8.3.14

Sofía Trejo Pineda, mujer trabajadora

Sofía Trejo Pineda hacia 1960.
Mi abuela no era feminista. Creo que nunca escuchó la palabra "feminismo" y no la hubiera entendido mucho (aunque los hippies le caían bien en los 70) o habría pensado que era cosa de otra realidad y otro mundo. Tampoco conoció Internet y, por supuesto, su nombre sólo aparece en la red porque alguno de mis primos lo anotó en un sitio de genealogía, pero sin más datos que su nombre y su pesada maternidad de 12 hijos de los que, como se decía en esos tiempos de incertidumbre médica, "le vivieron" 11.

La primera vez que tuve una responsabilidad de trabajo fue a los 7 u 8 años, en la sedería "La Princesa", situada en el centro mismo de la Ciudad de México, en Bolívar casi esquina con Mesones, entre el olor de las máscaras de cartón y fuerte pegamento que representaban al diablo, a Cantinflas o al Pato Donald. Ahí despachaba metros de listón, botones, canicas para los niños y otras curiosidades de la panoplia abigarrada que ocupaba el pequeño mostrador de vidrio y madera pintada de verde, la estantería de la izquierda (vista desde nuestro parapeto tras el mostrador, pequeñísimos comerciantes), el teléfono público de monedas de veinte centavos de cobre y las dos vitrinas del mismo color verde pistache apagado que colgaba en la puerta todas las mañanas mi tío Miguel para aumentar el reclamo de colores y brillos hacia el oscuro interior del diminuto establecimiento. Comíamos de la fiambrera que se llevaba para mi abuela, mi tío y el nieto o los nietos que tuviéramos la divertida suerte de estar allí ese día. Muchos pasamos por allí. Somos muchos, más de 30, los nietos de la dueña de la sedería, que nació Sofía Trejo Pineda, después fue Sofía Trejo de Huerta y, desde la muerte de mi abuelo el 6 de enero de 1930, Sofía Trejo viuda de Huerta.

En alguno de estos locales (probablemente el que tiene enfrente un letrero azul  o uno de los dos
siguientes, de muro amarillo) de la calle de Bolívar, a tres calles de la cantina "El Gallo de Oro",
estuvo la sedería "La Princesa" de Sofía Trejo viuda de Huerta, mujer trabajadora. (Google Earth)
Mi abuelo había llegado a México como tantos asturianos echados de su tierra porque no cabían todos. Cualquier tierra que poseyera la familia era para el primogénito y, a los demás, llegado el momento, se les daba un traje, un poco de dinero y un pasaje en un vapor a Cuba, Venezuela, Argentina o México. Así, Fernando Huerta Turanzas bajó de las montañas donde se encuentra Palacio de Ardisana, en Llanes, Asturias, para embarcarse hacia Veracruz, a saber en qué puerto. Me gusta creer que se embarcó en Gijón porque es la ciudad en la que vivo hace 15 años. Documentos hay pocos de aquel entonces, 1890, poco más o menos, sobre todo porque entre entonces y hoy hubo una terrible guerra civil. La partida de nacimiento de mi abuelo, sin embargo, sí que sobrevivió en la parroquia de su pueblo.

Fernando Huerta Turanzas
Fernando trabajó como trabajan los inmigrantes en todo el mundo: muy duro, mucho, muchas horas de muchos días a la semana. Logró convertirse en Don Fernando y reunir una pequeña fortuna, y decidió entonces casarse con la joven hija de sus vecinos, Sofía Trejo Pineda, de 15 años de edad que, se cuenta, cuando se enteró de que la iban a casar con el bigotudo español de 40 años de edad se puso a llorar y, para que se calmara, le sacaron una silla al corredor del patio y le dieron a leer unos cuentos de Calleja que disfrutaba mucho.

Vivieron bien, se cuenta. Don Fernando había sido tesorero fundador del Centro Asturiano de México (que ahí sigue) y hay fotos de las hijas mayores de la pareja disfrutando la fiesta de la virgen de Covadonga en los terrenos del centro. Tenía una cantina de postín en el centro de la ciudad, "El Gallo de Oro", y un negocio de importaciones de productos españoles.

"El Gallo de Oro", la cantina regenteada por Fernando Huerta Turanzas en Bolívar y Venustiano Carranza, Ciudad de México, en la actualidad. (Google Earth)
Pero al morir súbitamente a los 60 años Don Fernando, los socios, amigos y demás personajes a su alrededor se ocuparon de llevarse hasta la pelusa de las alfombras. Con entre 35 y 40 años, Sofía Trejo, la sorprendida viuda, se encontró con que por no tener no tenía ni en qué caerse muerta y por tener tenía 11 bocas que alimentar, que con su 50% de genética asturiana básicamente eran de buen y mucho comer. No tenía tampoco idea alguna de los negocios de Don Fernando, ni cuánto tenía ni dónde, ni si había cuentas bancarias, guardaditos de monedas de oro, empresas, establecimientos, inversiones en México o en Estados Unidos o cualquier otra cosa que pudiera haber tenido... lo cual facilitó que a la familia la desplumaran con asombrosa eficacia.

Las niñas que estudiaban para "señoras de" en alguna escuela de monjas fueron rápidamente trasladadas a academias donde aprendieron mecanografía, taquigrafía y habilidades similares para los trabajos que antes de la Segunda Guerra Mundial eran los únicos a los que podía aspirar la mayoría de las mujeres. Los cuatro hijos varones se pusieron a trabajar, también. Pero no alcanzaba. Varias eran demasiado pequeñas para trabajar y los tiempos no eran del todo buenos.

Doña Sofía, de luto permanente hasta casi el último día de su vida, se arremangó la blusa y se puso a trabajar. ¿Qué sabía hacer? Tener hijos y atender visitantes. ¿Cuánto sabía de negocios y de la vida real fuera de la confortable casa de su bien situado señor? Nada. Aprendería.

Recuerdo una película de 8mm tomada por mi padre, y la recuerdo vivamente y sorprendido porque es de unas vacaciones en Acapulco cuando yo tendría 3 años y mi abuela nos había acompañado. En la filmación casera aparece con un vestido blanco de grandes flores rojas. La única vez que no la vi de luto, de negro con, cuando mucho, alguna blusa blanca.

Doña Sofía se puso a trabajar. ¿En qué? Los datos son confusos, pero para cuando yo atendía a los clientes de la sedería, llevaba más de 30 años trabajando duro. Tenía los sesentaytantos que se tenían en la década de 1960, es decir, una edad de achaques, cabello blanco, problemas de articulaciones, digestión complicada... nada que ver con sexagenarios como Bruce Springsteen o Mick Jagger o Jane Seymour o casi cualquiera de 60 que usted conozca hoy y que tenga la triple bendición de la medicina moderna, una nutrición más razonable y el rock como motor para seguir navegando.

Doña Sofía no tenía nada de eso. Pero era fuerte. No se le había ocurrido buscarse otro bigotón que se ocupara de su vasta prole porque al final le había gustado el primer bigotón pese a las condiciones de su enlace (comunes en la primera década del siglo XX), ni pensó en entregar a los niños a la caridad pública o monjil, ni plantarse en la calle con cara compungida estirando la mano para depender de la caridad de los peatones. Había que sacar adelante una familia, pues se saca adelante, sin derrumbarse en angustias existenciales propias de filósofo bien alimentado.

Sofía Trejo y los 11 hijos a los que sacó adelante.
Sofía, mi abuela, la sacó adelante. Mucho le habría beneficiado contar con el apoyo de otras muchas mujeres como las que hoy celebran el Día Internacional de la Mujer, saber que estaba poniendo el ejemplo de lo que luego se iba a llamar feminismo, contar con algún sustento ideológico para las noches en que el trabajo terminaba con dolor de pies y un largo camino a casa, pensar que años después habría tenido los derechos que su tiempo y circunstancia le negaron, y de entre los cuales pudo rescatar apenas algunos, ninguno sin pagar el precio.

El día que llegamos a la Luna (sí, todos), varios nietos estábamos en casa de mi abuela. Nos atraía poderosamente, le sobraba cariño, fuerza, comprensión, historias, sonrisas. Tendría más de 70 años. No sé cuántos éramos, pero algunos, ya adolescentes, estábamos sentados en el suelo, en unos cojines de terciopelo brocado rojos de un lado y verdes del otro en los que, cuando niños, habíamos escuchado los cuentos que nos contaba. Mientras esperábamos a que en la borrosa imagen en blanco y negro se viera a Neil Armstrong salir y bajar a la Luna, mi abuela nos contaba desde su silla cuando muy niña, muy niña, vio llegar los primeros automóviles a la Ciudad de México, el miedo que le daban a la gente con sus ruidos, su velocidad y sus humos. Y ahora estaba viendo al hombre llegar a la Luna. Le divertía y le satisfacía.


Doña Sofía era medio de izquierda sin saberlo. Medio rebelde sin haberlo podido expresar en voz alta. Apoyaba todo lo que sonaba a mejoría respecto de lo que había vivido. Y un día a los ochenta y tantos, después de comer, subió a su habitación para dormir una siesta y ya luego ver alguna telenovela, el noticiero, cenar, recibir del trabajo a la hija que vivía con ella (casi todas sus hijas, claro, trabajaron siempre y duro, unas más pobres que otras, pero todas ajustadas al ejemplo de Sofía, arremangándose porque si hay que remar no se piensa en remar, sino que se rema). La siesta se prolongó hasta siempre. Murió en su sueño. Y al menos ésa es una muerte justa y noble para alguien así.

Mi abuela es cada día más sabia. Recuerdo con frecuencia las cosas que decía, los consejos, la visión de una mujer ignorante, bastante zarandeada por la vida, pero que de todo había creado una sabiduría que sobrevive en sus nietos y sus bisnietos.

Doña Sofía no tenía más día para celebrarse que su cumpleaños. Por eso hoy quiero dedicarle este 8 de marzo. Mujer trabajadora madre de mujeres trabajadoras, con nietas trabajadoras y bisnietas trabajadoras que quizá algo aprendieron de lo que ella dejó.

19.2.14

Raza, poblaciones y biodiversidad humana

Me han preguntado varias veces sobre diferencias entre "razas", especialmente en lo referente a inteligencia, y en especial por las anotaciones del blog de un filósofo racista católico español.
El color del cabello, una forma tan arbitraria como cualquier otra para clasificar a los
seres humanos. En realidad hay un continuo de tonos de cabello, no grupos discretos.
(Imagen CC Collage de Jujutacular con imágenes de Rama, Jastrow y Mattbuck,
vía Wikimedia Commons)
Las razas no existen como tales.

