron sino hasta el discurso de Posen de Himmler en 1943 (August Frank, administrador económico del Reich hasta 1943, argumento que presentó ante el tribunal de Nüremberg el propio Ernst Kaltenbrunner, que era ni más ni menos que el jefe de las fuerzas de seguridad del Reich, lo que incluía a la Gestapo), o que eran impotentes ante la situación pese a ser poderosísimos (Hermann Goering), e incluso que "cualquier código personal de ética debe rendirse al carácter total de la guerra" (Karl Brandt)... y hubo gente como Irma Grese que después de reconocer su papel en la selección de presos para las cámaras de gas, trasladó la responsabilidad a Himmler. Incluso Karl Doenitz, el sucesor de Hitler y quien firmó la rendición ante los aliados, cuando se le preguntó en el tribunal de Nüremberg si sabía de los campos dijo "Sí, nunca lo he negado", y usó trabajadores esclavos de los campos para reparar sus barcos.

Rudolph Höss en el juicio
donde admitió todo lo que
los neonazis pretenden negar.
Son notables los testimonios de quienes estuvieron a cargo de los campos, como Rudolph Höss, comandante de Auschwitz de 1940 a 1943. En su declaración, detalló cómo experimentó con distintos venenos para hacer más eficiente la matanza hasta poder matar a 2.000 personas por hora (lo que era problema era quemarlos, declaró).

En su autobiografía relata que, cuando en el verano de 1941 Hitler le dio la orden de "preparar las instalaciones en Auschwitz donde tendrían lugar las exterminaciones masivas, y que personalmente llevara a cabo las exterminaciones, no tenía la más ligera idea de su escala o de las consecuencias. Ciertamente era una orden extraordinaria y monstruosa. Sin embargo, los motivos detrás del programa de exterminación me parecían correctos".

Para más precisión, el 5 de abril de 1946 declaró "Comandé Auschwitz hasta el 1º de diciembre de 1943, y calculo que al menos 2.500.000 víctimas fueron ejecutadas y exterminadas allí con gases y quemadas, y al menos otro medio millón sucumbió al hambre y las enfermedades, haciendo un total de unos 3.000.000 de muertos". Curiosamente, las cifras de Höss hoy se consideran exageradas, probablemente estaba tan orgulloso de su trabajo que las infló para hacer brillar su imagen como exterminador ante la historia.

Orgulloso estaba también Fritz Klein, médico de Bergen-Belsen, que dijo "Mi juramento hipocrático me dice que extirpe el apéndice gangrenoso del cuerpo humano. Los judíos son el apéndice gangrenoso de la humanidad. Por eso los extirpé". Y está la declaración de Alfred Trzebinski, supervisor de crueles experimentos médicos, de que los niños a los que ejecutó eran "sólo judíos", como si eso hiciera menor la atrocidad.

Adolf Eichmann en su juicio, antes de ser
sentenciado a la horca.
En 1961, cuando el encargado de las deportaciones de judíos, Adolf Eichmann, fue apresado en Argentina y llevado a juicio, declaró explícitamente que no negaba los hechos del holocausto, sino que simplemente había actuado "siguiendo órdenes". En su intervención, respondiendo a su propio abogado durante el juicio, señaló claramente: "El Führer había ordenado la destrucción física de los judíos" y narra cómo vio los asesinatos masivos de los Einsatzgruppen, pero sólo como informante, para luego decir que nunca tuvo nada que ver con las ejecuciones por gas en Auschwitz. Y reconociendo que estuvo en la Conferencia Wansee que definió la forma del exterminio de los judíos europeos, se defendió diciendo que era sólo el secretario que tomaba las minutas.

Admitió también, después de intentar negarlo, que en 1945 dijo: "Saltaré a mi tumba riéndome porque la sensación de que tengo cinco millones de seres humanos en mi consciencia es para mí una fuente de extraordinaria satisfacción". Y más adelante, ya condenado a muerte, en correspondencia privada lamentó que no hubieran cumplido la misión de matar a 10,3 millones de judíos, el número total que había en la Europa ocupada.

El segundo en comando de Eichmann, Dieter Wisliceny, dio una detallada y escalofriante declaración sobre el desarrollo de los acontecimientos referidos al exterminio. Sobre la orden de Hitler de emprender la "Solución final al problema judío", documentada en una orden de Himmler de abril de 1942, Wisliceny dice: "Me impresionó mucho este documento que le daba a Eichmann autoridad para matar a millones de personas".Wisliceny documentó en su declaración de 1946 la afirmación de Eichmann sobre su orgullo por haber asesinado a cinco millones de judíos.

Lo mismo que ocurrió con Eichmann pasó en otros juicios puntuales como el de 1996 de Erich Priebke, quien aceptó sus crímenes como capitán de las SS en Roma responsable de deportaciones y asesinatos, pero rehuyó la responsabilidad diciendo también que "seguía órdenes", y apenas en 2012 con el nazi húngaro Laszlo Csatary, responsable de la deportación de más de 15.000 judíos a Auschwitz ocurrió lo mismo: su defensa no fue "eso no pasó", sino "yo seguía órdenes".

Gitta Sereny entrevistando a Strangl
En 1970 Franz Strangl fue condenado a prisión perpetua por sus crímenes. Su carrera comenzó en 1940 en el "Programa de eutanasia Aktion T4" asesinando a miles de discapacitados y personas con problemas congénitos con pretextos eugenésicos. En 1942 fue nombrado comandante del campo de exterminio de Sobibor en Polonia y ese mismo año pasó a ser comandante de Treblinka donde fue responsable de la muerte de 870.000 judíos. Escapó a Brasil donde fue descubierto y llevado a juicio en Alemania.

Strangl fue largamente entrevistado por la periodista británica Gitta Sereny que la publicó en el libro Into That Darkness (Desde aquella oscuridad). En ningún momento Strangl niega el genocidio, el exterminio, su defensa se limita a decir que tardó "meses" en acostumbrarse a los asesinatos y que para soportarlo bebía brandy, hasta que pudo ver a sus víctimas no como humanos ni como individuos, sino como reses en el matadero, como "cargamento". En el juicio diría que él no enviaba a las víctimas a la cámara de gases, sino que sólo seguía órdenes. "Era el sistema y funcionaba", le dijo a Sereny. Nunca sugirió siquiera que no hubiera habido un holocausto.

Capturas de la entrevista de
Lanzmann con Suchomel.
Un caso similar, de un criminal de guerra que cumplió su condena y habló después, cuando podía haberse acogido a la fábula negacionistas de los neonazis, fue el de Franz Suchomel, que participó tanto en el programa de eutanasia Action T4 como en el exterminio judío en los campos de Treblinka y Sobibor y después en las ejecuciones masivas de los Einsatzgruppen en la zona del Adriático. En Treblinka precisamente fue subordinado de Franz Strangl.

Condenado en el "Juicio de Treblinka" de 1965 emprendido por el propio gobierno alemán después de investigar los hechos, Suchomel fue condenado a cinco años en la cárcel. En ninguna de sus declaraciones negó las atrocidades, aunque se presentó como alguien que nunca participó en ellas más que como espectador.

El 27 de abril de 1976, el cineasta francés Claude Lanzmann entrevistó a Suchomel, grabándolo sin que éste lo supiera, en un hotel en el pueblo natal de Hitler. No negó ninguno de los hechos del holocausto, de las atrocidades nazis. Cuando Lanzmann le preguntó cómo era posible que se "procesara" (matara y quemara) a 18.000 personas al día en Treblinka, él aseguró que esa cifra era "una exageración", que el número real era "entre 12.000 y 15.000, pero teníamos que trabajar media noche para conseguirlo".  Murió en 1979 sin cambiar sus declaraciones.

Reinhold Hanning, en las SS en 1942 y
durante su jucio en 2016.
En 2016, dos años después de la publicación original de esta entrada, Reinhold Hanning, guardia de las SS en Auschwitz de 1942 a 1944 fue enjuiciado en Alemania como cómplice en la muerte de 170.000 personas en el campo. Pese al movimiento neonazi que niega los hechos, Hanning dijo que seguía órdenes y que era culpable de "ver una injusticia no haber hecho nada". En sus propias palabras: "Hubo gente a la que se disparó, se gaseó y se quemó. Pude ver cómo los cuerpos se llevaban de un lado a otro o se sacaban. Podía oler los cuerpos quemándose".

Insistamos: 2016.

Tenemos el testimonio de los victimarios, el testimonio de las víctimas (los sobrevivientes, algunos destacados como Primo Levi o Elie Wiesel, pero sobre todo de miles más), el testimonio de los soldados que liberaron los campos, las cámaras de gases, las facturas de Bayer por el gas Zyklon B, las facturas y diseños de los hornos crematorios industriales de Topf e Hijos para quemar miles de cuerpos al día, la desaparición de millones de judíos y gitanos de Europa, la actitud declarada del nazismo hacia quienes consideraban "inferiores"... datos para aburrir. Datos contundentes. De hecho, el genocidio nazi es uno de los crímenes mejor documentados de la historia, en parte por la minuciosidad burocrática de los nazis, que registraron en documentos cuidadosamente quién entró a los campos, quién fue destinado a morir como trabajador esclavo y quién era exterminado de inmediato, sus pertenencias, etc.

