31.5.15

Las revoluciones de Mack Reynolds

Hace unos días me estuve acordando de Mack Reynolds, escritor de ciencia ficción injustamente olvidado.

Dallas McCord Reynolds, escritor
que firmaba principalmente como
Mack Reynolds
Lo conocí en 1978 en la Convención Mundial de Ciencia Ficción, hicimos buenas migas y descubrí que vivía en México, en San Miguel Allende, Guanajuato, de modo que 1979 fui a hacerle una larga entrevista quedándome como huésped en su casa durante varios días, alimentado por los impresionantes platillos de su esposa Helen (responsable de la cocina de un importante hotel de la ciudad), cuyos langostinos al curry aún recuerdo 36 años después. En las comilonas, Mack me iba contando su vida como consultor de IBM y después su servicio militar en la SGM y cómo decidió convertirse en escritor en vez de volver a su trabajo anterior.

Mack hacía una ciencia ficción singular y de enorme valor que era su sello personal: la ciencia ficción socioeconómica y profundamente crítica. Su punto de partida era una visión originalmente favorable a la economía centralmente planificada del comunismo soviético que sin embargo no dejaba de ver ni los beneficios del capitalismo ni los problemas del autoritarismo y el centralismo. Me contaba cómo su padre, Verne, había sido dos veces candidato a la presidencia por el Socialist Labor Party, el más antiguo partido marxista de los Estados Unidos (que aún existe, por cierto). Mack perteneció al partido y militó en él de modo muy activo como organizador sindical y parte de la campaña presidencial de John Aiken en 1940... pero en 1958 se vio obligado a dejar el partido por su posición heterodoxa y por haber publicado el libro How To Retire Without Money (Cómo retirarse sin dinero) bajo el seudónimo de Bob Belmont, por "apoyar las afirmaciones fraudulentas de los apologistas del capitalismo, a saber, que el capitalismo ofrece incontables oportunidades a los que están 'alertas'".

Recuerdo su novela Tomorrow Might Be Different, cuya premisa era que la Unión Soviética empezaba a ganar la guerra fría inundando los Estados Unidos con productos para el consumidor baratos y de gran calidad, como cámaras fotográficas. La novela narra el contraataque estadounidense mediante la religión. La recordé mucho años después ante la fascinación que vi en Cuba por las "menudencias del mundo capitalista" que representaban algo valiosísimo para los desposeídos de la isla: pantalones vaqueros, maquillaje, zapatos, cámaras fotográficas, desodorantes... Mack se daba cuenta de lo perverso y absurdo que era que la URSS pudiera poner hombres en el espacio pero no fabricar una lavadora y una televisión decentes, ni darle de comer debidamente a su población... y lo perverso que era también que países verdaderamente ricos mantuvieran niveles de desigualdad indignantes y se pudieran dar el lujo de la pobreza.

Recuerdo otro relato donde un grupo de revolucionarios -porque Mack siempre estaba haciendo la revolución, creía que era un proceso permanente y necesario- subvertía el orden establecido vendiendo productos tan simples como jabón, pero sin marca, sin envoltura, sin colores interesantes y entregado a domicilio. Sus ofertantes eran perseguidos por la policía ya que el precio hay que ofrecían sus productos era bajísimo gracias a que se ahorraban el gasto en empaques, publicidad, comisiones de distribución y venta y otros elementos. Esto mucho antes de que existiera la profesión de plañidera del consumismo...

La visión de Mack era tan clara que le permitió prever que sobrevendrían el predominio de las tarjetas de crédito en la economía, Internet o una Europa comunitaria. No era magia, era conocer las sociedades. Y al escribir ciencia ficción se permitía audacias heterodoxas como la idea del "capitalismo del pueblo", donde la economía de libre empresa era dominada por los trabajadores como dueños de empresas privadas, o la advertencia de que el "centrismo radical" (hola, Podemos, hola Ciudadanos) podría ser una conspiración de los poderosos para volver apáticos y acríticos a los ciudadanos comunes. Era además un crítico sólido del islam, del racismo y del sexismo, como muchos pioneros de la ciencia ficción comprometida de su época.

Mack entendía algo que muchos no entienden: que el bienestar económico era sólo una parte de la satisfacción humana y que no se puede elegir entre derechos y libertades, que ambos son esenciales en una sociedad sana y justa. Por ello, en sus utopías de mundos donde ya no hay necesidades materiales, donde priva la igualdad y han desaparecido enfrentamientos como los de clase, Mack imaginaba a revolucionarios que las confrontaban para encontrar sentido a sus vidas o para romper una igualdad que resultaba injusta.

El valor de Mack para pensar distinto, para desafiar a los dogmáticos del capital y del marxismo, me hizo admirarlo y mantener una memorable amistad por correo (sí, de papel y cartero) los siguientes cuatro años, hasta que Helen me informó de su muerte, a la temprana edad de 65 años.

Ojalá se le leyera. Ahora hace más falta, incluso, que en los tiempos en los que escribía.

9.5.15

Historias, niños, doctrinas

De las muchas historias que uno conoce a lo largo de los años, hay algunas que se las arreglan para alojarse en nuestra memoria, sin que parezca haber un motivo claro, un hilo conductor, una explicación satisfactoria para que sean ésas, y no otras, las que permanecen. Y, de cuando en cuando, al darse ciertas circunstancias, al ver, oír, oler algo, revolotean y vuelven a la vida dotando a los acontecimientos de significado.

Cuento dos historias y por qué han resurgido estos días.

Alguna vez, calculo que allá por la década de 1980 leí una entrevista con un caballero alemán que debe haber estado por entonces alrededor de los 50 años de edad (escribo de memoria, no quiero ni hacer la búsqueda de la imagen o de la entrevista antes de escribir, para no contaminar la memoria que tengo, porque de lo que hablo es de mi memoria, no de los hechos tal como ocurrieron, que seguramente fueron un poco o un mucho distintos). El motivo era alguna efemérides de la Segunda Guerra Mundial.

El caso es que el reportaje con la foto del personaje, de respetable traje, estaba acompañada de una instantánea en blanco y negro que se remontaba al 20 de abril de 1945. Saberlo no es ninguna hazaña de memoria, era el último cumpleaños de Hitler y lo estaba celebrando, es un decir, con jóvenes de su organización juvenil, las Hitlerjügend, en la cancillería bajo asedio.

La historia contaba cómo el derrotado genocida le encargaba a esos más niños que adolescentes, junto a algunos ancianos de otra organización, la defensa final de Berlín hasta la muerte. Enviaba a esos jóvenes, jugando con su lealtad, al matadero del ejército rojo que ese mismo día comenzaba la batalla por la toma de Berlín.

En la fotografía en cuestión, Adolfo Hitler tomaba por la oreja (algo que él creía que lo igualaba al César con sus legionarios) a un niño asustado de 12 años de edad que era, por supuesto, el caballero de la entrevista. Hitler les pedía que dieran la vida en batalla y los halagaba reiteradamente.

Busco la imagen... la encuentro. Vuelvo. Es parte de la última escena que se filmó de Hitler en vida. Se suicidaría 10 días después en su búnker, sin enfrentar a los enemigos contra los cuales mandaba a esos niños.


El niño probablemente era Armin Lehrman, hombre que pasó la vida promoviendo la paz después del fin de la guerra y que obviamente no se sacrificó por su Führer. Es irrelevante para efectos de lo que cuento.

Para efectos de lo que cuento sí es relevante, en cambio, saber que la Hitlerjügend era el brazo infantil del partido nazi, englobando a todos los alemanes demasiado jóvenes como para ser miembros de pleno derecho del partido. La organización había sido creada en 1922 y constaba de tres secciones: la Hitlerjügend en sí (jóvenes de 14 a 18 años), la Deutsches Jungvolk de niños de 10 a 14 años y la Liga de Niñas Alemanas. Fue la única organización juvenil permitida en Alemania de 1933 a 1945.

Al entrar en la Jungvolk, los niños de 10 años tenían que hacer el siguiente juramento solemne sosteniendo una esquina de la bandera nazi: "En presencia de esta bandera de sangre que representa a nuestro Führer, juro dedicar todas mis energías y mi fuerza al salvador de nuestro país, Adolf Hitler. Estoy dispuesto y preparado para dar mi vida por él, lo juro por Dios".

Era, por supuesto, una organización paramilitar dedicada a una ideología.

Su nivel de manipulación, por cierto, al igual que su peculiar indumentaria, quedaron reflejados de modo agudo en el segmento "Tomorrow Belongs to Me", de la comedia musical Cabaret, que siempre me ha resultado revelador y un brillante resumen de las capacidades del populismo y la demagogia.



Para la otra historia que se me agitó en la cabeza estos días es necesario cruzar el Atlántico y llegar hasta Cuba, a San Francisco de Paula, sureste de La Habana, donde se encuentra Finca Vigía, que fue la casa de Ernest Hemingway. Allí escribió buena parte de Por quién doblan las campanas y la totalidad de El viejo y el mar. Es, como podría esperarse, un destino ineludible para cualquier escritor que pase por La Habana y, cuando fui como parte de un grupo grande de autores estadounidenses y mexicanos a los que recibían nuestros amigos cubanos, lógicamente un día nos encontramos en un autobús llegando a la mítica construcción, hoy convertida en museo dedicado al autor estadounidense.