La idea de "las razas" es un producto ultrasimplista de la era del descubrimiento y el imperialismo europeo. Todo se clasificaba, todo se estudiaba, no siempre con bases científicas, y se intentó hacer lo mismo con los seres humanos. Los europeos predominantes, en su intento de clasificar a los grupos humanos y al mismo tiempo de justificar su expansión imperialista y su colonialismo del resto del mundo, se centraron para su clasificación en unas pocas características físicas (el tono de la piel, el rizo del cabello, el pliegue epicántico de los ojos) como podían haberse centrado en otras (estatura, color del cabello, tamaño de los pies, largo del cuello o la separación entre los ojos) y con base únicamente en esas percepciones superficiales hicieron una clasificación de "razas" humanas que no soporta ningún análisis medianamente riguroso.

¿Cuál era el problema de esas clasificaciones? Que eran generalizaciones simplistas e ignorantes. Los europeos quisieron creer que todos los "negros" eran iguales por tener un tono de piel más oscuro o que los "asiáticos" eran una sola variación humana sólo por tener el pliegue epicántico en los ojos. Y los caucásicos eran de piel clara, o más o menos. Así, se metía en un saco a los beduinos, los italianos y los noruegos, y en otro a los etíopes, los tutsis, los lubas, los yorubas o cualquiera de los más de miles de grupos étnicos africanos; y en un tercero a todo mundo de Asia desde el norte de China hasta Filipinas o Vietnam.

Africanos de la actualidad.
 (Imagen CC Blaise Raise vía Wikimedia Commons)
La paleoantropología y la genética nos han pintado un panorama totalmente distinto. No hay uniformidad genética entre "negros", "asiáticos" o "caucásicos". Por ejemplo, sólo en África, en esos miles de grupos étnicos que mencionaba, hay más variabilidad que en todas las demás poblaciones, es decir, que hay más grupos de población distintos que se diferencian en muchísimas cosas aunque todos tengan la tez más o menos oscura de lo que todos en grupo se diferencian de los supuestamente caucásicos u orientales. Y todos venimos de África, de un solo origen.

Algunos creen que esto implica negar las diferencias genéticas entre poblaciones. O les conviene decir que otros lo creen porque así los pueden pintar como imbéciles. Lo que se llama el "hombre de paja": decir (como en el blog racista) que los enemigos del racismo "niegan la variabilidad genética poblacional" y una vez habiéndolos dejado como idiotas atribuyéndoles esa afirmación que no hacen, argumenta en favor de una posición racista arbitraria.

Así que las distintas poblaciones sí tienen características diferentes, pero eso lo estudia la genética estadística y la biología de poblaciones, no la pseudociencia racial del Tercer Reich. Y esa variación humana no tiene nada que ver con el caduco concepto de raza y mucho más con los orígenes étnicos, con las poblaciones de nuestros ancestros.

El racista Craig Cobb se entera en The Trisha Show de que tiene un 14% de genes
procedentes del África subsahariana, para regocijo de otra invitada.
(Captura de pantalla de The Trisha Show, Fair Use Policy).
Siempre es bueno tener presente el caso de Craig Cobb, un líder neonazi racista que se sometió a un análisis genético que determinó que el 14% de su dotación genética provenía del África subsahariana. El asunto fue muy divertido, hasta que los racistas empezaron a perseguir a su exlíder por considerarlo parte del enemigo sin considerar su aspecto, lo que llevó a que el personaje se radicalizara hasta aterrorizar a la gente de la zona donde pretendía crear una comunidad "blanca pura".

Y es que todos somos mestizos. Todos. Absolutamente todos.

Por ejemplo: si tienes ancestros irlandeses, tienes más probabilidad de ser celíaco. Lo que no quiere decir que todos los irlandeses sean celíacos ni que todos los no irlandeses estén a salvo de la enfermedad. Ni que importe si pareces o no irlandés. Y si tienes ancestros armenios, turcos o judíos del Norte de África, tienes más probabilidad de sufrir la fiebre familiar mediterránea. Si tienes ancestros nórdicos, aumenta tu probabilidad de sufrir la enfermedad de Dupuytren.

Pero si tienes un ancestro lejano armenio y eres rubio platino con otro ancestro pelirrojo irlandés, podrías tener la misma probabilidad de sufrir la fiebre familiar mediterránea que cualquier turco cuya familia lleve seis mil años en Turquía.

Esto se debe a los flujos genéticos, que siempre han existido. Los seres humanos no están tan aislados como quisieran los racistas. A lo largo de toda la historia las poblaciones han tenido intercambios genéticos que además son beneficiosos para la variabilidad humana. Esto explica por qué muchos asiáticos son intolerantes a la lactosa cuando son adultos: la mutación que permite que sigamos produciendo lactasa (que digiere la lactosa) después de la infancia no se ha difundido mucho por las poblaciones asiáticas, lo cual incluso nos puede servir para saber con razonable certeza hace cuánto apareció esa mutación y en donde: el Oriente Medio hace unos 11.000 años.

Si en vez de hacer genética de poblaciones piensas en "razas" como un amo colonial europeo, acabas metiendo la pata. Por ejemplo, se suele decir que la "gente de origen africano" (por no decir "los negros", considerando que en realidad todos tenemos origen africano) tiene más probabilidad de sufrir anemia falciforme. ¿Es cierto? En realidad no, es una generalización peligrosa. Ni se aplica a toda África ni se aplica sólo a África.

La mayor incidencia de esta enfermedad debida a una mutación del gen de la hemoglobina se encuentra en el centro de África (Camerún, Senegal, Benin, Bantú), pero no en Sudáfrica, el cuerno de África (Etiopía), Sudán, Botswana y otras zonas. Además también está presente en la India, la zona alrededor del Golfo Pérsico y la zona de Turquía. Profundizando en el tema, se descubre que este tipo de anemia ocurre en lugares donde la malaria es endémica, y es de hecho un resultado secundario de la resistencia a la malaria. No tiene relación con el color de la piel, pues.

Por otro lado, quienes tienen raíces europeas son más propensos a la fibrilación auricular. Y si tienen ancestros del Norte de Europa identificados con los celtas, es más común que padezcan hemocromatosis hereditaria (exceso de hierro). Y si uno tiene ancestros senegaleses y de la aldea de Astérix, su aspecto físico no le dirá nada sobre su predisposición a esas u otras enfermedades, porque lo más importante de nuestra dotación genética no se expresa superficialmente en los aspectos que apasionan a los racistas como el tono de piel. O sea, uno puede ser de tez muy oscura y sin embargo ser propenso a la homocromatosis. Al gen de la homocromatosis no parece importarle la actividad de los genes responsables de la producción de melanina que es responsable del tono de nuestra piel.

Sabemos que todas las habilidades humanas, todas, tienen componentes genéticos así como culturales. Y sabemos que ciertas poblaciones (no razas) tienen ciertas predisposiciones genéticas en cuanto a probabilidad, es decir, estadísticamente, algo que no se traduce forzosamente en características de los individuos

Foto CC de Basketball Travelers Inc. Staff
(Paradise Jam official Facebook page)
vía Wikimedia Commons
En todas las características humanas existe una componente genética, una epigenética y una cultural (estas dos no son lo mismo) así otras relacionadas con el desarrollo, entrenamiento, entorno, vocación, etc. Si juegas baloncesto, serás mejor si mides más de 2 metros, muy pocos bajitos llegan a ser leyendas del baloncesto. Esto no hace inferiores a los pequeños (que, por otra parte, son más exitosos en la halterofilia, donde escasean los tipos muy altos).

Para medir dos metros necesitas los genes de la altura, sí, pero necesitas también que se expresen, lo cual depende de muchísimos factores (alimentación, desarrollo embrionario, clima, experiencias, otros genes, etc.), necesitas una cultura en la que haya pasión por el baloncesto, una buena alimentación, ganas de jugar y otras características (como ser competitivo, rápido, tener buena puntería, etc.). Siempre tendré presente a un chico que vi en 1978 en la convención mundial de ciencia ficción en Phoenix, Arizona: debía medir dos metros diez, delgado y con una rebelde melena rubia, que se paseaba con una camiseta que decía "Odio totalmente el baloncesto" ("I Absolutely Hate Basketball"). Evidentemente, la gente a su alrededor suponía que por ser alto debía gustarle el baloncesto, y debía jugarlo. Prejuicios como los que hay contra la gente de diversos colores, estaturas u orientaciones sexuales.

La pregunta es si esas diferencias son relevantes en temas de "superioridad" o "inferioridad" de algunas personas por el hecho de tener ciertos ancestros. Y la respuesta que tenemos hasta hoy es que no, o al menos no exactamente. Por supuesto alguien que mida dos diez y pese 100 kilos va a ser superior a mí jugando baloncesto. Nada más.

No hay razas humanas como entidades discretas (es decir, como grupos estancos) ni existen poblaciones aisladas. Hay un continuo en la variabilidad humana como han demostrado estudios genéticos con gran representatividad. Así como no hay grupos de estatura discretos, sino gente de todas las estaturas, una gama sin interrupciones desde muy pequeños hasta muy altos. Hay gente de piel muy oscura y muy clara, pero entre ellos hay toda una gradación continua. Y hay gente con el cabello perfectamente liso y gente con el cabello ensoritjado apretadamente (lo cual depende sólo de la forma del folículo piloso), pero también entre ambos hay una gradación sin saltos bruscos, con la nariz respingona o chata y aplastada, y todas las posibilidades intermedias. Y así sucesivamente.

El racismo pretende clasificar a los extremos, de modo arbitrario, y acaba dejando fuera a la mayor parte de la humanidad que está entremedio, en el gradiente.

Cromosomas humanos. (Imagen CC de Steffen Dietzel vía Wikimedia Commons)
Claro que la genética juega un papel en todos los aspectos del ser humano, pero también es cada vez más claro que salvo algunas características muy concretas, no es absolutamente determinante. Y menos cuando se trata de categorías tan vagas como "inteligencia", que ni siquiera tiene una definición objetiva precisa. Por ello, aplicar las pruebas de "Cociente Intelectual" estandarizadas y creadas por blancos occidentales para evaluar la cognición de indios centroamericanos o masai africanos es un procedimiento de entrada anticientífico y sesgadísimo, porque se han creado para medir ciertas variables. Es como darle pruebas de inglés a todo el mundo y sacar como conclusión que los estadounidenses y miembros del Commonwealth son superiores porque saben inglés en mucho mayor proporción que los argentinos o los indonesios. O, al revés, que la prueba de inteligencia fuera de rastreo de presas: cualquier miembro de cualquier pueblo cazador que haya practicado, digamos los yanomamo o los aborígenes australianos, va a ser más inteligente que la gente de otras culturas.