Crematorio II de Auschwitz, diseñado, como los de Gusen, Buchenwald, Belzec, Dachau y
Mauthausen por la empresa Topf e Hijos. El diseñador de los hornos, Kurt Prüfer reconoció
saber desde 1943 que en estos hornos se quemaban cuerpos de inocentes liquidados
en las cámaras de gas adjuntas. El dueño de la empresa, Ludwig Topf, se suicidó en 1945.
Junto a esa multitud de datos, fotos, relatos, confesiones, documentos, etc., está un grupo marginal de neonazis que desde la década de 1960 dicen "eso no ocurrió". Es tan descabellado como decir que no ocurrió la conquista de las Galias por parte de César (de hecho, probablemente hay más pruebas del holocausto que de la conquista de las Galias tal como la contó César). Desde entonces se aprovechan de la ignorancia que mucha gente tiene respecto de la historia, de la distancia en el tiempo que erosiona el recuerdo y hace más increíbles las monstruosas atrocidades cometidas, de la sobresimplificación de los hechos y del victimismo, más una buena dosis de conspiranoia. Un buen ejemplo de negacionista es Ernst Zundel, abiertamente nazi, que también difundió la idea de que los ovnis vienen del centro de la tierra, porque nuestro planeta es hueco y a él huyeron los nazis con sus ovnis. El nivel de credibilidad es el mismo.

Los mitos convenientes

Sobre lo contado respecto del holocausto... el problema es que la realidad (ya de por sí atroz) ha sido mitificada por medios sensacionalistas, pero eso no significa que la historia, como disciplina, consigne esos mitos. Dos ejemplos: las lámparas de piel humana y el jabón hecho con grasa humana.

¿Hubo lámparas con piel humana? No hay pruebas de ello así que no se puede afirmar. Ningún historiador lo afirma, sólo aparece en el imaginario popular y en el periodismo malo.

La historia de las lámparas se contó alrededor de la brutal Ilse Koch, esposa de Karl-Otto Koch, comandante del campo de Buchenwald hasta 1943, de la que se decía que gustaba de guardar "recuerdos humanos", especialmente trozos de piel humana con tatuajes y hubo una leyenda de que con tales pieles se hizo la pantalla de una lámpara.

Existen en el National Museum of Health and Medicine (NMHM) y los National Archives (NA), órganos humanos preservados y 6 trozos de piel humana curtida con tatuajes que se encontraron en Buchenwald. Se tienen testimonios de que el propio Karl-Otto Koch ordenó a los guardias del campo que suspendieran su práctica de regalarse "souvenirs" humanos, como serían trozos de piel y cabezas reducidas.

Pero nunca se ha encontrado una pantalla de lámpara hecha de piel humana y no hubo pruebas de que en poder de Ilse Koch (detenida cuando ya no era oficial a cargo del campo) hubiera ni lámparas ni piel ni recuerdos humanos. Pero esa acusación no formó parte de los cargos contra Ilse Koch, a quien se acusó primero de participar en un plan criminal para realizar los asesinatos de Buchenwald. La lámpara vendría a ser un mito sobre las bases reales de souvenirs siniestros entre los guardias del campo.

Otro mito es el jabón con grasa humana. Hay datos de que, bajo las órdenes de Rudolph Spanner en Danzig, en los últimos meses de la guerra se experimentó con grasa humana de las preparaciones anatómicas para hacer jabón con el cual limpiar algunas cosas en el instituto anatómico, y hay testimonios prestados ante el Tribunal de Nüremberg por el ayudante Zygmunt Mazur, que entregó su "receta", y por prisioneros de guerra británicos. Pero los cuerpos para esos experimentos pudieron provenir no de campos de exterminio, sino de hospitales y otras fuentes, y jamás se hizo a escala industrial, como así lo han documentado incluso sobrevivientes del holocausto. De hecho buena parte del mito de que los alemanes hacían jabón con sus víctimas fue un arma de propaganda francesa lanzada ya en la Primera Guerra Mundial. Nadie fue nunca acusado de hacer jabón con grasa humana.

O sea, en cuanto a pruebas: lámparas no, conservación de piel tatuada y otros fragmentos humanos como "recuerdo" sí; jabón sí, pero no a nivel industrial, sólo en experimentos al final de la guerra.

Los negacionistas del holocausto mencionan que estas historias son mentira, ocultando que no fueron parte de las acusaciones en Nüremberg ni son sostenidas por historiadores legítimos, sólo en la prensa sensacionalista. Suponen que, al rebatir lo que dice la prensa sensacionalista, están probando que los nazis eran buenos muchachos. Y fingiendo que el exterminio en campos fue la única barbaridad de la guerra de agresión nazi de 1939-1945.

Las otras muchísimas atrocidades genocidas (no olvidemos los experimentos delirantes de gente como Mengele, Rascher, Eppinger y muchos otros), la deportación y exterminio intencional e industrializado de millones de personas con una red ferroviaria gigantesca diseñada específicamente para llevarlas a su aniquilación, más el trabajo esclavo hasta la muerte, las ejecuciones masivas fuera de los campos contra poblaciones y grupos humanos cometidas por los escuadrones de la muerte llamados Einsatzgruppen (que en una sola masacre de dos días ejecutaron a tiros a más de 33 mil personas en Kiev en 1941)... todo lo que se conoce como "holocausto", pues, no está en duda.

Salvo para el tipo de personas dispuestas a creer que la tierra está hueca, que Hitler sobrevive en su interior con sus altos mandos y nos visita con sus ovnis saliendo por un agujero en el polo sur.

3.12.15

Querido José Saramago: máquinas en Marte y asesinatos


Querido José: es un mundo normal, un mundo en el que nadie manda y controla como quieren creer los conspiranoicos, donde la gente buena hace cosas buenas, la gente mala hace cosas malas y los problemas difíciles son difíciles de solucionar.

Te explico, José, querido, por el cariño que te tengo desde dos o tres de tus libros (no todos, a veces eras una fábrica de ladrillos). Mandar máquinas a Marte es relativamente fácil. Hay una serie de problemas bien conocidos, de matemáticas, física, materiales y recursos. Con una cantidad minúscula de dinero (2500 millones de dólares en el caso del Curiosity) gastada una sola vez y con la inteligencia de muchos hombres y mujeres nobles y decididos unida para resolver esos problemas (insisto, difíciles pero bien delimitados) puedes alcanzar el éxito.

Pero cuando hablas de "detener el asesinato de un ser humano" estás hablando de un problema infinitamente más complicado, lleno de variables ocultas, de subjetividades, de interacciones que no están sujetas a leyes relativamente simples (como las de la gravitación o la relatividad). Es más, no sabemos todavía, ni parecemos estar cerca de, desentrañar todas esas variables e interacciones y expresarlas en ecuaciones matemáticas con la certeza con la que sabemos que E=mc2.

En el mundo se calcula que hay entre 1200 y 1300 asesinatos cada día. Estas tragedias son el resultado de la interacción de 7000 millones de seres humanos en un marco de lo más variable en cuanto a educación, riqueza, creencias, geografía, patologías, clima, costumbres y visiones, de correlaciones de fuerza y de motivaciones. Alguno matará a su pareja porque cree que le pertenece, y sus vecinos dirán que parecía normal y siempre saludaba. Otro matará porque es su profesión y se lo ha ordenado el tirano que le paga el salario. Otro lo hará para robar porque es pobre, porque es delincuente profesional o por ineptitud. Alguno lo hará por ser un psicópata incapaz de empatizar con los seres humanos a su alrededor. Uno más lo hará por abuso de autoridad. Algunos sin duda estarán movidos por el miedo y la legítima defensa. No pocos lo harán porque consideran que su dios se los manda y están haciendo justicia cuando asesinan, decapitan, ahorcan, crucifican y torturan a sus víctimas. Y algunos pensarán que es la mejor acción política para tomar el poder e instaurar el paraíso por decreto. Faltan muchísimos contextos de "un asesinato" que conforman el líquido triángulo "motivo, medio y oportunidad" de los viejos criminólogos.

Alguien tan listo como tú, pese a tu recurso ocasional al simplismo, podrá ver rápidamente que los dos hechos que quieres comparar son incomparables en prácticamente todo salvo en que ambos son muy deseables: mandar máquinas a Marte (y mucho más allá) y evitar asesinatos.

Pero así como estás alerta a la llegada de máquinas a Marte, motivo de enorme júbilo para todos, porque crece nuestro conocimiento, crece nuestro asombro, crece nuestra capacidad de soñar y crece nuestra capacidad de entender el universo, que no es poca cosa, siento que has pasado por alto los muchos asesinatos que hemos detenido gracias a la razón y el pensamiento ilustrado.

Hasta hace no muchos años, los estados asesinaban como parte de su trabajo de gobierno. La lucha contra la pena de muerte ha tenido bastante éxito en las culturas de la Ilustración, aunque quede camino por andar. Se han creado leyes cada vez más claras y una situación económica tal que se han abatido las tasas de asesinato.

Hasta hace no muchos años, cuando el poderoso mataba al débil, su impunidad estaba garantizada. La violencia era considerada un recurso legítimo. En el 1200, la tasa anual de homicidios en Europa Occidental era de 100 por cada 100 000 habitantes. Hoy es de 1. Quiere decir eso que, pese a la complejidad del problema, hemos aprendido a evitar 99 asesinatos por cada 100 000 habitantes. Redondeando la población europea a 400 millones, hoy evitamos 396 000 asesinatos al año sólo en Europa occidental.