Puedo recordar que me impresionaron especialmente, y fotografié, las tumbas de los perros de Hemingway. Era un detalle enormemente dulce por parte del brusco personaje, darle un entierro humano a sus compañeros caninos. Pero no importa lo que vimos e hicimos en la casa de Hemingway. Lo importante es que en un momento dado apareció por la casa un grupo de niños y niñas ataviados con un uniforme que yo, lo reconozco, no conocía. Era el de "los pioneros" o, más exactamente, la Organización de Pioneros "José Martí": las niñas con falda granate, los niños con pantalones granate, todos con camisas blancas y todos con un pañuelo azul, "la pañoleta" que los identifica. Después me enteraría de que la pañoleta azul identifica a los "moncadistas" (en alusión al asalto al Cuartel Moncada que hiciera Castro en 1956), niños desde los 6 años de edad o 1er grado escolar, que en el 4º grado pasan a ser "José Martí" y cambian la pañoleta por una roja que simboliza, por supuesto, la sangre de la patria.

Venía entre nuestro grupo un querido amigo mío, argentino él, exguerrillero montonero él, entrenado en Cuba él, que se emocionó profundamente al ver al grupo de niños uniformados. Se acercó a ellos y preguntó a toda voz: "¿Ustedes quieren ser como el Che?"... y los niños respondieron al unísono "¡Seremos como el Che!" Esto conmovió a mi amigo, por supuesto, como luchador revolucionario, como comunista convencido y como argentino admirador de la figura de su compatriota Ernesto Guevara, "El Che".


Yo, sin embargo, no compartía su entusiasmo. La homogeneidad de los niños me parecía escalofriante. Luego me enteraría de que los pioneros son la única organización juvenil legal en Cuba, que la pertenencia a ella es obligatoria desde los 5 o 6 años, que tiene una jerarquía y disciplina militares y que su objetivo es "Desarrollar en los pioneros el amor a la patria socialista, inculcándoles sentimientos de respeto y admiración hacia los mártires y las tradiciones revolucionarias y heroicas de nuestro pueblo; identificándolos con ellas para que le sirvan de fundamento a su conducta".

Su lema, repetido continuamente, es "¡Pioneros por el comunismo, seremos como el Che!" Eso explicaba su ágil respuesta, misma que mi amigo, por su parte, esperaba claramente evocar con su pregunta.

Por supuesto que sería injusto igualar a ambos grupos, y no lo pretendo. Ciertamente el manejo que hizo Hitler de los niños fue infinitamente más perverso y más criminal que el que se puede ver en Cuba. Pero con todas las distancias que el lector quiera y que yo asumo, ambos relatos (y otros muchos de dictadores y amados líderes, de soles de oriente y vanguardias de los trabajadores) comparten un detalle inquietante y es la instrumentalización política de la niñez.

Por eso, quizá, ambas historias se me agitaron en la memoria al ver un vídeo de campaña de Podemos para la presidencia de Aragón, que lleva como candidato a Pablo Echenique-Robba, donde una serie de niños hace valoraciones políticas que simplemente no corresponden a su edad, y que son producto de la indoctrinación y la instrumentalización.

Le he preguntado al candidato si los niños son actores pagados (que sería más legítimo) o si son hijos, hermanos, sobrinos o nietos de sus correligionarios, indoctrinados en casa o especialmente adiestrados para actuar en ese vídeo alabando al líder diciendo que es un hombre "que piensa muy bien".

Es inevitable que le traslademos a nuestros hijos, a los niños a nuestro alrededor, nuestras ideas políticas y religiosas, nuestras preferencias futbolísticas y, en lo posible, musicales y plásticas.

Pero hay una sutil diferencia entre enseñar a nuestros niños lo que pensamos e indoctrinarlos. Y hay una distancia abismal entre hacer a un niño recitar la lección política aprendida en honor a un líder, gurú o salvador, y educar a los niños en la idea de que deben enfrentarlo todo con visión crítica y cuestionadora, y que hasta nosotros, adultos arrogantes y convencidos de que tenemos la vida bajo control, podríamos estar equivocados.

Hay una diferencia entre decirle a un niño que la justicia es buena e informarle que la justicia sólo llegará de manos de este partido, de esta religión, de esta opinión, de este timonel austero pero amable.

Richard Dawkins utilizaba un ejemplo político para explicar por qué es despreciable describir a los niños como pertenecientes a una religión. Decía que los rituales de bautismo son tan absurdos como inscribir a un niño a un partido político al momento de nacer. Hablar de un niño musulmán, cristiano o budista es como hablar de un niño monárquico, liberal o socialdemócrata. Simple y llanamente, las consideraciones intelectuales y morales que es necesario realizar y sobre las que se debe reflexionar para asumir libremente una religión o una ideología política no son propias de la infancia.

La inquietud política aparece en la adolescencia, apenas, pero generalmente asume (y lo sabemos porque lo hemos vivido... todos) una posición emocional y simplista que sólo con el tiempo se asienta y asume una forma racional donde el compromiso se vuelve profundo. Lo mismo pasa con la inquietud espiritual o religiosa. Un niño explicando que "hay políticos que estafan" no está ofreciendo sus conclusiones, sino que está repitiendo lo que se le ha dicho, como el niño que repite que Cristo es el salvador, que hay que matar a los infieles o que está luchando por el comunismo (caso de los pioneritos). Los conceptos que se manejan están muy por encima de los intereses, capacidades y voluntad de quienes son utilizados como sus portavoces.

Pablo Echenique-Robba no ha respondido a mis preguntas. No me extraña, pues apenas había sido electo eurodiputado cuando decidió ignorar una carta abierta que le dirigí en este mismo blog como consecuencia de un debate que se inició en blogs y secciones de ciencia y acabó en Twitter.

Ver la instrumentalización de menores de edad para hacer la política que deben hacer los adultos, en todo caso, me provoca siempre la misma inquietud. Parece una profunda injusticia. No voy a enlazar el vídeo aquí, pero me queda la esperanza de que se trate de niños actores a los que se les ha pagado por decir cualquier cosa de la que no están convencidos.

Sería mucho menos desagradable.

10.2.15

Follow the money (¿quién pagó el lanzamiento de Podemos?)

En su libro Todos los hombres del presidente, los reporteros del Washington Post, Robert Woodward y Carl Bernstein relatan en detalle cómo desenmarañaron el caso Watergate en 1972 a partir de los datos que les dio el informador al que llamaban "Garganta profunda" (y que décadas después se supo que había sido el director asociado del FBI, Mark Felt).

De izquierda a derecha: la dueña del Washington Post en 1972, Katherine Graham, los reporteros
Carl Bernstein y Bob Woodward, el subdirector Howard Simons y el director Ben Bradlee.
La investigación de Woodward y Bernstein fue esencial para que se viera obligado a renunciar el presidente estadounidense Richard Nixon, en un alarde de la fuerza que tiene una prensa verdaderamente libre e investigativa (de la que mucho podrían aprender los publicistas que hoy hacen de periodistas en España).

Una de las frases clave que les dijo Felt y que los reporteros anotaron en su libro fue "La clave es el dinero secreto de la campaña, y todo se debe rastrear".

En la película sobre el libro, en la que Robert Redford hizo el papel de Woodward y Dustin Hoffman el de Bernstein, el guionista William Goldman parafraseó esta recomendación del informante en una frase mucho más impactante: "Follow the money", "Sigue el dinero".

La frase, de hecho, se ha convertido en un tópico, dando nombre hasta a un videojuego. Es un principio de la investigación criminal, de muchas relaciones humanas y, por supuesto, inevitablemente, de la política.

Sigue el dinero. Follow the money.

Porque nada se puede hacer sin dinero. Ni siquiera en los países comunistas. Cuando el Che Guevara quiso desaparecer el dinero en Cuba, por primera vez se le pusieron en contra los trabajadores. Acabó firmando los billetes como fugaz Presidente del Banco de Cuba.


"Sigue el dinero" porque el dinero sale de algún lugar y tiene un recorrido antes de llegar al lugar donde nos lo encontramos. Y seguir ese recorrido en sentido inverso explica mucho en situaciones donde todo parece incomprensible o al menos altamente implausible o francamente descabellado. Todo cuesta, siempre. Al pagarlo, se pone al descubierto una hebra que puede conducir al ovillo que alguien puede querer mantener oculto.

Especule usted conmigo (en el sentido de reflexión y no de especulación financiera, para eso veremos cómo especulan otros). Con base en hechos conocidos y en conjeturas al menos razonables. Porque si algún día la prensa española quiere desentrañar realmente los mecanismos de la convulsión política de 2014-2015, tendrán que hacer lo mismo y... seguir el dinero.

En el principio fue el descontento

Imagine usted a un grupo de gente de izquierda marxista más o menos clásica, gente convencida honradamente de que los diseños sociales y económicos de Marx y Lenin son los adecuados para resolver los evidentísimos problemas que tiene el capitalismo. Y los tiene: sus pesadas injusticias, su creación de pobreza y desesperación, de inequidad y falta de oportunidades, un fatalismo económico que se multiplica en el neoliberalismo, ese movimiento que pretende la absoluta desregulación de todos los mecanismos de producción, financieros y de mercado (confiando en una misteriosa "mano invisible" que produce el equilibrio en la teoría sin haberlo hecho nunca en la práctica), que busca que el estado se retire de su función social y que pretende la desgravación de las grandes fortunas en un esquema fiscal donde todos pagan lo mismo (como en el IVA) en lugar de pagar proporcionalmente a sus ingresos (como un IRPF por segmentos).

Pasemos por alto que nunca se ha demostrado que, efectivamente, las propuestas marxistas sean el remedio de la enfermedad evidente y que, de hecho, en muchos aspectos han sido peor que la enfermedad, por problemas de origen que no vamos a discutir aquí pero que puede usted conocer ya leyendo algo como las novelas de George Orwell Mil novecientos ochenta y cuatro o Rebelión en la granja, o el pequeño libro que escribió Bertrand Russell después de su visita a la URSS en 1920 Práctica y teoría del bolchevismo.

El punto es que desde los 70, el marxismo, en algunas de sus distintas advocaciones, asumió la vía legal de la democracia ("democracia burguesa", siempre, en el argot de esa izquierda) esperando convencer a las masas trabajadoras de que le votaran y el estatismo económico se consiguiera por la vía de los votos y no por la vía privilegiada desde Marx hasta fines del siglo XX: la revolución armada.

La Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la Universidad Complutense en Somosaguas,
Madrid (Fotografía de El Plural.)
Años y años de no conseguir más allá de un puñado miserable de votos hace que se reúnan para plantearse alternativas unos activistas y politólogos ciertamente no tontos (quizá menos brillantes de lo que creen ser), reunidos en un espacio aislado como podría ser una facultad de ciencias políticas que controlan férreamente a través de grupos de alumnos, organización asamblearia y muestras de fuerza (lo común en las universidades ideologizadas como sabe quien haya estudiado en una de ellas, algo he contado a nivel anécdota de mis andanzas con los trotskistas en la Escuela Nacional de Antropología e Historia allá por 1975) que se encuentran además vinculados, no es claro aún cómo, con el proceso de toma del poder de Hugo Chávez en Venezuela.

El otro comandante

Chávez en ese momento es hipnótico, tiene un enorme carisma tropical, tiene todos los atributos del caudillo latinoamericano de derecha o izquierda, da igual, macho alfa, burlón, despreciativo, con una absoluta seguridad en sí mismo, entrañable y cercano, despiadado y gran comunicador. Y emprende una jugada no muy novedosa que sin embargo consigue con enorme éxito: se presenta a las elecciones como un demócrata incluso anticomunista (olvidando el golpe de estado que él mismo encabezó años antes, y logrando que los electores lo olviden) y hombre de paz. Una vez que alcanza el poder, en 1999, revela su intención de fundar el socialismo del siglo XXI y emprende una serie de reformas que NO estaban en su programa original. Con la riqueza petrolera de su país, consigue financiar programas que entusiasman a la izquierda y pretenden equilibrar las profundas injusticias de Venezuela. Era la reedición electoral del triunfo militar de Fidel Castro, que se declaró demócrata hasta que, el 2 de diciembre de 1961, anunció que era y sería siempre marxista-leninista, y emprendió así el camino que lleva a la Cuba de hoy.

Hugo Chávez en Brasil en 2003. (Foto CC Victor Soares/ABr via Wikimedia Commons.)
Los politólogos españoles cayeron de pie en el mundo chavista. Sus conocimientos y su entusiasmo, su compromiso ideológico firme e indudable, les dan un lugar cerca del presidente venezolano que ya no dejaría el poder hasta su muerte. Uno de ellos tiene despacho en el propio palacio presidencial de Miraflores, y de otro se dice que en sus estancias en Caracas vivía en la misma residencia que Hugo Chávez, para estar siempre a mano del presidente. (Otro, que encabeza una organización de asesoría a la que pertenecen los demás, llegaría a ser llamado, años después, "El Jesucristo de la economía" por el sucesor de Chávez, Maduro.) Pero algunos de los cambios en Venezuela, sobre todo los autoritarios que cancelan libertades y derechos, encuentran resistencia... y la fachada de democracia se derrumba: el triunfo electoral establece que quien no apoya absolutamente, incondicionalmente, al régimen bolivariano que instaura Chávez es un enemigo, es casta, es fascista, es enemigo del pueblo, es alguien que está preparando un golpe de estado, es alguien cuyos derechos y libertades quedan cancelados debido a que su opinión difiere de la oficial. La jubilosa revolución chavista se despeña a La Terreur de sus propias contradicciones.

Y, en todo momento, los politólogos españoles están allí. Ven el surgimiento de movimientos afines a Chávez que triunfan electoralmente empleando el mismo sistema de simulación electoral: Rafael Correa, los Kirchner, Evo Morales... en la Suramérica nueva (que deja de interesar a Estados Unidos finalizada la Guerra Fría), sólo Lula da Silva y su sucesora Dilma Roussef, y Tabaré Vázquez (y su sucesor y luego antecesor, José Mújica) son declaradamente de izquierda y compiten electoralmente con plataformas socialdemócratas. Son también los que menos entusiasmo sienten por el liderazgo que Chávez cree tener. Y ese liderazgo se sustenta en un culto a la personalidad casi stalinista o maoísta, al que los politólogos españoles se apuntan entusiastas con frases que desbordan la admiración para llegar a un éxtasis religioso que recuerda a Santa Teresa ("Querer a Chávez nos hace tan humanos", cantaba uno de ellos).

El planteamiento siguiente no es perverso ni oscuro, sino consecuencia razonable de su vivencia y su compromiso ideológico, porque quien participa en política lo hace para obtener el poder político, por supuesto, en mayor o menor medida. Los politólogos españoles se preguntan si pueden hacer en España lo mismo que se ha hecho en esos países que admiran (y que, además, los están agasajando con jugosos contratos de asesoría, con relevancia profesional). Pululan (y cobran) en los partidos de la izquierda electoralmente marginal española (Izquierda Anticapitalista, Izquierda Unida, Partido Comunista), analizan el descontento y buscan una oportunidad.

No pretenden, ni se plantean, "hacer lo mismo" en el sentido de aplicar al pie de la letra las políticas chavistas (como acusa el facilismo de la prensa de derechas, tan poco seria como la de presunta izquierda), empezando porque España no tiene una riqueza petrolera que pueda despilfarrar en proyectos populistas no sostenibles. "Hacer lo mismo" en cuanto a tomar el poder simulando respeto a una democracia que la propia ideología desprecia, a las instituciones democráticas que la propia ideología se propone demoler, utilizando las elecciones que los propios implicados consideran inválidas e inaceptables, para tomar el poder y entonces mostrar sus cartas e implantar las políticas que su ideología propone como solución inevitable, que para eso son politólogos, profesionales... todo ello sin que los electores se den cuenta hasta que sea tarde y esperando que, viendo su bondad, los apoyen porque es "por su bien".

Prepararse para tomar el poder

En el proceso, esperando una oportunidad y ayudando a crearla, los cabezas del grupo y su gente fundan distintas organizaciones o membretes que cumplen funciones diversas: la Fundación CEPS (2002), que da asesorías a los países mencionados y CELAG, con sede en Caracas, directamente. El grupo estudiantil Contrapoder, controlado por los profesores, y el grupo de profesores La Promotora. Ambos empiezan en 2010 a hacer el programa político La Tuerka, que pronto es asumido por una empresa propiedad de los mismos politólogos, Producciones Con Mano Izquierda, que más adelante hará otro programa similar: Fort Apache, para HispanTV y que tendrá como sucesora a Motiva2 Caja de Resistencia.


El 15M marca esa oportunidad. Un grupo de activistas ya sazonados en la lucha organizan un movimiento que parece "espontáneo" pero cuyo decurso controlan cuidadosamente. Los elementos del márketing y la comunicación son profesionales: logotipos, tipografía, dominios de Internet y consignas pocas y sencillas, sin el tufillo a izquierda marxista que repele, demostradamente, a las mayorías electorales españolas y en general a las del mundo. La movilización del 15M y su simplismo son un éxito y los aprovechan políticamente al máximo (como lo haría cualquiera). Una primera propuesta de partido "transversal" de ideología simulada o disimulada, de "ni derecha ni izquierda", el Partido X, no alcanza a despegar. En enero de 2014 se lanza finalmente el proyecto de toma del poder del grupo centralizado en un líder que pretende ser una versión posthippie de Hugo Chávez.

Su comunicación es eficaz acudiendo a las bases más elementales de la demagogia que ya consagraban desde Platón en La república hasta Maquiavelo en El príncipe y, por supuesto, Ernesto Laclau, uno de los ideólogos de todo el movimiento, desde Chávez hasta Grecia. Consiguen que se pasen por alto o se perdonen (o se oculten, en el peor de los casos) algunas de sus afirmaciones más inquietantes de los últimos años, dichas en sus programas de televisión, en sus mítines o en intervenciones de reuniones como las de la Universidad Anticapitalista de Izquierda Anticapitalista o de Juventudes Comunistas. Consiguen que los medios y sus adeptos sean selectivos y cierren los ojos a ciertas afirmaciones.

Consiguen 5 eurodiputados y lanzan un órdago de inmediato por el gobierno de España, que se relevará en noviembre de 2015. Su comunicación se vuelve omnipresente: publicidad pagada en las redes sociales (YouTube, principalmente, ya que su medio de comunicación ha sido la televisión más que la palabra escrita), medios privados volcados a su promoción incesante: La Sexta de Atresmedia, Cuatro de Mediaset, el diario Público y eldiario.es, el más reciente periódico español a cargo de Ignacio Escolar.

En el siguiente año constituyen partido, viajan por España y el mundo, hacen mitines por todos lados, alquilan escenarios, sonido, seguridad, pancartas... Garantizan su control absoluto sobre el partido al mismo tiempo que afirman tener, porque suena bien, una voluntad asamblearia y transversal que es continuamente aplastada por la voluntad de los líderes.

Su éxito es doble: la gente de izquierda marxista sabe que son de los suyos y les apoyan por lo mismo, pero la gente que rechaza esa versión de la izquierda prefiere creer el discurso transversal de que no son ni de izquierda ni de derecha y que serán buenos chicos, mejores que lo que se ha tenido (y todo lo que se ha tenido, todo el pasado, ha sido también objeto de la campaña de comunicación para presentarlo como una sucesión de fracasos sin un solo logro destacable).

Follow the money

Todo lo que hace el nuevo partido (que el lector astuto notará que no hemos mencionado, como no hemos mencionado a sus cinco cabezas) cuesta dinero.

Mucho dinero.

La organización de actividades fue precisamente, no lo olvide usted, la fuente de la trama Gürtel. Los señores amigos de Aznar no vendían drogas, no tenían constructoras defraudadoras de bancos, no traficaban con armas. Su gran negocio era alquilar equipos de sonido, de iluminación, decoraciones, pancartas, stands de feria, logotipos, escenarios.