Vamos, que NO hay ninguna fuente fiable que indique que todas las diferencias que pueden observarse entre distintos grupos sean exclusiva o predominantemente genéticas. Los argumentos de personajes como el filósofo en cuestión y otros racistas se basan en la interpretación sesgada, torticera y convenenciera de estudios sobre genética de poblaciones, a veces muy serios pero que no dicen lo que les hacen decir quienes escriben interesadamente.

Como siempre, las cosas son más complicadas de lo que creen quienes delirantemente pretenden que toda la humanidad, en su exquisita variedad, quepa en cinco clasificaciones inventadas en el siglo XVIII.

5.2.14

PETA, grupo de odio

En varias ocasiones me han preguntado por PETA (People for the Ethical Treatment of Animals o Personas por el Tratamiento Ético de los Animales), sus dirigentes, la crueldad animal e incluso el cariño que le podemos tener a las mascotas. Reúno varias respuestas.
Ingrid Newkirk, fundadora y presidenta vitalicia
de PETA. Aunque ha declarado que desea que
las mascotas se dejen de criar hasta que especies
como gatos y perros desaparezcan, lo oculta cuando
un periodista que la va a promover, en este caso David
Shankbone, lleva a su perrito a la entrevista.
(Foto GFDL de David Shankbone, vía Wikimedia
Commons)
Creo que PETA y su inspirador, el filósofo Peter Singer, son fanáticos irracionales, y muchos de ellos crueles, misantrópicos, terriblemente incoherentes y peligrosos. Su odio al ser humano parece mucho mayor que su amor a los animales. Es una organización a cuyas tácticas, dirigentes y portavoces se oponen incluso muchas organizaciones verdaderamente humanitarias y de defensa de los animales. Ha sido identificado por agencias de seguridad de EE.UU. como amenaza terrorista y su posición ante grupos claramente terroristas como el Animal Liberation Front es de "lamentar, pero no condenar" sus actos de violencia.

De hecho, el incendiario Rodney Coronado de ALF, que en 1995 confesó haber incendiado un laboratorio de la Universidad Estatal de Michigan y pasó casi 5 años en una cárcel federal de los EE.UU. por sus delitos, recibió un "donativo" ese mismo año de más de 70.000 dólares, 45.200 de ellos entregados al Comité de Apoyo a Rodney Coronado.

Hay una dosis enorme de hipocresía en sus acciones y sus posiciones son inflexibles, sin ningún matiz, sin recurso a la razón o la ciencia y sin considerar el contexto ni ningún problema de ninguna índole fuera de su vocación. Su única visión para cambiar las cosas es la policiaca: prohibir, reprimir, impedir, satanizar, destruir y violar. Y como la conclusión la tienen antes que la investigación, en más de 30 años de existencia nunca han admitido haber encontrado ni un solo laboratorio, granja, criadero o establecimiento de mantenimiento de animales que acepten que cumple los requisitos legales... aunque la mayoría lo hacen.

Como Greenpeace, PETA toma una causa con la que casi cualquiera estaría de acuerdo (luchar contra la crueldad contra otros seres vivos), y la retuerce hasta convertirla en otra cosa totalmente distinta, violentando el significado del lenguaje para hacer acusaciones brutales (usando sin medida palabras cargadas como "crueldad", "esclavitud", "holocausto", "asesinato", "brutalidad", etc.), exagerando temas pequeños para convertirlos en publicidad y proclamándose únicos legítimos representantes de esas causas, exigiendo, pese a ser minoría, que toda la sociedad se someta a las soluciones prohibicionistas que plantean sin diálogo ni posibilidad de moderación de sus posiciones.

El exceso propagandístico y retórico acaba trivializando los verdaderos delitos, la verdadera crueldad, la genuina psicopatía (que, en todo caso, yo encontraría antes en muchos profesionales de PETA que en Nelson Mandela comiéndose un filete).

Investigación animal

Por supuesto, es deseable y moralmente bueno disminuir el sufrimiento de los animales que los seres humanos utilizamos para diversos fines, e incluso el de los que aniquilamos porque son plagas o ponen en riesgo vidas humanas, pero eso no parece que se pueda conseguir con las tácticas de PETA, especialmente cuando buscan prohibir toda la investigación en animales, satanizando a quienes la realizan y condenando al sufrimiento a quienes se benefician de esa investigación (salvo que sean dirigentes de PETA).

PETA ha llegado a decir que la investigación en animales no produce resultados científicos válidos (en pocas palabras: que se hace para satisfacer los instintos de crueldad y muerte de los científicos psicópatas, no para obtener conocimientos). Pero la que fuera vicepresidenta ejecutiva de PETA, Mary Beth Sweetland, que se opone radicalmente y sin excepciones a la investigación animal, es diabética y diariamente utiliza insulina, que fue precisamente el resultado válido de investigación en perros. Su respuesta cuando se le confrontó con este hecho me parece un monumento a la hipocresía y muy representativa de las contradicciones de PETA: "Necesito mi vida para luchar por los derechos de los animales".

Vamos, que si usted es diabético y no lucha por los derechos de los animales, debería morirse.

Otro caso emblemático es el de la falsificación de los experimentos de Silver Springs, cuando de modo increíblemente malicioso se intentó destruir la carrera y la vida de un neurocientífico que ha ayudado a miles de pacientes.

Foto CC de Alex Pacheco, vía
Wikimedia Commons.
Esta fotografía fue escenificada en 1980 por Alex Pacheco, cofundador de PETA, con objeto de desprestigiar al Dr. Edward Taub y a la investigación que realizaba buscando enseñar a personas paralizadas a utilizar miembros que no tienen sensibilidad (es decir, que tienen neuronas motoras funcionales pero no percepción de tacto, temperatura o propiocepción) aprovechando la plasticidad neuronal.

Pacheco se hizo pasar por voluntario en el laboratorio de Silver Springs y, en una ausencia de Taub, colocó del modo más incómodo e incorrecto a los monos en las sillas que se usaban para los estudios (torturándolos de hecho él, Pacheco) a fin de provocar gestos de angustia y hacerles fotos. Esto quedó demostrado en dos juicios y cinco investigaciones independientes sobre las prácticas del laboratorio de Taub que, de demostró, no se parecían en nada a esta barbaridad escenificada.

Las acusaciones falsas de Pacheco se tradujeron en 119 causas contra el Dr. Taub por crueldad animal y no darle a sus animales un tratamiento veterinario adecuado. 113 de ellas fueron desechadas porque el veterinario del Departamento de Agricultura que hacía visitas sorpresa al laboratorio testificó que nunca vio las inhumanas condiciones de crueldad que presentaba Pacheco. Cinco cargos se desecharon en un segundo juicio y el último lo desestimó un tribunal de apelaciones. El Dr. Taub fue absolutamente exonerado de la trampa que le había montado la organización.

Las investigaciones continuadas por Taub luego de derrotar a PETA se tradujeron en la "terapia de movimiento inducida por restricción" (CIMT) que ha ayudado a muchas víctimas de accidentes cerebrovasculares y otros pacientes a recuperar el movimiento de miembros paralizados. Demostró en el proceso la neuroplasticidad, es decir, la capacidad del encéfalo de regenerar neuronas y crear nuevas conexiones, toda una revolución en las neurociencias. Por ello, Taub recibió en 1997 el premio de Académico Distinguido de Irlanda de la UAB y el Premio William James de la Sociedad de Psicología Estadounidense, en 1998 el Premio como Científico Distinguido de la Asociación De Psicofisiología y Biorretroalimentación aplicadas y, en 2004, el Premio de Aportación Científica Distinguida de la Asociación Psicológica Estadounidense.

Increíblemente, más de 3 décadas después la foto sigue haciendo la ronda como si fuera una representación real de una situación de investigación, y gente que debería ser más rigurosa y tener una actitud más cuestionadora sigue sin enterarse de la verdad porque es más complicada que una impactante foto propagandística sin escrúpulos.

Si PETA o cualquier otro grupo radical "animalista" realmente quiere reducir la investigación en animales, sería lógico que ayudara decididamente a desarrollar una alternativa que nos pueda permitir llegar a los mismos resultados de investigación sin necesidad de recurrir a animales de laboratorio. Esto sería un gran trabajo científico en áreas como clonación y cultivo de tejidos, simulaciones computarizadas, uso de conocimientos genéticos y otros métodos que eventualmente podrían sustituir los estudios en animales... cuando las investigaciones son para beneficio humano. Habría que ver cómo se resuelve el problema de la investigación veterinaria en perros, gatos y otros animales domésticos que tiene por objeto beneficiar precisamente a otros perros y gatos. También deben hallarse mejores formas de reducir el sufrimiento del animal de laboratorio del que no se puede prescindir de momento (sedantes, mejores condiciones de vida en los bioterios, etc.), pero PETA ha dado para investigación, en los 34 largos años de su historia, sólo un millón de dólares. 1/30 de lo que fue sólo su presupuesto de 2012 que alcanzó la friolera de más de 30 millones de dólares. Por las manos de PETA han pasado cientos de millones de dólares que no han ido a investigar para eliminar el uso de animales, sólo para hacer publicidad prohibicionista... y financiar terroristas.

Ah, y para financiar a un engañoso Physicians Committee for Responsible Medicine, formado principalmente por personas que no son médicos pese a su nombre (Comité de médicos en favor de una medicina responsable) que se dedica a promover el vegetarianismo y el veganismo, y a difundir información cuando menos dudosa sobre los peligros que tiene el consumo de cualquier producto animal.

PETA mata

PETA puede gastarse, y lo ha hecho, miles de dólares para protestar por la crueldad de ciertos experimentos con gatos de la Universidad de Wisconsin, advirtiendo que un gato podría morir en los experimentos y llamando "torturador" al investigador, sin hacer caso a las distintas agencias gubernamentales y comités éticos de la universidad que precisamente existen para garantizar que la investigación se haga con el máximo respeto a los animales (mucho se ha avanzado desde el siglo XIX) y que aseguran que no hay tal crueldad ni ninguna acción reprobable o, menos, ilegal.