El gasto total en legislación, policía, servicios médicos de urgencia, educación, concienciación social, cambios políticos y estudios sociológicos y psicológicos que han favorecido este extraordinario cambio es incalculable, pero 2 500 millones de dólares es una bicoca para esa hazaña colectiva, sobre todo porque en vez de ser gastos por una sola vez, son gastos que todos tenemos que hacer todo el tiempo, a nivel nacional, regional y municipal.

Los 4000 asesinatos que aún se cometen en Europa (un poco menos, en realidad) siguen siendo un problema y nadie querría minimizarlos, pero también es injusto presentar una afirmación que parecería dar a entender que como especie nos hemos ocupado más por poner máquinas en Marte (hemos puesto realmente sólo unas 14) que por evitar la muerte de nuestros conespecíficos (hemos evitado millones). Esa impresión sería una horrible injusticia hacia una especie que ha luchado por progresar social, económica y moralmente. Hacemos mucho por evitar asesinatos, y lo hacemos con más éxito que en toda la historia humana, desde Hammurabi. Lo mucho, muchísimo que falte por andar, y lo desgarrador que personalmente nos resulten esas carencias - hambre, muerte, dolor, esclavitud, violación, tortura, injusticia - no son pretexto para unirse a la manada del autoodio, la misantropía y el desprecio por la humanidad, o por algún sector de la misma como el de los científicos.

Un gusto, José, y reitero mi tristeza por no haberte podido conocer cuando organizábamos aquel festival en México, proyecto que se truncó, como le dijiste por teléfono a Marcela, "porque hoy me han dado el Nobel de literatura".

Saludos,
Mauricio

(Este cartelito lo hace circular "hartos.org", uno de los membretes que desde 2011 organizan y capitalizan la crisis desde la oscuridad, con líderes que se ocultan eficazmente hasta que es hora de presentarse a las elecciones bajo tal o cual marca electoral... para luego exigir "transparencia" a todos los demás. Como suele ocurrir con estas organizaciones, su opacidad es sólo comparable a su negativa a asumir la complejidad de los problemas y su promoción propagandística del simplismo y el "esto no se arregla porque son malvados y no quieren". Y así nos va.)

5.12.14

Teoría y práctica

Imagen de Discostu vía
Wikimedia Commons.
Lo que está pasando (y previsiblemente seguirá pasando) con los jefes de Podemos parece claramente representativo del divorcio entre el aula y la realidad que afecta a la universidad española y al país en general. Han creado un proyecto sobre bases teóricamente sólidas que en la práctica no está saliendo según lo planeado.

Durante muchos años, aunque ahora se presenten como si hubieran surgido por generación espontánea en enero de 2014, el grupo central de Podemos (Iglesias, Monedero, Errejón, la eminencia gris Luis Alegre y Carolina Bescansa) ha estado planeando, y de forma abierta, no a modo de conspiración, la toma del poder en España, como corresponde a todo partido político. En su caso buscando ser alternativa a la extrema izquierda perdedora habitual, ejemplificada ante todo por IU pero que incluye a varias docenas de otros partidos de diversos sabores marxistas y que ha demostrado contundentemente que tiene un techo electoral que no supera a los 2 millones de españoles.

La airada reaccción de esta izquierda siempre ha sido culpar a otros de su incapacidad de ganar el favor del electorado: el sistema D'Hondt, "el bipartidismo" (del que culpan a los partidos mayoritarios sin darse cuenta de que a quien están condenando es a los 20 millones de electores que lo eligen), un complot del capitalismo malvado o, directamente, la falta de conciencia política de las mayorías manipuladas por los medios de comunicación del sistema. Convencidos de que tienen la razón en sus análisis, diagnósticos y planteamientos de soluciones, el error tiene que estar fuera, los que se equivocan son los que votan, las elecciones están amañadas. Lo que sea menos "mis ideas no son compartidas por esa enorme masa de trabajadores, obreros, asalariados, amas de casa, lúmpenes y desempleados de quienes soy el mesías elegido".

La semilla de Podemos está allí, basta ver las numerosísimas intervenciones de varios de sus integrantes, pero fundamentalmente de Pablo Iglesias, en espacios "protegidos", es decir, con los suyos, principalmente ante públicos de Izquierda Anticapitalista. Una y otra vez les explica a los enjundiosos cuanto marginales militantes de ese partido que es guay lo de tirar cócteles molotov y darse de leches con la policía, presumiendo incluso que en su ingenua juventud se calificaba el compromiso de sus compañeros por cuántas veces se quedaban atrás pateando policías o recibiendo porrazos y bolas de goma... pero que eso, siendo legítimo, no los va a llevar al poder. Es cuando también dice, multicitadamente, que pide perdón por no golpear a los fachas con los que debate en la televisión de la derecha, explicando que ésa no es la estrategia adecuada para su objetivo: la toma del poder.

Así se fue construyendo el discurso de La Tuerka y del programa de la televisión oficial iraní Fort Apache y de la participación de estos personajes en los medios, basada en los estudios de actuación que cursó Pablo Iglesias: crear una estrategia de márketing que cambiara la imagen del viejo comunista furibundo por la de un joven razonable, amable pero firme, enérgico y serio, con su doctorado grabado a fuego en la frente para que todo mundo lo tenga presente, y con una pureza moral que permita todo tipo de imprecisiones ideológicas al lanzarse contra un enemigo multiusos construido para el discurso sin una definición precisa ("la casta") al que se puede culpar absolutamente de todo.

La república de Platón y El príncipe de Maquiavelo se encuentran con la teoría publicitaria y de márketing en el proyecto de Podemos y su alter ego, el Partido X. No afirman defender las ideas de la izquierda, no mencionan la lucha de clases, se presentan como un dechado de bondades que traerá la felicidad y la prosperidad sin dolor alguno. Como los detergentes hacen "un blanco más blanco", los refrescos nos dan "paz y solidaridad humana" y los automóviles nos vuelven jóvenes, guapos, rubios y 20 centímetros más altos. Todo su discurso está cuidadosamente dosificado para no verse, Iglesias dixit "como unos rojeras", y cambia estridentemente conforme cambia el público.

Como gente que vive en los bien definidos terrenos de la teoría, convencidos de que la aplicación de su marco teórico es la solución a todos los problemas de lo divino y de lo humano, y a quienes les aplauden por su capacidad teórica, les dan becas, les conceden cátedras y les publican libros donde arreglan el mundo desde el papel bond, para el grupo propietario de Podemos resulta sencillo asumir la teoría de la comunicación publicitaria como añadido a sus ideas políticas. Mire usted: si los medios manipulan para vender cualquier producto cuyas características no son nada claras para el público (¿quién sabe cómo limpian los detergentes y qué es un surfactante?), es lógico y razonable, y posible, usar a los medios para vender nuestro producto sin que se note mucho cuáles son sus características esenciales, de hecho dándonos el lujo de afirmar que nosotros pues sí, mire usted, somos de izquierdas, pero el partido que encabezamos no, resulta que somos ideológicamente incoherentes y defendemos como organización política cosas en las que no creemos individualmente, pero nuestra hipocresía no es un defecto, es una característica innovadora del producto.

La mercadotecnia nos lleva al poder y ya en el poder aplicamos las políticas en las que realmente creemos, y como son tan buenas en la teoría, la gente nos perdonará y de hecho nos dará las gracias por haberles abierto los ojos. Los profes de la universidad educando a todo un país, a toda una sociedad que hará un acto de contrición al darse cuenta de que podía haber conseguido la perfección de la utopía de Moro con sólo poner al frente a quien aplicara a rajatabla nuestras convicciones.

Pero , como decíamos al principio, el divorcio de la teoría con la práctica que mantiene ese mundo paralelo, esa dimensión de los académicos detrás del espejo en la universidad española, ha olvidado varias cosas.

Principalmente ha olvidado que si reclamas una sola característica esencial de tu producto, ésa es la que no puede fallar. Si tú te vendes como la opción a la horrible inmoralidad que denuncias incesantemente, no puedes cometer actos que parezcan siquiera inmorales. Si tú te vendes como la opción democrática (en tu entorno nació la consigna "le llaman democracia y no lo es", que no será precisa, pero cantada tiene gran fuerza) no puedes hacer chanchullos en las elecciones internas de tu partido. Si tú te vendes como la transparencia y la apertura, no puedes esconderte bajo la cama cuando caen relámpagos a tu alrededor.

Podemos no sabía, porque no lo vieron en la teoría, que no hay campaña publicitaria que pueda salvar a un producto malo. En la vida real, la manipulación de los medios imaginada por quienes viven en la academia no es tan perfecta ni tan absoluta. Han fracasado estrepitosamente productos lanzados con todo el dinero del mundo en sus campañas (como la "New Coke" que significó casi el desastre final para la Coca-Cola, a la que imaginan como una empresa todopoderosa a la que envidian e imitan). Las empresas que parecen dominar el mundo con su poder económico caen cuando sus productos quedan por debajo de las expectativas que crearon. Es decir, la realidad es más dinámica, más compleja y más imprecisa que la teoría. ¿Recuerda usted a Nokia? Fue la empresa dominante de los teléfonos móviles durante una década, poderosa, acaudalada, pero la anularon casi totalmente otras más innovadoras. ¿Y Atari? Pioneros de la informática que dominaban el mercado de modo agobiante. Sí, la publicidad puede hacer muchas cosas y cambiar percepciones y vender productos absurdos... pero tiene límites que no se conciben en el mundo conspiranoico según el cual el fracaso de la extrema izquierda se debe sobre todo a esos medios que manejan a los pobres ciudadanos como marionetas sin ningún espacio de decisión libre.