Es un gran negocio.

HispanTV, la televisión de la teocracia iraní dedicada a la propaganda para los países hispanohablantes.
Y el problema básico del nuevo partido es que nadie sabe de dónde salió el dinero. De cierta parte se tienen informes y no son agradables, como el dinero que reciben las productoras de los cabezas visibles del partido de HispanTV, el canal en español de la televisión oficial de la teocracia iraní, por el programa Fort Apache, que es el mascarón de proa de tal canal. Pero la productora del programa CMI, antes que producir dinero, dice la versión oficial, lo consume de modo voraz. Su presentador le "dona" a la empresa (privada) parte de su sueldo de eurodiputado. Otro de los fundadores del partido le "dona" a la empresa más de 200 mil euros. Y pese a ello la productora paga sueldos simbólicos a sus colaboradores. Todo unido en un reciente escándalo sobre los cobros del hombre de los más de 200.000 euros.

Pero hay más. Está lo que ha ingresado la productora por su trabajo haciéndole vídeos y materiales de comunicación a Izquierda Unida y otros clientes. Están los 3,7 millones de euros cobrados por la fundación CEPS a Venezuela (y cifras desconocidas de los demás países a los que sirve, y finanzas oscuras en las demás organizaciones) y cuyo destino es desconocido.

¿De dónde sale el dinero? Follow the money. Los intentos por enmascarar los ingresos por la vía del crowdfunding han dejado mucho qué desear. Sobre todo cuando se olvidan de hacer dicho crowdfunding para actos costosos como el lanzamiento del candidato oficial de la cúpula para encabezar el partido en Madrid (y de paso ser el candidato a la presidencia de la Comunidad de Madrid).

Las "donaciones de Paypal" de los crowdfundings. Miles
y miles de euros depositados sin que se sepa quién lo hizo.

Un elemento clave del posicionamiento de mercado del nuevo partido (y así lo manejan ellos mismos, no ironizamos) ha sido la transparencia y la lucha contra el fraude, especialmente el fiscal, y contra la utilización patrimonialista del poder (dos cosas con las que pocos pueden estar en desacuerdo). Pero no lo han sabido simular efectivamente. Acostumbrados a que nadie en su red de organizaciones (repitamos: Contrapoder, La Promotora, Fundación CEPS, CELAG, Producciones CMI, Motiva2 Caja de Resistencia, Herramientas de Pensamiento, La Barraca y otras, no sabemos cuántas) les llame a responder, la rendición de cuentas no es su fuerte. Han simulado sin producir los datos que hagan efectiva esa transparencia.

Seguir el dinero. ¿Viene de Venezuela, de Irán, de los negocios empresariales de una izquierda paradójicamente capitalista, de donantes privados con intereses en los medios, de alguien más, se encontraron el tesoro de Barbanegra o se sacaron la lotería como Fabra? Nadie parece estar siguiendo el dinero. ¿Es perfectamente legítimo o podría evocar dudas en el elector y preguntas de difícil respuesta? No lo sabemos y no lo sabremos hasta que los medios decidan hacerlo.

Y cada día parece más claro que el dinero es el talón de Aquiles de los cinco amigos que un día decidieron que su misión en la vida era tomar el poder en España a cualquier precio. ¿Cuál es el precio, en dinero y qué compró en realidad con él quien lo pagó? ¿Y cuánto le va a costar al españolito de a pie, sin asesorías, sin cuentas gordas en el banco, sin acceso al dinero público de dos continentes? Porque quien aporta dinero espera obtener algo a cambio, ya sea en plan bondadoso (si dono dinero a una ONG espero que se use para acciones nobles) o de negocios (espero un beneficio) o político (espero lealtad y complicidad) o algo más.

Uno pensaría que los electores españoles tienen derecho a saberlo. Lo difícil será que estén de acuerdo en seguir el dinero y contarnos la historia tanto los cinco señores del partido como los medios de comunicación claramente afines a su proyecto. Porque, claro... "La clave es el dinero secreto de la campaña, y todo se debe rastrear".

7.2.15

Los euros de Monedero y la fantasía interminable

Me traigo, apenas corregida, aumentada y con fuentes, una reflexión que hice ayer en Facebook sobre el asunto de los 425.000 euros de Juan Carlos Monedero, uno de los cinco creadores y amos de Podemos. Siento que todo mundo se ha dejado convencer de que el problema es si trató o no de evadir impuestos (sí, sí trató) y si su rápida reacción de huida de las notificaciones de Hacienda y su pago de los impuestos eludidos lo libera de toda responsabilidad legal, moral, ética, política, económica y personal.

Dejo a otros la tarea de analizar este punto y prefiero concentrarme en un tema que está antes de ése y que es el origen del dinero que acabó en la empresa de Monedero, Caja de Resistencia Motiva2 y el origen de esta misma.

La versión oficial de Juan Carlos Monedero y su partido es la siguiente: Monedero fue contratado por Bolivia, Ecuador, Venezuela y Nicaragua en un proyecto de una moneda común para Latinoamérica, y que esto se debe a que trabajó con el BCE evaluando el impacto del euro en España (el asunto no es claro, porque al parecer fue parte de un grupo de consultoría externa lo que parece confirmar el propio documento que elaboraron) y ello llamó la atención de estos países latinoamericanos que lo contrataron "a precio de mercado". Si es "precio de mercado", quiere decir que cobró 200.000 euros al año por su asesoría al grupo de trabajo que hizo el informe.

Y suena extraño.

1. Los estudios para la creación de una moneda que una económicamente a varios países no los realiza un politólogo, los hacen sobre todo economistas. Y menos lo hace un politólogo que ha cobrado durante muchísimos años en Venezuela, en el Centro Internacional Mira como “responsable del Diploma de Gobierno y Poder Ciudadano de formación de cuadros técnicos y políticos, con vistas a aumentar la capacidad institucional y política de los servicios públicos en Venezuela y Ecuador…” cosa que suena cojonuda pero que no tiene absolutamente nada que ver con cuestiones monetarias. Y NO lo hace una sola persona, es el tipo de trabajos interdisciplinarios donde hay varios profesionales en un equipo... el superpoder de Monedero de hacer sin ayuda un trabajo para el que no está capacitado es tan poco creíble como el sentido arácnido de Peter Parker.

2. La idea de una moneda única sudamericana fue puesta en el congelador desde 2011 a reserva de que se equilibrara la situación de los países del Mercosur. Ya en 2009 los equipos técnico-económicos de Venezuela, Cuba, Bolivia, Honduras, Nicaragua, Dominica y Ecuador habían hecho los estudios para la moneda propuesta, el Sucre, pero el asunto se detuvo por las disparidades económicas de los países implicados y la reticencia de Brasil con su sólida moneda. Chávez siguió insistiendo en el Sucre sin que le hicieran mucho caso, y después de su muerte (ocurrida a fines de 2012 o principios de 2013, hay reportes conflictivos) el asunto se disolvió bastante.

3. Si contratas a un politólogo segundón para hacer un estudio económico, no le pagas 200.000 euros al año, simplemente. Y muchísimo menos si ni siquiera va a estar presente en los alrededores (en este caso, trabajando a distancia, como su cófrade Errejón). Es más de lo que gana Seth E. Wheeler, al que usted no conoce pero es el principal asesor económico de la Casa Blanca (225.000 dólares o 197.000€ a precio de hoy). Es la mitad del sueldo de Barack Obama. Es 2/3 partes del sueldo de Angela Merkel. Es más del doble de lo que gana Rajoy. Es más de cuatro veces el sueldo de Nicolás Maduro o de Rafael Correa. Y todos ésos, por cierto, trabajan de tiempo completo, no mandando correos desde el mitín de Villaboyuyos de Arriba.

Vamos, hijos, que es una puta pila de plata enorme que no se le paga a un profesorcillo que hace asesorías ocasionales mientras hace un partido con sus colegas de la facultad y no tiene ninguna presencia académica internacional seria.

4. Si no es razonable, y es merecedora de una visión muy escéptica, la historia oficial del origen de la brutal cantidad de plata que se embolsó Juan Carlos Primero de Podemos sí hay otras historias (como la del intento de compra de Canal 33 por parte de TeleSur de Venezuela, sustentada en documentos y confirmada por el dueño de Canal 33) que son más plausibles. E incluyen los problemas aparentes de la anterior empresa de ambos amigos, "Producciones Con Mano Izquierda" que actuaba lucrativamente vendiendo servicios pero luego recibía beneficios fiscales como si no tuviera ánimo de lucro, asunto que, se informa, dio origen a la empresa de Monedero, Caja de Resistencia Motiva2, dedicada curiosamente a la producción audiovisual y la asesoría política. Mucho más plausibles.

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5. Que el dinero se haya usado para La Tuerka es otro asunto más que dudoso. Según los documentos que se han publicado, y dado que los trabajadores del programa y de la productora "Con Mano Izquierda" recibían una miseria por su trabajo (se les considera militantes y voluntarios), el programita de los chicos de Podemos costaba la friolera de 3.800 euros al mes. Con lo cobrado por Monedero, menos los 70.000 que pagó de impuestos, tienen para producir La Tuerka durante ¡casi 8 años! Y eso sin contar la parte del sueldo de Pablo Iglesias que teóricamente también se invierte en su programa (lo que se llama "donarle tu sueldo a tu empresa" y que algunos creen que es un acto de altruismo como para derramar una lágrima cuando el donante cobra de sus muchos empleos sueldos por 70.000 euros "de los de abajo" que los de abajo no cobran en un año, sino en 9 o 10), con la cual se puede producir el programa otra pila de años. Suena extraño.