Matar un gato parece terrible a ojos de PETA, pero no lo es matar, digamos, a  1.045 gatos. Y 602 perros. Y a otros 28 animales de compañía diversos, todos liquidados con inyecciones de pentobarbital sódico.

Ésas fueron las cifras de los animales domésticos puestos bajo la "protección" de PETA sólo en 2012 y sólo en el estado de Virginia. Sólo fueron adoptados o rescatados por sus propietarios 15 perros, 9 gatos y 4 animales de otras especies. Y, desde 1998, la suma total de mascotas a las que PETA ha dado muerte es de 29.398. Su publicidad pretende que todos estos animales estaban gravemente maltratados, pero cualquier protectora de animales sabe que esas cifras no son representativas. En el pasado, gente de PETA ha sido de hecho condenada por el delito de tirar cadáveres de esos animales y acusados de crueldad animal después de matar a decenas de animales e intentar deshacerse subrepticiamente de sus cuerpos. Por el contrario, en lugares como Asturias, con pocos recursos y activistas dedicados, se ha conseguido implantar un cuidado de protectoras sin sacrificios, consiguiendo hogares para la mayoría de los animales abandonados.

No creo que se resuelva el tema de los animales arruinándole con pintura roja a una ancianita el visón que su fallecido marido le regaló hace 50 años y gritándole que es una hija de puta. No creo que se resuelva ningún problema robándose los pollos de un granjero que de eso vive legalmente y fingiendo "liberarlos" para que se los coman los depredadores locales. No se resuelve nada saboteando la investigación científica que beneficia a los humanos y a otros animales. Y ciertamente no se resuelve nada haciendo de lado los conocimientos científicos para actuar como inquisidores enloquecidos que se creen inspirados por dios.

El odio de Yourofsky

Yo quiero mucho a mi perro. Y a los perros que he tenido antes. Son mis amigos, parte de mi familia, motivo de mi preocupación por su bienestar. Me parece lo normal. La mayoría de la gente le tiene cariño a sus mascotas y no los ve, que diría Ingrid Newkirk, ama de PETA, como "prisioneros" o "esclavos".

Gary Yourfsky escenificando cómo entraría armado en un matadero de cerdos, luego de
señalar que "la violencia tiene su lugar" y que si alguien sale herido "es su culpa" por
agredir a a los animales en una entrevista para Veggie Channel.

Otra cosa es que a nivel genérico y ya no individual, alguien reaccione más airadamente ante el maltrato a un animal que ante el maltrato a un ser humano. Evidentemente quien ve a un cerdo y a un niño recibir un golpe y se indigna "igual" por ambos tiene un problema serio y probablemente es un misántropo.

De hecho hay animalistas que al tiempo que dicen rechazar la violencia contra los animales, disfrutan, celebran y promueven la violencia, el dolor y la muerte de otros seres humanos. Al respecto es relevante el discurso de Gary Yourofsky, que fuera el niño bonito de PETA y portavoz entre 2002 y 2005, condenado por terrorismo y al que se le prohíbe entrar en varios países, un sujeto cruel, obsesionado sexualmente y siniestramente malvado. Cito las palabras que dijo orgullosamente en 2005 en una entrevista con Claudette Vaughan para la revista The Abolitionist:
¡En el fondo, espero de verdad que la opresión, la tortura y el asesinato vuelvan multiplicados por diez a cada ser humano insensible! Espero que los padres disparen accidentalmente a sus hijos en excursiones de caza, mientras que los carnívoros sufren ataques al corazón que los maten lentamente. Todas las mujeres envueltas en pieles deberían sufrir una violación tan brutal que les dejara cicatrices para siempre. Mientras que todos los hombres envueltos en piel deberían sufrir una violación anal tan horrible que les arranque las entrañas. Cada vaquero de rodeo y torero deben ser corneados a muerte, mientras que los abusadores de los circos deberían ser pisoteados por elefantes y despedazados por tigres. Y, por último, deseo que la ironía lance la luz de su cabeza esotérica en la forma de investigadores de animales que contraigan enfermedades debilitantes y que se marchiten dolorosamente porque el dinero para investigación que podría haberse utilizado para su tratamiento se hubiera desperdiciado en la práctica bárbara y anticientífica de la vivisección.
Si ésos son los héroes y portavoces del movimiento de los derechos animales, algo anda muy mal allí adentro. Nunca he conocido un cazador, un torero, una persona del circo, a nadie que use pieles o tenga animales de corral a los cuales sacrifica para comer que tenga un odio contra los animales tan aterrador como el que expresa este miserable contra otros seres humanos.

No es alguien que pueda predicarle moral a otros.

29.1.14

El anonimato en Internet

Me preguntan sobre el anonimato en Internet y por qué en ocasiones critico o bloqueo a algunos interlocutores por acogerse a dicho anonimato en las redes sociales.
En mi opinión, el anonimato en Internet tiene un valor para la libre expresión de las ideas y el libre intercambio de la información en los espacios donde priman la represión, la censura y el pensamiento único impuesto por la vía de la fuerza, y dar la cara es peligroso.

Si eres joven y vives en países como los de Europa Occidental, los Estados Unidos, Japón o los de la Mancomunidad Británica, entre otros, lo más probable es que no hayas sabido nunca lo que es vivir con el miedo constante a un sistema dictatorial donde decir ciertas cosas puede traer graves consecuencias: pérdida del empleo, daños a la familia, golpizas, campañas de desprestigio e, incluso, la muerte. Revelar que eres gay, o que no eres virgen, o que eres ateo, denunciar las atrocidades del régimen, exigir libertad, derechos o democracia, puede destruir tu vida, o acabar con ella. Las historias de la represión contra disidentes por hablar en las redes sociales o en blogs son desgraciadamente corrientes.

En esos sistemas se usan medios anónimos para difundir datos e ideas. Antes eran folletos, volantes, panfletos, libros, canciones, pinturas... Este anonimato es válido también para eludir a enemigos poderosos. El grupo "Anonymous", del tablero de imágenes 4chan, adquirió su imagen pública al enfrentarse a la iglesia de la cienciología convocando a una serie de manifestaciones el 10 de febrero de 2008, en las que muchos llevaron máscaras del terrorista católico Guy Fawkes, reconvertido en personaje de cómic. (Cierto activismo le ha representado a Time Warner una fortuna en venta de máscaras desde entonces.) El anonimato era para evitar represalias de la cienciología, conocida por despiadada.

Superbarrio, activista de la Asamblea de Barrios de
la Ciudad de México. (Foto GFDL de Bernardo
Bolaños vía Wikimedia Commons)
Hay otras formas de anonimato que podemos considerar responsables y hasta justicieras, que pueden ser incluso armas de propaganda de luchas populares legítimas como la máscara que llevó durante años Superbarrio, portavoz de la lucha del Movimiento Urbano Popular de México (y del que yo soy biógrafo por azares del destino) o los pasamontañas de los zapatistas, al menos en sus primeros tiempos.

El problema es que el anonimato tiene aspectos que no son tan respetables, tan responsables o tan simpáticos, y por ello la defensa a rajatabla de "el anonimato" sin matices es un simplismo que no me parece aceptable y no lo puedo compartir.

De una parte, no es infrecuente que las tiranías lo usen como arma contra la oposición, o que lo usen los fascistas, los defensores de la violencia, los dictadores y sus valedores.

El Móndrigo, intento de desprestigio de un
movimiento que puso en cuestión
al gobierno mexicano en 1968.
Recuerdo, como panfleto denigratorio en México, ¡El móndrigo! Bitácora del Consejo Nacional de Huelga, supuesto diario de un "líder" que contaba "verdades atroces" sobre el movimiento estudiantil-popular de 1968. Fue elaborado por la Dirección Federal de Seguridad y distribuido en 1969 para desprestigiar al movimiento y a sus líderes diciendo que todo había sido resultado de un complot comunista con financiamiento soviético y cubano para derrocar al gobierno mexicano. Al paso de los años y al desclasificarse documentos de inteligencia de los EE.UU. se ha revelado que incluso los muy paranoicos analistas estadounidenses no encontraron evidencia alguna de injerencia extranjera en el movimiento ni en el CNDH.

Igualmente lo es la promoción que hacen los sistemas autoritarios políticos y religiosos de la denuncia anónima donde el acusador no tiene que enfrentar al desprotegido acusado para sustentar sus afirmaciones. Fue el sistema usado por la Inquisición para llenar sus mazmorras, y fue –y es– práctica alentada por las dictaduras también en la forma del infiltrado, el informante y el traidor, el rencoroso, el adalid del odio y el cobarde.

En muchos casos, el anonimato funciona como desinhibidor, como la máscara que permite en carnaval que la gente realice actos que no se atrevería a hacer su portador a cara descubierta. O funciona como la capucha del verdugo y la careta del delincuente que no quiere ser reconocido.

Los miembros del Ku Klux Klan ocultaban sus rostros
para poder perseguir, aterrorizar y linchar impunemente
a la población negra del sur de EE.UU.
Los trolls anónimos, los acosadores políticos o sexuales, los distribuidores de spam, los terroristas religiosos o políticos, incluso los que practican el phishing, también se benefician del anonimato, obviamente para fines menos respetables que quienes protegen su intimidad o su supervivencia. El anonimato cobarde tiene como ejemplo ya no la máscara de Batman o el pasamontañas zapatista, sino la capucha del KKK.

Envalentonados por el anonimato, muchos lo utilizan simplemente para comportarse como imbéciles arrogantes, como lo recoge un reciente estudio. Pero no se trata únicamente de quienes se refugian en él para decir tonterías, difundir falsedades y sentirse poderosos, sino de sitios Web, movimientos sociales enteros, que en sus apartados de "Quiénes somos" no dicen quiénes son sino que se refugian en vaguedades demagógicas: "Somos un grupo de ciudadanos como tú que nos hemos hartado de cómo se hacen las cosas", "Somos un equipo profesional de una pseudoterapia", "Somos una red ciudadana que permite instaurar una verdadera democracia", "Somos hombres y mujeres preocupados por el avance de nuestra sociedad" y así...

Y así tenemos la casi increíble contradicción de grupos supuestamente "activistas" (palabra devaluada, malversada y humillada) que le exigen "transparencia" a políticos, empresas y personas individuales mientras ellos permanecen opacos tras sus caretas. Los conflictos morales y políticos que plantea esto son relevantes. Si uno afirma tener derecho al anonimato, a ejercer la opacidad y actuar y hablar sin ser personalmente responsable de ello... ¿qué objeción moral le pone a que otras personas, empresas, grupos, partidos, asociaciones, policías, kukluxklanes, bandas o gobiernos hagan exactamente lo mismo? ¿No es más sano para una sociedad y un estado de derecho que todos se vean obligados a respetar la legislacion y el anonimato sea una excepción y no una norma consagrada por el "y tú mas"?