En la realidad, la gente puede decepcionarse de que los vendedores de moral tengan errores de bulto. Que sean de poca monta económica es anecdótico, y tratar de minimizarlos comparándolos con los grandes actos de corrupción no puede dejar de verse como un acto de cobardía. "No robarás, salvo poco dinero" no parece un imperativo moral, sino una coartada. La gente puede decepcionarse de los bandazos en las propuestas económicas, desfiguradas radicalmente para conseguir más clientes, a costa de que la base de clientes que ya tienen sienta traicionada su lealtad.

En la realidad, la política y el control de los electores que no están comprometidos con una ideología no es tan fácil. Predicarle al coro y ser el renovador en el mitin del partido afín es sencillo y muy gratificante, pero deja de funcionar cuando tienes un sector crítico al que no puedes hacer callar. Y, para remate, cuando el arco reflejo de los líderes de Podemos es clamar, como cuando perdían elecciones, que todo es producto de un complot, que los medios de comunicación están manipulando al público, que la gente es tonta, que la culpa es de otros y que los electores están equivocados al reclamarles sus actos, pueden estar socavando las bases que construyeron con su campaña previa. Reaccionar igual que lo peor de la política que pretenden sustituir no es precisamente algo que evoque confianza entre los electores, por más que aplauda el núcleo duro que les aplaudirá lo que sea, los incondicionales. La izquierda extrema, marxista ya sea electoralista o armada, ha vivido de los incondicionales, que han alimentado su creencia de que son lo mejor que le puede pasar a un pueblo aunque el pueblo no lo sepa. Con ese núcleo duro de incondicionales pueden volver fácilmente al techo de dos millones de votos, pero difícilmente van a lograr el birlibirloque ideológico que se han propuesto.

"En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica. En la práctica, sí la hay" es una frase que se le ha atribuido a muchos autores. En este caso parece aplicarse con toda precisión.

5.7.14

Historias de ceguera voluntaria

Mítica fotografía de Josef Koudelka "Tropas invasoras del Pacto de Varsovia frente
a la sede de la radio" Tomada en agosto de 1968, cuando los tanques soviéticos
pusieron fin al experimento de un socialismo democrático, libertario y
popular en Checoslovaquia conocido como "La primavera de Praga" (¿alguien
pensó que la "primavera árabe" era un nombre original?). La foto señala,
en el reloj del fotógrafo, el momento de la llegada de los invasores al centro de Praga.
Una de las cosas que tiene el haber acumulado muchos años es gozar de la ventaja de la memoria. Cuando escucho hoy la defensa que muchos militantes de cierta izquierda hacen de toda buena fe de gobiernos como el venezolano, del Partido Podemos o del caudillo de la semana, la memoria pide la palabra.

Primero que nada: los entiendo perfectamente; su entusiasmo, su disposición casi suplicante de ser seducidos por una retórica luminosa que prometa libertad, justicia, bienestar para los oprimidos, escuelas, hospitales, seguridad... el paraíso sin dolor. Escuchan por primera vez hablar de lo que les apasiona y por tanto elevan a quien habla a la calidad de líder más necesario que el agua. Y, por tanto, a cualquiera que ponga en duda al líder o a alguna de sus consignas se convierte en el enemigo.

Hace muchos años, con la misma buena fe, otros que soñaban también con un mundo mejor, se indignaban exactamente igual ante críticas a los regímenes que creían (ingenua, ingenuísimamente) que defendían lo mismo que ellos. La invasión a Checoslovaquia de 1968 era aplaudible. Los gulags eran un invento del imperialismo. Los campos de la muerte de los Khmeres Rojos de Pol Pot eran propaganda de los medios occidentales vendidos. Ceaucescu o Jaruzelski o Enver Hoxa eran víctimas de la desinformación de occidente. La genocida Revolución Cultural china, la genocida colectivización forzada del campo soviético, el Gran Hermano personificado en los CDR cubanos, las barbaridades megalomaniacas de Kim Il-sung (y luego de su hijo Kim Jong-il, como hoy de su nieto Kim Jong-un, socialismo monárquico), todo, absolutamente todo se reducía a "el miedo que el imperialismo tiene a los pueblos en marcha hacia su liberación" y otras frases de elevado impacto y relación escasa con la realidad.

Pero eran hechos dolorosamente reales, los aprovechara o no la propaganda de una guerra fría en la que todos sabíamos, hasta 1990, que cada día podía ser el último, el del holocausto nuclear decisivo.

Al paso de los años, uno, joven de izquierda convirtiéndose en hombre de izquierda, empezaba a dudar de que todos los que levantaban la voz de alarma sobre los horrores en el paraíso presuntamente comunista estuvieran mintiendo, que "el enemigo" tuviera la capacidad exquisita y absoluta de controlar cuanto decían tantos. Y se preguntaba si realmente así era el paraíso de los trabajadores, el cielo por asalto, el arranque del futuro venturoso de las masas, el summum del gobierno de las mayorías desposeídas sobre las minorías poderosas.

No había en esa izquierda, de tan buena fe, insisto,  ni el intento por demostrar que los hechos no lo eran, que los datos eran imprecisos, que la información no representaba la vida cotidiana de tantos. La razón tenía prohibida la entrada. El silogismo era sencillo: "La derecha odia a la izquierda, tú criticas a la izquierda y le das armas a la derecha, ergo tú eres de derecha, su representante o siervo". ¿Que es un razonamiento lamentable? Sí, pero intentar explicarlo en asamblea era garantía para recibir desprecio, invitaciones al silencio o la ocasional paliza de los guardianes de las esencias.

Pero estaban las personas de esas mismas sociedades míticas, los ciudadanos, los libertarios de izquierda, garantistas y progresistas, defensores de los derechos de todos, periodistas honrados, trabajadores indignados, que se arriesgaban a ser denunciados como siervos del enemigo por atreverse a decir que allá se sufría y, con frecuencia, para vergüenza de todos, se sufría más que en las sociedades en las que vivíamos, tan patentemente injustas y tan claramente sufrientes. Que con demasiada frecuencia había menos libertad de la que teníamos en los países donde luchábamos por más libertades. Resultaba, asombrosamente, que era peor para la mayoría, vivir en los países donde, decían, gobernaban los "nuestros" que en algunos de los países donde el poder lo detentaba el adversario ideológico...  ¿Era eso una vindicación de la derecha, una demostración de que los sistemas injustos son mejores? ¿O era, simplemente, una condena brutal a la simulación que se cometía en nombre de ideales que se traicionaban?

Con toda buena fe, los estudiantes chinos del Movimiento por la democracia del 89 levantaron
la imagen de la diosa de la democracia en Tiananmen. Pocos días después el movimiento
era sofocado cuando el Ejército de Liberación del Pueblo chino abrió fuego contra
los manifestantes acampados, dejando entre 150 y 2500 muertos.
La burda estatua de escayola fue demolida.
Uno conoció los hechos. Le dio la mano a Fidel Castro no de buen grado, conoció a las personas comunes que no eran agentes pagados de la derecha, enfrentó el hecho de que la realidad no se parecía al sueño. La caída de la Unión Soviética hizo imposible negar las atrocidades, las masacres, la tiranía, la aristocracia depredadora, el desprecio al pueblo, la represión, el miedo, el esquema donde el Partido era el patrón, el explotador sin contrapeso alguno. Los ciegos voluntarios bajaron la cabeza y miraron para otro lado sin pedir disculpas por un encubrimiento que en vez de servir a los mejores ideales los había malversado en perjuicio de las mayorías. De las mayorías.

Nada de eso hacía mejores las injusticias de este lado. No justificaba la pobreza, la inequidad, la ley para el que puede pagarla, las libertades escasas, el hambre, las escuelas pocas y malas, las medicinas inalcanzables... Precisamente por eso, condenar los crímenes cometidos en nombre de la izquierda no era ser enemigo de la izquierda. Al contrario, esa condena era una obligación moral para defender los mejores ideales de la izquierda.

Mientras en nuestro "aquí" se buscaban mejores condiciones de trabajo, medios de comunicación independientes, un sistema legal fiable y justo, una educación científica, crítica y cuestionadora; la libertad de ser, estar y pensar; el derecho a disentir sin temer al represor, el fin de los torturadores... en el mítico "allá" era imposible siquiera luchar por los mismos ideales.

El esquema se repite hoy con algunos gobiernos presuntamente (muy presuntamente) de izquierda. Gobiernos que reeditan el caudillismo más lamentable y la demagogia más cansina, pero consiguiendo que algunos, especialmente fuera de América Latina, crean que es su peculiar "ahora sí", al que creen tener derecho por sólo ser, y por tanto rechacen en arco reflejo la denuncia de los errores, esa denuncia que debería ser una de las más altas misiones de la izquierda.

Pero hoy como hace 30 años, quien denuncia es sometido al mismo tratamiento por los ciegos voluntarios, los apasionados sin mayores matices ni reflexiones, y para los que el disidente, el crítico, el cuestionador, no puede ser honesto, es impensable, es imposible... quien no esté de acuerdo con "nosotros" debe ser considerado enemigo del pueblo, golpista, fascista, guarimbero, contrarrrevolucionario, imperialista, neoliberal... y punto.