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6. Tampoco es creíble, pues, que ese caudal estrepitoso de pasta de diversos orígenes (la TV iraní en español HispanTV, otras producciones para varios clientes, el dinero de Monedero, el dinero de Pablo) se use para un programa que, además, recibe dinero del diario Público de Roures, uno de sus más abiertos exégetas en los medios. Si Público ya pagaba y no tenían problemas para gastar 3.800 euros al mes en 2013, ¿en qué se usan los 350.000 euros de Monedero y la donación mensual de Iglesias? Dice Monedero que las cuentas de La Tuerka son públicas, pero no lo son en Internet, al menos. Quizá están en alguna oficina oscura latinoamericana donde, si uno se entera y va y pregunta, le dirán "aquí están las cuentas de La Tuerka, públicas para quien las pida".

7. La hipótesis razonable es, claro, que el dinero se ha usado para financiar el proyecto de Podemos. Como dice el propio Monedero se están gastando el dinero en cambiar al país. Podría ser un lapsus porque desde La Tuerka no se cambia al país, se hace montando un asalto a la Moncloa con un partido nacido días después de ingresar el dinero, estrategia, márketing y mucha pasta. ¿Es el caso? No hay forma de saberlo, pero no es descabellado. En muy poco tiempo (de junio a noviembre de 2014 según su propio portal, que no se ha actualizado en tres meses) el partido pasó de no tener un puto duro a contar con ingresos declarados (que no demostrados) de 600.000 euros.


Porque no es "transparente" anotar que el 8 de mayo tuviste ingresos de 7.752,41€ por una "donación de PayPal" y el día anterior de más de 4 mil euros y al día siguiente de más de 3 mil... sin decir quién la hizo... porque no es descabellado pensar que las fuentes de ingresos del grupo sean las "donantes" a su propio partido. ¿En qué se gastó Monedero la fortuna que recibió a saber de dónde? Nadie lo sabe. No se sabe siquiera si La Tuerka o su productora CMI "donan" dinero al partido vía PayPal. Opacidad total. Pero con donaciones de mil euros diarios, el dinero de Monedero pasa a Podemos en un año sin problema. Y con donaciones de 4 mil, lo consigue en menos de tres meses.


Añado, por su relevancia, el tema del "crowdfunding" al que le atribuyen una capacidad de financiamiento verdaderamente asombrosa. Como cuenta Miquel Villanueva, algo raro ocurrió con el financiamiento de la asamblea fundacional del partido vía el comodísimo crowdfunding, pues a las 11:33 de la mañana del 18 de octubre aparecía con una sana cantidad de 70.927 euros recaudados (de un objetivo de 132.711.



Cuando Villanueva hizo notar públicamente que esta cifra procedía de sólo 35 donantes ciertamente acaudalados (al son de más de 2.000 euros por peluca), en cuatro horas aparecieron 164 donantes más que en conjunto apenas pusieron 1.550,95€, es decir, algo menos de diez euros por sombrero. ¿Esto prueba una irregularidad? Pues no. Pero normal, normal, no es.



8. La liquidez de Monedero sí que es asombrosa. En cosa de una semana consiguió 130.000 euros contantes y sonantes para depositarlos en Hacienda y evitar que lo procesaran por fraude fiscal. ¿Un modesto profesor, que se considera "de los de abajo" (o, como le escuché decir con toda la cara, que afirma que "los parados somos nosotros" aunque él cope empleos y sueldos varios en dos continentes), puede sacar de la nada 130.000 euros que son casi 17 años de salario mínimo interprofesional, o sea, técnicamente, un pastón? Recordemos que alguien que presuntamente se ha robado hasta los cubiertos de los restaurantes, Luis Bárcenas, las pasó putas para reunir en tiempo similar 200.000 euros a fin de pagar la fianza que le diera al fin la libertad.

9. Lo más plausible, a reserva de tener información, pruebas, datos, cifras y transparencia por parte de Podemos (cosa que no hay esperanzas de que ocurra) es que Juan Carlos Monedero se ha comido un marrón político gordo por haber abierto una empresa y recibir un dinero de origen desconocido para fines igualmente desconocidos que no son personales, sino parte del proyecto político que comparte con Iglesias, Alegre, Errejón y Bescansa. Dado que decir la verdad comprometería seriamente el envite del grupo para hacerse con el poder en España, se ha inventado lo que parece claramente ser una trola como una hormigonera y se está comiendo sacrificadamente los golpes en bien de sus cuatro compañeros de la oligarquía de Podemos, que a su vez garantizarán que Monedero no sea objeto de ningún proceso de garantías interno del partido sino que obtenga alguno de sus sueños, como la candidatura a la alcaldía de Madrid o el Ministerio de Hacienda.

No sé si mis conclusiones sean sólidas, insisto, son simplemente la aplicación de cuestionamientos razonables a historias incompletas que se han contado a despecho de lo que se ha publicado en los últimos años sobre las actividades del grupo que creó Podemos. Historias, datos y documentos que los muchos medios afines a Podemos ocultan bajo la alfombra haciendo dejación de su responsabilidad de informar... y que sus adversarios (en la ultraderecha, porque la izquierda crítica no existe ante Podemos, desgraciadamente) sí han deshilado, pero que hay que tomar con reservas porque la intencionalidad política es demasiado obvia como para no verla. Aún así, si el dato es creíble y documentado, no importa quién lo ofrece, por supuesto, y lo raro es que tantos medios informativos finjan que no existe.

Pero joder, amiguitos podemeros, ¿no podrían por lo menos someter toda la historia a un análisis mínimamente crítico y pedir no sólo explicaciones, sino pruebas, evidencias, números y datos? ¿Reflexionar sobre los hechos en vez de acudir al arco reflejo de "defender a los nuestros" hasta cuando nos están apuñalando la confianza y la buena fe? ¿No rechazar los datos por su origen o porque no gustan sino enfrentar la realidad y tratar de conocer los hechos reales? ¿Hacer un análisis racional antes que un ejercicio de fe religiosa y ver que, parafraseando a Hamlet, hay algo podrido en Somosaguas?

Ah, que no...

13.12.14

Mi perro y la teología

Sé que mi perro no es una persona, y nuestra relación se levanta sobre esa base. Pero eso no resuelve todas las cuestiones que sugiere.

Mi perro es un tipo de costumbres, como todos los perros. Su horario de comidas, sus rutinas, sus salidas, sus bocadillos, todo le gusta estructurado. Si la rutina se cumple, parece tranquilo. Si la rutina se altera, parece inquieto. Uno intenta, por tanto, que la rutina se siga en lo posible.

¿Sabe mi perro que lo quiero? No lo sé. De hecho no hay modo de saberlo. Si se acerca a mí para que le dé comida, agua o caricias, ¿se entera de que lo hago por cariño o me ve nebulosamente como una máquina dispensadora de necesidades? ¿Percibe que la caricia es una expresión emocional o sólo se centra en sus propias emociones o disfrute?

Si eso no se puede saber, menos aún se puede saber si mi perro "me quiere"... si algún perro "quiere" a la gente que le rodea y satisface algunas de sus necesidades, o todas. Incluso el indigente que le da de comer a sus perros prioritariamente y él sólo come si sobra, no tiene modo de saber si sus perros se dan cuenta de lo que pasa y si le tienen cariño.

Nos gusta interpretar algunas acciones de nuestras mascotas en términos humanos, lo que los etólogos llaman "antropomorfizar". Nos reflejamos en ellos, los vemos como seres iguales que se alegran y entristecen, que temen, que sueñan, que tienen rencores y planes, que son coquetos o tímidos, que sienten al menos de manera equiparable a la de nosotros. Pero nuestra visión es imprecisa, sesgada, especula sobre una subjetividad que nos es desconocida. Las "motivaciones internas" de nuestras mascotas que usamos para explicar sus acciones son caprichosas, basta pensarlo apenas un poco para darnos cuenta de que hay muchísimas otras posibles explicaciones igualmente plausibles. Aunque ciertamente menos agradables a nuestra propia subjetividad.

Pero, en realidad, no importa. Sí, me gustaría que mi perro me tuviera "cariño" como yo siento que le tengo a él, pero ¿qué importa si no me lo tiene? Lo importante para mí, cuando satisfago alguna de sus necesidades, es que sea feliz él. Si lo acaricio y se queda en el sitio, y además protesta si paro, no es del todo descabellado concluir que lo que hago le satisface, un conductista cuadrado diría que la caricia es reforzadora, así sea sólo de la poca conducta que representa permanecer sentado junto a mi silla. Darle esa satisfacción es agradable.

Sería absurdo que mi satisfacción se derivara de lo que sienta mi perro hacia mí, lo único razonable es que se derive de lo que mi perro sienta gracias mí. Si lo acaricio "porque lo quiero" y eso lo hace feliz, debería bastarme sin esperar que "me quiera", por mucho que me guste suponerlo.

Es curioso pensar que esa posición moral, bastante elemental, por cierto, está tan por encima de la de los dioses que ha inventado la humanidad, y cuya benevolencia y satisfacción no proceden de la felicidad de sus criaturas, con las que deberían tener una vinculación mucho más estrecha que nosotros con nuestros perros, si nos imaginamos que fueron los amorosos creadores de ellas. Pero cuando estudiamos a los dioses, vemos que su mezquina felicidad, su satisfacción, proceden de la adoración de sus criaturas, de su amor, así sea forzado, de su temor, de su reverencia, de sus oraciones, de sus sacrificios, de lo que le dan las criaturas.

No creo que nadie dejara de querer a su perro o de satisfacer sus necesidades en lo posible o de acariciarlo si descubriera que "realmente" su perro no le quiere como espera, que acaso la visión y emociones del animal respecto de esa persona sean muy nebulosas e imprecisas. No creo que el dueño de un perro lo matara, lo condenara al infierno, lo torturara o le causara incluso incomodidades notables si no "lo quiere".