No está delimitado en qué casos el anonimato es aceptable y en qué otros no, y quién y cómo debería desvelar la identidad de quien delinque en la red. Mientras no se resuelve la contradicción, el riesgo es que el enmascarado se convierta en un grupo de poder ilegítimo e incontrolable contra ciudadanos que no pueden defenderse ante él... lo que se llama, de nuevo, dictadura.

Jaron Lanier que, además de pionero de la realidad virtual y escritor, es músico y compositor.
(Foto CC de Allan J. Cronyn, vía Wikimedia Commons)
Comparto en lo esencial la preocupación del pionero de la realidad virtual Jaron Lanier sobre el riesgo de las turbamultas linchadoras en la red. Al menos en algunos casos ya hemos visto cómo el entusiasmo de la gente por proclamas, afirmaciones y llamamientos a la acción hechos por personajes anónimos ha derivado en ataques contra ciertas personas, especialmente personalidades públicas, sin que se cotejara la verdad. O acusaciones anónimas que se han vuelto virales y han resultado ser falsas, pero que sobreviven y resurgen de cuándo en cuándo sin que nadie se haga responsable de sus peores efectos, dejando a las víctimas en la indefensión.

Es la propaganda más basta, multiplicada exponencialmente por la red y proveniente de una autoridad a la que nadie ha elegido, que a nadie rinde cuentas, que no tiene ni asume responsabilidades ni obligaciones y que por tanto puede descarrilar fácilmente, pero que tiene por otro lado una inexplicable credibilidad en ciertos sectores, principalmente de jóvenes. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente, y eso a estas alturas no debería ser ninguna novedad. Cito a Lanier: "¿Cómo puedes saber cuándo eres el desamparado y cuándo eres el poderoso? Cuando te equivocas en esa percepción, te puedes comportar bastante mal con mucha facilidad".

No conozco la solución. Creo que el anonimato es un valor en ciertos casos, pero también que no debe ser cobertura de la malevolencia, la delincuencia, la brutalidad, el bullying, el acoso y el daño caprichoso a otros individuos u organizaciones sustituyendo al sistema jurídico.

Personalmente opino que todos debemos ser transparentes en nuestro accionar público, y al mismo tiempo tenemos derecho a la privacidad en nuestro ámbito íntimo. Pero, de nuevo en palabras de Lanier: "No publiques anónimamente a menos que realmente puedas estar en peligro".

No tengo problema con quien opta por ser anónimo en Internet siempre y cuando no use su anonimato como patente de corso para la impunidad cobarde, ni para actuar como un imbécil, ni para caer en contradicciones que representan un conflicto moral. Cuando alguien usa así el anonimato, yo dejo de dialogar, dejo de escuchar, bloqueo y omito. Su derecho a hablar en público no es mi obligación de escucharlos, ni el derecho a meterse a gritar y amenazar a otros en los espacios personales de Internet, y por ello no puede esperar sino ser echado de allí.

Y no forzosamente con buenos modos.

22.1.14

Transhumanismo y conciencia

Mauricio, viendo tu último post (en Los expedientes occam), ¿crees que algún dia se "clonará" la conciencia o el cerebro humano y podremos substituir partes del cerebro dañadas o directamente hacer cópias de uno mismo (Kurzweil)?
Ray Kurzweil, ¿vivir para siempre?
(Foto CC de Roland Dobbins vía
Wikimedia Commons)
Por supuesto que algún día se clonará el cerebro. De la conciencia lo tengo menos claro porque no sabemos cómo se produce. Apenas sabemos algo: la memoria y la evolución del cerebro se expresan en el número y tipos de nuevas conexiones neuronales. Así que no es lo mismo clonar neuronas y células gliales en estructuras tales que formen un cerebro humano que clonar la "conciencia".

Este conocimiento también representa un problema para "sustituir partes del cerebro dañadas". Se pueden sustituir las neuronas, pero es difícil pensar, al menos ahora, cómo reproducir las conexiones que daban su calidad individual a esas partes dañadas. Si se sustituyen estructuras como, digamos, la amígdala, ¿siguen siendo "tuyas" las sensaciones de miedo que experimentas? Bueno, probablemente sí. ¿Si se sustituye la corteza visual sigues siendo tú quien ve? Supongamos que sí, también. Pero, ¿si se sustituyen las neuronas corticales que se pierden en el progreso de la enfermedad de Alzheimer, sigues siendo "tú"? ¿Cuál es el límite en cuanto a número de neuronas, número de conexiones, calidad de las conexiones, ubicación en distintas estructuras, que forma eso que llamamos "mi conciencia de mí mismo" y a partir del cual ya eres otra persona?

Mientras no sepamos eso, por supuesto, todo es especulación.

Ahora, hacer copias de uno mismo (viejo sueño de la ciencia ficción) presenta exactamente los mismos problemas. Te pongo un caso tajante que es la teleportación tipo Star Trek. Tus moléculas se disgregan, se envían de cierto modo a otro lugar en el espacio y se recomponen con absoluta precisión por algún procedimiento asombrosamente avanzado... ¿sigues siendo tú? Es verdad que son las mismas moléculas, pero han dejado de ser tú y tú has empezado a existir de esa forma en el momento en que Scotty termina el proceso de "beam me up" o "down"? La especulación no es nueva.

Pero entonces, si consiguieras hacer una copia de ti mismo que ya no genética, sino a nivel molecular, ¿ambos son tú? Es plausible pensar que la copia siente que es tú, pero ¿tú te enteras de que te has copiado?, ¿tu conciencia individual se ha extendido hasta hacerte dos o simplemente tienes un gemelo idéntico que desde ese instante tiene una personalidad propia y una epigenética y exposición a sustancias químicas y gérmenes patógenos y estímulos medioambientales ligeramente distinta a la tuya? ¿Si te matan a ti sientes que no has muerto porque habría una conexión místicoesotérica con la copia de ti mismo? Suena poco plausible. Y, ¿durante cuánto tiempo es razonable llamar a esa copia "otro tú" y en qué momento es un individuo independiente?

Piensa que viendo los dos el mismo objeto desde dos puntos de vista, dos ángulos ligeramente distintos (aún puestos de pie uno junto al otro), sus ojos y aparato visual están registrando estímulos distintos en cuanto a forma, luminosidad, profundidad, etc., de modo que desde el primer instante se van diferenciando.

Lo mismo ocurre cuando se "carga la conciencia en un ordenador/computadora", como dice con toda frescura Kurzweil (hablar es gratis, y los especuladores futuristas siempre hablan demasiado, ya que ni siquiera tienen la obligación de hacerlo artísticamente como los escritores de ciencia ficción), ¿el cerebro de la "conciencia original" percibe lo que está viviendo la conciencia copiada, clonada, reconstruida, impresa con una impresora tridimensional subatómica de precisión infinita? A menos que se postulen fuerzas ajenas a las que conocemos en el universo (las "energías" de las varias pseudociancias) capaces de la transmisión de cantidades tremendas de información instantáneamente, la respuesta es "claro que no".

Kurzweil, que por otra parte es un gran inventor en terrenos como el reconocimiento de caracteres, el reconocimiento de voz y los instrumentos electrónicos, todo lo cual nada tiene que ver con el tema del futurismo y la sigularidad, ha hecho un esfuerzo enorme por sumarse a las filas de los profetas fallidos (no todos místicos, recuerdo cuando Alvin Toffler ocupaba su lugar como gurú adivinatorio no sobrenatural, y mucho antes de él a Malthus, claro). Predicen ciertas cosas especulando sobre el desarrollo continuado lineal de ciertas tendencias y prevén ciertas maravillas que al paso de los años se parecen más y más a la casa de los Supersónicos o los Jetsons, un futuro anticuado e inocente.

Su desgracia suele ser múltiple. Comento algunos puntos:

a) Muchas tendencias no son lineales, geométricas o logarítmicas, no son continuas... hay saltos cualitativos que "cambian la jugada" del todo, por ejemplo, la revolución verde de Borlaug, el teléfono móvil o la fibra de carbono, que dan al traste con las previsiones de continuación de las tendencias; ya he comentado que si la madera se hubiera seguido consumiendo de acuerdo con las tendencias del siglo XVII y los inicios de la revolución industrial, habríamos quemado hasta el último árbol del planeta hace mucho, pero esto no ocurrió porque la transición hacia los combustibles fósiles cambió la jugada, de hecho los bosques que se usaban para hacer carbón pasaron a ser campos agrícolas que ayudaron a alimentar a poblaciones de tamaños que el malthusianismo consideraba inviables.

b) Las maravillas que sueñan son implausibles y muchas veces se enuncian sólo para conseguir la atención del público o por una creencia íntima irracional (parece ser el caso de Kurzweil, que come vitaminas y se inyecta múltiples sustancias para "vivir para siempre", como si hubiera datos (que no los hay) de que sea posible que un ser humano viva para siempre riéndose de los factores que provocan el envejecimiento, tanto los que conocemos (como los telómeros) como los muchos que sabemos que aún nos faltan en la ecuación.

c) Muchos aspectos del avance científico en el que se basan los futuristas resultan inviables, inaplicables o, con enorme frecuencia, muchísimo más complicados de lo que parecía en un principio. Dicho de otro modo, no toda ciencia pura se convierte en ciencia aplicada. La clonación es un buen ejemplo. Dolly fue la gran sorpresa (a mí me tocó dar la noticia en la radio mexicana, en un programa de divulgación que teníamos) y muchos escribieron largos artículos sobre cómo la clonación iba a resolverlo todo, desde el hambre en el mundo hasta el lujo de abrigos de visón para todos. Luego resultó que el asunto era más complejo, algunos animales no han podido ser clonados, las técnicas tienen que refinarse mucho más y quizás no vale la pena hacerlo industrialmente. La revolución de la clonación tal como se anunció en 1996 sigue sin ocurrir, pero nos permitió desarrollar otras técnicas de laboratorio que han sido útiles en otras áreas de la investigación.

d) Las predicciones obvias que sí tienen desarrollos continuados y en las que aciertan (y ocasionalmente alguna poco plausible en la que también aciertan) se utilizan como base para su prestigio social y mediático. En eso sí son iguales a cualquier Nostradamus de la televisión nocturna que hace una pila de predicciones (lo que se llama apuntarle a todo el monte con la escopeta grande) y luego se anuncia como un genio o un gran profeta empleando las tres en las que acertó. Para acertar esa cantidad de veces no es necesario ser un genio ni mucho menos, claro. Pero el público en general y los medios no lo tienen claro y exaltan a cualquiera que haya predicho algo acertadamente, así fuera de una obviedad apabullante. En el caso de Kurzweil, creo que hasta hoy no ha acertado ni una, pero podría equivocarme.