En España, cercanos amigos y beneficiarios de esos gobiernos y de la teocracia iraní misógina, homófoba y con proyectos genocidas son objeto de la misma defensa irreflexiva. Son unos pocos que pretenden ocupar todo el espacio del debate político. Si San Cipriano estableció la preeminencia de la iglesia diciendo "extra Ecclesiam nulla salus", "fuera de la iglesia no hay salvación", ellos vienen a informar "la izquierda soy yo y fuera de mis membretes no hay izquierda, sólo presas legítimas de todo odio y desprecio". Y sus seguidores, entusiastas, de innegable e indudable buena fe, de nobleza sin sombra de duda, se ponen entre el astuto caudillo y la crítica, esperando así merecer la solución mágica a sus problemas, que el caudillo haga realidad la spanishrevolution que ese mismo caudillo y su entorno les prometieron primero haciéndoles creer que eran protagonistas para luego reducirlos a seguidores.

Seguidores que de nuevo eligen la ceguera, temerosos de que la crítica y la autocrítica "le den armas al enemigo", dispuestos a aceptar un acuerdo de mínimos morales que establezca lo bueno y lo malo de manera clarísima y tranquilizadora, donde lo bueno es, claro, el caudillo y su entourage, y lo malo es todo lo demás. Pensar, nada.

Y la memoria cuenta que en un futuro vendrán a enterarse de que el enemigo estaba dentro, no fuera, y que la única forma de vencerlo es, precisamente, la crítica abierta y plural, no el culto súbito a la personalidad cuyo único legado son ridículas estatuas de tantos tiranos que también inauguraron la escalera al cielo... que no fue a ninguna parte.

Cuestionar es un deber moral. La ceguera voluntaria no es un lujo que debiéramos permitirnos. Como sociedad. Como individuos. Como personas dignas.

Yo creo.

11.5.14

La masonería, ¡qué miedo!... o no

¿Qué opina de la masonería? ¿Cree que hay algo de verdad en las teorías conspiratorias de la historia sobre ella o son simple mito?

El "Gran Arquitecto del Universo", la imagen
de la deidad que desarrolló la masonería en
sustitución de la deidad cristiana.
La masonería fue una buena idea en el siglo XVII-XIX, hoy es un anacronismo curioso pero poco relevante porque hoy en día no es necesario esconderse en un sótano y tener un santo y seña para un grupo que discuta cualquier cosa, desde la revolución comunista estilo Mao hasta la reconstrucción del Tercer Reich, la necesidad de igualdad de oportunidades y derechos para la mujer o la exigencia de sumisión de la mujer... hoy se puede hablar de política, atacar al rey, al cardenal y al presidente, sugerir opciones de organización social, política y económica, hacer el orgullo gay e incluso promover la homofobia al estilo Intereconomía. Es decir, el pensamiento ilustrado nos dio la libertad de expresión de las ideas.

En las sociedades donde hay libre expresión de las ideas, una sociedad secreta para hablar libremente es un poco idiota. Y de hecho conozco a algunos masones a los que esto les duele mucho, por cierto. Cualquier mutualidad, fraternidad, hermandad, sindicato, organización gremial o colegio, por otra parte, cumple hoy además la otra función que tuvo la masonería: la de ayudar a sus miembros cuando se metían en líos principalmente por motivos políticos.

La masonería fue el centro de la política burguesa de la ilustración. Pero no por nada siniestro o esotérico. El motivo es que era en las logias masónicas donde se podía hablar libremente de ideas que no resultaban muy simpáticas para las cabezas coronadas, las sotanas y las aristocracias parásitas de la época. Los masones se consideraban libres, y defendían el libre pensamiento y la libre opinión, así que no es extraño que participaran en los principales movimientos sociales y políticos de la época como la revolución francesa, los procesos independentistas americanos. El 25% de los miembros de la asamblea francesa resultado de la revolución eran masones. Los independentistas en toda América eran en general masones. Vamos, que cualquier amante de la libertad de hoy en día habría sido masón, lógicamente, de haber vivido en el XVIII-XIX.

Mozart en su logia masónica.
Las teorías conspiratorias se basan esencialmente en la ignorancia popular acerca de la relevancia que tuvo la masonería. Cuando se derrumbó la monarquía francesa, cuando los pueblos americanos ya eran independientes, desapareció la necesidad del secreto (o "discreción", palabra que les gusta más) de los masones. Por supuesto, los promotores de la contrailustración, los defensores de monarcas, aristocracias y la obediencia ciega a la iglesia necesitaban demostrar que la Revolución Francesa era ilegítima, que "la gente" en realidad no la quería sino que le fue impuesta por una horrenda conspiración. Así, Barruel, Robinson y otros le atribuyeron la conspiración a los masones y a otra sociedad secreta a la que, como no podía defenderse por no existir, le podían atribuir todos los horrores imaginarios, los Illuminati, que habían existido apenas de 1776 a 1785 (cuatro años antes de la Revolución Francesa).

En México, por citar un caso que conozco, los partidos políticos que se disputaron el poder inmediatamente después de la independencia eran los yorkinos y los escoceses. No había ningún "secreto". Los escoceses (miembros del rito masónico escocés) eran conservadores –había entre ellos hasta algún virrey español en México– y los yorkinos (del rito de York, obvio) eran liberales. El primer presidente de México, un personaje maravilloso, Guadalupe Victoria, y buena parte de su gabinete eran yorkinos. Los periódicos de la época, los libros de la época, los discursos de la época, hablaban abiertamente de yorkinos y escoceses como hoy se habla de socialdemócratas y democristianos.

En Estados Unidos y en todos los países latinoamericanos, las logias masónicas eran la base de los partidos políticos, y a nadie le parecía raro ni reseñable. Usaban sus símbolos como todo el mundo (hasta el Club de Mickey Mouse) y trabajaban abiertamente. Lo asombroso es que ahora eso se venda como si hubiera sido un complot secreto que viene a descubrir algún paranoico que se come los bigotes y ve conspiraciones hasta en la forma de los tomates.

Gran sala masónica de Londres
A fines del XIX las logias ya no sirven a esa función, la libertad política y las nuevas ideas como el socialismo marxista, el anarquismo, el desarrollo del liberalismo económico y social, hacen que se vayan diluyendo porque la gente puede y quiere participar en política sin necesidad de pertenecer a las logias masónicas. Puede haber tradiciones (por ejemplo, hay logias que nombran Gran Maestro a cualquiera que sea presidente de ciertos países latinoamericanos, pero esto tiene tanto significado como que Juan Pablo II fuera miembro de honor de la Academia Chilena de la Lengua correspondiente de la Española –que lo fue), pero no son sustantivas. La consolidación de la revolución industrial cargó con la masonería, su ingenuidad y su relevancia. La tradición de los grupos gremiales que dio origen a la masonería se vio sustituida por las organizaciones de trabajadores, de obreros asalariados de una nueva clase: los sindicatos.

Llega el siglo XX y los nuevos totalitarismos (y los chifladitos) necesitan un enemigo a modo, y se les ocurre que la masonería es un buen fantasma, considerando que ya le sirvió a otros reaccionarios como Berruel. Cierto que en España las logias seguían teniendo participación política, pero no sirviendo a algunos intereses oscuros masónicos, sino siguiendo sus diversas inspiraciones políticas: unos centralistas y otros federalistas, unos liberales y otros conservadores... como en todo el mundo. Para el fascismo, que es rescoldo del pensamiento antiilustración (hasta la fecha), fue fácil amalgamar en su imaginario demagógico a la masonería con el comunismo (y luego con el judaísmo, en un ejercicio de contradicciones que nunca se justificó de modo medianamente plausible).

En la segunda mitad del siglo XX, acabadas las guerras y al menos temporalmente derrotado el fascismo brutal e irracional, otros grupos se ven necesitados de un chivo expiatorio para sus propias demagogias, y la masonería ofrece enormes ventajas para crear una cacería de brujas conspiranoica sin mucho riesgo: a) para entonces el común de la gente no tiene idea de qué es la masonería, porque ya hace algunas generaciones que perdió relevancia en la vida pública, así que se puede contar cualquier milonga sobre la masonería y la gente se lo tragará, b) la masonería está tan debilitada que no puede hacer nada (absolutamente nada) para defenderse (ya esto por sí mismo debería ser indicativo de su irrelevancia y su incapacidad de seguir influyendo en el curso de los acontecimientos) y c) la huella de la masonería en el pensamiento ilustrado del siglo XVIII y las luchas políticas del XIX es demostrablemente lo bastante profunda como para presentarlos como una realidad merecedora de temor.

Entonces "la masonería" o "lo masónico" se convierte en una palabra milusos que mezcla bien con cualquier bebida conspiranoica: illuminati, reptilianos, nuevo orden mundial, comunismo, ovnis nazis, helicópteros negros, anarquistas, Skull and Bones, antisistema, Bilderberg, etc., etc.

Y ya. Sigue habiendo logias masónicas y en ellas puede haber personas poderosas, muchas veces por tradición familiar, pero esto no significa que el pensamiento o mecanismos internos de las logias dicte la forma en que se ejerce el poder. La realidad ha rebasado a la masonería yo creo que de modo irreparable porque es un anacronismo, una forma de organización que respondió a un momento histórico y a un espacio geográfico bastante delimitados. A su vez, como herramienta del pensamiento ilustrado, ya rebasó en general a sus primeros adversarios, los defensores de la monarquía y el derecho divino a gobernar por virtud de la herencia. Salvo excepciones, el poder de los monarcas está acotadísimo si lo comparamos con lo que era apenas en 1789, por ejemplo, del mismo modo en que nadie se plantea en serio ser "emperador de la Argentina" o "rey de Estados Unidos", salvo algunos chifladitos que sirven para entretenerse pero cuyas posibilidades reales son como las que tiene Keith Richards de ganar un Premio Nobel de Física.