Es inquietante pensar que los dioses que hemos creado son menos morales que cualquier persona media no especialmente virtuosa que le tenga cariño a su perro.

5.12.14

Teoría y práctica

Imagen de Discostu vía
Wikimedia Commons.
Lo que está pasando (y previsiblemente seguirá pasando) con los jefes de Podemos parece claramente representativo del divorcio entre el aula y la realidad que afecta a la universidad española y al país en general. Han creado un proyecto sobre bases teóricamente sólidas que en la práctica no está saliendo según lo planeado.

Durante muchos años, aunque ahora se presenten como si hubieran surgido por generación espontánea en enero de 2014, el grupo central de Podemos (Iglesias, Monedero, Errejón, la eminencia gris Luis Alegre y Carolina Bescansa) ha estado planeando, y de forma abierta, no a modo de conspiración, la toma del poder en España, como corresponde a todo partido político. En su caso buscando ser alternativa a la extrema izquierda perdedora habitual, ejemplificada ante todo por IU pero que incluye a varias docenas de otros partidos de diversos sabores marxistas y que ha demostrado contundentemente que tiene un techo electoral que no supera a los 2 millones de españoles.

La airada reaccción de esta izquierda siempre ha sido culpar a otros de su incapacidad de ganar el favor del electorado: el sistema D'Hondt, "el bipartidismo" (del que culpan a los partidos mayoritarios sin darse cuenta de que a quien están condenando es a los 20 millones de electores que lo eligen), un complot del capitalismo malvado o, directamente, la falta de conciencia política de las mayorías manipuladas por los medios de comunicación del sistema. Convencidos de que tienen la razón en sus análisis, diagnósticos y planteamientos de soluciones, el error tiene que estar fuera, los que se equivocan son los que votan, las elecciones están amañadas. Lo que sea menos "mis ideas no son compartidas por esa enorme masa de trabajadores, obreros, asalariados, amas de casa, lúmpenes y desempleados de quienes soy el mesías elegido".

La semilla de Podemos está allí, basta ver las numerosísimas intervenciones de varios de sus integrantes, pero fundamentalmente de Pablo Iglesias, en espacios "protegidos", es decir, con los suyos, principalmente ante públicos de Izquierda Anticapitalista. Una y otra vez les explica a los enjundiosos cuanto marginales militantes de ese partido que es guay lo de tirar cócteles molotov y darse de leches con la policía, presumiendo incluso que en su ingenua juventud se calificaba el compromiso de sus compañeros por cuántas veces se quedaban atrás pateando policías o recibiendo porrazos y bolas de goma... pero que eso, siendo legítimo, no los va a llevar al poder. Es cuando también dice, multicitadamente, que pide perdón por no golpear a los fachas con los que debate en la televisión de la derecha, explicando que ésa no es la estrategia adecuada para su objetivo: la toma del poder.

Así se fue construyendo el discurso de La Tuerka y del programa de la televisión oficial iraní Fort Apache y de la participación de estos personajes en los medios, basada en los estudios de actuación que cursó Pablo Iglesias: crear una estrategia de márketing que cambiara la imagen del viejo comunista furibundo por la de un joven razonable, amable pero firme, enérgico y serio, con su doctorado grabado a fuego en la frente para que todo mundo lo tenga presente, y con una pureza moral que permita todo tipo de imprecisiones ideológicas al lanzarse contra un enemigo multiusos construido para el discurso sin una definición precisa ("la casta") al que se puede culpar absolutamente de todo.

La república de Platón y El príncipe de Maquiavelo se encuentran con la teoría publicitaria y de márketing en el proyecto de Podemos y su alter ego, el Partido X. No afirman defender las ideas de la izquierda, no mencionan la lucha de clases, se presentan como un dechado de bondades que traerá la felicidad y la prosperidad sin dolor alguno. Como los detergentes hacen "un blanco más blanco", los refrescos nos dan "paz y solidaridad humana" y los automóviles nos vuelven jóvenes, guapos, rubios y 20 centímetros más altos. Todo su discurso está cuidadosamente dosificado para no verse, Iglesias dixit "como unos rojeras", y cambia estridentemente conforme cambia el público.

Como gente que vive en los bien definidos terrenos de la teoría, convencidos de que la aplicación de su marco teórico es la solución a todos los problemas de lo divino y de lo humano, y a quienes les aplauden por su capacidad teórica, les dan becas, les conceden cátedras y les publican libros donde arreglan el mundo desde el papel bond, para el grupo propietario de Podemos resulta sencillo asumir la teoría de la comunicación publicitaria como añadido a sus ideas políticas. Mire usted: si los medios manipulan para vender cualquier producto cuyas características no son nada claras para el público (¿quién sabe cómo limpian los detergentes y qué es un surfactante?), es lógico y razonable, y posible, usar a los medios para vender nuestro producto sin que se note mucho cuáles son sus características esenciales, de hecho dándonos el lujo de afirmar que nosotros pues sí, mire usted, somos de izquierdas, pero el partido que encabezamos no, resulta que somos ideológicamente incoherentes y defendemos como organización política cosas en las que no creemos individualmente, pero nuestra hipocresía no es un defecto, es una característica innovadora del producto.

La mercadotecnia nos lleva al poder y ya en el poder aplicamos las políticas en las que realmente creemos, y como son tan buenas en la teoría, la gente nos perdonará y de hecho nos dará las gracias por haberles abierto los ojos. Los profes de la universidad educando a todo un país, a toda una sociedad que hará un acto de contrición al darse cuenta de que podía haber conseguido la perfección de la utopía de Moro con sólo poner al frente a quien aplicara a rajatabla nuestras convicciones.

Pero , como decíamos al principio, el divorcio de la teoría con la práctica que mantiene ese mundo paralelo, esa dimensión de los académicos detrás del espejo en la universidad española, ha olvidado varias cosas.

Principalmente ha olvidado que si reclamas una sola característica esencial de tu producto, ésa es la que no puede fallar. Si tú te vendes como la opción a la horrible inmoralidad que denuncias incesantemente, no puedes cometer actos que parezcan siquiera inmorales. Si tú te vendes como la opción democrática (en tu entorno nació la consigna "le llaman democracia y no lo es", que no será precisa, pero cantada tiene gran fuerza) no puedes hacer chanchullos en las elecciones internas de tu partido. Si tú te vendes como la transparencia y la apertura, no puedes esconderte bajo la cama cuando caen relámpagos a tu alrededor.

Podemos no sabía, porque no lo vieron en la teoría, que no hay campaña publicitaria que pueda salvar a un producto malo. En la vida real, la manipulación de los medios imaginada por quienes viven en la academia no es tan perfecta ni tan absoluta. Han fracasado estrepitosamente productos lanzados con todo el dinero del mundo en sus campañas (como la "New Coke" que significó casi el desastre final para la Coca-Cola, a la que imaginan como una empresa todopoderosa a la que envidian e imitan). Las empresas que parecen dominar el mundo con su poder económico caen cuando sus productos quedan por debajo de las expectativas que crearon. Es decir, la realidad es más dinámica, más compleja y más imprecisa que la teoría. ¿Recuerda usted a Nokia? Fue la empresa dominante de los teléfonos móviles durante una década, poderosa, acaudalada, pero la anularon casi totalmente otras más innovadoras. ¿Y Atari? Pioneros de la informática que dominaban el mercado de modo agobiante. Sí, la publicidad puede hacer muchas cosas y cambiar percepciones y vender productos absurdos... pero tiene límites que no se conciben en el mundo conspiranoico según el cual el fracaso de la extrema izquierda se debe sobre todo a esos medios que manejan a los pobres ciudadanos como marionetas sin ningún espacio de decisión libre.

En la realidad, la gente puede decepcionarse de que los vendedores de moral tengan errores de bulto. Que sean de poca monta económica es anecdótico, y tratar de minimizarlos comparándolos con los grandes actos de corrupción no puede dejar de verse como un acto de cobardía. "No robarás, salvo poco dinero" no parece un imperativo moral, sino una coartada. La gente puede decepcionarse de los bandazos en las propuestas económicas, desfiguradas radicalmente para conseguir más clientes, a costa de que la base de clientes que ya tienen sienta traicionada su lealtad.

En la realidad, la política y el control de los electores que no están comprometidos con una ideología no es tan fácil. Predicarle al coro y ser el renovador en el mitin del partido afín es sencillo y muy gratificante, pero deja de funcionar cuando tienes un sector crítico al que no puedes hacer callar. Y, para remate, cuando el arco reflejo de los líderes de Podemos es clamar, como cuando perdían elecciones, que todo es producto de un complot, que los medios de comunicación están manipulando al público, que la gente es tonta, que la culpa es de otros y que los electores están equivocados al reclamarles sus actos, pueden estar socavando las bases que construyeron con su campaña previa. Reaccionar igual que lo peor de la política que pretenden sustituir no es precisamente algo que evoque confianza entre los electores, por más que aplauda el núcleo duro que les aplaudirá lo que sea, los incondicionales. La izquierda extrema, marxista ya sea electoralista o armada, ha vivido de los incondicionales, que han alimentado su creencia de que son lo mejor que le puede pasar a un pueblo aunque el pueblo no lo sepa. Con ese núcleo duro de incondicionales pueden volver fácilmente al techo de dos millones de votos, pero difícilmente van a lograr el birlibirloque ideológico que se han propuesto.

"En teoría, no hay diferencia entre la teoría y la práctica. En la práctica, sí la hay" es una frase que se le ha atribuido a muchos autores. En este caso parece aplicarse con toda precisión.

16.9.14

¿Y si no es el fin de una era?