21.1.14

¿Futuro económico?

Hola, leyendo algunas respuestas tuyas me interesa tu opinión sobre el futuro económico en el que nos vemos sometidos a seguir y a la sociedad en estas transiciones que ''evolutivamente'' fundamentan razones de cambios ?
Oslo, capital de Noruega, uno de los países más felices del mundo, con un sistema socialista de protección social, capitalismo regulado, propiedad estatal de recursos como el petróleo y una democracia transparente y funcional. Un pretexto para la reflexión si uno cree que el objetivo de la política es la felicidad de la sociedad y no conceptos más abstractos y fácilmente desfigurados por las proclividades ideológicas sin bases. (Foto DP vía Wikimedia Commons)
Desde el principio no creo que estemos "sometidos a seguir" un futuro o un camino económico. Es decir, la idea de que hay "alguien" por allá que malévolamente ha diseñado un sistema que se nos impone manipulándonos y controlando nuestras mentes es muy seductora y novelesca, pero tiene el problema de que no está sustentada en evidencias. El sistema económico actual ha evolucionado desde el feudalismo de una manera bastante normal, es decir, no hay evidencias de que una fuerza suprema y todopoderosa haya puesto unas vías y nos haya subido a un ferrocarril para ir a fuerza a donde "ellos" quieren, sino que esto ha crecido y se ha desarrollado a trompicones y con virtudes y defectos.

Que los poderosos quieren mantener el status quo y ser más poderosos no es nada asombroso ni es admisible que alguien venga a estas alturas a presentarlo como el gran descubrimiento de la sociología hipster. Pasa con todos los poderosos en todos los sistemas económicos. En todos. Pero también está el hecho de que ha habido una evolución social que no se habría dado si no se la hubiéramos arrancado los de abajo a los de arriba. Sindicatos, horarios, salarios, derechos sociales, políticos y económicos, rechazo al sexismo, al racismo, a la homofobia, a otros tipos de discriminación, escuela pública, sanidad, avances hacia la igualdad ante la ley... todo eso no ocurrió porque el mecanismo perfecto que se imaginan muchos tuvo una pequeña avería. Ocurrió porque hay personas que sabe que la gente puede influir en la evolución de las cosas... y no sólo rompiéndolas. Y esa gente se decidió a cambiar las cosas: los organizadores sindicales, las organizaciones campesinas, los partidos, los profesores y médicos con conciencia crítica, los activistas de distintas causas e intereses, en fin.

Decía yo el otro día en una entrevista que "todo cambio debe venir desde abajo", y no porque crea en los planteamientos anarquistas sino porque para arriba el cambio siempre es amenazante, puede romper la inercia del poder económico, político y religioso y obligar a los de arriba a bajar y además tolerar ver a los de abajo subir. Y al hablar de "arriba", de los que tienen poder, debe quedar claro que obviamente estoy generalizando, y que sé que hay muchos que están en el poder y que también son agentes del cambio, desde Negroponte hasta Gates, desde Mandela (que era de la familia real Thembu gracias a lo cual pudo estudiar en universidades occidentales) hasta un químico como Robert Boyle. Vamos, que la lucha entre los intereses colectivos de las clases no me da para hacer la guerra contra los individuos pertenecientes a otras clases.

Me niego a aceptar los enemigos fáciles, el "ellos" al que acude el demagogo para conseguir seguidores incondicionales y aplausos baratos. Creo que el futuro se construye siendo enemigos de instituciones y costumbres, pero no de personas satanizadas y deshumanizadas a las que se sacrifica en el altar del bien común. No creo que la caricatura del comunista avieso y malévolo que odia la libertad represente realmente a la mayoría de los luchadores de izquierda que he conocido en persona, desde el más humilde organizador popular de Asamblea de Barrios hasta a Fidel Castro (que al menos algún día fue honesto y no había perdido todos los tornillos para creerse un mesías), por supuesto, pero tampoco creo que la caricatura del empresario psicopático, genocida, deshonesto y cruel se adapte a la realidad de la mayoría de los empresarios que he conocido en mi vida, desde la modesta chica que tiene una tienda de abalorios en Gijón hasta el dueño de Cementos Mexicanos. Me queda claro que ambos pretenden ganar dinero y vivir con ciertas comodidades, como me queda claro que la posibilidad de explotación del segundo es mucho mayor que la de la primera, pero no necesito pintarlo como guardia de campo de concentración para luchar porque sus trabajadores tengan mejores salarios y prestaciones, derechos y participación en los beneficios de la empresa.

Y, sobre todo, le tengo muchísimo miedo a los que detectan bien los problemas, los diagnostican interesadamente y luego nos ofrecen soluciones simples y sin dolor. La economía es un mecanismo altamente complejo e interdependiente, nos guste o no, y cuando la solución simplona que nos ofrecen es "desregular por completo las labores de la empresa privada y entregarles todo el patrimonio de los estados para que ellos administren a la perfección la sanidad, la educación, el agua y la justicia" no necesito demasiados cursos de economía para saber que me están tratando de vender, para la carrera de mañana, un caballo muerto. Por desgracia, lo mismo tengo que decir de quienes dicen que todo se resuelve derogando por la fuerza el sistema actual e implantando el sovietismo recalentado con más sal y entonces todo funcionará mágicamente bien, las mercancías se producirán y distribuirán maravillosamente, nadie obtendrá "demasiadas" ganancias y lloverán hamburguesas veganas todos los días de dos a tres.

El cambio depende de las preguntas que los de abajo le hagamos a los que se ponen arriba y nos ofrecen en venta su solución. Igual que se le pregunta a Aguirre "¿por qué si la empresa privada es tan buena administradora se fue a la mierda Lehman Brothers y si los grandes empresarios españoles son tan honestos por qué tenemos que pagar el juicio de Díaz Ferrán, ese Atila de todas las empresas que cayeron en sus pezuñas?", se le tiene que preguntar al de la arenga antisistema: "¿cuál es el mecanismo de distribución y compensatorio que pretendes instaurar para que los productos lleguen a quienes lo necesitan? Y, si abolimos el dinero, ¿cómo propones que se maneje y valore el trabajo y la riqueza producida?" Las respuestas, y sobre todo los titubeos a la hora de responder, son los que nos pueden decir qué tan viable es cada camino que nos ofrecen.

Yo, entretanto, sigo creyendo que la organización de base, lo que hoy se llama el "empoderamiento" de los de abajo, del trabajador, del ama de casa, del desempleado, por medio de acciones concretas destinadas a arrancarle reivindicaciones concretas al poder existente sigue siendo el mejor camino para obtener resultados a corto y largo plazo (aunque sea para grupos pequeños y no represente la toma del cielo por asalto) y para que todos aprendamos a usar el poder que sí tenemos, lo que además vacuna contra los mesías, que siempre son una plaga pero que en tiempos de crisis se multiplican como los hongos después de la lluvia, pues todos florecen siempre en el entorno de la desesperación, la demagogia y el simplismo.

(Esto se escribió mucho antes de que apareciera el partidúsculo o lo que sea que se llama Yes we can Podemos. Pero si alguien quiere aplicarlo, puede.)

17.1.14

La dulce seducción del verticalismo

Cuántos mártires hay hoy, es alucinante... cuántos están dispuestos a sacrificarse porque se sienten llamados como "referentes" por esa sociedad hambrienta de líderes de gran calado, esa sociedad huérfana... porque ellos no querían, que están a lo suyo en el taller y en el campo y en la oficina chacachaca trabajando sus ocho horas a salario de hambre, pero bueno, es que el clamor en las calles es tan estruendoso, su nombre se repite tanto en las tertulias de café y en los análisis políticos, les llegan tantas cartas, les escriben tantos poemas, les hacen tantos retratos al óleo con el pie sobre un cañón... que sienten la pesada responsabilidad sobre sus hombros, oiga...

Y nada de organizaciones políticas de base que determinen a sus líderes y a sus candidatos, nada de transversalidades peligrosas, cuando ya tenemos a Rosa, Julio, Juantxo, Pablo... La democracia dirigida y digerida del "yo soy la respuesta" en lugar del "vamos juntos a ver qué respuestas armamos y nombramos a uno que nos represente". No, mira, yo te represento y aquí están las ideas que vas a tener, que yo y los cuatro que armamos este teatro sabemos que son las que debes tener, porque somos tan demócratas que nos causa vértigo a nosotros mismos. La democracia participativa es que tú participes en mi grupo, ¿no?

Ay, la democraciarealya que se parece tanto a la democracianorealhuy pero eso sí, con ropa distinta y un peinado que nadaquever con el de ellos, no vaya usted a confundirnos que nosotros no somos políticos, no, aunque hagamos política. ¿Cómo que políticos son los que hacen política? ¿Usted es tonto o qué? Políticos son los que hacen política cuando son ellos, que cuando soy yo, o mejor, Yo, ya no soy político, soy el pueblo, soy gente llana y común que hace política pues así, en plan martirologio. Los malos son "ellos", los políticos que nos han hundido... Repita conmigo: mi líder no es político, él entra en la política por mí, por mi culpa se sacrifica y está dispuesto a salvarnos, buenapersona que es.

Y esto no es análisis ni es nada, son sólo frases al aire después de ver cómo está dispuesto a morir por nosotros tanto Cristo de yosoylaverdadylavida y encima hay tantas manos ansiosas de aplaudirlos y tan poca vocación crítica entre quienes deberían preguntarse al menos: ¿esto no es un poco extraño, visto lo visto y dicho lo dicho?

Qué sé yo.

12.1.14

La doctrina del shock

¿Qué opinas de este artículo? ¿está en lo cierto o no? Tiene que ver con el libro La doctrina del shock. 
Naomi Klein en 2007.
(Foto GFDL de Ministry of Truth,
vía Wikimedia Commons
No, no creo que esté en lo cierto, como no lo está ninguna otra teoría de la conspiración. Y, como todas las teorías de la conspiración, favorece una explicación simplista sobre una compleja para una serie de fenómenos diversos y a su vez complicados.