29.1.14

El anonimato en Internet

Me preguntan sobre el anonimato en Internet y por qué en ocasiones critico o bloqueo a algunos interlocutores por acogerse a dicho anonimato en las redes sociales.
En mi opinión, el anonimato en Internet tiene un valor para la libre expresión de las ideas y el libre intercambio de la información en los espacios donde priman la represión, la censura y el pensamiento único impuesto por la vía de la fuerza, y dar la cara es peligroso.

Si eres joven y vives en países como los de Europa Occidental, los Estados Unidos, Japón o los de la Mancomunidad Británica, entre otros, lo más probable es que no hayas sabido nunca lo que es vivir con el miedo constante a un sistema dictatorial donde decir ciertas cosas puede traer graves consecuencias: pérdida del empleo, daños a la familia, golpizas, campañas de desprestigio e, incluso, la muerte. Revelar que eres gay, o que no eres virgen, o que eres ateo, denunciar las atrocidades del régimen, exigir libertad, derechos o democracia, puede destruir tu vida, o acabar con ella. Las historias de la represión contra disidentes por hablar en las redes sociales o en blogs son desgraciadamente corrientes.

En esos sistemas se usan medios anónimos para difundir datos e ideas. Antes eran folletos, volantes, panfletos, libros, canciones, pinturas... Este anonimato es válido también para eludir a enemigos poderosos. El grupo "Anonymous", del tablero de imágenes 4chan, adquirió su imagen pública al enfrentarse a la iglesia de la cienciología convocando a una serie de manifestaciones el 10 de febrero de 2008, en las que muchos llevaron máscaras del terrorista católico Guy Fawkes, reconvertido en personaje de cómic. (Cierto activismo le ha representado a Time Warner una fortuna en venta de máscaras desde entonces.) El anonimato era para evitar represalias de la cienciología, conocida por despiadada.

Superbarrio, activista de la Asamblea de Barrios de
la Ciudad de México. (Foto GFDL de Bernardo
Bolaños vía Wikimedia Commons)
Hay otras formas de anonimato que podemos considerar responsables y hasta justicieras, que pueden ser incluso armas de propaganda de luchas populares legítimas como la máscara que llevó durante años Superbarrio, portavoz de la lucha del Movimiento Urbano Popular de México (y del que yo soy biógrafo por azares del destino) o los pasamontañas de los zapatistas, al menos en sus primeros tiempos.

El problema es que el anonimato tiene aspectos que no son tan respetables, tan responsables o tan simpáticos, y por ello la defensa a rajatabla de "el anonimato" sin matices es un simplismo que no me parece aceptable y no lo puedo compartir.

De una parte, no es infrecuente que las tiranías lo usen como arma contra la oposición, o que lo usen los fascistas, los defensores de la violencia, los dictadores y sus valedores.

El Móndrigo, intento de desprestigio de un
movimiento que puso en cuestión
al gobierno mexicano en 1968.
Recuerdo, como panfleto denigratorio en México, ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga, supuesto diario de un "líder" que contaba "verdades atroces" sobre el movimiento estudiantil-popular de 1968. Fue elaborado por la Dirección Federal de Seguridad y distribuido en 1969 para desprestigiar al movimiento y a sus líderes diciendo que todo había sido resultado de un complot comunista con financiamiento soviético y cubano para derrocar al gobierno mexicano. Al paso de los años y al desclasificarse documentos de inteligencia de los EE.UU. se ha revelado que incluso los muy paranoicos analistas estadounidenses no encontraron evidencia alguna de injerencia extranjera en el movimiento ni en el CNDH.

Igualmente lo es la promoción que hacen los sistemas autoritarios políticos y religiosos de la denuncia anónima donde el acusador no tiene que enfrentar al desprotegido acusado para sustentar sus afirmaciones. Fue el sistema usado por la Inquisición para llenar sus mazmorras, y fue –y es– práctica alentada por las dictaduras también en la forma del infiltrado, el informante y el traidor, el rencoroso, el adalid del odio y el cobarde.

En muchos casos, el anonimato funciona como desinhibidor, como la máscara que permite en carnaval que la gente realice actos que no se atrevería a hacer su portador a cara descubierta. O funciona como la capucha del verdugo y la careta del delincuente que no quiere ser reconocido.

Los miembros del Ku Klux Klan ocultaban sus rostros
para poder perseguir, aterrorizar y linchar impunemente
a la población negra del sur de EE.UU.
Los trolls anónimos, los acosadores políticos o sexuales, los distribuidores de spam, los terroristas religiosos o políticos, incluso los que practican el phishing, también se benefician del anonimato, obviamente para fines menos respetables que quienes protegen su intimidad o su supervivencia. El anonimato cobarde tiene como ejemplo ya no la máscara de Batman o el pasamontañas zapatista, sino la capucha del KKK.

Envalentonados por el anonimato, muchos lo utilizan simplemente para comportarse como imbéciles arrogantes, como lo recoge un reciente estudio. Pero no se trata únicamente de quienes se refugian en él para decir tonterías, difundir falsedades y sentirse poderosos, sino de sitios Web, movimientos sociales enteros, que en sus apartados de "Quiénes somos" no dicen quiénes son sino que se refugian en vaguedades demagógicas: "Somos un grupo de ciudadanos como tú que nos hemos hartado de cómo se hacen las cosas", "Somos un equipo profesional de una pseudoterapia", "Somos una red ciudadana que permite instaurar una verdadera democracia", "Somos hombres y mujeres preocupados por el avance de nuestra sociedad" y así...

Y así tenemos la casi increíble contradicción de grupos supuestamente "activistas" (palabra devaluada, malversada y humillada) que le exigen "transparencia" a políticos, empresas y personas individuales mientras ellos permanecen opacos tras sus caretas. Los conflictos morales y políticos que plantea esto son relevantes. Si uno afirma tener derecho al anonimato, a ejercer la opacidad y actuar y hablar sin ser personalmente responsable de ello... ¿qué objeción moral le pone a que otras personas, empresas, grupos, partidos, asociaciones, policías, kukluxklanes, bandas o gobiernos hagan exactamente lo mismo? ¿No es más sano para una sociedad y un estado de derecho que todos se vean obligados a respetar la legislacion y el anonimato sea una excepción y no una norma consagrada por el "y tú mas"?

No está delimitado en qué casos el anonimato es aceptable y en qué otros no, y quién y cómo debería desvelar la identidad de quien delinque en la red. Mientras no se resuelve la contradicción, el riesgo es que el enmascarado se convierta en un grupo de poder ilegítimo e incontrolable contra ciudadanos que no pueden defenderse ante él... lo que se llama, de nuevo, dictadura.

Jaron Lanier que, además de pionero de la realidad virtual y escritor, es músico y compositor.
(Foto CC de Allan J. Cronyn, vía Wikimedia Commons)
Comparto en lo esencial la preocupación del pionero de la realidad virtual Jaron Lanier sobre el riesgo de las turbamultas linchadoras en la red. Al menos en algunos casos ya hemos visto cómo el entusiasmo de la gente por proclamas, afirmaciones y llamamientos a la acción hechos por personajes anónimos ha derivado en ataques contra ciertas personas, especialmente personalidades públicas, sin que se cotejara la verdad. O acusaciones anónimas que se han vuelto virales y han resultado ser falsas, pero que sobreviven y resurgen de cuándo en cuándo sin que nadie se haga responsable de sus peores efectos, dejando a las víctimas en la indefensión.

Es la propaganda más basta, multiplicada exponencialmente por la red y proveniente de una autoridad a la que nadie ha elegido, que a nadie rinde cuentas, que no tiene ni asume responsabilidades ni obligaciones y que por tanto puede descarrilar fácilmente, pero que tiene por otro lado una inexplicable credibilidad en ciertos sectores, principalmente de jóvenes. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, y eso a estas alturas no debería ser ninguna novedad. Cito a Lanier: "¿Cómo puedes saber cuándo eres el desamparado y cuándo eres el poderoso? Cuando te equivocas en esa percepción, te puedes comportar bastante mal con mucha facilidad".

No conozco la solución. Creo que el anonimato es un valor en ciertos casos, pero también que no debe ser cobertura de la malevolencia, la delincuencia, la brutalidad, el bullying, el acoso y el daño caprichoso a otros individuos u organizaciones sustituyendo al sistema jurídico.

Personalmente opino que todos debemos ser transparentes en nuestro accionar público, y al mismo tiempo tenemos derecho a la privacidad en nuestro ámbito íntimo. Pero, de nuevo en palabras de Lanier: "No publiques anónimamente a menos que realmente puedas estar en peligro".

No tengo problema con quien opta por ser anónimo en Internet siempre y cuando no use su anonimato como patente de corso para la impunidad cobarde, ni para actuar como un imbécil, ni para caer en contradicciones que representan un conflicto moral. Cuando alguien usa así el anonimato, yo dejo de dialogar, dejo de escuchar, bloqueo y omito. Su derecho a hablar en público no es mi obligación de escucharlos, ni el derecho a meterse a gritar y amenazar a otros en los espacios personales de Internet, y por ello no puede esperar sino ser echado de allí.

Y no forzosamente con buenos modos.