(Foto CC Visitor7 vía Wikimedia Commons)
El fin de los tiempos, el fin del mundo es uno de los elementos fundamentales de cualquier movimiento basado en la fe de la gente, sea religioso o político, como lo expone de modo brillante Matthew Kneale en su excelente An Atheist's History of Belief, una historia de las religiones y formas de pensamiento afines desde la perspectiva de la no creencia.

El fin del mundo puede ser muchas cosas, como decía el venerable maestro Nasrudín, protagonista de numerosas historias y anécdotas del sufismo (1). Puede ser el juicio final cristiano, aunque resulta que después de ese juicio final las cosas siguen, es decir, no es un final-final, sino un hito que termina con el ciclo del cambio para inaugurar una era inamovible, el reino de dios. Puede ser el fin de la conciencia que preconizan los budistas y que representa el salto al Nirvana. Puede ser el fin de nuestro planeta por alguna catástrofe natural o artificial, ahora o cuando el Sol se expanda y lo convierta en cenizas dentro de 5 mil millones de años. Puede ser una revolución que deponga a un rey. Puede ser la conquista por parte de una potencia extranjera. Puede ser el paso a un mundo de tinieblas como el Hades de los griegos o el Mictlán de los aztecas.

Más que el fin del mundo es el fin de los tiempos, o de una era.

O puede ser simplemente el fin del sufrimiento y la inauguración de un futuro venturoso, donde no existirán los problemas que nos plagan, nos sacan canas, nos impiden dormir y nos hacen la vida a veces detestable.

Pero advertir del fin del mundo, o del fin de los tiempos, o de una era, siempre ha sido una forma garantizada de atraer seguidores para quien tiene la desfachatez o la convicción de prometer una vida mejor a los suyos cuando pase el armagedón.

Todo movimiento político tiene por objeto buscar un futuro mejor para la sociedad en la que se desarrolla. Algunos se distinguen por prometer un fin de los tiempos que de una u otra forma que llevará al paraíso final, y muchos pensadores, como Bertrand Russell los han identificado con movimientos religiosos más que con acciones meramente políticas. El marxismo establece una hoja de ruta que lleva desde la revolución armada del proletariado hasta el establecimiento de una sociedad perfecta, sin clases, sin estado, sin leyes... una especie de anarquismo pacífico mundial. El hombre nuevo del mundo nuevo, frase recurrente. El independentismo suele afirmar que la independencia marcará la diferencia entre una situación desagradable y un pequeño paraíso en la tierra, donde los independizados serán felices, prósperos y más buenos que sus enemigos (y poco importa que la historia nos demuestre que eso no ha ocurrido en realidad salvo excepcionalmente). El militarismo con frecuencia establece que una vez que se derrote, humille o aniquile al odiado enemigo, todo será bueno, sus seguidores serán prósperos y felices.

Los nuevos movimientos políticos que en gran parte se originan en un sector marginal (en número y en relevancia política) de la izquierda, que busca reinventarse para rescatarse de una historia de pocos éxitos y muchos desastres, sobre todo económicos, y que buscan presentarse renovados como una opción "ni de izquierda ni de derecha" en todo el mundo (desde Occupy Wall Street hasta el 15M) tienen claramente una visión milenarista o apocalíptica: estamos ante el fin de los tiempos. De unos tiempos, al menos. Y la ilusión es tan potente que incluso otros sectores de la izquierda, tradicionalmente más apegados al análisis racional y evidencial de la realidad, parecen estar cayendo bajo la influencia de la promesa milenarista.

Arrepentíos, el fin está cerca, es el mensaje, pero desde el punto de vista político y no religioso. El modelo está caduco. ¿Cuál modelo? El modelo económico capitalista y el modelo político de la democracia. El modelo de trabajadores contra patrones, del enfrentamiento de clases, de la izquierda y la derecha, del progresismo y de la reacción, de la justicia social y la injusticia social, del laicismo y de la religión. Ya no sirven, ya no responden a las necesidades y deseos de "la mayoría" de la población. Ya no tienen capacidad de resolver problemas. Hace falta un modelo nuevo, que es más o menos una economía socialista nebulosa y una democracia directa asamblearia sin ideologías.

Esta visión es compartida por muchos en todo el mundo occidental. La sola búsqueda en Google de "modelo caduco" nos informa que lo es, a ojos de unos u otros, el capitalismo, la constitución española, la negociación colectiva sindical, Fitur, el peronismo reciclado de Cristina Kirchner, el sistema de propiedad intelectual, la federación de baloncesto, el sistema educativo español, el libre mercado, los partidos políticos, el comunismo y prácticamente cualquier cosa que se nos ocurra. Todo está mal, todo se está cayendo a pedazos y necesitamos a alguien que nos salve para no ser tragados por la tierra cuando se abra.

No se trata de debatir ahora si los nuevos movimientos tienen o no futuro político, si son honestos (ciertamente algunos no lo son, habiendo reunido en poco tiempo un catálogo de mentiras que cualquier otro político habría necesitado años para acumular), ni siquiera si sus propuestas son viables (algunas al menos ciertamente no lo son). Se trata de determinar si su aproximación a los problemas que vive la sociedad en la que se desenvuelven es lo bastante rigurosa como para ameritar que confiemos en ella. Sobre todo cuando el mensaje es tan contundente y de tantas posibles consecuencias: Es el final de una era y nosotros somos los responsables de inventar el futuro prácticamente a partir de cero porque todo lo que había antes es inservible, ayúdanos a salvarte.

El adanismo

Fue Ortega y Gasset quien creó el necesario neologismo "adanismo" para denotar a la actitud que pretende empezar todo desde cero, descontando el pasado como un error sin nada rescatable. En cierto modo, su epítome es la experiencia del joven que descubre el sexo y cree que lo está inventando todo, que sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos y básicamente todos los seres humanos antes de su generación nunca disfrutaron como él, nunca se lanzaron a las audaces y originales prácticas que él está experimentando y eran, vamos, el summum de lo ñoño y lo aburrido. Luego de mantener esa ilusión un tiempo, en algún momento de su vida se encuentran con algo como, digamos, los templos de Khajuraho, y tienen que replantearse su visión del pasado. Dejan de ser adanistas sexuales.

Friso en uno de los 20 templos de Khajuraho, Rajastán, India
(Foto CC de Dennis Jarvis, vía Wikimedia Commons)
Y el adanismo es uno de los males del mesianismo político. La idea de que todos los que en el pasado han estado a cargo de la administración de la cosa pública son ineptos, malvados, corruptos, estúpidos, miserables, desinteresados del bienestar colectivo, desorganizados y truhanescos... o preferiblemente todas las anteriores, y que para resolver las cosas basta quererlo, tener lo que llaman "voluntad política", llegar al gobierno y hacer las cosas distintas o, simplemente hacer lo contrario que hicieron todos los que vinieron antes. Vamos, que las soluciones son sencillas e indoloras y el que dude será vituperado, humillado y se le excluirá del paraíso.

Lo que nadie parece plantearse como tema de reflexión, y que uno pensaría que es razonable tener en cuenta en el cálculo de probabilidades, es si estas afirmaciones son fiables y se ajustan a los hechos con base en datos, cifras y valoraciones históricas y económicas sólidas. Es decir, si realmente el sistema se está desmoronando, si realmente su caducidad es inevitable, si estamos ante un final de los tiempos, o si estamos sólo ante una crisis cíclica de la que saldremos sin saber qué hacer. Aquí, claro, no hay respuestas, sólo preguntas

Repetiré una idea que ya he comentado sobre la forma en que nos enfrentamos a los hechos a nuestro alrededor. El primer paso para cambiar las cosas es detectar debidamente un problema o una situación indeseable. Una vez identificado el problema, procede diagnosticar sus causas. Y ya con ese diagnóstico, si es exacto, se puede proceder a solucionar las causas para hacer desaparecer, de raíz, el problema.

Ese camino, sin embargo, está lleno de peligros para cualquiera, independientemente de su buena fe.

Primero, podemos detectar un problema de modo parcial o incorrecto. Por ejemplo, un paciente puede percibir un dolor en el brazo izquierdo y una sensación de ahogo en el cuello y es necesario tener cierta experiencia médica para saber que el problema no es ése, sino que se trata de un ataque cardiaco. Por poner un ejemplo, en Europa está generalizada la idea de que estamos en una crisis económica de orden mundial, cuando los datos señalan que la mayoría de los países no sólo no están en crisis, sino que no pocos gozan de una maravillosa salud económica. De 219 países, 145 crecieron 2% o más en 2013, 117 de ellos crecieron más del 3% y sólo decrecieron 21... entre ellos, esperablemente, España, Italia, Portugal y Grecia... y 52 de ellos vivieron realmente un boom con un crecimiento económico del 5% o más. Pero sólo dos países europeos pequeños tuvieron un crecimiento de más del 5%: Moldavia y la Isla de Mann.

Vamos, que la crisis es "más mundial" cuando nos ocurre a nosotros, o al menos ése es el truco que nos juega nuestra percepción.

¿Es o no una crisis mundial? Habría que demostrarlo, por supuesto. Yo no sé si es el caso o no, no conozco todos los datos relevantes, pero los pocos que tengo me indican que es probable que no lo sea. Desafortunadamente parece ser que los que denuncian el problema tampoco tienen los datos, aunque ello no parece ser un obstáculo para que anuncien el fin de los tiempos y el sobrevenimiento de una nueva era con ellos en el papel protagónico.

Si no es una crisis mundial, si no es posible, por ejemplo, esperar que otros países se unan a acciones políticas inéditas, sean audaces o irresponsables, da igual, el análisis debe cambiar. Si resulta que el caso de España es demasiado único como para identificarlo con los de otros países con problemas económicos (Grecia, Chipre, Italia y Portugal vienen a cuento porque se han reinventado en el imaginario como "el sur de Europa" de modo extralógico pero que permite al menos escuchar "El sur también existe" de Benedetti y Serrat pensando que habla del parado madrileño de larga duración, que es bálsamo para el espíritu), entonces las acciones a emprender quizá deban ser totalmente distintas a las que se proponen cuando se cree, sin bases, que se tiene dominada la comprensión del problema.