No es sorprendente porque Naomi Klein es desde hace años la gran negociante del antinegocio, la capitalista del anticapitalismo (ay, qué Stalin suena eso), la intelectual exquisita que ha acumulado millones de dólares con sus libros y conferencias sobre lo malo que es vender cosas y así. Me parece claro que tiene una serie de ideas firmes que no desafía en sus libros y que no somete a la prueba de los datos, y tiene un público fiel que sólo le seguirá pagando y la seguirá endiosando si sustenta ciertas convicciones que comparte dicho público y no les propone una visión crítica, cuestionadora o basada en datos que pudieran no endulzarle la oreja a los militantes del New Age. Es el estatus social de Klein que ya criticaban Heath y Potter en Rebelarse vende y que es como vender camisetas del Che, botas Doc Martens o máscaras de Guy Fawkes (copyright de la Warner) y decir que así se está haciendo la revolución.

Sólo como pinceladas para ejemplificar las sobresimplificaciones de Klein y de cómo parece que está jugando a reescribir la historia aprovechando que las atroces dictaduras en el Cono Sur ocurrieron hace mucho tiempo y ya nadie se acuerda de ellas (sobre todo entre su público, formado por gente muy joven, sobre todo europeos y estadounidenses y que desprecian mucho la historia, sobre todo cuando no les da la razón, como es el caso de ella, que tenía 3 años cuando los golpes de estado de Chile y Uruguay, y 6 años cuando el golpe militar en Argentina, 12 años cuando terminó la dictadura en Argentina y 15 cuando terminó la de Uruguay) y de que tuvieron características y orígenes no muy similares.

Cierto que los militares de la zona dieron golpes de estado y se apoyaron en Estados Unidos. Pero los soldadotes latinoamericanos siempre han hecho eso. Lo hacían antes de la guerra fría (pienso en el apoyo de la embajada de EE.UU. al golpe de estado de Victoriano Huerta en México en 1913). Ya lo hacían en el siglo XIX.

En el caso de las dictaduras de los 60-70, los golpistas sabían que los EE.UU. iban a apoyar y además tenían algunas claras coincidencias con los responsables de la política exterior en EE.UU. (en aquellos años la política exterior de Estados Unidos tampoco era un dechado de complejidad, se definía con una sola palabra: anticomunismo, en un espacio mental tan estrecho que "comunistas" venían siendo hasta los demócratas pacifistas liberales capitalistas que en Estados Unidos habrían ganado una elección por el Partido Demócrata, los escritores, los estudiantes, cualquiera que se preguntara cosas o quisiera libertades o estado de derecho... además, claro, de los comunistas que sí pretendían instaurar el comunismo en los países latinoamericanos, y que también existían).

Así que para "luchar contra el comunismo" Estados Unidos montó un sistema de apoyo a todo el que se llamara "anticomunista", fuera un periodista de cuarta categoría en México o un empresario medio subnormal en Bolivia, un político paranoico brasileño o un militarote chileno. No negaremos que la URSS por su parte montó un sistema de apoyo a todos los que se proclamaran luchadores por el comunismo, desde el financiamiento de armas hasta el turismo político a Cuba y los países de la zona de influencia soviética.

En Chile, el golpe de estado de 1973 fue apoyado por Estados Unidos: un régimen democráticamente electo estaba nacionalizando la economía y estableciendo un modo de producción comunista por decreto. Y peor, estaba por convocar un referéndum que podía ganar. Las relaciones entre Pinochet y algunas empresas estadounidenses, así como con la CIA y el Departamento de Estado, en el proceso de preparación y ejecución del golpe no son noticia, sin embargo. Ya estaban documentadas en libros para 1974, un año después del golpe, cosa que recordamos los que lo vivimos. Pero Klein aprovecha que su público carece de datos al respecto para reinventarles la historia en términos que los emocionen. En Chile no había una guerrilla comunista, pues, sino un gobierno comunista, pero democráticamente electo. La guerrilla se lanza 10 años después del golpe, tan débil que nunca representó un enemigo real. La dictadura hizo una masacre de inocentes sin más.

En Argentina por entonces y desde los 60, había al menos tres movimientos guerrilleros bien organizados desde tiempo atrás, Montoneros, ERP y FAP, pero nunca estuvieron ni cerca de llegar al poder. Gobernaba Isabel Perón, viuda del inexplicable Juan Domingo Perón manipulada por asesores delirantes como López Rega. Su gobierno ya había iniciado la guerra sucia contra la guerrilla de izquierda (es decir, la exterminación sin ajustarse al estado de derecho) un año antes del golpe. Lo que hacen los militares al frente del golpe es intensificar esa guerra sucia presuntamente anticomunista con el principal argumento de combatir el "terrorismo marxista" o algo así de duro, pero masacrando demócratas, libertarios, socialistas, liberales sociales, garantistas, constitucionalistas y, sí, a quienes estaban levantados en armas tratando de instaurar un régimen socialista en Argentina.

En Uruguay todo esto ocurrió antes (no después del golpe de Chile como alucina el artículo). La guerra sucia había comenzado en 1971 contra los Tupamaros (uno de cuyos combatientes hoy es presidente de Uruguay, por cierto). El gobierno electo de Bordaberry en 1972 se dio un autogolpe de estado en junio de 1973 y siguió su lucha anticomunista con el apoyo de Estados Unidos.

Así que la presencia de una guerrilla de izquierda es fundamental y no parece ser considerada como un factor por Klein, quien olvida un hecho tan colosal y determinante como la guerra fría, y el hecho de que la URSS, generalmente vía Cuba, apoyaba, financiaba y entrenaba a esos grupos guerrilleros en toda América Latina (la excepción, Cuba nunca financió guerrilleros en México, dicen los historiadores, por motivos no muy claros).

Lo que quizás un latinoamericano veía como una simple lucha contra las históricas injusticias cometidas contra los más pobres de su tierra por parte de los dueños del poder económico y político era, en Washington y Moscú, no más que parte del ajedrez de la guerra fría, del enfrentamiento entre dos imperios geoeconómicos que se disfrazaba de lucha entre "comunismo asesino y democracia libertaria" según los estadounidenses o de "comunismo justiciero e imperialismo asesino" según la URSS.

Y había muchos otros factores en juego en esa época. Al militarote latinoamericano no lo inventaron los Estados Unidos, hay un fenómeno histórico no despreciable detrás, relacionado con los esquemas de gobierno teocrático indígenas sumados a los esquemas monárquicos y de explotación de la conquista y la colonia que se convirtieron en el enfrentamiento liberal-conservador en la América independiente con distintas expresiones en distintos países durante todo el siglo XIX. No es lo mismo México que Colombia en los años 70, entre otras cosas porque la guerrilla mexicana rural siempre fue indígena y popular, sin apoyo de Cuba, y en México no se producía coca.

Toda esta complejidad se le va a Naomi Klein, que finalmente tiene que demostrar que lo que ella cree es lo correcto: todo mal viene del capitalismo, y todo bien parece venir de denunciarlo en un bestseller que le meta algunos millones de asquerosos dólares en la cuenta bancaria.

Reagan y Thatcher, aliados firmes.
(Foto DP, vía Wikimedia Commons)
Un último punto que en varias críticas me ha llamado la atención de cómo se reinventa la historia esta señora: según su teoría, Margaret Thatcher creó el conflicto de las Malvinas/Falklands para aplastar a los sindicatos y promover su agenda ultraneoliberal. No seré yo quien defienda a Thatcher, pero esto simplemente no es verdad. Y ciertamente la primera ministra no necesitaba un conflicto bicicletero al otro lado del mundo para hacer lo que hizo contra los trabajadores ingleses.

Basta atenerse a la cronología que Naomi Klein ignora o estira y comprime como un chicle: la guerra de las Malvinas es en 1982, la gran huelga minera que consolida el poder de Thatcher e implanta el neoliberalismo cavernario ocurre en 1984-1985, y los motines del impuesto por existir (poll tax) son en 1989 y de hecho la acaban llevando a renunciar. Pero en 1982 no pasaba nada de eso.

Fue Leopoldo Fortunato Galtieri, el dictador militar argentino, quien fue creando la tensión para impulsar el sentimiento patriótico argentino y buscar en él un punto de apoyo para mantenerse en el poder pese al desastre económico que vivía la dictadura militar. Todas las acciones que llevaron a la guerra fueron emprendidas por el gobierno argentino, hasta llegar a la ocupación militar de las islas el 2 de abril de 1982. La apuesta clara de Galtieri es que GB no se atreverá a responder y que Thatcher tiene otros problemas como un desempleo de 3 millones y la reorganización de todo su gobierno. La movilización británica, además, fue mínima y suficiente, porque Galtieri envió a los combatientes argentinos a las Malvinas/Falklands sin equipamiento ni ropa ni elementos de supervivencia; directamente al matadero, pues. Los soldados británicos que llegaron a las islas el 21 de mayo (así de poco preparada estaba Gran Bretaña para una chifladura como la de Galtieri) rescataron del congelamiento a más soldados argentinos que los 649 que murieron (muchos congelados). Peor aún, Galtieri contaba con que Estados Unidos, valedor de la dictadura, apoyara a Argentina con base en la doctrina Monroe que rechaza la intervención de otros países en asuntos del continente americano. Pero se llevó el chasco de que Reagan apoyó logísticamente y con inteligencia la respuesta militar británica. Pocos aliados ha habido tan cercanos como Reagan y Thatcher, que compartían un proyecto neoliberal extremo, una visión conservadora y brutal, y la decisión de acabar con la Unión Soviética a como diera lugar.

Todo esto no sólo era claro para quienes vivimos el desarrollo de los hechos siguiendo las noticias día a día, sino que históricamente está más que documentado. Como suele hacer la contracultura y el New Age, la enorme, casi exquisita complejidad de los acontecimientos de 40 años se reduce a una "doctrina" que se aplicó perfectamente (como todas las conspiraciones, sin error alguno) a partir de un manual de los años 50.

Conspiranoia la de Naomi Klein con algunas más pretensiones que la de Icke y Alex Jones, pero no esencialmente distinta. La realidad siempre es más compleja.