12.1.14

La doctrina del shock

¿Qué opinas de este artículo? ¿está en lo cierto o no? Tiene que ver con el libro La doctrina del shock. 
Naomi Klein en 2007.
(Foto GFDL de Ministry of Truth,
vía Wikimedia Commons
No, no creo que esté en lo cierto, como no lo está ninguna otra teoría de la conspiración. Y, como todas las teorías de la conspiración, favorece una explicación simplista sobre una compleja para una serie de fenómenos diversos y a su vez complicados.

No es sorprendente porque Naomi Klein es desde hace años la gran negociante del antinegocio, la capitalista del anticapitalismo (ay, qué Stalin suena eso), la intelectual exquisita que ha acumulado millones de dólares con sus libros y conferencias sobre lo malo que es vender cosas y así. Me parece claro que tiene una serie de ideas firmes que no desafía en sus libros y que no somete a la prueba de los datos, y tiene un público fiel que sólo le seguirá pagando y la seguirá endiosando si sustenta ciertas convicciones que comparte dicho público y no les propone una visión crítica, cuestionadora o basada en datos que pudieran no endulzarle la oreja a los militantes del New Age. Es el estatus social de Klein que ya criticaban Heath y Potter en Rebelarse vende y que es como vender camisetas del Che, botas Doc Martens o máscaras de Guy Fawkes (copyright de la Warner) y decir que así se está haciendo la revolución.

Sólo como pinceladas para ejemplificar las sobresimplificaciones de Klein y de cómo parece que está jugando a reescribir la historia aprovechando que las atroces dictaduras en el Cono Sur ocurrieron hace mucho tiempo y ya nadie se acuerda de ellas (sobre todo entre su público, formado por gente muy joven, sobre todo europeos y estadounidenses y que desprecian mucho la historia, sobre todo cuando no les da la razón, como es el caso de ella, que tenía 3 años cuando los golpes de estado de Chile y Uruguay, y 6 años cuando el golpe militar en Argentina, 12 años cuando terminó la dictadura en Argentina y 15 cuando terminó la de Uruguay) y de que tuvieron características y orígenes no muy similares.

Cierto que los militares de la zona dieron golpes de estado y se apoyaron en Estados Unidos. Pero los soldadotes latinoamericanos siempre han hecho eso. Lo hacían antes de la guerra fría (pienso en el apoyo de la embajada de EE.UU. al golpe de estado de Victoriano Huerta en México en 1913). Ya lo hacían en el siglo XIX.

En el caso de las dictaduras de los 60-70, los golpistas sabían que los EE.UU. iban a apoyar y además tenían algunas claras coincidencias con los responsables de la política exterior en EE.UU. (en aquellos años la política exterior de Estados Unidos tampoco era un dechado de complejidad, se definía con una sola palabra: anticomunismo, en un espacio mental tan estrecho que "comunistas" venían siendo hasta los demócratas pacifistas liberales capitalistas que en Estados Unidos habrían ganado una elección por el Partido Demócrata, los escritores, los estudiantes, cualquiera que se preguntara cosas o quisiera libertades o estado de derecho... además, claro, de los comunistas que sí pretendían instaurar el comunismo en los países latinoamericanos, y que también existían).

Así que para "luchar contra el comunismo" Estados Unidos montó un sistema de apoyo a todo el que se llamara "anticomunista", fuera un periodista de cuarta categoría en México o un empresario medio subnormal en Bolivia, un político paranoico brasileño o un militarote chileno. No negaremos que la URSS por su parte montó un sistema de apoyo a todos los que se proclamaran luchadores por el comunismo, desde el financiamiento de armas hasta el turismo político a Cuba y los países de la zona de influencia soviética.

En Chile, el golpe de estado de 1973 fue apoyado por Estados Unidos: un régimen democráticamente electo estaba nacionalizando la economía y estableciendo un modo de producción comunista por decreto. Y peor, estaba por convocar un referéndum que podía ganar. Las relaciones entre Pinochet y algunas empresas estadounidenses, así como con la CIA y el Departamento de Estado, en el proceso de preparación y ejecución del golpe no son noticia, sin embargo. Ya estaban documentadas en libros para 1974, un año después del golpe, cosa que recordamos los que lo vivimos. Pero Klein aprovecha que su público carece de datos al respecto para reinventarles la historia en términos que los emocionen. En Chile no había una guerrilla comunista, pues, sino un gobierno comunista, pero democráticamente electo. La guerrilla se lanza 10 años después del golpe, tan débil que nunca representó un enemigo real. La dictadura hizo una masacre de inocentes sin más.

En Argentina por entonces y desde los 60, había al menos tres movimientos guerrilleros bien organizados desde tiempo atrás, Montoneros, ERP y FAP, pero nunca estuvieron ni cerca de llegar al poder. Gobernaba Isabel Perón, viuda del inexplicable Juan Domingo Perón manipulada por asesores delirantes como López Rega. Su gobierno ya había iniciado la guerra sucia contra la guerrilla de izquierda (es decir, la exterminación sin ajustarse al estado de derecho) un año antes del golpe. Lo que hacen los militares al frente del golpe es intensificar esa guerra sucia presuntamente anticomunista con el principal argumento de combatir el "terrorismo marxista" o algo así de duro, pero masacrando demócratas, libertarios, socialistas, liberales sociales, garantistas, constitucionalistas y, sí, a quienes estaban levantados en armas tratando de instaurar un régimen socialista en Argentina.

En Uruguay todo esto ocurrió antes (no después del golpe de Chile como alucina el artículo). La guerra sucia había comenzado en 1971 contra los Tupamaros (uno de cuyos combatientes hoy es presidente de Uruguay, por cierto). El gobierno electo de Bordaberry en 1972 se dio un autogolpe de estado en junio de 1973 y siguió su lucha anticomunista con el apoyo de Estados Unidos.

Así que la presencia de una guerrilla de izquierda es fundamental y no parece ser considerada como un factor por Klein, quien olvida un hecho tan colosal y determinante como la guerra fría, y el hecho de que la URSS, generalmente vía Cuba, apoyaba, financiaba y entrenaba a esos grupos guerrilleros en toda América Latina (la excepción, Cuba nunca financió guerrilleros en México, dicen los historiadores, por motivos no muy claros).

Lo que quizás un latinoamericano veía como una simple lucha contra las históricas injusticias cometidas contra los más pobres de su tierra por parte de los dueños del poder económico y político era, en Washington y Moscú, no más que parte del ajedrez de la guerra fría, del enfrentamiento entre dos imperios geoeconómicos que se disfrazaba de lucha entre "comunismo asesino y democracia libertaria" según los estadounidenses o de "comunismo justiciero e imperialismo asesino" según la URSS.

Y había muchos otros factores en juego en esa época. Al militarote latinoamericano no lo inventaron los Estados Unidos, hay un fenómeno histórico no despreciable detrás, relacionado con los esquemas de gobierno teocrático indígenas sumados a los esquemas monárquicos y de explotación de la conquista y la colonia que se convirtieron en el enfrentamiento liberal-conservador en la América independiente con distintas expresiones en distintos países durante todo el siglo XIX. No es lo mismo México que Colombia en los años 70, entre otras cosas porque la guerrilla mexicana rural siempre fue indígena y popular, sin apoyo de Cuba, y en México no se producía coca.

Toda esta complejidad se le va a Naomi Klein, que finalmente tiene que demostrar que lo que ella cree es lo correcto: todo mal viene del capitalismo, y todo bien parece venir de denunciarlo en un bestseller que le meta algunos millones de asquerosos dólares en la cuenta bancaria.

Reagan y Thatcher, aliados firmes.
(Foto DP, vía Wikimedia Commons)
Un último punto que en varias críticas me ha llamado la atención de cómo se reinventa la historia esta señora: según su teoría, Margaret Thatcher creó el conflicto de las Malvinas/Falklands para aplastar a los sindicatos y promover su agenda ultraneoliberal. No seré yo quien defienda a Thatcher, pero esto simplemente no es verdad. Y ciertamente la primera ministra no necesitaba un conflicto bicicletero al otro lado del mundo para hacer lo que hizo contra los trabajadores ingleses.

Basta atenerse a la cronología que Naomi Klein ignora o estira y comprime como un chicle: la guerra de las Malvinas es en 1982, la gran huelga minera que consolida el poder de Thatcher e implanta el neoliberalismo cavernario ocurre en 1984-1985, y los motines del impuesto por existir (poll tax) son en 1989 y de hecho la acaban llevando a renunciar. Pero en 1982 no pasaba nada de eso.

Fue Leopoldo Fortunato Galtieri, el dictador militar argentino, quien fue creando la tensión para impulsar el sentimiento patriótico argentino y buscar en él un punto de apoyo para mantenerse en el poder pese al desastre económico que vivía la dictadura militar. Todas las acciones que llevaron a la guerra fueron emprendidas por el gobierno argentino, hasta llegar a la ocupación militar de las islas el 2 de abril de 1982. La apuesta clara de Galtieri es que GB no se atreverá a responder y que Thatcher tiene otros problemas como un desempleo de 3 millones y la reorganización de todo su gobierno. La movilización británica, además, fue mínima y suficiente, porque Galtieri envió a los combatientes argentinos a las Malvinas/Falklands sin equipamiento ni ropa ni elementos de supervivencia; directamente al matadero, pues. Los soldados británicos que llegaron a las islas el 21 de mayo (así de poco preparada estaba Gran Bretaña para una chifladura como la de Galtieri) rescataron del congelamiento a más soldados argentinos que los 649 que murieron (muchos congelados). Peor aún, Galtieri contaba con que Estados Unidos, valedor de la dictadura, apoyara a Argentina con base en la doctrina Monroe que rechaza la intervención de otros países en asuntos del continente americano. Pero se llevó el chasco de que Reagan apoyó logísticamente y con inteligencia la respuesta militar británica. Pocos aliados ha habido tan cercanos como Reagan y Thatcher, que compartían un proyecto neoliberal extremo, una visión conservadora y brutal, y la decisión de acabar con la Unión Soviética a como diera lugar.