Por supuesto, si el problema está mal detectado, el diagnóstico de sus orígenes puede estar muy desencaminado. La explicación estándar de la crisis económica es, precisamente, que todos los demás elementos que componen el sistema están en una decadencia acelerada e irreversible: el capitalismo, sobre todo en su versión neoliberal, la democracia, el mercado, la banca, la distribución y producción de bienes, la concepción misma de la cultura y las relaciones sociales y con el medio ambiente, como menos.

¿Y si no fuera así?

No quisiera que lo siguiente fuera tomado como una defensa del neoliberalismo, que he combatido desde antes de que la palabra se hiciera conocida en España, cuando las políticas de Reagan y Thatcher destrozaron a México en un delirio de privatizaciones, con la renuncia del estado a sus responsabilidades sociales y con la firma de un tratado de libre comercio brutalmente desequilibrado que el gobierno jamás intentó negociar de un modo menos lesivo. Una política económica que derivó en la crisis mexicana de 1994 que afectó a todo el mundo con el llamado "Efecto Tequila" y que fue un desastre de proporciones tales que junto a él la crisis europea actual palidece (sin despreciar el dolor individual que causa la crisis y que en todos los casos es igualmente importante y terrible).

En pocas semanas a partir del 20 de diciembre de 1994, la moneda mexicana se devaluó en más
de 50% y los tipos de interés alcanzaron el 140% anual, dejando sin casa a millones y con
deudas impagables a otros tantos.
Por otro lado sé que, vista con mala fe, indecencia y falta de escrúpulos, cualquier afirmación puede ser retorcida hasta convertirla en una condena (en realidad preestablecida) al que la hace, así que tampoco intentaré condescender con quienes estarán en desacuerdo con este artículo incluso antes de leerlo.

El capitalismo ha tenido numerosas crisis en las cuales, por cierto, hubo bancos que quebraron y sus ahorradores perdieron su dinero o tuvieron que ser rescatados con dinero público, algo de lo que mucha gente no parece estar consciente, creyendo que las crisis se inventaron cuando quebró Lehman Brothers.

Sólo en el siglo XIX tenemos el pánico de 1819 en los EE.UU., el pánico de 1825 en el Reino Unido, el pánico de 1837 nuevamente en EE.UU. con una depresión de 5 años; el pánico de 1847 nuevamente a cargo de los británicos, el pánico de 1857 en EE.UU., el pánico de 1866 a nivel internacional debido a la quiebra de Overend, Gurney and Company de Londres, una depresión prolongada que se inició en 1873 con otro pánico en EE.UU. y que incluyó nuevos ataques de pánico en 1884, 1890, 1893 y 1896. Esto dejó listo al mundo para el siglo XX con una recesión en 1901, otra en 1907, el desastre de Wall Street en 1929 y su consecuente depresión de diez, el desastre petrolero de 1973, crisis bancarias en el Reino Unido en 1973–1975, en Japón en 1986–2003, en Israel en 1983, el lunes negro de 1987, la crisis de las cajas de ahorros estadounidenses que ocupó las décadas de 1980 y 1990 (y costó 220 mil millones de dólares de entonces, 330 mil millones a precio de hoy), crisis en los 90 en la India, Finlandia, Suecia, México, Asia y Rusia, culminando con el "corralito" argentino en 1999.

El punto es que en todas esas crisis se predijo fallidamente el derrumbe del sistema capitalista y de mercado. De hecho, las predicciones de Marx se desprendieron de su análisis de las crisis de 1819 y 1837. Para él, el colapso del sistema era inminente.

Pero, se nos dice, hoy las cosas son distintas. Por ejemplo, la cultura, la educación y los grandes valores espirituales "se han convertido en mercancía", se ha caído en un materialismo que no es ni el filosófico ni el dialéctico, en un consumismo inédito que amerita intervención.

¿Es así? ¿Esto ocurre desde que comenzó la crisis, o desde el siglo XX; desde la revolución industrial, desde el Renacimiento o desde cuándo? ¿En qué momento podemos decir que el valor de intercambio no influía en la creación del arte, en la cultura, en la educación? ¿Podemos estar seguros de que el pintor de Altamira no obtenía beneficios materiales a cambio de su labor? ¿Podríamos decir que esa obtención de beneficios materiales es ilegítima o malévola, o la asumimos como el pago a un trabajador que tiene derecho, como todos los trabajadores, a una remuneración justa y creciente de su trabajo? ("Creciente" es un concepto importante,  para ello se hace la organización social, sindical, gremial y de barrio.)

Si resulta que las cosas fueron mercancías siempre, o durante mucho tiempo, no lo sé, pero lo parece a primera vista; si en Babilonia, como era el caso, el templo del sol era el banco y si los ciudadanos griegos y los patricios romanos vivían de prestar dinero, si pintores, compositores, actores, profesores y demás cobraban siempre por su trabajo, ¿acaso tenemos un problema de percepción de la realidad?, ¿o es que no sabemos suficiente historia (quizá nunca sabemos suficiente historia)?, ¿o es que realmente la etapa neoliberal del capitalismo (una reacción que busca arrebatar a las mayorías de concesiones que se le hicieron preventivamente porque parecían fuertes mientras que ahora parecen débiles y poco amenazantes) ha representado un cambio cualitativo en la relaciones económicas? ¿Y si queremos cambiar esto, no amerita soluciones más audaces que una especie de vuelta a un pasado bucólico inexistente, característica de todos los movimientos pastoriles, sino plantear realmente cómo se pueden superar esas tendencias que parecen dominar la historia? ¿O si no se pueden erradicar, cómo se puede administrar el estado para que no lo dominen todo sin brida ni responsabilidad social alguna? ¿Qué se hace, cómo se hace, quién lo paga y quién se beneficia?

La respuesta a estas y a muchas otras preguntas que faltan, claro, y que pueden y deberían plantear personas mucho mejor informadas, nos indicaría caminos distintos a tomar que los propuestos para enfrentar la situación y sacar de ella el mejor provecho posible para las mayorías (que es lo que quiere la izquierda, yo no sé qué quiera la "ni-derecha-ni-izquierda") e impedir que salgan beneficiadas a costa de las mayorías las peores élites, los peores empresarios, las aristocracias acostumbradas a mandar y sus siervos (que es lo que quiere la derecha, claro).

Si el diagnóstico es incorrecto, el tratamiento propuesto del problema tiene aún más probabilidades de estar equivocado. Gravemente equivocado. Y entonces respaldarlo puede ser igualmente erróneo.

¿Y si nos equivocamos?

¿Qué pasa si tampoco se hacen realidad las predicciones esta vez y entonces, como sociedad, tenemos que seguir lidiando en el futuro con el capitalismo neoliberal y los retos que plantea su regulación desde un estado representativo electo por mayoría? ¿Qué pasa si los políticos siguen siendo, independientemente de sus ideas originarias, que en general nunca parecen haber sido relevantes una vez que se tiene el poder (Napoleón era un revolucionario, no lo olvidemos), individuos situados a caballo entre la presión de unas mayorías poco poderosas económicamente pero que demandan representatividad e intervención en las decisiones basadas en su número y unas minorías poderosas económicamente pero que no tienen la fuerza del estado? ¿Cuáles serían las propuestas o formas de acción razonables en ese caso? ¿Qué se podría aprender de lo acontecido para tomar decisiones políticas que reviertan el daño y logren algo o mucho de lo que las mayorías quieren, pero en condiciones de un "no-fin-de-los-tiempos"?

Los que nos informan que el problema es generalizado y sus causas son un agotamiento de ciertos modelos -o todos- y cuál es la solución que de su mano nos llevará a un mañana dorado en que los ríos manarán leche y miel, nos regalarán dinero y todos seremos hermanos parecen demasiado seguros de sí mismos, demasiado convencidos de su aprehensión en exclusiva de la verdad, demasiado poco dispuestos a plantearse la posibilidad de estarse equivocando. Eso puede ser sumamente atractivo para quienes están desesperados porque la crisis se haya cebado en ellos especialmente, y hay muchos, y la promesa es seductora. Pero no es sano. Esa alerta de la posibilidad de error, de la falibilidad humana que tienen los científicos siempre en su trabajo (y que cuando falla provoca ridículos históricos) no parecen tenerla personas como los políticos, los politólogos y los mesías. Y son ellos los que con frecuencia conducen a las sociedades a acciones que resultan remedios peores que la enfermedad, o a abrazarse a creencias irracionales que, al desvanecerse, representan un golpe feroz a la mejor buena fe de sus seguidores sin, además, mejorar su situación en lo más mínimo.

Pasa, ha pasado. Nada garantiza que "esta vez no pasará", nada nos asegura que realmente "yo soy distinto", que finalmente nos lo han dicho todos.

Despreciar la posibilidad de estar equivocados cuando se lanza a parte de la sociedad a un proceso acelerado de "ya veremos", que pretende inaugurar el paraíso sin haber construido sus cimientos y que está preparando el funeral de un sistema que ha demostrado ser bastante resistente, podría ser un error.

Quizás haríamos bien en plantearlo, por políticamente incorrecto que sea, y exigir respuestas a preguntas que no se están haciendo.

Yo creo.
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(1)
Alguien preguntó al mulá Nasrudín:
—Nasrudín, ¿cuándo llegará el fin del mundo?
—¿Cuál fin del mundo? —contestó el maestro.
—¿Qué quieres decir? ¿Cuántos fines del mundo hay?
—Dos —dijo Nasrudín—. Si muere mi mujer, ése es el fin del mundo menor. Si muero yo, es el fin del mundo mayor.