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Añadido a los pocos minutos: 
Sólo por dejar constancia, durante un par de años, junto con un grupo de compañeros periodistas y escritores brillantes como Mario Méndez Acosta, Carlos Laguna y otros, me vi implicado en dar una serie de conferencias promovidas por el ISSSTE por todo México todos los sábados. Volábamos el sábado en la mañana, dábamos la conferencia y regresábamos el domingo a casa. 
En una ocasión quizá en 1984-85, me tocó viajar con el poeta guatemalteco Otto-Raúl González a Chetumal, estado Quintana Roo, a dar la conferencia de rigor y por la noche salimos a tomar algo. En un momento dado, Otto tuvo un pequeño altercado con un joven rubio, alto y con corte de pelo militar, con el añadido de que Otto no sabía inglés, así que intervine para calmar los ánimos al tiempo que llegaba para lo mismo un tipo rubio, alto y con corte de pelo militar pero con bastantes más años, que resultó el superior del joven, ambos del ejército británico. Otto se encontró con otro amigo y el superior me invitó a sentarme con su grupo de subordinados, de un regimiento de paracaidistas. Resultó que pertenecían a las fuerzas destacadas en Belice para proteger al pequeño país recién independizado de GB (en 1981) de los intentos guatemaltecos por anexárselo. Al parecer Belice era aburridísimo y los soldados británicos preferían viajar unas decenas de kilómetros para divertirse en Chetumal, que tampoco era como un paraíso de la vida nocturna. 
El caso es que, conversando, el capitán (creo) de los británicos me relató sus anécdotas de la guerra de las Malvinas/Falklands, como parte de la fuerza invasora británica, al frente de un batallón de paracaidistas. El tipo era duro, obviamente, y por lo mismo me impresionó que se conmoviera al contar cómo, al llegar a las islas en paracaídas, se vieron movidos más a salvar que a disparar a los chicos argentinos (muchos de ellos conscriptos, es decir, haciendo el servicio militar, no soldados profesionales como los británicos) medio helados, hambrientos y sedientos, y llevarlos a los buques hospital que tenían estacionados al norte. Le había impactado la asimetría y decía que era casi un abuso combatir contra ellos en esas circunstancias. Comparaba el equipamiento profesional del ejército británico, explicándome su ropa térmica, sus comunicaciones, su apoyo logístico, con las condiciones lamentables en las que Galtieri había mandado a su ejército a un lugar tan frío e inhóspito. No conozco mejor testimonio del absurdo inmenso que fue esa guerra de 10 semanas, y de cómo los militares argentinos sacrificaban gente inocente, incluso a sus propias fuerzas, con menos compasión de la que podían sentir quienes eran sus oponentes en un conflicto armado.

1.1.14

Orcas vejadas

Hola Mauricio ¿que opinión te merecen los boicots a los centros acuáticos para defender a las orcas de las vejaciones que ahí sufren? ¿Debe prevalecer la economía y la diversión que estos centros generan sobre el sufrimiento de estas especies?
Siete años (en que se supone que "no sufrió")
y 20 millones de dólares se dedicaron a que la
orca Keiko fuera "liberada" y muriera joven para
satisfacer la tendencia a la antropomorfización
de ciertos grupos.
(Foto DP Departamento de Defensa de los EE.UU.
vía Wikimedia Commons)
Los estudiosos del comportamiento animal, los etólogos, nos advierten una y otra vez sobre los peligros de la antropomorfización, compleja palabra que significa "darle forma humana" a algo, en este caso a los animales. Es el complejo Walt Disney: "mi canario está triste", "a mi burro le divierten las mariposas", "mi gato está ofendido". Son interpretaciones que hacemos con las que le damos sentido a nuestra relación con los animales fingiendo que son como humanos (antropomorfos), pero siempre debemos tener claro que se trata de una ficción nuestra.

Así como hablamos de que no podemos estar seguros de que nuestra experiencia subjetiva individual sea igual a la de otros humanos, mucho menos podemos estarlo cuando tratamos con otros seres vivos, y atribuirles nuestra subjetividad puede ser un error costoso.

Por ejemplo, mirar fijamente a un chimpancé puede disparar en él reacciones agresivas, porque para muchísimos animales, incluidos nuestros cercanos parientes, la mirada fija es un desafío. Y más de un inocente ha extendido una mano hacia un chimpancé que parecía feliz ya que "me estaba sonriendo" cuando en realidad la "sonrisa" de los miembros de esta especie es una advertencia de agresión que antecede inmediatamente al mordisco. O tratan de aliviar el "dolor de parto" de las vacas, que no muestran ningún signo de dolor porque en la evolución sus cuerpos no se han visto modificados como el del ser humano, cuyo canal de parto se ha convertido en un espacio desafiante y difícil que provoca dolor y todavía mata a 590.000 mujeres al año. Para la vaca o en general cualquier mamífero placentario, por no decir los marsupiales, el parto es un asunto sencillo y limpio.

Pero los militantes siempre usan la metáfora humana, la antropomorfización: "Si a ti te encerraran en una piscina sin poder recorrer los mares, ¿qué sentirías?" La respuesta razonable es "Frío y ganas de salirme, no de recorrer los mares. Soy un puto mamífero terrestre, un hominino, no un cetáceo, idiota". O "¿Qué sentirías si te hicieran correr con un tipo encima de ti dándote con una fusta?" ¿Pues sentiría que me caigo, lógicamente, y que el tipo se va a comer la fusta porque es muy imbécil si no se da cuenta de la diferencia de espesor e inervación que hay entre la piel de mis nalgas y la de la grupa de un puto caballo, y del peso que ambos podemos llevar a cuestas".

Entonces siempre tenemos el problema de que quien dice "las orcas sufren una vejación" está actuando como telépata transespecífico, o como un antropomorfizador ignorante. Tenemos que creerle que las orcas tienen el concepto de vejación, y que además interpretan su situación como una vejación y han conseguido comunicárselo al animalista en cuestión. Todo demasiado dudoso.

Lo mismo pasa al hablar del "sufrimiento" de estas especies. Aceptando para el diálogo, pero sin conceder, que puedan sufrir, ¿su sufrimiento es como el nuestro? No lo sabemos. En algunas especies podemos interpretar (a veces erróneamente, pero en general no parece del todo absurdo) que sufren porque realizan comportamientos similares a los nuestros cuando sufrimos, por ejemplo lamentos o intento de apartarse del estímulo aversivo, conductas que llamamos de "evitación" porque se alejan físicamente de algo. No parece tonto decir "a mi perro no le gusta tal alimento" si no lo come o lo aparta en su plato, o decir "al león de duele la pata" porque cojea y se la lame. No sabemos si sufren igual que nosotros (porque nuestro sufrimiento es consciente, tiene una percepción del yo que no sabemos si tienen otros animales), pero una idea nos damos cuando hay dolor o aversión.

Así, por ejemplo, gran parte de los lineamientos éticos que se han desarrollado para la investigación en animales (y que no siguen, qué curioso, los pseudoecologistas como Séralini) se han desarrollado para disminuir al máximo lo que nosotros percibimos como sufrimiento porque a nosotros nos parece correcto hacerlo así debido a nuestra visión moral, no porque sepamos que los animales sufren como nosotros ni porque tengan derechos concretos.

Pero esto no pasa con las orcas. No tenemos comportamientos compartidos que podamos interpretar, es todo telepatía. Cuando la "bondad" humana ha logrado hacer realidad la bonita fantasía de Liberen a Willy (como lo hicieron precisamente con Keiko, la orca que interpretó a Willy en la película y que estaba en el parque de diversiones de Reino Aventura en México) el resultado ha sido atroz. Keiko no se alejaba de las personas, es decir, hallaba aversivo ese mundo natural idealizado por la Save Willy Foundation que finalmente abandonó a la orca a su suerte, mientras que las demás orcas mostraban conducta de evitación hacia Keiko. La orca parecía buscar la cercanía de los malvados seres humanos en la bahía de Noruega donde finalmente murió de neumonía a una edad relativamente joven para una orca. (Pero los que vivieron de "liberar a Keiko" siguen pidiendo donativos y viviendo de eso, lo cual me parece repugnante.)

En tu pregunta sólo falta decir que la gente va a los parques acuáticos a disfrutar malévola y sádicamente del sufrimiento de los animales (argumento por lo demás frecuente, también en los circos, carreras de caballos, etc.), cosa que claramente es falsa.

Así que cambiaría yo la pregunta por "¿Debe prevalecer el disfrute de muchos seres humanos al poder acercarse a una serie de especies que no vería nunca en la naturaleza, el conocimiento que se obtiene sobre el comportamiento y adaptabilidad de estas especies estudiadas en cautiverio,  el empleo de muchos seres humanos que se dedican a cuidar y mantener esos animales para que los vean y admiren y estudien otros sobre las creencias de unas personas que no saben biología y no saben etología pero están íntimamente convencidos de que tienen una misión de salvar al resto del mundo del horrible ser humano?"

Yo creo que sí, merece prevalecer si los animales son debidamente cuidados y sin antropomorfizar. Las presas, finalmente, están privilegiadamente libres de los depredadores, y los depredadores están alimentados sin tener que hacer los ejercicios de jugar con leones marinos vivos de las orcas y que si antropomorfizamos son terriblemente crueles.

Finalmente, siempre me parece muy curioso que se defienda a ciertos animales en función de su "factor auh", es decir, los que te hacen decir "auh, qué chulo". Se defiende poco a los cerdos aunque son de los seres más inteligentes, lo mismo se puede decir de los pulpos. Tienen mucho menos puntuación en la escala auh que un panda o un panda rojo o un delfín que parece que esta sonriéndote (al menos una especie, sin pensar para nada en el terrible espectáculo que es un delfín violando a un delfín bebé).

Ya eso de entrada me parece que revela una profunda ignorancia o una delirante hipocresía. O se lucha por tener un mundo donde se ayude a mantener la dinámica de los ecosistemas (no que se les inmortalice en bronce, todo ecosistema es dinámico y cambiante, siempre variará, siempre desaparecerán especies) y se encuentren puntos de equilibrio entre las necesidades humanas y las de su entorno o actúa uno como talabosques irracional y cazador de bisontes en ferrocarril, a lo idiota. Pero la idea de "voy a defender a este animalito bonito porque auh pero no a aquél otro feo porque agh" pues no me parece una base sólida sobre la cual construir una política de manejo de los recursos del planeta.

Y en estos casos siempre hay que recordar que el único animal que se da cuenta del daño que puede hacerle a su entorno y el único animal que está haciendo algo por minimizarlo y cambiar las cosas y reducir lo que le parece sufrimiento y comportarse como debe es el ser humano, debido a que tiene algo que lo diferencia radicalmente de los demás animales, su moral.

Eso debe darnos algunos puntos, ¿no?