Todo esto no sólo era claro para quienes vivimos el desarrollo de los hechos siguiendo las noticias día a día, sino que históricamente está más que documentado. Como suele hacer la contracultura y el New Age, la enorme, casi exquisita complejidad de los acontecimientos de 40 años se reduce a una "doctrina" que se aplicó perfectamente (como todas las conspiraciones, sin error alguno) a partir de un manual de los años 50.

Conspiranoia la de Naomi Klein con algunas más pretensiones que la de Icke y Alex Jones, pero no esencialmente distinta. La realidad siempre es más compleja.

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Añadido a los pocos minutos: 
Sólo por dejar constancia, durante un par de años, junto con un grupo de compañeros periodistas y escritores brillantes como Mario Méndez Acosta, Carlos Laguna y otros, me vi implicado en dar una serie de conferencias promovidas por el ISSSTE por todo México todos los sábados. Volábamos el sábado en la mañana, dábamos la conferencia y regresábamos el domingo a casa. 
En una ocasión quizá en 1984-85, me tocó viajar con el poeta guatemalteco Otto-Raúl González a Chetumal, estado Quintana Roo, a dar la conferencia de rigor y por la noche salimos a tomar algo. En un momento dado, Otto tuvo un pequeño altercado con un joven rubio, alto y con corte de pelo militar, con el añadido de que Otto no sabía inglés, así que intervine para calmar los ánimos al tiempo que llegaba para lo mismo un tipo rubio, alto y con corte de pelo militar pero con bastantes más años, que resultó el superior del joven, ambos del ejército británico. Otto se encontró con otro amigo y el superior me invitó a sentarme con su grupo de subordinados, de un regimiento de paracaidistas. Resultó que pertenecían a las fuerzas destacadas en Belice para proteger al pequeño país recién independizado de GB (en 1981) de los intentos guatemaltecos por anexárselo. Al parecer Belice era aburridísimo y los soldados británicos preferían viajar unas decenas de kilómetros para divertirse en Chetumal, que tampoco era como un paraíso de la vida nocturna. 
El caso es que, conversando, el capitán (creo) de los británicos me relató sus anécdotas de la guerra de las Malvinas/Falklands, como parte de la fuerza invasora británica, al frente de un batallón de paracaidistas. El tipo era duro, obviamente, y por lo mismo me impresionó que se conmoviera al contar cómo, al llegar a las islas en paracaídas, se vieron movidos más a salvar que a disparar a los chicos argentinos (muchos de ellos conscriptos, es decir, haciendo el servicio militar, no soldados profesionales como los británicos) medio helados, hambrientos y sedientos, y llevarlos a los buques hospital que tenían estacionados al norte. Le había impactado la asimetría y decía que era casi un abuso combatir contra ellos en esas circunstancias. Comparaba el equipamiento profesional del ejército británico, explicándome su ropa térmica, sus comunicaciones, su apoyo logístico, con las condiciones lamentables en las que Galtieri había mandado a su ejército a un lugar tan frío e inhóspito. No conozco mejor testimonio del absurdo inmenso que fue esa guerra de 10 semanas, y de cómo los militares argentinos sacrificaban gente inocente, incluso a sus propias fuerzas, con menos compasión de la que podían sentir quienes eran sus oponentes en un conflicto armado.

14.12.13

¿Obsolescencia programada?

A pregunta de si creo que la obsolescencia programada es una teoría de la conspiración o un hecho.
La obsolescencia programada sólo es posible en ausencia total de competencia y dentro de una conspiración perfecta. Su mayor fracaso fue, por supuesto, el cártel Phoebus, que es la adoración de los conspiranoicos: una serie de fabricantes de bombillas o focos eléctricos se pusieron de acuerdo en 1924 para reducir costos de producción, subir precios y limitar la vida útil de los focos a 1000 horas. En 1924 hacer esto no sonaba tan descabellado, pero su inviabilidad se hizo evidente cuando otro grupo de fabricantes, la Luma Co-op Society, formada por cooperativas del Norte de Europa y Gran Bretaña, empezó a producir y vender bombillas más duraderas y más baratas. (Las cooperativas de Luma siguen activas, con el nombre de The Co-Operative Group, una maravillosa cooperativa británica propiedad de siete millones de consumidores.)

¿Qué hace la industria realmente? Los productos más baratos posibles (no siempre los precios se relacionan con el costo de producción, en la fijación de precios se consideran muchas otras cosas, principalmente cuánto es lo más que el consumidor está dispuesto a pagar por los productos), con la duración más razonable considerando entre otras cosas las modas, los avances tecnológicos, los cambios en gustos, etc.

¿Se puede hacer un refrigerador que dure 50 años? Sí, se puede, industrialmente existen. ¿Cuánto le costaría a una familia? Un dineral, sería un artículo de lujo. ¿Y si hay nuevas leyes para reducir los clorofluorocarbonos, reducir el gasto eléctrico, sistemas antibacterias, controles computarizados, nueva tecnología? Pues la familia que compre uno de los refrigeradores de 50 años tendría que verlos pasar con su refrigerador de 1980 porque sería costosísimo comprar otro. Si yo veo a un fabricante haciendo refrigeradores que duren 50 años a un precio delirante con materias primas de primera y sobrándose, y yo sé que las familias cambian de refrigerador razonablemente cada 8,5 años, es lógico, no malévolo, que yo trate de hacer y venderles un refrigerador más barato ahorrando lo posible en costos, con el mejor diseño y tecnología actuales, y que dure unos 10 años máximo. No se diseña para la perfección, sino para la lógica de uso.

El diseñador Ferdinand Porsche tenía una frase que viene al caso aquí. Decía que el automóvil de carreras perfecto sería uno que se cayera en pedazos al cruzar la meta. Es decir, el que usara al máximo de sus capacidades todos sus materiales y diseño. Un auto de carreras que puede seguir funcionando tiene un claro desperdicio respecto de su objetivo original: ganar una carrera.

El iPhone 3 funciona bastante bien. No puede ejecutar las apps más nuevas, pero ¿por qué iba alguien a querer las apps nuevas? ¿Por qué no conformarse con las que tenía cuando todas se hacían para él? Hay teléfonos de 2005 que funcionan muy bien para llamar por teléfono. Pero casi nadie los quiere. Queremos el iPhone 5 porque su funcionalidad nos ayuda al trabajo y a la diversión, a estar en contacto con nuestra gente, o porque nos gusta, que es un derecho innegable. Nadie nos obliga a comprarlo, los productos anteriores no se han caído a pedazos como el coche ideal de Porsche. Quejarse de "me manipulan para comprar" es un poco bobo en esos términos.

Así que sí, los productos no se diseñan para que duren todo lo que pueden durar, pero esto no se debe a malevolencia sino a estrategias comerciales diversas. Cualquier fabricante que abuse (esto lo aprendió Apple casi tardíamente) es presa fácil de otro fabricante más listo, que esté dispuesto a abusar menos para ganar más, es decir, que en vez de ganar 100 dólares por cliente vendiéndole a un millón de clientes esté dispuesto a ganar 50 dólares vendiéndole a 10 millones de clientes. En 1924 controlar eso parecía bastante más fácil, hoy, con una economía globalizada, tecnología en evolución acelerada, surgimiento y caída de empresas porque voló la mosca, parece casi imposible de establecer y menos de sostener a largo plazo.

Casos como el del cártel Phoebus ayudaron además al surgimiento de los movimientos de defensa del consumidor, las legislaciones sobre calidad, las normas internacionales, etc. Sin ser perfectos, todos estos elementos sirven para controlar, salvo excepciones, los más voraces instintos capitalistas. Y quienes fabrican con "obsolescencia programada" pueden acabar frente a los jueces. Precisamente por eso el neoliberalismo tiene como su principal bandera la "desregulación", es decir, que la sociedad deje de legislar cómo deben producir, etiquetar, validar, anunciar y comercializar sus productos, para poder ser mucho más abusivos de lo que son.

Que si lo son, pero en general tanto como el taxista que le da al turista una vuelta por la ciudad para sacarle unos billetes más, o el comerciante que miente en el peso, o el camarero que te mezcla restos de botellas y te los vende como una botella de vino recién descorchada. Que hay ambición, picardía, malevolencia y a veces incluso psicopatía es innegable, pero de allí a decir que los productos de los que disfrutamos no sirven para nada y que todos los fabricantes son unos guardias de campo de concentración media un largo trecho que se interna en el terreno de la irracionalidad.

La idea conspiranoica de la obsolescencia programada no tiene en cuenta ninguno de estos elementos y ninguno de los avances, insuficientes pero reales, que se han logrado desde principios del siglo XX en la defensa de la sociedad. Como suele darse con los movimientos contraculturales, sobresimplifica para no enredarse en complejidades, deshumaniza al adversario, omite datos, selecciona lo que le da la razón e ignora lo que no, y cae en falacias que en nada ayudan a mejorar lo que está mal... y a veces, incluso, son la coartada perfecta para el neoliberal cavernario que se queja de lo mal que lo tratan.